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Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

El hombre que entró se sentó en la cama, en la parte de abajo. Su tono era ansioso, preocupado. — ¿Cómo te sientes, pequeño Yin? Long Yin no supo cómo responder. No quería levantar sospechas, pero tampoco podía fingir algo que nunca había sentido. No era ningún hipócrita, pero tampoco podía decirle la verdad. No ahora. Abrió la boca y las palabras tardaron en salir, como si su lengua aún no le perteneciera del todo. —Ya mejoré un poco, tío... —Hizo una pausa—. ¿Sabes quién me envenenó? Long Yin miró a ese hombre que lo había cuidado desde chiquito. Su tío se llamaba Shen Yi. Cuando se enteró de que su hermana había tenido un hijo con el Rey y murió, no culpó al niño. Lo cuidó y lo trató como a un hijo. Antes de todo eso, el Long Yin original solo sabía que su tío era un cultivador errante que había viajado por muchos reinos. Su nivel de cultivo era Establecimiento de Fundación, pero viéndolo ahora, su Qi espiritual estaba ascendiendo. Quizás pronto alcanzaría el Núcleo Dorado. \-No. No se sabe quién te envenenó. Pequeño Yin, aún sigue en pie la propuesta: vámonos de este miserable reino. Cultiva y luego regresa con el poder suficiente. Pero por dentro pensaba que era imposible. Su sobrino no tenía talento para el cultivo, además ni siquiera había tocado el refinamiento de Qi. Long Yin vio cómo los hombros de su tío caían un milímetro. No hacían falta palabras. Supo lo que pensaba. Pero también sintió algo extraño: la calidez de saber que su tío quería cuidarlo de por vida. Aun así, él no había nacido para ser un dragón en un estanque. Había nacido en esta vida para conquistarlo todo. Y teniendo a este viejo ancestro, Taichu, consigo, era inevitable que hubiera guerras sin fin, conquistas por doquier. Mientras conversaban, llegó un eunuco. Era el eunuco principal del Rey. Entró con soberbia, como si aquella habitación fuera un lugar de esclavos y personas de poco estatus. —Tercer príncipe, el Rey solicita tu presencia en el Salón del Trono. Shen Yi, al oírlo, sintió odio hacia ese Rey. Su sobrino estaba envenenado, herido, y aún así lo llamaba. Sabía que entrar al Salón del Trono con un solo Alma Naciente de esos viejos monstruos podría significar la muerte. Pero lo que colmó su paciencia fue la actitud del eunuco. Envió una ráfaga de Qi espiritual. Su cultivo de Establecimiento de Fundación, ya en la cima, se sintió como el de un Núcleo Dorado a medio formar. El eunuco se dobló, pero no quería arrodillarse. Entonces una voz resonó a sus espaldas: —Hmph. Un simple Establecimiento de Fundación montando un escándalo en la capital de nuestro Rey. El Qi espiritual de Shen Yi fue expulsado. El hombre que entró era el Comandante en Jefe de la Guardia. Un auténtico Núcleo Dorado. Long Yin, viendo que pretendían humillar a su tío, no se quedó quieto. Se levantó y dijo con autoridad: —Guía el camino. Pero el comandante quería seguir. Iba a hacerlo. Entonces sintió una mirada clavada en él. Una rabia fría, una autoridad que no debería estar ahí. Se volvió hacia Long Yin y, por un instante, su expresión vaciló. Algo en esos ojos negros no encajaba con el príncipe inútil que recordaba. —¿Ya no le haces caso a este príncipe? —dijo Long Yin. El comandante sabía que ese príncipe era un inútil, odiado por el Rey. Pero a fin de cuentas, era un príncipe. Se le debía estatus. Asintió con frialdad y salió de la habitación. Long Yin se volvió hacia su tío. —Tío, espéreme aquí. Y así, el eunuco, con un hilo de sangre en los labios, y el comandante salieron. Iban hacia el salón donde residía el Rey. Mientras caminaban, Long Yin miraba a sus lados. Un jardín extenso se abría ante él, cuidado con esmero. La familia real mantenía este lugar como el orgullo del Reino. Si algo estaba impecable en la mansión del gobernante, era este jardín. Todo por orden de la Reina, madre del primer príncipe. Incluso ahora, en otoño, los crisantemos florecieron en perfecta formación. Llegó al Salón Principal. Columnas negras con dragones dorados se alzaban hasta un techo del que colgaban faroles apagados. Las puertas se abrieron con una tumba de crujido. Long Yin entró sin darle importancia a la decoración. Más allá de los adornos, sintió algo: este lugar era débil para ser el centro de un rey en un mundo de cultivo. A ambos lados, los ministros esperaban de pie. Túnicas de funcionario, azules y rojas, junto a armaduras desgastadas. En sillas elevadas, sin túnicas, estaban los cultivadores protectores del Reino. Sus miradas lo siguieron con indiferencia. Eran los pilares del Reino Yan, pero sus Qi espirituales no impresionaban. Al fondo, sobre una tarima de mármol, se alzaba el trono dorado. Dos estatuas de dragones lo flanqueaban. Y en él, un hombre de hombros anchos y mirada fría. El Rey Long Tian. Long Yin sintió un frío recorrerle el cuerpo al encontrarse con esos ojos. ¿Cómo puede odiarme tanto siendo su hijo? El Comandante de la Guardia y el eunuco se arrodillaron. El Rey les asintió. Long Yin no se arrodilló. Era costumbre que un príncipe se arrodillara ante su soberano. Pero él se quedó de pie. El Rey desvió la mirada hacia su brazo derecho. Las venas oscuras. El veneno, en vez de sentir compasión. Le sonrió con frialdad. Fuiste tú , pensó Long Yin. No tenía pruebas. Pero ya no le hacían falta. El salón estaba tenso. Los ministros sabían que el Rey no solo odiaba a su tercer hijo: era capaz de todo para demostrarlo. No esperaban nada bueno de este llamado, pero nadie iba a intervenir. Para ellos, el tercer príncipe era una ficha no deseable. Quizás para usarlo y luego desecharlo. Quizás ni eso. El Rey Long Tian habló con frialdad, como si no le importara que estuviera envenenado: —Partirás hacia la frontera. Recibimos informe de una invasión del reino enemigo. Tú serás el comandante general de dicha defensa. Long Yin solo sintió ganas de reírse. Reírse de su propia desgracia. Envenenado, y lo enviaban a morir. ¿Hasta este nivel llegaba este supuesto padre? Si no fuera porque su constitución era de primer nivel, ya estaría muerto. Pero no le importó. No dijo nada. Solo sonreía. Los ministros sintieron pavor. No pensaban hablar bien del príncipe, pero enviar a su propia sangre a morir ya era otro nivel. El Rey, viendo a su hijo reírse sin responder, estalló: —¡¿Qué te causa gracia?! Long Yin no lo dejó terminar. —¿Me envías a morir, siendo tu hijo? El Rey no mostró piedad ni remordimiento. —Y si es así, ¿qué piensas hacer? Los protectores, incluso el abuelo de Long Yin —un anciano de cabello blanco que ocupaba la silla más alta—, suspiraron. Pero nadie intervino. Cuando eres el Rey, estás por encima de todo. Incluso para él. Justo cuando Long Yin iba a responderle, escuchó a su padre volver a hablar: —Sáquenlo de aquí y denle cincuenta latigazos. Luego envíenlo a la frontera. Lo dijo fríamente. Long Yin sintió una furia extrema. Si tuviera el poder suficiente, mataría a ese hombre de las mil formas posibles. ¿Cómo podía ser tan cruel? El Primer Ministro, al escucharlo, intervino. Tenía cierta relación con la madre de Long Yin, no quería verlo morir así. —Mi Rey, perdónelo. El príncipe está alterado por el veneno. El abuelo, viendo la oportunidad, iba a intervenir. Pero se arrepintió. Tampoco sentía nada bueno hacia Long Yin. A pesar de lo que dictara el amor de familia, para nacer en una familia real eso no sirve de nada. El Rey, furioso porque conocía la historia del Primer Ministro y aquella mujer, gritó: — ¿Lo estás defendiendo? ¿Ya no me tienes respeto? Todos los ministros cayeron de rodillas al unísono. —¡Cálmese, Rey! —corearon con profunda reverencia. El Rey solo sentía rabia. —General Wei, sáquelo y dele cincuenta latigazos. Luego llévelo a la frontera. El General, que mantenía la reverencia marcial típica de un soldado, afirmó: —Como ordene, mi Rey. Lo dijo sin emotion. Para él, que había sobrevivido a guerras, aquello no era nada. Pensó que el príncipe se resistiría. Pero, para sorpresa de todos, Long Yin lo siguió por su propio pie hacia el exterior del Salón. Allí, en el patio, había un poste de piedra con argollas oxidadas. Un verdugo ya esperaba, látigo en mano. El Rey Long Tian se levantó de su trono y, seguido por sus ministros, salió al balcón del patio para presenciar. Desde arriba, miró el poste con desprecio... Long Yin pensó en escapar. Pero era imposible. Escapar ahora significaba la ejecución inmediata. Debía aguantar. Y cobrársela en el futuro. Justo cuando iba a quitarse la túnica, su tío materno llegó y le gritó al Rey sin reparo: — ¿Qué piensas hacer? ¡Es tu hijo! Estaba muy enojado. Por su débil fuerza, no podía hacer mucho, pero no iba a dejar que a su sobrino le hicieran tal daño. No iba a soportar esos latigazos impregnados de Qi espiritual. Iba a morir. Más aún con el cuerpo débil por el veneno. Al Rey no le importó nada y gritó: —Si vuelves a opinar, morirás. Lo dijo como todo un tirano. Shen Yi no iba a quedarse callado. Dejó fluir su cultivo. Los guardias y el comandante rieron. Desde hacía rato buscaban una excusa. Pero entonces Shen Yi escuchó la voz de su sobrino: —Déjalos, tío. Long Yin estaba ya preparado de espalda para recibir los latigazos. Pero habló con firmeza. —Mientras el sol salga cada día, ese inepto sabrá que tarde o temprano su cabeza adornará mis cimientos. Lo amenazó así, fríamente, frente a todos. Un murmullo de incredulidad recorrió a los ministros. ¿Acababa el príncipe inútil amenazar de muerte al Rey? Long Tian estalló de rabia. Sus manos se cerraron. Iba a matarlo ahí mismo. Pero no podía perder la compostura. A pesar de ser el Rey, los ancestros de la familia Long observaban. No podía ejecutarlo por rabia. Las reglas de la sangre eran claras. —Cien latigazos —rugió, con las venas de la frente a punto de estallar—. Y que sea ahora mismo.
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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 22 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.