Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
En una habitación, sobre una cama de lujo —sábanas de seda, un dosel que olía a sándalo—, un joven abrió los ojos.
Miró a su alrededor. Desconcierto. Curiosidad.
—¿Dónde...? —intentó decir, pero la voz le salió como un graznido.
¿Cómo llegué aquí?
Una presencia cálida palpitó en su frente. En el fondo de su mente, como un sueño superpuesto, había un niño sentado ante una mesa, con una taza de té entre las manos.
Un dolor de cabeza le explotó de repente. Fuerte, agudo. Como gusanos recorriéndole el cerebro. Insoportable.
Los recuerdos no eran suyos. Pertenecían a otra persona. Alguien con su mismo nombre: Long Yin. Un príncipe. El tercer príncipe, para ser exacto. Odiado por su padre. Hijo de una mujer que murió al darle a luz.
El Rey lo culpaba. Se lo había hecho saber toda la vida.
Este era un mundo de cultivo. El Continente Tianlan.
Y entonces recordó lo último que habló con aquel artefacto. Le dijo que era su maestro. Luego él cayó desmayado. No supo cuánto tiempo pasó, ni cómo transmigró a este cuerpo.
Mientras más pensaba, más dolía todo. Una punzada en el estómago. Algo que no debería estar ahí.
Se levantó la manga con mano temblorosa. Una línea negra le subía desde la muñeca hasta el antebrazo. No era una vena. Era veneno.
—¿Qué es esto? —exclamó.
El espíritu, desde su mar de conciencia, viendo que ya había asimilado un poco, habló:
—Te dije que te iba a dar una segunda vida. La tienes. Y el destino ya está en marcha, jeje.
Long Yin se impresionó al escuchar la voz. Venía de su mente, como un pensamiento sutil, pero con un timbre inconfundible.
—¿A esto te referías con volver a vivir?
Entonces lo golpearon las emociones. No eran suyas. El antiguo dueño le susurraba desde la sangre: la culpa, el desprecio del Rey, los otros dos príncipes tratándolo como basura. La ansiedad le presionó el pecho.
¿Si transmigré, estas emociones no deberían ser mías?
—Sí, te pertenece —respondió Taichu, bebiendo un sorbo de té—. El destino de este joven era esperar por ti. Él eres tú, y tú eres él. Fíjate que apenas estás en el primer reino conocido en este universo: Apertura de las Puertas Ocultas. Aún no has refinado Qi, tampoco has establecido fundación. Por lo tanto, el destino era este.
Long Yin se sorprendió.
—¿Todo lo preparaste tú?
Taichu se llevó la taza a los labios.
—Sí y no. Es una "gran" casualidad que el dueño de este cuerpo comparta tu mismo nombre y físico... Pero no dejarlo cultivar todo este tiempo fue, en parte, mi culpa. —Hizo una pausa—. Bueno, ya no es momento de seguir hablando de esto. Ahora mismo estás envenenado, debes asimilar sus recuerdos... Y aceptar tu linaje y constitución.
Long Yin no esperaba esto, pero ya las cosas eran así. Ya que aceptó este cuerpo, debía honrar los recuerdos del dueño anterior.
Dejo fluir los recuerdos. Como una corriente de río: había obstáculos, memorias reprimidas por el dueño original, pero él las aceptaba como suyas. Aceptó sus emociones complejas. En uno de esos recuerdos, vio a un hombre que aparentaba cuarenta o cincuenta años. Venía de la familia de su madre. Él fue quien prácticamente lo crió. Era su tío materno.
Mientras a su padre no le importaba, su tío era quien lo hacía sentir que sí importaba, quien le daba soluciones para todo. Si había que nombrar a la persona más importante del dueño anterior, era él.
Así recibió todos los recuerdos. El nombre del continente. Lo que había más allá. El dueño anterior no lo sabía, pero este continente estaba fragmentado. Existía un mito sobre una gran guerra que destruyó el Dao del continente y lo partió en islas. Donde él estaba ahora era una isla que, dadas las condiciones y el tamaño, era más grande que su planeta en la vida pasada.
En este continente existían miles de facciones, sectas, imperios.
El destino y poder de los reinos estaba evaluado: Reino, Dinastía e Imperio.
Y los reinos de cultivo que conoció el dueño anterior eran: Puertas Ocultas, Refinamiento de Qi, Establecimiento de Fundación, Núcleo Dorado y Alma Naciente. Pero él, sabiendo lo clásico, sabía que ahí no acababa el cultivo.
Mientras recibía más información de los recuerdos del dueño anterior, recordó algo muy importante. Se acercó a un espejo que estaba sobre una mesa cercana. Aún se sentía pesado; sus pies no le cedían, como si llevara kilos en cada uno.
Se acercó como pudo y se miró en aquel cristal. Su cara era muy similar a la de su vida pasada, pero tenía mejor rostro, más definido. Sus ojos eran de color negro. Su pelo, largo pero ordenado.
Era lo suficientemente alto. Medía entre uno ochenta y uno noventa.
Se admiró a sí mismo. Mientras sigue en eso, Taichu, dentro de su mar de conciencia, ya estaba aburrido.
—¿Cuándo aceptarás el linaje y la constitución? —dijo, como si llevara esperando mucho.
Long Yin lo vio en su conciencia, como si él fuera el dueño del lugar. No supo cómo este viejo ancestro había llegado ahí, pero no podía contradecirlo.
—Hagámoslo.
Se acostó. Su mente se dirigió a su mar de conciencia, donde aquel niño de túnica imperial negra y gran ego empezaba a hacer mudras. En uno de ellos, hizo una marca en su estómago. Luego apareció un Qi espiritual negro: el Qi del Caos, siendo asimilado por el mar de conciencia y pasando por los chakras del joven cuerpo.
El cuerpo, al igual que este Qi espiritual tan denso, empezó a dolerle. Eran como puyas. Como si ese Qi fuera sangre viviente. Miles de hormigas alborotadas picándolo por dentro.
Así, sus chakras se fueron abriendo. Asimiló todo el linaje del Caos Taichu.
Luego vino lo más doloroso: la constitución.
Taichu no lo dejó ni descansar. Hizo otro mudra, dirigido al chakra corona de Long Yin. Se podía ver un cuerpo, una constitución, asimilándose al cuerpo de él. El dolor fue peor: era la reconstrucción de su cuerpo. Como asimilar dos cuerpos para un débil espíritu.
El dolor se triplicó, pues no era una constitución barata. Era la constitución del Cuerpo de Caos.
Y entonces, en medio del dolor, Long Yin vio.
Vio la nada densa, un vacío que no era vacío sino algo más antiguo. El Caos. Todo mezclado en un huevo cósmico, una masa informe donde el tiempo no existía y el espacio era una palabra sin significado. Allí, en el centro de la nada, algo latió. Un corazón. El primer corazón. Long Yin sintió ese latido en su propio pecho, como si su cuerpo recién forjado respondiera a un llamado de hace eones.
Pangu se despertó. No tenía forma aún, pero su voluntad era la primera. Abrió los ojos y vio la confusión, la mezcla, el Caos. No había nada que hacer, porque no había nada. Solo el huevo. Solo la mezcla. Pero Pangu no aceptó. Su mano encontró un hacha que era su propia alma solidificada.
La grieta partió la existencia. Lo ligero subió y se volvió el cielo. Lo pesado cayó y se volvió la tierra. Pangu quedó en medio, un gigante de músculo y piedra, con las manos en el cielo y los pies en la tierra. Y empujó. Dieciocho mil años empujó. Cada día, el cielo subía tres metros. Cada día, la tierra bajaba tres metros. Y Pangu crecía con ellos. No descansaba. No hablaba. Solo empujaba.
Long Yin sintió el peso del cielo en sus hombros. Supo, sin palabras, lo que era cargar con un mundo.
Pangu envejeció. El gigante que había creado el espacio y el tiempo se tumbó por fin. Y al morir, su cuerpo se volvió todo. Su aliento, el viento y las nubes. Su ojo izquierdo, el sol. Su ojo derecho, la luna. Su sangre, los ríos. Su carne, la tierra fértil. Su cabello, los bosques. Su sudor, la lluvia. Los parásitos de su cuerpo se convirtieron en los primeros seres vivos. Todo nació de su muerte.
Pero antes de que su último aliento se extinguiera, Pangu habló. Una sola palabra que nadie escuchó, porque no había nadie para escucharla. Una palabra que no era sonido sino intención pura. Una palabra que cruzó los eones y llegó hasta Long Yin como un eco.
"Cuida lo que he creado."
La visión se desvaneció. Pero el eco permaneció. Como una semilla. Como un deber.
Long Yin abrió los ojos. El dolor había cesado. Su cuerpo ya no era el mismo. La línea negra del veneno seguía ahí, pero ahora sentía algo nuevo bajo la piel: una fuerza densa, antigua, que palpitaba al ritmo de un corazón que no era del todo suyo.
En su mar de conciencia, Taichu soltó un suspiro agotado. Había entregado el Qi de Caos que tenía almacenado. Además, había entregado toda su apuesta. Sí, apostó que este chico no lo dejaría mal, lo que provocó una sonrisa cálida, como aceptando por fin a Long Yin como su maestro y teniendo grandes expectativas.
Mientras Long Yin asimilaba todo esto, entró un hombre. Era el mismo que había visto en los recuerdos: el tío materno del dueño anterior. Ahora era su tío, pues en su vida pasada nunca conoció a su familia, ni a una ni a la otra.
Esto le produjo un sentimiento extraño. Nunca había sentido a alguien "cercano". Al ver a este hombre, sintió esa calidez. Quizás esa calidez que sientes cuando ves a alguien que realmente importa para ti.
Era algo nuevo para él.

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 3
Estás leyendo el capítulo 3 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 22 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.