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Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 37 online gratis en español

En una casa de la Dinastía Nevada, prácticamente hundida bajo el manto blanco de la noche, un joven le abría paso a Long Yin a través del estrecho patio. Al cruzar el umbral, un hombre musculoso cubierto por un abrigo pesado de pieles apareció en el pasillo y regañó al jovencito: —¿Para dónde te escapaste, mocoso? De pronto, sus ojos se posaron en Long Yin. Su postura cambió al instante y empuñó la empuñadura del sable que llevaba en la cintura. —¿Quién eres tú? ¿Qué hace un cultivador de Núcleo Dorado con mi hijo? Long Yin alzó las manos con frialdad y rapidez: —No vengo a buscar problemas. Acabo de sufrir un percance y no tengo dónde quedarme. Habló con total honestidad. El hombre, sin embargo, no bajó la guardia. Por la confección de las túnicas que traía Long Yin, se había dado cuenta de que era un cultivador extranjero, y no uno cualquiera. Un joven de menos de treinta años con un cultivo en el Núcleo Dorado era, sencillamente, demasiado llamativo en cualquier rincón del continente. —Preséntate y dime tus verdaderas intenciones —exigió el hombre musculoso. El jovencito, viendo el ambiente tenso y a su padre interrogando a Long Yin, intervino rápido: —Padre, ya. Lo vas a asustar. Cayó del cielo en la plaza y decidí echarle una mano… No pudo terminar. Su padre le asestó un golpe en la cabeza con tanta fuerza que el muchacho terminó enterrado de cara en la nieve de la entrada. —¡Hmph! ¿A quién se le ocurre traer a cualquier desconocido a casa, mocoso? Long Yin suspiró en silencio: —Me llamo Long Yin. Y sí, por ciertas razones que escapan a mi control, terminé en este sitio. Discúlpeme si he causado alguna incomodidad. El hombre musculoso seguía cauteloso, pero al ver las formas respetuosas y serenas del joven, no fue insensible: —Bien, bien. Pasa para que hablemos. Luego miró al muchacho y le gritó con voz áspera: —¡Anda a limpiar los caballos! Señaló hacia el establo. El jovencito se levantó sobándose el dolor punzante en la cabeza, se la acarició refunfuñando y caminó hacia la nieve. El hombre musculoso se sentó frente a Long Yin sobre un grueso tronco de madera. La casa era humilde, pero el fuego de la chimenea crepitaba con fuerza, expulsando un calor reconfortante. —Por lo que veo, vienes de esas dinastías lejanas, ¿no? Long Yin respondió con astucia calculada: —Sí. Concretamente, de la Dinastía Dragón Azul. El hombre asintió. Conocía esa dinastía. Quería probar si el desconocido mentía o respondía con sinceridad. Sabía que, con los príncipes locales alborotados por el título de heredero al trono de la Dinastía Nevada, podía haber fuerzas extranjeras intentando entrometerse. Esto era un delito grave; el Gran Rey había proclamado que los príncipes lucharían únicamente con sus propias fuerzas y que ninguna facción externa podía intervenir. Sin embargo, siempre existían fuerzas ocultas en las sombras. Él, como guardián militar de la capital, debía mantener el orden y reportar la llegada de cualquier cultivador sin registros. Aun así, sintió cierta compasión. Si lo entregaba, Long Yin acabaría en las frías celdas del Ministerio de Ritos, la entidad encargada de lidiar con los extranjeros sospechosos. Se levantó, rebuscó entre los baúles del rincón y regresó ofreciéndole un abrigo largo confeccionado con piel de zorro espiritual. La prenda, gruesa y pesada, cubría por completo las insignias de dragón que Long Yin llevaba bordadas en la túnica interior. En esta Dinastía, sólo los príncipes y la familia real podían portar un dragón como emblema sin perder la cabeza. —Cámbiate de ropa rápido. Si te ven paseando con esa túnica, podrías terminar preso… o ejecutado en la plaza. Long Yin asintió con un matiz de respeto sincero. Minutos después, salió hacia la pequeña casa de visitantes donde se alojaría los próximos días. El abrigo de piel de zorro y la ropa humilde le daban un aspecto común entre los locales. —Hasta con eso te ves elegante, joven. Jaja —se rió el hombre con franqueza—. Mi nombre es Bai Yuan. Y el de este mocoso estúpido es Bai Chen. Abrazó por el cuello a su hijo, que ya había vuelto del establo con las manos congeladas. Long Yin asintió. Los tres se sentaron alrededor de una fogata preparada para contrarrestar el clima inclemente. Bai Yuan tomó la palabra: —Joven Yin, según la ley, debo seguir el procedimiento de la Dinastía e informar tu llegada… Long Yin comprendió la situación al instante: —Lo entiendo. Haga lo que considere necesario, señor Bai. Lo dijo con absoluta calma, aunque sentía cierta incertidumbre sobre los problemas burocráticos que podrían avecinarse. No obstante, sabía que debía avanzar paso a paso. Bai Yuan, viendo la actitud serena de Long Yin, suspiró y bajó la voz: —También tienes otra opción. Ahora mismo, la tercera princesa está reclutando cultivadores para la lucha por el trono. Deberías considerar unirte a su séquito. Nadie en la capital le tiene fe para ganar, pero, sinceramente, si me preguntaras a mí, yo apostaría por ella. Si entras bajo su protección, no tendrás que pasar por el Ministerio de Ritos. Long Yin alzó la mirada, interesado: —¿Aceptaría a un extranjero? —En su posición actual, acepta a cualquiera con verdadero talento —respondió Bai Yuan. Long Yin meditó las palabras en silencio. «Ahora mismo debo ir paso a paso. No sé cómo volver a los reinos vecinos de inmediato, pero experimentar esta dinastía no es un problema. Podría usar este escenario para hacer crecer el nombre del Pabellón Taichu aquí». Necesitaba acumular Qi de Suerte para traer un alma de la Vía Láctea, y ganarse una reputación en esta Dinastía del norte era la oportunidad perfecta. Mientras ya tramaba las fichas de su próximo plan, el joven Bai Chen lo interrumpió con los ojos brillantes: —Señor Yin, ¿cómo es el lugar de donde viene? ¿Es verdad que allá no cae nieve? —preguntó con fascinación. Siempre había querido ver más allá de las fortalezas heladas de la Dinastía Nevada. Long Yin iba a responderle, pero Bai Yuan se le adelantó dándole un coscorrón a su hijo: —No le cuentes nada. Este chico solo se hace ideas raras en la cabeza y no quiero que se me escape de casa. Long Yin asintió con una leve sonrisa de complicidad. Así llegó la noche. El frío exterior se alborotó por completo; las ráfagas de viento congelado eran tan despiadadas que ni siquiera los cultivadores de Alma Naciente podían aguantarlo al aire libre. Long Yin se retiró a su habitación de visitantes. Aunque el viento se colaba por las rendijas de madera, podía soportarlo. Se acomodó en la cama de paja y cerró los ojos. De repente, la voz del viejo ancestro Taichu resonó con rabia dentro de su mente: —¡Oye, mocoso! ¿Cuándo vas a atender a tu visitante? ¿Qué crees, que soy tu mayordomo o qué? Long Yin se sumergió al instante en su mar de conciencia. Allí, sobre el suelo de mar espiritual, vio a una figura erguida. Era el Gran Venerable de la Espada. Esta vez llevaba una túnica de cultivador en tonos azul profundo que dejaba ver su marcada musculatura, combinada con unos pantalones anchos en degradado azul y blanco. El Gran Venerable evaluó de arriba a abajo a Long Yin con sus ojos fríos y profundos: —¿Cómo fue que conquistaste al antepasado Taichu, muchacho? Estaba genuinamente impresionado. No lograba descifrar el origen exacto de Taichu, pero percibía un poder tan antiguo y un Qi tan insondable que le helaba la sangre. Sabía que Taichu no era nada simple; además, el hecho de que pudiera alterar su forma física a la de un niño sugería un reino que superaba por completo la comprensión de los simples Venerables. Por ello, sentía una inmensa curiosidad tanto por él como por el propio Long Yin. Long Yin hizo una inclinación formal: —¿Cómo debo dirigirme a usted, señor? Taichu lo miró de reojo, soltando un bufido. Conocía de sobra lo vanidoso y calculador que Long Yin podía ser por dentro, a pesar de la fachada humilde que mostraba hacia afuera. El Gran Venerable habló con voz firme y atronadora: —Soy el Gran Venerable de la Espada del Mar de Nubes. Long Yin frunció levemente el ceño. El título le sonaba familiar: —¿Es usted el Venerable de aquel Reino Secreto? El Gran Venerable negó con la cabeza, soltando una risa amarga: —¿Qué Reino Secreto? Yo morí hace siglos. Solo dejé una hebra de mi espíritu atrapada en la empuñadura de mi espada, y por eso el antepasado Taichu pudo arrastrarme hasta tu conciencia —dijo, haciendo una leve reverencia de respeto hacia Taichu. Viendo la ligera confusión en el rostro de Long Yin, Taichu decidió intervenir: —Chico, ese supuesto Reino Secreto donde entraron nació de la bendición del Qi del Cielo y la Tierra, sí, pero había una trampa colocada dentro. Una trampa que los arrastró directamente al Mundo Propio de este mocoso. El Gran Venerable de la Espada, al escucharse ser llamado «mocoso» por primera vez, sintió una extraña punzada de nostalgia. Hacía siglos que nadie se atrevía a hablarle con semejante falta de respeto. Sin embargo, terminó asintiendo en silencio, aceptando la verdad.
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela)

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 37

Estás leyendo el capítulo 37 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 2 de agosto de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.