Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 36 online gratis en español
Pasó un día de la finalización del Reino Secreto.
En algún lugar del Reino Qi, dos grandes montañas se alzaban como guardianes de piedra, cubiertas de una niebla baja que olía a flores de loto y tierra mojada. Entre ellas, un sendero angosto y cubierto de musgo conducía a un claro donde el tiempo parecía haberse detenido. Allí se encontraba el retiro del Venerable de la Secta Oculta: un templete de madera oscura rodeado de sauces llorones que se mecían al compás del viento.
Dentro, un anciano y una jovencita estaban sentados frente a frente, con una mesita de caoba entre ambos.
La joven habló con enojo contenido: —Maestro, ese Long Wei es un descarado. ¿Cómo puedes perdonarlo?
El anciano, con expresión seria, le respondió: —Chica, el pequeño Wei te decepcionó, pero al final ganó mucho en ese Mundo Propio. Deberías perdonarlo. A fin de cuentas, ustedes serán marido y mujer. Él también ha dejado claros sus sentimientos por ti.
La joven refunfuñó enseguida, indignada: —Maestro, si no hubiera tenido su talismán, por él no le habría importado que yo muriera en ese lugar.
El anciano se enojó y dio un leve golpe sobre la mesa: —Para los grandes planes, siempre habrá sacrificios. ¿A quién piensas entregarte si no es a él? Nadie es digno de tu constitución ni de ti.
La joven no siguió discutiendo. Se levantó y se fue abatida.
Mientras se alejaba, el anciano habló hacia un rincón en sombras donde no parecía haber nadie: —Vigílala. Sabes lo terca que es; no puedo hacer más por ella.
Un hombre con túnica negra emergió del rincón, asintió en silencio y desapareció de nuevo.
En la capital del Reino Yan, Long Wei no estaba para nada mal. Tras alcanzar la Gran Perfección del Núcleo Dorado, se encerró de inmediato a cultivar para romper hacia el Alma Naciente. Los Ancestros del Reino Yan, complacidos con su progreso, le otorgaron los mejores recursos de la corte imperial.
Nadie mostró inquietud ante la noticia de que Long Yin seguía con vida; para los altos mandos, el príncipe desterrado no era más que un moribundo insignificante.
Mientras tanto, en la Dinastía Dragón Azul, un joven con vestimenta de erudito escribía un mensaje con entusiasmo. Era Yu Guanting, relatándoselo todo a su maestro. Ató el pergamino a una bestia espiritual de plumaje azul y la vio alzar el vuelo hasta perderse entre las nubes.
En la residencia de la familia noble Li, una de las cuatro grandes de la dinastía, el joven maestro de túnica verde estaba frente a su padre.
—Padre, ese miembro de esa secta menor sin duda tenía un aura imperial —insistió.
El hombre, que aparentaba unos cincuenta años, suspiró con desdén: —Es imposible. Un Núcleo Imperial solo puede nacer en una familia real con una cantidad abrumadora de Qi Imperial. ¿Cómo surgiría alguien así en esos reinos miserables?
El joven maestro se hartó y se puso de pie: —Ya se lo he dicho, padre. Créame o no.
Hizo una reverencia helada y se retiró. Mientras salía del salón, su mente ya tramaba un plan: «Ya es mi enemigo. Debo eliminarlo antes de que crezca». De inmediato empezó a mover sus redes para buscar información sobre aquel misterioso miembro de la Secta de los Mil Rostros.
En el Reino Gan no había calma. La familia real estaba eufórica por la Ley de Espada que su ancestro, el Venerable de la Espada del Mar de Nubes, les había legado. Los Ancestros declararon que quien mejor comprendiera la Ley sería el próximo Rey, desatando una guerra silenciosa por el trono. Del anterior monarca, unos decían que había muerto en reclusión; otros, que buscaba alcanzar el Refinamiento del Espíritu. Lo único seguro era que su concubina favorita había sido ejecutada por orden de la propia familia real.
En una modesta tienda de té de la capital Gan, Li Mu y Long Sha observaban la llovizna tras las cortinas de cuentas. El olor a tierra mojada se mezclaba con el del té recién servido.
El Maestro de la Secta de los Mil Rostros apareció y se sentó junto a ellos: —Según el anciano que custodiaba la entrada, todos nuestros miembros han muerto —dijo con voz apesadumbrada.
Li Mu lo miró con firmeza y preguntó: —¿Cree que nuestro señor ha muerto allí?
El Maestro de la Secta no supo qué responder y guardó silencio. Long Sha rompió el hielo: —No creo que haya muerto. Sin duda, algo pasó.
Li Mu asintió: —Deberíamos interrogar más a los que entraron.
El Maestro de la Secta suspiró: —La Dinastía Dragón Azul no quiere dar explicaciones. La mayoría de los que entraron son personas de alto prestigio en la Dinastía.
En un extremo lejano del continente se alzaba una ciudad magnífica: la capital de la Dinastía Nevada, un imperio donde la nieve caía durante todo el año, ubicado en el norte.
Miles de casas se extendían cubiertas por un manto blanco. Sus habitantes, de piel extremadamente clara, vestían gorros y abrigos gruesos confeccionados con pieles de diversas bestias espirituales.
De repente, un joven cayó del cielo, apareciendo de la nada. Se estrelló contra el suelo helado con un golpe seco, quedando semienterrado en la nieve.
Llevaba una túnica extraña para el lugar, lo que llamó la atención de todos los transeúntes. No tenía abrigo. Aunque los cultivadores que alcanzaban el Refinamiento del Espíritu podían sobrevivir al frío extremo canalizando su espíritu con puro Qi Espiritual, las personas comunes no lo lograban; por ello era tradición que todos llevaran abrigos pesados.
Quien caía era Long Yin. Al impactar y erguirse un poco, pudo contemplar la ciudad: era tan vasta que sus ojos no alcanzaron a ver dónde terminaba la arquitectura de hielo y piedra.
Mientras la gente a su alrededor lo observaba con curiosidad, él los miró a su vez.
«¿Dónde estoy?», pensó en silencio.
Un joven cubierto por un gran abrigo de piel se le acercó y le tendió la mano: —¿Eres extranjero?
Long Yin asintió lentamente. El joven sonrió con entusiasmo: —Qué raro. Los extranjeros nunca vienen a nuestra dinastía. ¿Por qué estás aquí?
Se notaba su desbordante curiosidad. A pesar de tener solo trece años, por boca de su padre sabía muy bien que más allá de la Dinastía Nevada existían otros dominios con climas más cálidos. Siempre había anhelado salir de viaje.
El muchacho estaba a punto de lanzarle una ráfaga de preguntas a Long Yin, pero se detuvo al ver que este se levantaba como si nada, limpiándose la nieve de la túnica como si aquella caída libre no hubiera sido más que un tropiezo.
Todos los presentes se taparon la boca, asombrados. Uno de ellos, un hombre común de mediana edad, se adelantó con respeto: —Señor... ¿usted es un cultivador?
Long Yin asintió.
El hombre corrió hacia él y comenzó una ráfaga de halagos. Long Yin sintió una leve curiosidad: las personas de este lugar parecían sociables y cálidas, a pesar del clima frío y sombrío.
—¿Dónde estoy? —preguntó Long Yin directamente.
El muchacho de trece años interrumpió al hombre, ansioso por responder. Alzó sus pequeños brazos cubiertos de piel y exclamó: —¡Esta es la Dinastía Nevada!
El hombre le dio un leve golpecito en la cabeza al muchacho y se dirigió a Long Yin con reverencia: —Estamos en el extremo norte del continente, señor. La Dinastía Nevada reina por completo en estas tierras.
Lo dijo con un orgullo evidente. Para las personas comunes, el respeto hacia la familia real de la dinastía estaba en lo más alto. Y más ahora que el viejo Gran Rey se hallaba en disputas internas para elegir a un príncipe heredero.

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Estás leyendo el capítulo 36 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 2 de agosto de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.