Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
En un manantial, rodeado de rocas, bajo un cielo infinito y blanco. Long Yin podía ver al niño, sentado en una roca sobre la cascada, mirándolo y sonriendo.
Se sintió raro. Veía hacia arriba desde una perspectiva muy chiquita. De un momento a otro, se hundió en el manantial. Pero podía respirar bajo el agua. Se miró las manos: pequeñas, escamosas. Era una carpa.
Él le habló mentalmente: "Si quieres seguir el camino del cultivo y poseerme, deberás llegar hasta aquí. Es decir, subir la cascada. Jeje."
Long Yin miró hacia la cascada. El agua caía con una fuerza brutal. Él, siendo una simple carpa, no podía. Pero lo intentó. Con esta oportunidad que siempre había anhelado, no iba a rendirse.
Así pasó un año. No podía ni tocar la cascada. La corriente era demasiado fuerte. No sentía cansancio físico, pero sí mental. No poder ni rozar el agua fue un golpe duro.
Siguió. El niño, arriba, estaba como lo había encontrado la primera vez: sentado en loto.
Long Yin se indignó. ¿Qué clase de prueba era esta? Era simplemente abusar de él.
Pero siguió. Debía haber una forma.
Dejó de contar los intentos. Dejó de contar los días. Solo existía el agua, el salto, la caída.
Pasó el tiempo. Muchos años.
Un día, tocó la cascada. Por primera vez, sus escamas rozaron la pared de agua. Avanzó. Un metro, dos. Vio la roca donde el niño estaba sentado un poco más cerca. Y luego el agua lo escupió hacia abajo. Esta vez la caída dolió más. Había llegado a un cuarto de la cascada, y lo perdió todo en un instante.
Estaba totalmente consumido por la desesperación. El niño, desde aquella vez, nunca le había dicho nada ni había mostrado expresión alguna.
Long Yin se quedó quieto. Quería rendirse. Sabía que esto era imposible.
El niño sintió esto y habló, sin abrir los ojos:
—¿Te quieres rendir? Está bien. Te enviaré al ciclo de la reencarnación.
Lo dijo sin emoción, sin tristeza, sin esperanza. Como si no le importara.
Long Yin iba a aceptar. Pero entonces recordó la cama del hospital. El techo blanco. Las ventanas que nunca se abrirían. El olor a desinfectante y sábanas ásperas. Toda una vida sin haber luchado de verdad por nada.
No. Esta vez no.
Agarró impulso desde lo más bajo del manantial y saltó de nuevo hacia la cascada. Y otra vez. Miles de veces. Pasó el tiempo.
El niño abrió los ojos. Pudo ver que Long Yin ya no era una simple carpa. Había crecido y empezaba a mostrar garras de dragón. Asintió para sí mismo.
Long Yin aún no lo sabía. Estaba obsesionado con tocar la cima de la cascada. Así que siguió.
En uno de sus saltos, llegó más lejos que nunca. Se emocionó. Por fin vio una esperanza. No sabía cuántos años habían pasado —era imposible saberlo—, pero sabía que llevaba más tiempo allí que todo lo que había vivido en su vida pasada.
Se concentró en no caer, en soportar la corriente. Entonces notó algo extraño: sus aletas se aferraban a la cascada como si tuvieran filo. Se miró con atención.
¿Eran garras?
No podía ser. Sacudió la cabeza y siguió.
En el siguiente salto, llegó a un paso de la cima. Pero la corriente era más fuerte allí arriba, más turbulenta. Sentía que no aguantaba.
El niño lo miraba. Y dijo:
—Has pasado la prueba.
Y lo empujó hacia abajo.
Long Yin sintió una furia que no había sentido desde hace tiempo. ¿Tanto esfuerzo para que lo tumbara como a un insecto? Iba a reprochar. Pero el niño habló primero:
—Sin Qi Espiritual, si tocas esta montaña, morirás al tacto.
Long Yin sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. A pesar de que ya había muerto una vez.
Intentó hablar, pero no podía. Seguía siendo una carpa.
El niño, viendo esto, se rió. Pero esta vez fue una risa distinta. Sincera. Le mostró una sonrisa a Long Yin e hizo el mismo mudra. Ambos aparecieron en aquel lugar lleno de negrura, donde no había nada que se pudiera sentir "vivo".
El niño lo miró y dijo:
—Cuando llegaste aquí, pensé que era un capricho del Gran Dao. Pero viéndote ahora... tienes el potencial. —Hizo una pausa—. El poder es una responsabilidad. Tienes la ambición, pero te faltaba la perseverancia para obtener dicho poder.
Long Yin se miró las manos transparentes. Seguía siendo un espíritu. Lo prefería a ser una carpa.
Pero había algo extraño. Pensar con palabras le resultaba ahora torpe, como si su mente aún recordara el lenguaje del agua y no el de los hombres. Durante un instante, sintió vértigo. Había pasado más tiempo siendo carpa que siendo humano. La idea le heló el pecho. Luego, poco a poco, las piezas de su identidad volvieron a encajar.
—Tienes muchos misterios —dijo, y esta vez habló con seguridad. Todo ese sufrimiento, toda esa agonía por alcanzar una meta, le habían dado autoridad—. ¿De qué poder hablas?
El niño no se ofendió. Asintió complacido.
—Siempre has tenido curiosidad por saber qué soy, o quién soy, ¿no? Bien, te lo diré: soy un Artefacto Primordial. Nací del Caos mismo. En pocas palabras, soy la voluntad del Caos. En el mundo de esos viejos, me llamaban el Sello de Taichu (el Sello del Gran Principio).
Long Yin se sorprendió. Con lo poco que había visto y aprendido, sabía que del Caos nació todo. Hasta el mismísimo Gran Dao. Si este niño diciendo la verdad... ¿Entonces él era un artefacto de la creación misma?
El niño, leyendo su pensamiento, asintió con vanidad.
—Sí. Yo nací del Caos. Ni el mismísimo Pangu pudo controlarme.
Lo dijo suspirando, como recordando aquellos tiempos. Luego agregó:
—Pero siendo un artefacto, debo elegir a un maestro. Nunca he tenido uno. Y tú serás el primero.
Lo miró, esperando alguna reacción. Pero no vio lo que esperaba. Hizo un mudra. Se posó en el hombro de Long Yin y ambos desaparecieron del Caos Primordial.
Aparecieron en un sitio bajo un cielo estrellado. Ante ellos, miles de pabellones, todos adornados con figuras imponentes: fénix, dragones y otras bestias que Long Yin no reconocía. Al fondo, sobre una plataforma elevada, se alzaba un trono.
Long Yin lo miró. Unas ganas infinitas de sentarse le recorrieron el pecho. Pero al mismo tiempo se sintió diminuto. No tenía la voluntad ni la capacidad de nombrar aquel trono. Era como un mortal anhelando la vida de un dios. Como una hormiga contemplando el sol.
El niño dijo:
—En todos esos pabellones están sellados los grandes ancestros.
Long Yin lo captó al instante.
—Si este artefacto viene de esos tiempos... Entonces en esos pabellones están los Tres Puros, el Emperador de Jade, y todos los demás, ¿no?
—Sí. Todos ellos están sellados. Pero no hablaremos de eso ahora. —El niño hizo una pausa—. ¿Ya sabes qué soy, no?
Long Yin aún sentía dudas, pero conocía el carácter del niño. No iba a sacar más información sobre ellos ni sobre por qué estaban sellados.
—Sé un poco —dijo—. Lo que no entiendo es... ¿qué quieres de mí?
Al ver que este chico, que hacía años mostraba ignorancia y resignación, le hacía una pregunta directa, al espíritu primordial le gustó. Y dijo:
—Siendo mi Maestro, cargarás con el karma de todos ellos.
Luego añadió:
—Además, el mundo primordial ya no existe. Lo que viste solo son ilusiones creadas por mí. Te enviaré a un universo extranjero, donde cultivarás...
Long Yin, como siempre, captó rápido. Lo que sospechaba: en el mundo primordial pasó algo y el espíritu no quiere decírselo. Quizás no sea el momento. Le enseñó sobre el cultivo, el Qi espiritual, sobre el poder de él. Y también algo: "ellos".
O sea, sabía que esta "casualidad" pudo haber sido orquestada por otros. Como si él fuera el "elegido". Pero sabía que las cosas no eran así de simples. Con el tiempo, podría saberlo. Ahora mismo, iría poco a poco. Al fin y al cabo, él aspiraba a algo más. La inmortalidad. El poder sobre todo. ¿Entonces por qué no intentarlo?
—Está bien —dijo—. ¿Qué debería hacer?
Long Yin sintió que algo en su interior se aquietaba. No era confianza ciega. Era la decisión de un hombre que ya había perdido una vida y no tenía nada que perder.
Long Yin nunca supo que todos sus pensamientos desde el comienzo hasta ahora habían sido leídos. Su inseguridad, su desconfianza, todo lo que había demostrado fue visto por el artefacto. Pero el artefacto nunca dijo nada. Para lo que él estaba destinado, era mejor ser precavido. Solo acercándose, dijo:
—Nada.
Y de un momento a otro, de la frente de Long Yin salió como un cristal. Era transparente. El niño dejó fluir todo su Qi Espiritual, también Qi del Caos, hacia dicho cristal. Y dijo:
—Ya somos uno.
Empezó a volverse transparente. Entregó su Qi de vida para aceptar a Long Yin como maestro, uniéndose a él.
Así comenzó la historia del Emperador del Caos. El soberano del Gran Dao.

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Capítulo 3
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 22 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.