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Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 20 online gratis en español

En el campo de batalla del Viejo General Gan y el Gran General Meng Tao, los cráteres seguían abiertos. El ambiente estaba sombrío. En ese lugar había muerto un Gran General del Reino Gan. Una muerte dolorosa. Se escucharon aplausos. Un joven erudito se acercaba al viejo herido y a Zilong. Cuando estuvo cerca, habló sonriendo: —Qué buena pelea. Aunque sean hormigas, fue digna. Me gustó. Por eso te recompensaré quitándote la vida. Jejej. Dicho esto, sus manos empezaron a tomar la forma de las de un anciano. De ellas salió Qi Espiritual negro y morado, vasto, oscuro. Tanto, que en cuestión de segundos todo el lugar se oscureció. El ambiente se volvió áspero. Hilos de Qi Demoníaco se formaron con calaveras, buscando tragarse a Meng Tao. Zilong sintió el peligro. Siendo un hombre que ya había muerto una vez, criado en batallas, reconoció la muerte al instante. —Viejo, escapa —le dijo solemnemente. Meng Tao suspiró y respondió con suavidad: —Este viejo ya está muy herido, joven general. Llévate al príncipe. Este enemigo ya ha cruzado el umbral que conocemos. El joven demoníaco se ofendió. ¿Escapar? ¿Cómo se atrevía ese joven a meterse en lo que él buscaba? Lo que quería era el karma formado por el Viejo General Gan al morir. Su deseo demoníaco de matar a ese general era cultivo para él. Todo el lugar se impregnó de Qi Demoníaco, cortando la escapatoria de ambos. Arriba, la mujer frunció el ceño. Entonces lo vio con claridad. Por fin había encontrado a quien buscaba. Empezó a reírse con ganas, y su voz resonó desde la altura: —Traidor, hasta que te dignas a aparecer. Y encima acabas con la diversión de estos hombres. El joven demoníaco alzó la vista. Había sentido a la loca. Basta decir que no podía dejar ir esa oportunidad; oportunidades así no se presentaban dos veces. —Si consumo a ese viejo, acabaré contigo, Qing Jin. La mujer volvió a reír, esta vez más fuerte: —Hmph. Primero pasarás por mí. Sobre las nubes empezó a formarse una mano de jade blanco. No se parecía en nada al Qi espiritual tradicional; estaba impregnada de Leyes. La mano comenzó a descender. Abajo, el joven demoníaco no se asustó. Se llenó de dignidad. —¿Crees que matarás tan fácil a este Venerable? Dejó fluir todo su cultivo. El lugar entero empezó a agrietarse. La grieta fue tan profunda que la mitad de la ciudad se partió. El terreno simplemente no podía soportar ese poder. Los dos, enfrentándose solo con sus auras, devastaban el lugar sin piedad alguna. Li Mu, los tres ancianos de la Secta de los Mil Rostros y el príncipe del Reino Gan contemplaban el enfrentamiento. Aunque estaban algo alejados, aquel Qi espiritual los hacía sentirse como hormigas. Si estuvieran un poco más cerca, morirían desintegrados por el simple roce de las Leyes. El Maestro de la Secta habló, perdiendo la compostura que había mantenido hasta entonces: —Esto... ¿Esos dos mayores están en Refinamiento del Vacío? Li Mu, sin apartar la vista de la pelea, respondió: —No. Ya controlan las Leyes. Están por encima de Refinamiento del Vacío. Apretó la empuñadura de su espada. En su vida pasada había luchado incontables veces, había quitado miles de vidas. Pero lo que veía, era un enfrentamiento que solo podía nombrar con una palabra: dioses. Se sintió débil comparado a esto. Zilong estaba peor. Encontrándose bajo la presión del Venerable Demoníaco, sentía los golpes de las Leyes y aguantaba más de lo que podía. Meng Tao, mucho más débil, le dijo con firmeza: —Vete, joven general. Llévate al príncipe. O moriremos todos aquí. Zilong vio aquellos ojos firmes. Suspiro. Montó en el caballo, que estaba aún peor que ellos, intentando alejarse de la zona. Así, ambos escaparon con heridas graves de Qi. Long Yin, sintiendo todo desde la distancia, le preguntó a Taichu: —¿Esto es lo que significa cultivar? Taichu le respondió sin darle importancia: —Esos jóvenes ya controlan las Leyes, no el Dao. Se lo dijo para que comprendiera cómo serían los monstruos que ya habían rozado el Dao. La joven Qing Jin reía mientras su aura y la mano descendente chocaban contra el aura demoníaca de su enemigo. El Venerable Demoníaco mostraba una expresión sombría. Vió hacia abajo. Vio cómo el joven general escapaba. No perdió más tiempo. Su Qi Demoníaco consumió el cuerpo del Gran General Meng Tao, dejándolo calavérico. Zilong, que ya se había alejado un poco de la zona, miró hacia atrás. Vio cómo el cuerpo de su compañero era consumido. No pudo hacer nada por él. Solo le tembló la mano de la rabia. Se sintió inútil. Había subestimado mucho este nuevo mundo. Long Yin también lo vio. Solo suspiró. El viejo lo había tratado bien y había perdido la vida así. ¿Pero qué podía hacer él? Se indignó por su falta de poder en ese momento. Zilong se acercó. Quería decir algo, pero Long Yin se adelantó: —Vámonos. Li Mu puede escapar. Zilong solo asintió. Sabía que ahora mismo las palabras sobraban. El Venerable Demoníaco, tras consumir a Meng Tao, un Alma Naciente lleno de karma, estabilizó su cultivo en Venerable de la Ley. Ya llevaba veinte años huyendo de esa mujer. Pero desconfiaba por completo de poder derrotarla. La mujer le habló: —Ming Ye, no podrás escapar. Nuestro maestro te lo dio todo. ¿Cómo puedes ser tan desagradecido? El Venerable Demoníaco respondió sin remordimientos: —Ese viejo nos engañó a los dos. Y tú no lo entiendes. Por querer alcanzar ese reino, es capaz de todo, hermana menor. Entiéndelo. A Qing Jin no le importó lo que decía. Se enfureció aún más al ver que su hermano mayor seguía calumniando al maestro. Su Qi, lleno de Leyes, se empoderó todavía más. La mano fue directa hacia el Venerable Demoníaco. Cuando estaba a milímetros, él invocó una calavera gigante de puro Qi Demoníaco. La calavera, cargada de Qi de Leyes, empezó a morder la mano. La mano, elegante como un jade pulido, no se quedó atrás. Runas aparecieron a su alrededor. Un choque de Qi de Leyes apartó las nubes del cielo. El impacto fue una locura. Tanto, que en las capitales de los reinos vecinos se sintió el Qi impregnado de Leyes. Los ancestros de cada reino estaban impresionados y asustados. Pero también sabían que aquello era una batalla de gigantes. En el choque lleno de Leyes, el aire empezó a ceder. El vacío intentó agrietarse, pero volvió a cerrarse en cuestión de segundos. Qing Jin habló con odio: —Te llevaré con el maestro para que te disculpes. Tuvo que recluirse por el dolor de perder a su amado discípulo. El Venerable Demoníaco le replicó: —Ese viejo es un manipulador. Eres una tonta que no te das cuenta. A los dos nos usa a su antojo. Qing Jin gritó de rabia y desapareció de la nada. Reapareció junto al Venerable Demoníaco y le clavó una patada en el estómago, mandándolo a volar. Señalemos que el golpe no fue nada para él. En el aire, se volvió a estabilizar y miró a su hermana menor. Ambos dejaron que el Qi de Leyes se desvaneciera. El choque quedó en empate. Sabían que no podían sobreextenderse; llevaría al fin de estas tierras. No eran tan sanguinarios. El Venerable Demoníaco dijo: —No puedes derrotarme, ni yo a ti. Te recomiendo que todo este tiempo que pierdes conmigo lo dediques a ver quién es realmente nuestro maestro. Intentó huir, pero la Venerable no se lo permitió. Apareció al frente de él, buscando un golpe imbuido de Qi de Leyes para tumbarlo. El Venerable Demoníaco lo anticipó y esquivó el golpe. Mientras ellos discutían, Long Yin ya se había adentrado en el bosque. Pensaba si todo lo que pasó era su culpa. En cierta forma, si él no hubiera decidido atacar la ciudad, el Gran General no habría muerto así. Pero sabía que ya no servía de nada darle vueltas. Aun así, sus emociones eran complejas. Cuando Zilong y él alcanzaron a Meng Shan, ambos venían decaídos. Meng Shan miró alrededor y no vio a su viejo. Luego miró el rostro del príncipe. Supo lo que había pasado. A lo lejos, todavía se sentía el Qi Espiritual de aquel duelo. —¿Cómo murió? —preguntó con tristeza. Zilong le respondió: —Derrotó al Gran General Gan, pero un cultivador demoníaco aprovechó sus heridas. Meng Shan asintió con dolor. —Ese cultivador... ¿es quien está peleando ahora mismo? Zilong asintió, sin decir nada más. Meng Shan hizo ademán de ir hacia allí. No le importaba el poder del enemigo. Pero Zilong lo agarró. —No tomes decisiones emocionales. Él cumplió como un General. No puedes insultar su legado. Meng Shan gritó de rabia: —¡Quítate! ¡Como su hijo, debo vengarme! Long Yin lo miró, y le dijo con dolor y rabia a la vez: —¿Crees que no quiero vengar a mi general? Simplemente ahora mismo somos hormigas para ellos. Mientras su caballo seguía avanzando para alcanzar a los soldados, añadió en voz baja, solo para Meng Shan y Zilong: —Tarde o temprano, este príncipe vengará su muerte. Ese día, dejaré que hagas lo que quieras con ese hombre. Dándoles la espalda, se fue. Ya no podía seguir pensando si había tomado o no la mejor decisión. Debía seguir adelante y cobrar la venganza. Sabía que era lo único que podía hacer. En la ciudad, concretamente en el cielo, Li Mu observaba. Aparte del duelo de esos dos, los tres ancianos no se atrevían a atacarlo. Vio que también había muerto un general del reino aliado, pero no sintió nada. No conocía al Gran General, apenas tenía una buena impresión de él. Pero ese duelo lo estaba ayudando a profundizar lo que sentía que crecía dentro de su comprensión.
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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 20

Estás leyendo el capítulo 20 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 6 de julio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.