Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 19 online gratis en español
Frente a la ciudad, dos viejos chocaban sus armas. Ambos sables resonaban, levantando el polvo del suelo.
El Viejo General del Reino Gan tenía las venas infladas. Estaba triste y molesto. Su hijo había muerto por una campaña absurda. Miró hacia arriba, a esos ancianos que no hacían nada para matar al príncipe, mientras este viejo le impedía tomar venganza con sus propias manos.
El Gran General Meng Tao vio que su enemigo de toda la vida buscaba una pelea a muerte. Él iba a complacerlo. Desde hacía tiempo quería matarlo en el acto. Además, ahora se estaba dejando llevar por las emociones. ¿Cómo iba a dejar pasar esta oportunidad?
—Hmph. Viejo, ¿crees que me ganarás sin tu lanza?
Meng Tao no contestó. Hizo volar su sable y de su anillo espiritual sacó la lanza.
Saltó del caballo, canalizó su Qi Espiritual en el arma y fue directo hacia su enemigo.
Sable y lanza chocaron. Los rugidos del Qi Espiritual empezaron a agrietar el suelo.
El Viejo General del Reino Gan empujó con su sable, buscando desequilibrarlo. Meng Tao cedió un paso, pero giró la lanza hacia la derecha, apuntando al costado. Su enemigo bloqueó con el filo del sable. El metal chilló.
Ambos se separaron un instante. Jadeaban.
—Tu hijo murió con dignidad —dijo Meng Tao.
El Viejo General rugió. Cargó con el sable en alto, descargando un golpe vertical cargado de Qi. Meng Tao alzó la lanza y recibió el impacto. La tierra bajo sus pies se hundió.
No esperó a que su enemigo levantara de nuevo el arma. Giró la lanza, golpeó el costado del viejo con el mango y lo lanzó hacia atrás. El Viejo General escupió sangre.
Meng Tao no le dio tregua. Canalizó Qi en la punta de la lanza y la arrojó hacia adelante. El Viejo General, con un último reflejo, interpuso el sable. La lanza atravesó el metal y se clavó en su hombro.
Pero ahí no terminó. La lanza clavada en el hombro del viejo general no le dolió en absoluto. Más bien lo llenó de Qi Marcial. Agarró el filo de la lanza y se la desenterró sin mostrar ningún dolor.
De su anillo espiritual salió un sable mucho más grande. Su verdadera arma. Un artefacto espiritual grado 5, propio de un Alma Naciente.
Meng Tao se puso serio. Supo que ese viejo ahora sí iba a darlo todo. Miró al príncipe, evaluando la situación. Sabía que no podía acabar con él rápido. Quizás hasta podía perder la vida.
Mientras pensaba, el Viejo General estaba prácticamente poseído. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Amaba mucho a su hijo. De hecho, se quería retirar y empujarlo desde atrás. Hasta había pedido su jubilación a la Corte.
Gritó hacia Meng Tao:
—Después de que mueras, acabaré con tu hijo. Con tus descendientes, viejo. Toda tu familia Meng te va a acompañar.
Meng Tao no se enojó. Era obvio que el viejo que tenía al frente no estaba bien mentalmente. Solo dijo:
—Te daré una muerte digna, viejo enemigo.
Y volvieron a chocar. Esta vez fue más fuerte. Devastador. Cráteres se formaban bajo sus pies.
Meng Tao dijo con frialdad:
—Lanza Rompe Fronteras.
Por encima de él, una lanza hecha de puro Qi Espiritual empezó a formarse. Resonaba en el aire.
El Viejo General no se acobardó. Siguió dando golpes certeros con el sable, que empuñaba con las dos manos. Lo sorprendente era que, aun así, iba con una velocidad considerable.
—Sable de la Destrucción —respondió.
Qi Espiritual negro empezó a materializarse en la empuñadura del sable. Se estaba demonizando.
Meng Tao lo vio y no se puso nervioso.
Las armas volvieron a chocar, pero ahora se veía claramente que Meng Tao retrocedía. No podía con la rapidez del Viejo General, que tenía muy clara su ventaja y la aprovechó. La lanza de Qi Espiritual sobre él empezó a apuntarlo y se lanzó hacia abajo.
El Viejo General no se inmutó. Siguió lanzando ráfagas de Qi Demoniaco. Fue tan rápido que Meng Tao no pudo anticipar una de ellas y quedó herido en el costado. La sangre le recorrió la armadura.
Con una señal de su mano, la lanza de Qi Espiritual inició el descenso. El Viejo General la miró y saltó.
—Sable Demoníaco de la Destrucción.
El sable empezó a recorrer un Qi demoníaco más perverso. La sangre de la herida de Meng Tao fue consumida. Preparó una estocada directa hacia la lanza de Qi Espiritual.
En el salto, agarró impulso. El aire se comprimía capa por capa. La estocada impactó la lanza, que empezó a agrietarse. Pero Meng Tao no iba a permitirlo. Dejó fluir más Qi Espiritual y la lanza empezó a reconstruirse.
El Viejo General la ignoró. De un momento a otro fue hacia Meng Tao con un golpe vertical, intentando cortarle la cabeza en el acto.
Meng Tao lo anticipó por poco. Se agachó por un mini segundo. Suspiró. Sabía que no podía seguir confiándose.
Empezó a tomar distancia, dando estocadas con la lanza desde atrás. El Viejo General se veía más poseído. Sus ojos, perdidos. Su sable empezó a consumirle más Qi Espiritual. Si seguía así, quedaría drenado.
Un joven con ropa de erudito lo observaba desde las murallas. Era el joven demoníaco, el que estaba siendo perseguido por la mujer.
—Jugando con fuego, eh... —murmuró para sí mismo—. Esa loca me está observando.
Subió la mirada hacia las nubes.
En lo alto, una mujer estaba sentada con mucha dignidad. Como si las alturas fueran donde se sentía cómoda. Observaba la pelea, pero para ella era una pelea de hormigas. Siendo una Venerable, un combate de Almas Nacientes era como niños peleándose por un juguete.
Recorría con la mirada todos los rincones. Había sentido el Qi demoníaco en la ciudad, pero no podía detectarlo del todo. Culpó al sutra de cultivo de ese tipo.
Cerca de los bosques, en el camino hacia la frontera del Reino Yan, estaban Long Yin y Zilong. La mayoría de los soldados, al mando del General Meng Shan, ya se habían ido. Nadie los interceptó.
Los soldados del Viejo General Gan no se movieron de la zona. Sin alguien que los guiara, ¿cómo iban a pelear contra el enemigo? Veían a su general poseído, dejándolos a su suerte. La mayoría ya había huido. No eran tontos.
Long Yin le dijo a Zilong:
—Zilong, prepárate. Tendrás que actuar para quitarle la vida a ese General.
Zhao Yun lo sabía. Su señor lo estaba preparando para esto. Era momento de cazar. Asintió.
—Tomaré la posición, señor.
Hizo una reverencia y se fue.
Long Yin, viéndolo partir, habló mentalmente:
—Taichu, ¿por qué siento que me están observando?
El Viejo Ancestro le contestó breve:
—Es que estás siendo observado, mocoso. Arriba hay una mujer, con un cultivo por encima de lo que conoces. No la provoques. Además, en la ciudad hay un enemigo aún más feroz. Te aconsejo tomar la retirada.
Long Yin sintió un escalofrío. Si Taichu se lo decía, debía retirarse. Una cultivadora por encima de lo que él conocía, sabiendo que había reinos superiores al Alma Naciente... era obvio que no podía enfrentar esas variables ahora.
Por eso Li Mu le había hecho tiempo. No lo comprendió en su momento, pero ahora lo entendía con claridad.
Al comprenderlo, su cultivo avanzó a Refinamiento de Qi etapa media. No se alegró. Era obvio: teniendo un Cuerpo del Caos, cultivar le era más fácil. Solo que no había podido hacerlo últimamente con todo lo sucedido.
El Viejo General Gan seguía haciendo retroceder al Gran General Meng Tao. Este ya tenía más heridas en el cuerpo. Leves, pero estaban ahí.
En el hombro del Viejo General Gan, la sangre de su herida grave fluía en hilos hacia el sable. Estaba demonizado por completo.
Empezó a girar el sable más rápido. Meng Tao, por fin, vio una brecha. Actuó rápido.
Su lanza volvió a perforar cerca de la herida grave. Quería desangrarlo. Los cultivadores tenían un vasto Qi de vida, pero un Alma Naciente no era inmortal. Su cuerpo, después de todo, era mortal. Era un acierto del Gran General.
El Viejo General Gan no sintió nada. Era como si no lo hubieran herido. Pero había una diferencia: se estaba cansando. Jadeaba muy seguido.
Siguieron los choques de Qi Espiritual. El sable rápido formó dos líneas en X para impedir que Meng Tao esquivara.
Pero Meng Tao no esquivó. Recibió el golpe completo. Lo amortiguó con Qi Espiritual, pero su lanza, esta vez, fue muy certera. Recibió por completo el ataque de su enemigo, y en última instancia, le quitó la vida. Le clavó una estocada en la frente.
La lanza perforó. El Viejo General Gan, entre lágrimas, sonrió. En sus últimos momentos, murió a manos de su rival, encontrando un camino para reunirse con su hijo.
El Gran General Meng Tao cayó al suelo. Jadeaba, lleno de heridas. Supo que solo había ganado por lo mal que estaba su rival mentalmente.
Zilong llegó en ese instante y lo ayudó a levantarse. Había pensado que tendría que intervenir, pero el Gran General, con su sabiduría marcial, había dado el golpe definitivo él solo.

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 19
Estás leyendo el capítulo 19 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 5 de julio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.