Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 18 online gratis en español
En el salón reinaba el silencio. Todos estaban presentes, incluidos padre e hijo Meng.
El Gran General observó al hombre de porte marcial con un aire erudito. Comprendió de inmediato: un general que controlaba el campo de batalla sin mover un dedo.
El General Meng Shan ya no dudaba del príncipe. Le tenía un respeto absoluto. Li Mu ya se había presentado ante todos. Pero nadie conocía su cultivo.
Long Yin iba a hablar para dar los pasos siguientes. Justo entonces sintió un aura de Alma Naciente. Alzó la vista hacia el techo.
Li Mu ya miraba en la misma dirección. Zilong frunció el ceño. El Gran General, siendo un Alma Naciente, también había percibido aquella aura.
Todos salieron de la mansión. En el cielo, bajo las nubes, se veían tres hombres con atuendos similares al del Anciano Hei de la Secta de los Mil Rostros.
Junto a ellos flotaba un jovencito con vestiduras de príncipe, sostenido por Qi Espiritual. El príncipe del Reino Gan iba a hablar, pero el Maestro de la Secta de los Mil Rostros se adelantó.
—Joven príncipe del Reino Yan, no debiste haber matado a mi anciano.
Lo dijo dirigiendo su cultivo. Un aura vasta se expandió. Por donde pasaba, los soldados caían escupiendo sangre.
Los civiles, encerrados en sus casas, sintieron que un monstruo había descendido sobre la ciudad. Cuando pelean los inmortales, los mortales sufren.
A poca distancia, un niño de ropas nuevas mordía un pedazo de carne mientras calculaba una ruta de escape entre las casas.
Entonces miró hacia atrás, justo hacia la entrada donde estaba Long Yin, y suspiró. Recordó cómo aquel hombre le había dado un apellido y un lugar al que pertenecer.
Pero no sabía cómo corresponderle. Ni siquiera sabía si seguiría vivo cuando todo terminara.
Mientras dudaba, Li Mu se acercó a Long Yin. Con un simple gesto de la mano, habló suavemente: —Rompe.
El vasto aura que se dirigía contra el joven príncipe se deshizo.
El Maestro de la Secta y los dos ancianos de Alma Naciente se sorprendieron. No se habían percatado de aquel hombre. Y no podían detectar su cultivo.
—¿De dónde viene usted, compañero dao? —preguntó el Maestro de la Secta con respeto.
Li Mu posó la mano sobre la empuñadura de su espada. —Hoy no podrán tocar a mi joven maestro. Les aconsejo irse.
Lo dijo con indiferencia. El Maestro de la Secta y los dos ancianos no se ofendieron.
—Compañero dao, no crea que por tenerle un poco de respeto puede hacer lo que quiera —replicó uno de los ancianos—. Somos tres contra uno.
El Gran General dio un paso al frente, dejando fluir su cultivo de Alma Naciente etapa inicial. —Este viejo general, aunque esté en etapa inicial, puede defender al joven príncipe.
El anciano soltó un bufido. —Hmph. Un simple Alma Naciente inicial osa darse aires.
—Este humilde estratega puede él solo contra ustedes tres, viejos —interrumpió Li Mu.
Y con gran calma, voló hasta situarse frente a ellos en el aire. El Gran General iba a seguirlo, pero la voz de Li Mu lo detuvo.
—Viejo General, yo me encargo. Cuide al joven príncipe. Las cosas no son tan simples.
Lo dijo mientras observaba la ciudad. Sentía que había una conspiración que aún no alcanzaba a ver del todo.
Luego miró a Long Yin y le envió un mensaje de Qi Espiritual que solo él podía oír: «Príncipe, tiene que escapar. Esos cadáveres esconden una gran conspiración. No tienen nada que ver con el Reino Gan, por lo que veo. Es mejor abandonar esta ciudad.»
Long Yin asintió y se volvió hacia sus soldados. —Nos vamos. El Estratega Li cubrirá nuestra retirada. Gran General, sea nuestra vanguardia y llévennos a la frontera del Reino Yan.
El Gran General asintió. Desde hacía días sentía una intuición de peligro, por mínima que fuera.
La formación militar se organizó. Iban a salir de la ciudad, pero cuando casi la mitad de los soldados ya habían traspasado las puertas, se toparon con una formación de veinte mil hombres al frente.
A la cabeza, un anciano: el Gran General Gan, padre de Gan Xiong.
—Hoy no te irás de aquí, viejo —tronó—. Entrégame tu vida y la de ese príncipe.
El Gran General Meng Tao clavó los ojos en su rival y se adelantó. —Hmph. No mezcles a los jóvenes. Peleemos tú y yo, viejo.
Ambos chocaron sobre sus caballos. Meng Shan tomó la delantera del ejército y preparó la retirada. No podían enfrentarse a veinte mil hombres. Debía cumplir la orden militar de Long Yin.
En medio del caos, Long Yin divisó a Long Sha escondido entre unas cajas. —Decídete. ¿Vienes conmigo o no? Será tu última oportunidad.
Lo dijo mientras su caballo piafaba, impaciente. El jovencito aún dudaba, pero en su interior nació una determinación nueva: seguir a aquel hombre.
Saltó al caballo de Long Yin y se acomodó junto a él. Long Yin asintió. —Tomaste la mejor decisión de tu vida.
Long Yin y Long Sha salieron de la ciudad. No quedaba ningún soldado del Reino Yan dentro de las murallas.
La mitad de la tropa seguía al Gran General, que se enfrentaba en duelo contra el general del Reino Gan. La otra mitad, los diez mil restantes, marchaba con Meng Shan.
Long Yin cabalgaba tras ellos. En el cielo, Li Mu observaba todo. Los ancianos, el príncipe y el Maestro de la Secta de los Mil Rostros lo miraban con desconfianza absoluta.
El Maestro de la Secta, un Alma Naciente de Gran Perfección, dudaba. Había usado todo su cultivo para humillar al joven príncipe, y este hombre había dispersado su aura con un simple gesto. Eso lo mantenía pensativo.
Mientras todos esperaban el siguiente movimiento del enemigo, Meng Tao partió el aire con su sable y gritó: —Viejo, ¿qué son esos cadáveres que dejaste en tu mansión?
El Gran General del Reino Gan frenó en seco. ¿Cadáveres? No dijo nada. Los dos sables chocaron con un restallido seco.
Los diez mil soldados que estaban a la retaguardia con Meng Tao ya se estaban replegando para unirse a los diez mil de su hijo Meng Shan y así completar la retirada. Meng Tao dio la señal. Era lo mejor. Él podía aguantar, pero si llegaban refuerzos, todo se complicaría.
Long Yin observaba. Confiaba en Li Mu. Detrás de él, Zilong no apartaba la vista de su señor.
Desde que entraron en la ciudad, algo lo mantenía alerta. Esos cadáveres. Primero pensaron que los había dejado el Reino Gan, pero viendo la situación, ya no estaba tan claro.
En la prisión de la ciudad, un joven sonreía para sí mismo. Si Long Yin lo viera, se daría cuenta que este joven era quien le habló sobre la retirada del Reino Gan.
El joven miró a los presos encadenados junto a él y soltó una risa baja. Alzó las manos.
El Qi Espiritual de los presos empezó a fluir hacia él. Se escucharon gritos de agonía.
Los cuerpos empezaron a secarse, se volvían cáscaras. Su cultivo se empezó a congraciarse, como recuperándose.
—Este anciano por fin pudo escapar de esa loca... —suspiró.
Se disponía a huir. Le daba igual la batalla que rugía fuera. Li Mu desvió la mirada hacia la mansión. Había sentido el Qi, pero no le dio importancia. El Maestro de la Secta también lo percibió.
—Hmm. Qi demoníaco. ¿Es de su facción ese cultivador, compañero Dao?
Li Mu negó. No le importaba si era demoníaco o no.
Por encima de las nubes, una mujer observaba. Llevaba una túnica azul celeste que ceñía una figura esbelta y bien formada, y un velo blanco le ocultaba parcialmente el rostro, dejando ver apenas una piel clara y unos labios finos.
A su alrededor, el Qi Espiritual no se agitaba de forma errática: se plegaba en patrones precisos, obedeciendo a una Ley. Era el tipo de mujer que, incluso oculta, detenía miradas.
—Pude sentir el Qi de ese traidor.
Luego su mirada se desvió hacia Long Yin. Una leve sonrisa curvó sus labios. Lo había visto antes, durante los latigazos en el Reino Yan. Entonces era un príncipe despreciado y envenenado. Ahora cabalgaba en reinos enemigos.
Sus ojos se posaron en Li Mu. Frunció el ceño.
—Un Alma Naciente que ya está formando una Ley. Y no una cualquiera: la Ley de la Formación. Esto es inaudito.
Pero no podía distraerse. Su atención no podía seguir en los allegados de ese príncipe.
Estaba segura que por fin había dado con él. Pero quería ver si salía por sí mismo.

Continúa leyendo
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela)
Capítulo 19
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 18
Estás leyendo el capítulo 18 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 5 de julio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.