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Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 15 online gratis en español

La ciudad fronteriza del Reino Gan ya había sido conquistada. Amaneció un nuevo día. Los civiles no salían de sus casas. En el centro, en la mansión principal, ya no había líderes del Reino Gan, sino el tercer príncipe del Reino Yan. Preferían quedarse en sus hogares y evitar problemas. En la mansión, justo en el patio exterior, los cadáveres habían sido rodeados con Qi Espiritual como medida de contención mientras se tomaba una decisión. Long Yin estaba furioso. Se le notaba en la cara. Sabía muy bien lo que significaba lo que ese joven le había dicho horas atrás. Habló con solemnidad: —Gran General, ¿cómo es posible que supieran que íbamos atacar? El Gran General comprendió al instante el peso de aquella pregunta. Se arrodilló. Detrás de él, su hijo Meng Shan hizo lo mismo. Los capitanes también. El Gran General habló con firmeza. Siempre había sido leal. —Príncipe, no sé por qué ha pasado esto. Pero puedo jurar por mi Corazón Dao que mi familia Meng, no tiene nada que ver. Meng Shan iba a hablar, pero Long Yin lo interrumpió. —Sea lo que sea, hemos sido traicionados. Y los únicos que sabían de este ataque estamos aquí. Hizo una pausa y su voz se volvió fría. —Zilong, interroga a los capitanes. Quien no quiera jurar por su Corazón Dao, tienes permiso para ejecutarlo en el acto. Los capitanes se asustaron. No esperaban esto. Ellos habían entregado la información a la capital, informando al Rey. En ningún momento le fueron leal al tercer príncipe. Siendo soldados criados por el reino Yan, eventualmente su lealtad era hacía el Rey actual. Meng Shan vio el miedo en sus rostros. Esas expresiones de cobardes arrepentidos. Se levantó. No iba a esperar a que Zilong les cortara la cabeza. Él mismo lo haría. Estaba furioso. Había batallado con ellos mano a mano. ¿Y así traicionaban a la familia Meng? Justo cuando iba a hacerlo, Zilong lo detuvo. Le caía bien este general. Le recordaba a un viejo amigo. —No lo hagas. El príncipe puede interpretarlo de otra manera. Meng Shan comprendió al instante. Vio a Long Yin mirándolo fijamente. Hizo una reverencia y volvió a arrodillarse. Long Yin dio la orden. —Ejecútalos. Gran General, envíe un decreto a la ciudad fronteriza. Que sean juzgados por leyes militares. El Gran General asintió y se levantó. Los capitanes no huyeron. Sabían que aquel era su final. Uno de ellos, el que más guerras había librado junto a la familia Meng, habló: —Generales, nunca tuve la intención de traicionarlos. No esperábamos que la familia real fuera tan cruel. Suspiró. En ese instante, Zilong le cortó la cabeza. Los otros dos se rompieron las venas espirituales, perdiendo la vida de forma limpia. Meng Shan, al verlo, solo suspiró. Hizo una reverencia y ya se iba, pero Long Yin lo detuvo. —Ya saben que estamos encerrados. Sería un suicidio quedarnos aquí. Tenemos dos opciones: preparamos una ruta de escape o morimos. El Gran General habló: —Príncipe, nosotros podemos morir. Lo único que lamento es que su estrategia y su sabiduría hayan terminado aquí. A pesar de que se sentía mal por sus capitanes, las leyes militares eran estrictas. No podía perdonar la traición. Desde el momento en que salieron del Reino Yan, su supervivencia estaba ligada al tercer príncipe, no al Rey. ¿Por qué habían tomado tal decisión? A Long Yin se le ocurrió una idea. —Gran General, envíe soldados a todas partes. Que entreguen esta información. Hizo una pausa. —"El Reino Yan invadió el Reino Gan, tomando su ciudad fronteriza después de sufrir ataques del Reino Gan y la Secta de los Mil Rostros. El tercer príncipe tomó la ciudad y pide apoyo a su padre, el Rey." Todos se levantaron con un hilo de esperanza y dijeron al unísono: —Entendemos, príncipe. Es una buena manera de obligar al Rey a actuar. Se fueron con esa mínima esperanza. En la guerra, con un poco de esperanza, aparecían soluciones. Y con esas soluciones, quizás la victoria. Shen Yi se quedó con su sobrino. Era una buena estrategia, pero sabía que difícilmente ese rey inepto actuaría. Con el odio que le tenía a su hijo... Long Yin lo miró. También lo pensaba. Pero no podía decir nada. Era la única salida. La verdadera razón de haber tomado esa decisión era elevar su reputación, hacerse nombrar por civiles, cultivadores y funcionarios. Así generaría Qi de Suerte. Quizás con eso pudiera salir de aquel crucigrama. El Reino Gan no atacó en ningún momento. Las horas transcurrieron. En todas las ciudades fronterizas llegó una misma información, difundida por muchas bocas: plebeyos, soldados, militares retirados. La hazaña del tercer príncipe del Reino Yan conquistando la ciudad fronteriza del Reino Gan. Y el asesinato del Anciano de la Secta de los Mil Rostros. La noticia sacudió a todos los reinos vecinos. Llegó a las cortes, a las familias influyentes. En cuestión de horas se sembraron más rumores. En la capital del Reino Yan, era sabido el odio del Rey hacia su tercer hijo. Se rumoreaba que el Rey lo había enviado a morir, pero el príncipe, llevando el destino del dragón, había conquistado y eliminado a los enemigos del reino. Los rumores fueron tan intensos que los civiles empezaron a protestar frente a las oficinas gubernamentales, exigiendo apoyo militar para el tercer príncipe. Los funcionarios estaban cansados de repetir que el Rey analizaba la situación. Ellos también querían lo mismo, pero ¿de qué servía querer? En el pabellón de la Reina, el Rey estaba destrozando todo a su paso. Fuera de sí. —Ese hijo rebelde... ¿cómo no murió? Esto es imposible. No me lo creo. Entró un eunuco. —Mi Rey, el Primer Ministro pide que la corte se adelante. Esto puede salirse de las manos. El Rey, aún furioso, gritó: —¡Ese viejo se atreve a seguir retándome! Y entre alaridos de rabia se dirigió a la corte. Todos los ministros aguardaban abajo, viendo al Rey descontrolado. Unos estaban asustados. Otros esbozaban sarcasmo. Y otros mantenían la firmeza de retar al Rey, porque para ellos el Reino Yan estaba primero. El Primer Ministro tomó la palabra: —Mi Rey, el tercer príncipe merece ser ayudado. Combatió con justicia, derrotó a cien mil hombres del reino enemigo y le quitó la vida al anciano de la secta que lo envenenó. Con esta hazaña, nuestro Reino Yan no puede quedarse quieto. Puede atraer malos comentarios. El Rey se enfureció aún más al oír las hazañas de su hijo detalladas. —Hmph. En ningún momento autoricé un avance hacia el Reino Gan. Ahora que se las arregle solo. Apenas lo dijo, cuatro ministros, incluido el Primer Ministro, hicieron reverencia y suplicaron al unísono: —Rey, no puede hacer esto. El destino de la nación depende del Qi de Suerte de la población. Si hace esto, atraerá malicia. Por favor, piénselo. Él iba a negarse de nuevo, pero su padre, el abuelo de Long Yin, habló: —Hijo, tienen razón. Por más que odies a tu hijo, los intereses de la familia real van primero. Autoriza la ayuda. Lo dijo con firmeza. A pesar de que su nieto no le agradaba, aquello era una oportunidad para darle un golpe duro al Reino Gan. Los ministros murmuraban entre ellos. Admitir que el padre odiaba al hijo... Mientras la discusión continuaba, en la corte del Reino Gan no reinaba un ambiente distinto. Todos estaban frustrados y furiosos. El Rey del Reino Gan había aceptado la propuesta de la Secta de los Mil Rostros para invadir el Reino Yan, y ahora ocurría todo aquello. Él era quien estaba siendo juzgado. Indignado, gritó al anciano de la secta: —¡Ustedes! Acepté su propuesta porque supuestamente todo estaba controlado. ¡Y ahora miren! ¡Un simple príncipe se ha adueñado de mi ciudad fronteriza! El Anciano se acobardó ante la acusación. —Rey, no se moleste. El Maestro de la Secta ya ha salido de reclusión. Lo más seguro es que tome una decisión a favor del Reino Gan. El Primer Ministro del Reino Gan apoyó a su monarca: —Hmph, ojalá que esas sectas del Reino Yan no intercedan por ese príncipe. Porque entonces sí se nos complicaría. Luego miró al Rey. —Rey, no puede enviar soldados a la frontera. Ya perdimos cien mil. Si enviamos cien mil más, perderemos las defensas de las otras zonas. El Rey asintió. Lo sabía muy bien. Los otros ministros, pensando solo en sus intereses, dijeron al unísono, asustados: —Rey, ¿pero cómo podemos permitir esa invasión de ese príncipe? Debemos desalojarlo ya, por el prestigio del Reino Gan. El Rey, sintiéndose acorralado por su propia corte, respondió: —Ya he dicho que no habrá refuerzos. Que los protectores se alíen con el Maestro de la Secta de los Mil Rostros y acaben con ese príncipe. El eunuco alzó la voz: —¡Se levanta la corte! El Rey salió por la parte trasera.
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela)

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 15

Estás leyendo el capítulo 15 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 2 de julio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.