Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 14 online gratis en español
En la montaña se había levantado un campamento. El ambiente estaba frío. Sombrío. No había ninguna celebración por la victoria anterior.
Los capitanes, los generales padre e hijo y Zilong estaban en el campamento principal. El príncipe ocupaba el sillón central. Su tío permanecía de pie detrás de él.
Todos notaron que el príncipe no hablaba. Desde que se montó el campamento y se organizaron los soldados, no había dicho nada. El silencio empezaba a pesar sobre la moral.
El Gran General Meng Tao tomó la palabra: —Príncipe, no se desanime. Así es la guerra. —Lo dijo con frialdad.
Zilong observaba al hombre que lo había traído a este mundo. Con lo poco que lo conocía, podía asegurar que no estaba así por las muertes de los soldados.
Pero ninguno de los presentes comprendía realmente a Long Yin. Desde que llegó a la frontera, siempre había sido misterioso. Sus decisiones no eran comunes.
El incienso del campamento dejó caer su residuo. Un olor agradable impregnaba el lugar. Los capitanes no hacían ningún sonido; solo esperaban órdenes.
Meng Shan admiraba al príncipe. No estaba preocupado por los soldados caídos, a pesar de que los conocía. Ese era el destino de todo soldado. ¿Para qué llorar?
Mientras todos rumiaban sus pensamientos, Long Yin se levantó con solemnidad: —Todas las familias de los caídos cobrarán el doble.
Los capitanes, encargados de los listados, iban a hablar para recibir la orden. Pero justo en ese momento, Long Yin volvió a hablar:
—Avanzaremos. Conquistaremos la ciudad fronteriza del Reino Gan.
Todas las expresiones cambiaron. La sorpresa recorrió la tienda de campaña de inmediato.
El Gran General habló primero: —Príncipe, no es recomendable. Entraríamos en la boca del lobo.
Meng Shan, más allá de su sorpresa, sintió adrenalina. A pesar de estar herido, no tenía miedo. Aquellas heridas no eran nada para él.
Zilong, que había recibido el daño más alto del grupo, también asintió. Cumpliría las órdenes.
Sin embargo, en su estado actual no podía pelear de nuevo contra Núcleos Dorados; simplemente no estaba en condiciones.
Los capitanes solo suspiraron. No podían hablar abiertamente en aquella mesa. Solo podían confiar en las decisiones de los grandes hombres.
El Gran General, después de haberle expresado su reserva al príncipe, supo que no lo haría cambiar de opinión.
—Príncipe, si nos pide esto es por algo. Quizás podamos conquistar la ciudad.
—Pero el padre de Gan Xiong está vivo, y lo más seguro es que esté resguardando la ciudad fronteriza.
—Ese viejo, la última vez, estaba en Núcleo Dorado Gran Perfección y era mi rival. Ahora probablemente sea un Alma Naciente.
Long Yin se acercó a la entrada del campamento. Desde allí podía ver a los soldados abajo, cada uno en lo suyo. El ambiente seguía sombrío.
Pero él había comprendido algo. Debía tomar esa decisión. Para sobrevivir, necesitaba Qi de Suerte de forma urgente.
Si regresaba al Reino Yan solo con esta victoria, no alcanzaría los cincuenta mil puntos de Qi de Suerte. Por lo tanto, no podría invocar una segunda alma.
Además, conociendo a ese rey loco, si lo veía regresar vivo lo atacaría con todo. No iba a morir de esa forma; prefería hacerlo como un general.
Shen Yi observó aquella espalda. Pudo ver a su sobrino analizándolo todo y supo muy bien por qué había tomado esa decisión.
Quizás fuera la opción más loca, pero ahora mismo era la más certera.
Long Yin habló: —Gran General, si usted fuera del Reino Gan…
Apenas pronunció esas palabras, el Gran General se arrodilló asustado: —¡No le llevo la contraria, príncipe! ¡Mi lealtad es al Reino Yan!
Long Yin comprendió el malentendido. Se acercó al viejo general y lo levantó con ambas manos.
—No me refería a eso. Simplemente quiero decir que ellos no se esperarán este avance.
—Quizás entremos en la boca del lobo, pero deben comprender algo: desde el momento en que salimos del Reino Yan, ya estábamos condenados.
El Gran General entendió la profunda lógica detrás de lo que pensaba el príncipe. Tenía toda la razón. Solo suspiró.
El General Meng Shan dio un golpe seco sobre la mesa y habló con rabia: —¿Cómo podemos aceptar esto? ¿Los esfuerzos de nuestros hombres no valen nada?
Su padre lo regañó de inmediato: —Cuidado con lo que dices. Somos leales al Reino Yan. Si nos piden morir, moriremos.
Meng Shan no aceptó aquello de buena gana: —Padre, soy leal al Reino Yan, pero no aceptaré morir así.
Luego hizo una reverencia respetuosa al tercer príncipe: —Príncipe, tome la decisión.
Long Yin asintió hacia Meng Shan. Aceptaba su forma de pensar y no iba a regañarlo por ello; cada quien tenía su propio criterio.
—Atacaremos esta noche. Avancemos. Gran General, usted conoce estas rutas. Quiero una emboscada nocturna, directo a la mansión del gobernador.
Luego se volvió hacia Zilong: —Zilong, estás herido. Ve al campamento de los heridos y consigue una píldora. Necesito que estés al menos al setenta por ciento.
Hizo una pausa y recorrió a todos con la mirada, infundiendo autoridad:
—Los necesito listos para esta emboscada. Esté o no ese viejo en la ciudad fronteriza, debemos tomarla.
Todos asintieron, hicieron reverencias y se retiraron de la tienda, dejando solo a Long Yin en el lugar.
Long Yin se volvió hacia su tío. Su voz cambió por completo; ahora era suave, muy distinta a la que usaba con los generales.
—Tío... podríamos morir en las próximas horas. Espero que no lo tomes a mal.
Shen Yi soltó una risa corta, llena de afecto: —No te preocupes, sobrino. Si morimos, moriremos juntos. Como tío y sobrino.
—Tu madre, de todos modos, estaría muy orgullosa de ti hoy.
Long Yin sintió una calidez que nunca, en sus dos vidas, había experimentado. Se sentó en silencio.
Sabía que lo que venía era sumamente difícil. Tomarían la ciudad, pero los protectores del Reino Gan o la misma familia real podían aparecer.
Por todos lados donde miraba, no veía una salida clara. En ese instante, Taichu le habló desde su conciencia:
—Chico, no te preocupes tanto. Si tomas esa ciudad, hazlo públicamente. Así llegarás rápido al Qi de Suerte requerido.
Long Yin asintió mentalmente. Era su única salida. ¿Pero qué pasaría si no llegaba a completar los cincuenta mil puntos?
¿Y si solo podía invocar otra alma de rango Núcleo Dorado? Por todos lados, se sentía acorralado.
Así pasaron las horas. Los soldados ya estaban preparados tras ser informados por los capitanes. El sol se ocultó y el ambiente se volvió pesado.
Llegó la hora de avanzar. Todos marcharon en absoluto silencio por los densos bosques de la frontera.
Las bestias espirituales, al percibir una formación militar tan numerosa, prefirieron no acercarse.
Meng Shan iba muy adelante en la vanguardia, dando señales silenciosas para guiar el avance de las tropas.
Después de una hora de camino, divisaron una gran muralla similar a la de la ciudad fronteriza del Reino Yan.
En la espesura del bosque, tres hombres acechaban asomados. El Gran General Meng Tao habló en voz baja: —¿Cómo lo haremos, príncipe?
Long Yin no sabía mucho del arte de la guerra, pero algo era evidente en la distancia: los soldados que vigilaban la muralla estaban demasiado confiados.
No tenían la más mínima idea de lo que se les venía encima.
—Ataquemos con todo. Rompamos la puerta. ¿Qué opinas, Zilong?
Zhao Yun asintió con firmeza: —Es lo más adecuado, señor.
El Gran General tomó el frente de inmediato. Preparó los caballos y las herramientas necesarias para romper aquella puerta impregnada de Qi espiritual.
Cuando el avance comenzó, los soldados del Reino Gan quisieron dar la alarma, pero ya era demasiado tarde.
Meng Shan y Zilong ya estaban sobre las murallas. Siendo cultivadores, podían dar grandes saltos y el exceso de confianza de los defensores fue su perdición.
Los golpes retumbaron con fuerza contra la gran puerta principal.
Los civiles del Reino Gan escucharon el estruendo desde sus hogares y se asustaron; sabían muy bien lo que significaban aquellos impactos.
Meng Tao reventó la puerta por completo con su poder. Esperó a que el viejo general enemigo apareciera, pues era obvio que ya debía haberse dado cuenta.
Sin embargo, no vio a nadie al frente. —¿Huyó? —murmuró extrañado.
Los soldados del Reino Yan avanzaron rápidamente y acabaron con el resto de los defensores. No hubo más resistencia en los muros.
Long Yin, con Zilong custodiándolo a su lado, se dirigió con paso firme hacia la mansión principal, la que servía de residencia al gobernador.
Un grupo de cien soldados protegía la entrada del lugar. Todos ellos se encontraban en el reino de Establecimiento de Fundación.
—Zilong, mátalos —ordenó Long Yin fríamente.
Zilong se lanzó al ataque sin dudarlo. Su lanza giró a una velocidad increíble, partiendo el aire con precisión.
La energía asesina impregnó las calles cercanas. Los civiles, ocultos en sus casas, rezaban con terror para que las tropas de Yan no entraran.
Cuando una ciudad es conquistada en este mundo, lo más suave que se puede esperar es una ejecución rápida.
Pero, para su sorpresa, ningún soldado enemigo irrumpió en sus hogares; todos mantenían una disciplina militar estricta.
Aun así, el odio en las miradas de los ciudadanos locales era palpable a través de las ventanas.
Del grupo que intentaba impedir el avance de Long Yin, un joven soldado de apenas dieisiete años se arrodilló temblando ante Zhao Yun.
—¡Señor, no me mate! Solo cumplía órdenes... Nos pusieron aquí para retrasarlos.
Long Yin se sorprendió ante la confesión y alzó la mano: —Espera, Zilong. Repite lo que has dicho, chico.
El joven, viendo que estaba ante la imponente figura del tercer príncipe, habló de inmediato, sin ocultar nada por miedo a morir:
—Joven príncipe, el Gran General Gan Yan sabía que ustedes atacarían la ciudad. Escapó hace horas.
Long Yin se enfureció al escuchar aquello. Si eso era cierto, significaba que había un traidor de alto rango en su propio ejército.
Se obligó a calmarse respirando hondo y ordenó a los guardias que se llevaran preso al joven para interrogarlo después.
Luego siguió avanzando hacia el interior de la mansión principal, con Zilong y Shen Yi cubriéndole la espalda de cerca.
Cuando entraron al salón principal, encontraron la mansión completamente destruida por dentro e inhabitable.
Había cadáveres secos amontonados en las esquinas. Olía a carne podrida y a algo más... algo dulzón que definitivamente no era incienso.
—Tío, destruye esos cadáveres. Vaya descaro —dijo Long Yin con desagrado.
Shen Yi iba a obedecer de inmediato, pero Zilong extendió su mano y lo detuvo con seriedad.
—Señor, es extraño. ¿No es lo más lógico destruir los cadáveres después de verlos?
Long Yin comprendió la advertencia de inmediato, aguzando sus sentidos: —¿Qué debemos hacer?
—Señor, si ellos ya sabían de antemano que veníamos, lo más probable es que se estén preparando en las ciudades cercanas para un ataque total.
—En pocas palabras... podríamos estar ya completamente encerrados.

Continúa leyendo
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela)
Capítulo 15
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 14
Estás leyendo el capítulo 14 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 2 de julio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.