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Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 11 online gratis en español

El Reino Gan estaba entusiasmado. Los soldados gritaban; para ellos, esto ya estaba en sus manos. El Gran General Meng Tao estaba decepcionado. Había pensado muy bien del tercer príncipe. ¿Ahora tomaba esta decisión de forma tan abstracta? Su hijo, el General Meng Shan, llegó en ese momento: —Padre, no podemos permitir esto. Debemos hacer algo. Meng Tao asintió. No podía arriesgarse así. Pero justo cuando iba a decirle algo a Long Yin, solo recibió una mirada fría, de suficiencia. No se atrevió a decir más. Para un soldado, la ley era cumplir. Su hijo se decepcionó; él sí iba a hablar. Pero escuchó lo siguiente del tercer príncipe: —Vengan todos los Núcleos Dorados al frente. Pelearán contra mi General. —Si ganan, este príncipe se cortará la cabeza y autorizará al Gran General Meng Tao para que la entregue. Cuando pronunció tal locura, todos se callaron. ¿El príncipe iba a entregar su vida por un general? ¿Lo dijo con tanta tranquilidad? ¿Tanta confianza le tenía a ese joven? Todos miraban a Zhao Yun. Sabían que era él; ya se conocían los generales rivales. Zhao Yun, viendo el atrevimiento de su señor, solo pensó que esto era una prueba y una forma de hacerlo destacar. Se sentía seguro de poder derrotarlos. De hecho, desde que llegó, pudo verlo. Si había batallado toda su vida siendo un mortal, sabía lo suficiente. Y habló con firmeza, honrando a su señor: —Su Alteza, si este humilde general se siente acorralado, morirá ahí mismo. Mostró su lealtad por completo. Para él, entre un señor de la guerra y un general, no hacían falta más palabras. Lo que había demostrado Long Yin era suficiente. Así fue. Zhao Yun dio un salto hacia el río. Los Núcleos Dorados podían volar, pero no grandes distancias; además, consumían Qi espiritual. Por eso preferían pelear en sus caballos o en el suelo. Esta vez, Zhao Yun se dispuso a pelear en el río, mostrando que no les temía. De hecho, era una forma de humillarlos. El General Gan Xiong no se ofendió en absoluto por la locura que propuso Long Yin. Esto era una oportunidad y no iba a desaprovecharla. En la guerra, todo valía. Y si tu enemigo era un tonto, ¿por qué no aprovecharlo? ¿Le preocupaba que escapara? Imposible. Con el Anciano Hei, un Alma Naciente, ese príncipe no podría escapar. Sí o sí cumpliría su juramento aquí. Así que antes de enviar a sus tres Núcleos Dorados, incluyéndose para completar los cuatro, dijo: —Príncipe, para que veas que no te menospreciamos: si tu general gana, nos retiraremos. Long Yin solo sonrió. Así, los cuatro generales del Reino Gan saltaron hacia el río. Uno de ellos, con gran vanidad, dijo: —Jovencito, así hayas formado Qi marcial, no eres nada para nosotros. Así que pelearás contra dos. Veamos qué tal. Zhao Yun no le prestó atención a lo que decía ese viejo general. Solo saltó hacia él. Su lanza empezó a danzar; sus movimientos eran impredecibles. Los otros tres ignoraron por completo esa tontería de pelear de a dos; no iban a desaprovechar tal oportunidad. Gan Xiong asintió; era lo que quería. Así comenzó la batalla. Se podía ver a los cuatro generales en cada punto cardinal, intentando encerrar a Zhao Yun. Meng Tao estaba preocupado. Tenía una buena impresión de ese joven general. Miró a Long Yin, tan confiado, y solo suspiró. Shen Yi aún mantenía la confianza; sabía muy bien el poder marcial de ese joven y que no era imposible ganar. Todos podían ver cómo Zhao Yun, a pesar de su desventaja, se mantenía firme. Realmente les estaba dando batalla a cuatro generales curtidos en guerra a la vez. Aquello era sorprendente para todos. De hecho, el Anciano Hei ya estaba pensando en cómo llevárselo. Ese talento para lo marcial, con ese cultivo y menos de treinta años, no era cualquiera. Podía considerarse un talento dentro del top cien de los reinos de alrededor. Mientras todos seguían extasiados por la forma de pelear de Zhao Yun, vieron cómo un general del Reino Gan intentó clavarle la espada por la espalda. Zilong lo esquivó a medias; el filo rozó su armadura. Los del Reino Gan empezaron a vitorear. Para ellos, aquello ya era una victoria. Iban a cobrar su sueldo extra por guerra sin ir a la guerra. ¿Qué más podían pedir? Y todo gracias al príncipe que tenían al frente; hasta juraron ponerle un altar de agradecimiento. Long Yin sabía que Zilong no estaba dando ni el cincuenta por ciento y ya estaba parando a los cuatro. Se veía cómo prácticamente estaba entrenando su arte marcial. De un momento a otro, justo cuando Long Yin lo pensaba, Zilong chocó su lanza provocando un estruendo metálico. Los cuatro generales vieron que se habían descuidado los flancos. Uno de ellos intentó flanquearlo por la derecha, pero justo en ese instante Zilong rompió la defensa de los otros tres. Durante un brevísimo segundo, el combate fue uno contra uno. El viejo general, pensando que ya tenía la muerte de Zilong en la palma de su mano, se lanzó confiado. Activó su Qi espiritual en la espada. Pero para su sorpresa, Zilong dejó fluir su cultivo en la lanza, mostrando un dragón enroscado. Su golpe partió con una velocidad extrema hacia el viejo general. Este intentó pararlo, pero el impacto fue tan devastador que su espada se partió en seco. Y no terminó ahí: la lanza le atravesó la yugular, quitándole la vida en el acto. Todos lo vieron. La sorpresa fue tan absoluta que el lugar entero quedó en silencio. Gan Xiong fue el primero en reaccionar: —¿Cómo es posible? —grito, sorprendido. Le había quitado la vida en cuestión de segundos. Lo más impresionante del joven era que sabía exactamente dónde clavar la estocada para que fuera letal. Los tres generales restantes se miraron al mismo tiempo; ya no podían subestimarlo. Uno de ellos gritó: —¡Espada Rompe Formación! Una espada empezó a materializarse en Qi espiritual y se lanzó directa hacia Zhao Yun. Zilong lo vio; ahora sí debía ir en serio. Los otros dos, viendo la espada formada por Qi espiritual, hicieron lo mismo. Era una técnica marcial clásica del Reino Gan, enseñada a todos sus generales. Tres espadas volaron como proyectiles hacia Zhao Yun. Zilong no se quedó quieto: —Remolino del Dragón Naciente. Un dragón se formó en su lanza y rugió con fuerza. El agua del río se elevó. El rugido fue tan devastador que chocó contra las espadas de Qi espiritual, las cuales no pudieron responder. Sintieron que el dragón no estaba formado por Qi, sino que estaba vivo. Pero los generales no se dejaron amedrentar: —¡Formación de Espada Celestial: Reino Gan! Una espada combinada a partir de las tres se formó, agrandándose cada vez más. Zilong no le dio oportunidad de completarse. De un salto, fue hacia ellos. Los choques fueron feroces; esta vez peleaban por sus vidas. Los impactos rompían el entorno, los árboles cercanos caían y el agua del río se elevaba como si estuviera lloviendo hacia arriba. Una batalla de Núcleos Dorados se desataba en la frontera de ambos reinos. Gan Xiong, impresionado, dijo: —¿Por qué das tu vida por un príncipe tan tonto? Zhao Yun no respondió. Solo seguía rompiendo el aire con su lanza. Parecía el mismísimo Dios de la Lanza. Su manera de empuñarla con ambas manos, de enroscarla con Qi espiritual sin cansarse, era magistral. Uno de los generales, agotado tras cuatro horas de combate, habló: —Joven, tu arte marcial ya toca el nivel seis, quizás el siete. ¿Cómo es posible? ¿Por qué interfieres en nuestros reinos? Zhao Yun respondió sin importarle los reclamos: —Mucha charla. Poco nivel de pelea. Viejos, si siguen así, morirán. Uno de los generales, ofendido por la subestimación, intentó cortarle la cabeza de un golpe. Zilong interpuso la armadura de su antebrazo. Recibió el impacto de lleno, pero no se rompió ni un hueso, ni siquiera le hizo un rasguño. Su armadura era un artefacto de nivel seis, imposible de romper tan fácil. Aprovechó ese momento para girar su lanza y partir por la mitad a su enemigo. Los otros dos intentaron protegerlo con una barrera de Qi espiritual, pero subestimaron a Zilong. La fuerza del golpe los lanzó volando contra una gran roca, haciéndolos escupir sangre. Zilong vio que el último general activo intentaba repeler los golpes de la lanza, pero ya estaba agotado. En un movimiento final, la lanza de Zilong lo perforó, dejándolo gravemente herido y fuera de combate. Los otros dos, recostados contra la roca, seguían escupiendo sangre. Zhao Yun permaneció de pie en el río. El agua le llegaba a las rodillas. Su lanza estaba clavada en el lecho del río. Miró a los sobrevivientes con desdén, con una suficiencia absoluta. No estaba agotado; tenía energía de sobra para seguir peleando. Estaba extasiado. A su alrededor, el silencio lo envolvía todo. Los soldados del Reino Gan ya no vitoreaban y los del Reino Yan contenían el aliento. Nadie podía creer lo que acababan de ver. Cuatro generales enemigos, y ese joven seguía en pie, casi intacto. Meng Tao, desde la orilla, exhaló por primera vez en horas: —El Príncipe no exageraba —murmuró—. Ese muchacho es un monstruo.
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela)

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Capítulo 12

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 11

Estás leyendo el capítulo 11 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 28 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.