Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 10 online gratis en español
En el campamento militar del Reino Yan se sentía un ambiente desolador. No había esperanza para esta guerra. Acababan de recibir poca información, y toda era mala.
El Reino Gan quería una guerra total. Movilizaban más de cien mil soldados; prácticamente la mitad de las fuerzas totales de un reino. En los reinos vecinos, lo normal eran guarniciones que no pasaban de doscientos mil hombres en total. Que un reino avanzara con más de cien mil no eran simples escaramuzas. El temor se había extendido por todas las poblaciones fronterizas.
En el Río de las Dos Lanzas, la corriente que separaba ambas naciones, las guarniciones enemigas ya estaban agrupadas y entrenando. Se veían arqueros, hombres robustos, cultivadores de Núcleo Dorado y un anciano de Alma Naciente.
En el campamento principal, el General Gan Xiong atendía a un viejo sentado en el sillón principal.
El viejo habló con superioridad:
—Hmph. Avancemos rápido. Ya está todo cuadrado con el Rey Yan.
El General Gan Xiong dudó. Llevaba combatiendo contra la familia Meng toda su vida. Que su rey entregara la ciudad así de fácil no le cuadraba.
—Anciano Hei, ¿cree que realmente sea así? ¿No habrá una trampa detrás?
El anciano se ofendió:
—Haya o no, ¿quién eres tú para obstruirme? Te recuerdo que mi secta se alió con Gan solo con este propósito.
Gan Xiong no temió al cultivo del anciano. Representaba al Reino Gan en esa zona y no podía quedar mal.
—Anciano, no se lo tome a mal. Pero esto es demasiado perfecto para ser creíble.
—No entiendes la política del Reino Yan. Ustedes solo deben cumplir. Nuestra secta está aliada con el Reino Gan. No quedaremos mal.
Y se fue.
Los oficiales presentes suspiraron. Habían recibido el decreto de su rey de avanzar. Pero ellos, que llevaban toda la vida peleando en esa frontera, sabían que la familia Meng no era nada fácil. No creían lo que decía el anciano. Solo podían cumplir órdenes.
En la Ciudad de la Puerta de Hierro, en el campamento militar, el Gran General Meng Tao, Meng Shan, Zhao Yun y los capitanes estaban en la carpa. Reinaba un ambiente sombrío. No llegaban buenas noticias.
El Gran General había enviado una petición de ayuda a la Corte. No había recibido respuesta. Él, siendo un veterano, sabía lo que eso significaba: «Sacrifíquense por el bien de su Rey». Pero no podía decirlo en voz alta. ¿Cómo defenderse así?
Su hijo, el General Meng Shan, no quería quedarse de brazos cruzados. No era como su padre. Leal, sí, pero no iba a morir tan fácil. Aconsejó abiertamente:
—Ya que estamos en esta situación, aprovechemos el río y peleemos con todo. Si morimos, mejor enterrados con dignidad que detrás de estas murallas viendo cómo acaban con los nuestros.
Su padre se llevó la mano a la frente. No pensaba así. Debían esperar al tercer príncipe; no podían tomar decisiones sin él.
Meng Shan quería continuar, pero entonces sintieron el aura del tercer príncipe. Se sorprendieron. ¿No debería estar en cama?
Lo vieron entrar al campamento. Saludable. Brillante. Ya no estaba pálido. Vestía una armadura dorada con un dragón negro cosido sobre el hombro. Todos se quedaron callados. Admiraron el porte de aquel joven príncipe. Iban a levantarse para saludarlo, pero Long Yin movió la mano, indicando que no lo hicieran.
—Ya me enteré. No se preocupen. Las cosas saldrán a nuestro favor.
El Gran General iba a decir algo. No sabía de dónde el príncipe había sacado tal conclusión. Quizás no sabía lo que realmente estaba pasando.
Long Yin continuó:
—Preparen a los soldados. Avanzaremos.
El Gran General y los capitanes iban a protestar. No podían hacer eso; perderían la ventaja de las murallas. Pero para desconcierto de todos, el General Meng Shan asintió, complacido.
—Eso es coraje.
Su padre le lanzó una mirada que valía por mil golpes. Pensó que el príncipe se había dejado llevar por la idea suicida de su hijo.
Pasó un día. Los caballos y los soldados avanzaban en formación con el estandarte del Reino Yan. Los espías que intentaron llevar informes al Reino Gan murieron en el camino, pues Zhao Yun y el General Meng Shan los eliminaron uno a uno. No podían escapar de la muerte con esos dos.
El tercer príncipe, con su armadura dorada y el dragón negro impregnado en el hombro, destacaba en la multitud. Tomó el frente sin miedo alguno. Su caballo, bien adiestrado, respondía a cada orden. Shen Yi iba detrás de él. Más atrás, el Gran General y sus capitanes.
El Gran General le dijo a Long Yin:
—Príncipe, ya casi llegamos al río fronterizo. Debería tomar la retaguardia.
Long Yin se negó. De un momento a otro apareció Zhao Yun.
—Mi señor, ya eliminamos a los espías. Podemos llegar sin problema. ¿Tomamos la delantera o esperamos?
Long Yin habló suavemente, pero con autoridad:
—No avanzaremos. Tampoco retrocederemos. Simplemente los aniquilaremos. Ellos vienen por mí. ¿Creen que todo esto es una casualidad? —Hizo una pausa y añadió, sin bajar la voz—: Ese tonto quiere aniquilarme sin piedad alguna.
Lo dijo abiertamente. Todos escucharon lo mal que hablaba de su padre, el Rey. Los soldados se sintieron aturdidos; estaban siendo usados en una guerra de padre e hijo.
Long Yin no quería bajar los ánimos y continuó:
—Igualmente, si el Reino Gan se atreve a venir así... ¿no creen que hay gato encerrado?
Miró al Gran General. El Gran General captó al instante y preguntó con tono sombrío:
—Príncipe, ¿está diciendo que el Rey se alió con el Reino Gan?
Long Yin asintió sin hipocresía.
—Si no han sospechado de estos movimientos torpes, ¿cómo han durado tanto tiempo vivos en zonas fronterizas?
El Gran General lo había sospechado, pero no quiso aceptar esa deducción. Ahora le quedaba más que claro. Por eso aquel joven de Núcleo Dorado iba y venía de la ciudad sin atacar; solo observaba. Buscaba confirmar si el joven príncipe había llegado.
Todos los cabos estaban atados. Pero lo que más sorprendió al Gran General fue lo que el tercer príncipe dijo a continuación:
—De hecho, el veneno es del Reino Gan. Me atrevo a decir que de esa Secta de los Mil Rostros. Hay alguien cercano al Rey con una gran conexión con el Reino Gan.
Y se rió, dejando a todos pensando.
El Gran General suspiró. Si todo eso era cierto, el Reino Yan estaba enfrentando enemigos desde adentro y desde afuera. ¿Había entregado toda su vida a una corte tan corrupta? Empezaron a asaltarle pensamientos dudosos. Pero entonces vio al príncipe al frente, enfrentando la muerte con sabiduría y sin miedo.
Pensó: «Si voy a morir, al menos moriré con un hombre justo».
Así llegaron al río. Ambos campamentos se veían. El Reino Gan los había divisado hacía varios kilómetros, pero no quiso actuar. Si el cordero ya estaba en la boca, ¿cuál era el apuro? Además, la mayoría de los cultivadores confirmaron que el príncipe estaba ahí. Esa era su misión.
Ya con todos viéndose cara a cara, solo los separaba el río. La marea estaba suave. Ambos ejércitos podían enfrentarse sin obstáculos. Pero, para sorpresa del Reino Gan, quien se puso al frente sin miedo alguno fue el tercer príncipe.
—Ustedes, el Reino Gan, siendo utilizados por una simple secta... —dijo burlándose, y luego completó—: Además, ¿creen que pueden ir y venir como si nada? Este príncipe los va a enterrar aquí.
El General Gan Xiong se ofendió. Un simple joven que aún no había madurado del todo se atrevía a decir barbaridades.
—¡Viejo tonto! —gritó, mirando a Meng Tao—. ¿Ya ni sales a dar la cara y dejas que un mocoso con aires de superioridad hable al frente?
Meng Tao apretó los dientes, pero antes de que pudiera responder, el joven príncipe volvió a tomar la palabra.
—Sé lo que quieren. Hagámoslo fácil. Hagámoslo con un Dandou, un duelo singular uno contra uno.
Al terminar de decirlo, todos en ambos lados se sorprendieron. Qué atrevimiento.
Gan Xiong se rió. Qué decisivo, y a la vez, qué tonto le había salido el chico. Él no quería sacrificar a sus soldados, ¿no era esto lo mejor?
—Que así sea, príncipe —dijo entre risas.
El Anciano Hei, que estaba cerca, ni siquiera prestó atención a las palabras del príncipe. Para él, el muchacho ya estaba muerto desde el momento en que se había acercado; no podría escapar vivo.
En cambio, el padre e hijo Meng y todos los demás se pusieron nerviosos. ¿Cómo podía tomar esa decisión? Era llevarlo directo a la muerte. El enemigo contaba con cinco cultivadores de Núcleo Dorado, contra cuatro, contando a Shen Yi. La desventaja era evidente.
Zhao Yun, en silencio, ajustó la lanza en su mano. Sus ojos ya estaban puestos en los cinco rivales.

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 10
Estás leyendo el capítulo 10 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 26 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.