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Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

El Anciano Hei, viendo cómo ese joven general derrotaba a los cuatro generales, no sintió pavor. Sintió alegría. Se llevaría un gran talento a la secta. Ya estaba pensando en cómo el maestro de la secta le agradecería. Se acercó un poco a la orilla del río y dijo con naturalidad, como si él determinara el curso de la guerra: —Joven príncipe, no creas que por esto vas a escapar. Aceptaste un trato con esos generales, no conmigo. Luego se rió, extasiado consigo mismo. Para él, el poder lo determinaba todo. Le daba igual ese trato o lo que pensaran de él. Meng Tao se puso al frente. Dejó fluir su Qi Marcial con su cultivo de Alma Naciente. —Quizás no pueda contra tu maestro de secta, pero tú no harás lo que quieras conmigo aquí. El Anciano Hei replicó sin dudar. Le daba igual que Meng Tao estuviera presente. Siendo Alma Naciente Etapa Media, podía derrotarlo fácilmente. No todos eran como ese joven general que peleaba por encima de su etapa. —Meng Tao, si crees que puedes impedírmelo, morirás aquí. El Viejo General no se acobardó. Empezó a impregnar su lanza de Qi Espiritual, listo para la batalla. Ambas auras de Alma Naciente fluyeron por todo el lugar. Dos choques de autoridad. Los soldados alrededor se acobardaron. Una pelea entre Almas Nacientes era devastadora para cualquiera cercano. Meng Tao le habló al príncipe: —Príncipe, tome al General Zilong y vuelvan a la ciudad. Ya le dimos un golpe duro al Reino Gan. Pero para su sorpresa, Long Yin no pensaba irse. —Zilong, mátalos. Hizo una pausa. Se acercó al río, montado en su caballo, sin ningún temor. Y dijo fríamente: —Soldados del Reino Yan, mátenlos a todos. Ningún soldado del Reino Gan puede salir vivo de aquí. Quien se atreva a desafiarnos, su único destino es morir. Zilong hizo una reverencia y saltó de inmediato hacia los dos generales caídos. No le importó nada. Iba directo a quitarles la vida y a cortar la huida de los soldados del Reino Gan. El General Gan Xiong, con miedo, gritó: —¡Príncipe, no seas tan cruel! ¡Estás provocando una guerra eterna con mi Reino Gan! Pero para aumentar aún más su terror, escuchó a Long Yin decir mientras los soldados del Reino Yan avanzaban: —No paren. Ningún soldado puede vivir. Y formen filas. Hoy acabaremos con la ciudad fronteriza del Reino Gan. —Para que la próxima sepan que este príncipe no es tan fácil de destruir. Su caballo avanzaba como un relámpago. Su Qi Espiritual formó una autoridad masiva. Mientras los soldados se enfrentaban, los capitanes del Reino Yan estaban extasiados. Mataban como si cortaran hierba. El Reino Gan no tenía generales. ¿Cómo podían parar a los Yan? Así empezó la carnicería. Hombres corrían a los bosques cercanos. Otros se hacían pasar por muertos, pero fueron descubiertos de inmediato. El General Gan Xiong comprendió algo: el príncipe había actuado así porque ya lo tenía todo calculado. Se echó a reír al cielo. Una risa melancólica. Triste. Frustrada. Toda su vida cuidando la zona fronteriza, y ahora su reputación quedaría como la de un pecador del Reino Gan. La destrucción de un ejército de más de cien mil hombres era un golpe durísimo para el reino. Recordó cómo, siendo un soldado raso, un plebeyo, llegó a general por su propio poder, por sus decisiones y su cultivo. Ahora sería destruido por un joven como ese príncipe. Se dio cuenta de lo peligroso que sería ese príncipe para el Reino Gan. En ese instante, quemó sus raíces espirituales. Un último avance desesperado. Alcanzó la cima del Núcleo Dorado por un instante y dio un salto para acabar con la vida del príncipe. Su cuerpo empezó a resquebrajarse por el sacrificio, pero ya no le importaba. Long Yin sintió la energía asesina y miró a Zilong. Zhao Yun fue rápido y certero; le cortó la cabeza en el aire. Hilos de sangre cayeron y su cuerpo se amontonó entre los cadáveres de los soldados del Reino Gan. El río se llenó de sangre. El agua cristalina ahora olía a sangre fría. Las bestias espirituales se acercaron por instinto. El Anciano Hei miraba todo aquello, pero le dio igual. Para él, lo más importante eran los intereses de su secta. Meng Tao vio lo determinante que era su príncipe y no dijo nada. Estaba acostumbrado a la sangre. Ya no iba a preocuparse más; solo seguiría órdenes. Se dio cuenta de algo muy importante: su príncipe no era alguien común. Su hijo, el General Meng Shan, estaba extasiado acabando con los capitanes enemigos. Su armadura estaba llena de sangre mientras comandaba las tropas del Reino Yan. Shen Yi seguía como un sirviente de su sobrino. Nunca esperó que esta guerra, que parecía imposible, terminara así. Lo que más lo asombró fue que su sobrino lo había calculado todo. Aprovechó el poder marcial de Zhao Yun, acabó con los generales y en ningún momento pensó en dejar escapar a los soldados. Qué frío y despiadado. Zhao Yun acabó con el último general y se acercó a Long Yin. —He cumplido, mi señor. —Hizo una reverencia marcial. Long Yin asintió: —Nunca dudé de ti. Lo dijo admirando a su general. Luego, le envió un hilo muy pequeño de Qi de Caos. Con ese poco de Qi fue suficiente para que Zhao Yun rompiera a Núcleo Dorado etapa media. Ahora, en ese nivel, podía enfrentarse cuanto quisiera; quizás hasta darle batalla a un Alma Naciente. Long Yin también comprendió algo: ese era el poder de sus generales. Sabía que Zilong iba a ganar, pero no de forma tan magistral y tan rápida. Estaba complacido de que su primer general fuera él. Zhao Yun sintió cómo su cultivo avanzaba con solo un movimiento de mano de Long Yin. Él no podía visualizar el Qi de Caos; para sus ojos, su señor solo movió la mano. Se llenó de admiración y triunfo. Long Yin supo que había logrado lo que quería. A pesar de que Taichu le había dicho que tenía poco Qi de Caos, era suficiente para esto. Vio cómo los últimos soldados del Reino Gan dejaban caer sus armas para huir. —Zilong, mátalos. No quiero que ninguno escape. Sonó frío. Sin piedad alguna. Desde el momento en que transmigró a este mundo, su moralismo no seguía igual. Sabía que en el mundo del cultivo debías ser despiadado. No iba a ir dando carnicería a diestra y siniestra, pero quien se metiera con él y su autoridad, moriría. Eso era un hecho. Un principio universal. Quien es suave con sus enemigos, es duro consigo mismo. Preferiría ser conocido como alguien despiadado que como un príncipe moralista. El olor a sangre en la zona era terrible. Miles de cadáveres. Long Yin no sintió ninguna debilidad. Se sorprendió de sí mismo: pensó que al menos vomitaría, pero aceptó todo muy rápido. Los capitanes, el General Meng Shan y Zilong se acercaron a él. Detrás, todos los soldados se formaron. No estaban cansados en absoluto. El General Meng Shan miraba al príncipe con admiración. Nunca esperó aquello del joven que tenía al frente. Long Yin no los miraba a ellos. Observaba al Gran General y al Anciano Hei en su enfrentamiento. A pesar de que el Gran General era un Alma Naciente inicial, podía darle batalla al Anciano Hei. Eso decía mucho. Y habló: —Zilong, Meng Shan, prepárense. Hoy le quitaremos la vida a un Alma Naciente. Lo dijo con firmeza. Como si no hubiera ninguna duda. Zilong asintió; él podía hacerlo. Meng Shan se sorprendió. Nunca se habría atrevido a algo así. Pero hoy, ¿qué más se podía esperar? La pelea de Almas Nacientes era muy distinta a la de Núcleos Dorados. No se enfocaba tanto en las armas, sino en la experiencia de batalla y el control de la energía. El Gran General anticipaba los palmazos del Anciano Hei, mientras el Anciano mantenía su distancia intentando desgastar. Long Yin dio la orden: —Ataquen. Zilong y Meng Shan saltaron. Fueron directo hacia el Anciano Hei. Pero escucharon una risa fría: —¿Se atreven a venir? El Anciano Hei se reía con desprecio. El Gran General no quería que aquellos dos salieran heridos; hasta podían morir. Estaban subestimando el cultivo de ese viejo. —¡Aléjense! ¡Déjenme esto a mí! Pero ninguno de los dos le hizo caso. Ambos seguían únicamente las órdenes del príncipe. Zilong dio un salto y empezó a lanzar estocadas en puntos clave, encerrando al Anciano Hei. Pero lo subestimó. El Anciano Hei dijo suavemente: —Veneno de los Mil Rostros. Todo su cuerpo empezó a ponerse verde. Le brotaron venas oscuras y su cabeza se hinchó de poder. Una neblina densa salió de su piel, espesa como musgo podrido, expandiéndose a su alrededor. El Gran General gritó desesperado: —¡Aléjense! Ambos saltaron hacia atrás, pero la neblina de veneno estaba muy cerca. Si la inhalaban, serían envenenados letalmente por el cultivo de un Alma Naciente. El Anciano Hei tenía una mirada de triunfo; los había calculado perfectamente.
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela)

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 29 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.