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Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Tras minutos de tenso silencio, Keyla rompió en un llanto ahogado, ocultando el rostro entre las manos. —Lo siento... lo siento mucho, chicos... no puedo hacerlo... tengo demasiado miedo —sollozó con la voz entrecortada. Elizabeth se apresuró a abrazarla, rodeándola con los brazos para consolarla, mientras Jhon y Will bajaban la mirada con un evidente remordimiento reflejado en el rostro. Ambos se sentían culpables por haber considerado, aunque fuera por un segundo, enviar a una chica aterrorizada a lo que parecía una misión suicida en solitario. El sol comenzaba a hundirse tras el horizonte de concreto, tiñendo las nubes de un matiz carmesí sombrío. Y con la llegada de la penumbra, el hambre no tardó en hacer acto de presencia. —Sería sensato registrar las oficinas e instalaciones de los pisos inferiores en busca de víveres —sugerí, poniéndome en pie y sacudiéndome el polvo del pantalón. Apenas inicié el descenso por el cubo de la escalera, escuché los pasos apresurados de Jhon y Will a mis espaldas. —Alwyn, espéranos. Iremos contigo —dijo Jhon, acelerando el paso para ponerse a mi nivel. —¿Elizabeth se quedó en la azotea? —pregunté sin reducir el ritmo. —Sí, se quedó intentando calmar a Keyla —suspiró Jhon con una mueca de pesar—. Me siento como una basura por haber pensado en arriesgarla de esa forma... —Si alguien debería asumir la culpa, ese sería yo —admití con frialdad—. Fui quien expuso el plan sobre la mesa. No sentía un solo gramo de culpa real. Mi propuesta respondía únicamente a la lógica táctica de supervivencia. En este mundo, dejarse llevar por el sentimentalismo en momentos críticos era el camino más rápido hacia la fosa. —Pero no te ves afectado en absoluto, Alwyn —comentó Will desde el final de la fila, observándome con curiosidad analítica. —Porque no considero haber cometido un error —repliqué mirándolo de reojo—. Era la alternativa con mayor probabilidad de éxito. Si dudamos o permitimos que las emociones nublen nuestro juicio, este mundo nos devorará antes de que termine la semana. Alcanzamos el pasillo administrativo del cuarto piso. —Ustedes dos registren las oficinas de esta planta —les instruí—. Yo bajaré a los niveles inferiores y forzaré las puertas cerradas. Nos encontramos aquí en veinte minutos. Dejando atrás al par, continué descendiendo por los escalones a oscuras. En mi primera vida, pasé por la misma etapa de ingenuidad e idealismo que ellos experimentaban ahora. Fueron tres décadas de traiciones, pérdidas desgarradoras y decisiones sanguinarias las que tallaron mi temple actual. En el nuevo mundo, la madurez no es una opción; es un requisito biológico para seguir respirando. Revisé las salas del segundo piso. La mayoría de los suministros perecibles en los minibares ya se habían podrido debido al corte de energía, pero logré violentar un par de armarios cerrados con el filo de mi espada corta, recuperando latas de conserva, fruta en almíbar y empaques sellados. Encender un fuego para cocinar estaba fuera de discusión: el humo y el resplandor habrían actuado como un faro para la jauría. Al volver al punto de encuentro, me topé con Jhon y Will cargando bolsas plásticas y un paquete con botellas de agua purificada. —Encontramos raciones secas y suficiente agua como para no morir de sed esta noche —sonrió Jhon, tratando de aligerar el ambiente. —Perfecto. Regresemos a la azotea antes de que la visibilidad caiga a cero —concluí. Al regresar a la parte superior, encontramos a las chicas más serenas. Keyla se había secado las lágrimas y permanecía sentada junto a Elizabeth. Me acerqué a ella a paso lento, sabiendo exactamente qué pieza mover en el tablero social. —Keyla, quiero disculparme por la presión de hace un momento —dije con voz pausada y conciliadora—. No fue mi intención hacerte pasar por eso. Keyla me miró sorprendida antes de esbozar una sonrisa tímida: —No te preocupes, Alwyn... Sé que solo buscabas una solución. Lamento no haber tenido el valor necesario para estar a la altura de las expectativas... Estrechamos manos. Un gesto simple pero indispensable para evitar que la fricción interna fracturara la moral del grupo. Nos acomodamos contra el muro de ladrillos a consumir los víveres. Jhon fue el primero en abrir una conserva de frutas, comiendo con ganas. —Ah... extrañaba esto —dijo Elizabeth, saboreando el jugo de una lata. —En el refugio las raciones están racionadas al milímetro; somos demasiados como para comer hasta quedar satisfechos —añadió Jhon entre bocados. —¿Cuánto creen que tarde el ejército en despejar las arterias principales de la ciudad? —preguntó Keyla en voz baja, abrazando sus rodillas. —Tomará más tiempo del que quisiéramos... —respondió Will, dando un sorbo a su botella antes de dejarla a un lado. —¿No vas a terminar la ración, Will? Todavía quedan varias latas —preguntó Jhon con la boca medio llena. —Comí lo suficiente —contestó Will en voz baja—. Me resulta difícil tragar sabiendo la miseria que están pasando los refugiados en los túneles subterráneos... Tenía motivos para preocuparse. En la línea temporal anterior, los refugios masivos no colapsaron por ataques externos de monstruos, sino por guerras civiles internas, hambrunas y motines desencadenados antes de cumplir el primer mes de Integración. —Vaya, hombre... acabas de quitarme el apetito —se quejó Jhon, mirando su lata con doutes. —Deberías disfrutar cada bocado mientras puedas —comenté con una ligera sonrisa sarcástica—. En este mundo, nunca sabes si esa lata será tu última cena. Jhon se estremeció violentamente: —¡Hey! No bromees con algo tan tétrico... Elizabeth y Keyla soltaron una pequeña risa, y hasta el propio Will terminó esbozando una sonrisa. El ambiente pesado se disipó, reemplazado por una camaradería genuina nacida de la adversidad. —Aun así, guardaremos las raciones restantes —decretó Elizabeth—. Si logramos retornar al refugio mañana, estas cajas marcarán una diferencia. —Por cierto, Alwyn... —Elizabeth sacó su báculo de madera y me miró intrigada—. Noté que mi reserva de maná no se ha recuperado sola en absoluto desde que enfrentamos a los lobos. ¿Se trata de algún tipo de falla del Sistema? —No es ningún error —expliqué fríamente—. A diferencia de los videojuegos tradicionales, los Puntos de Maná no se regeneran en tiempo real por el simple hecho de caminar. Las únicas vías para restablecer el maná son el descanso profundo y prolongado, o el consumo de pociones. —Entiendo... Eso cambia las cosas. Tendré que administrar cada hechizo con extrema rigidez —asintió ella, asimilando la lección. Con el pasar de las horas, la noche cayó por completo. El grupo, agotado físicamente por el pánico y las caminatas del día, decidió bajar al séptimo piso para resguardarse del viento helado en una de las oficinas interiores. El cansancio mental los rindió casi al instante; en cuestión de minutos, los cuatro dormían profundamente, ajenos a las amenazas del exterior. Me quedé en la terraza, solo, apoyado sobre el pretil de ladrillos. En el firmamento, una luna llena imponente proyectaba su luz plateada sobre las ruinas de la ciudad. Desde la avenida inferior, los aullidos de la jauría resonaron con una frecuencia viva, metálica. Asomé la vista hacia la calle. Allí estaba el Lobo Lunar. La marca de media luna en su frente resplandecía con un brillo astral pulsativo, y su cuerpo parecía flotar sobre el asfalto con una ligereza aterradora. Sonreí en la oscuridad, desenvainando la espada corta con un susurro metálico.
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Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 2 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.