Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 59 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
El impacto del vacío nos golpeó como un muro sólido de aire helado.
Durante el primer segundo, la gravedad pareció suspenderse mientras el fuselaje del avión se alejaba a toda velocidad sobre nuestras cabezas, dejando tras de sí una estela blanca de condensación. Al siguiente instante, el mundo entero se convirtió en un rugido ensordecedor. La aceleración nos arrastró hacia abajo en una caída vertical que superaba con creces los doscientos kilómetros por hora.
—¡¡¡AAAAAAAHHHHHHHH!!!
El alarido de Vicky resonó con una potencia que casi logró sobrepasar el bramido del viento. La joven novicia no solo cerró los ojos con una fuerza descomunal, sino que enroscó sus brazos alrededor de mi cuello como si fuera un náufrago aferrándose al único madero en mitad de un océano embravecido. Sus piernas, enfundadas en el ajustado mono de combate de nanofibra, se crisparon involuntariamente buscando algún punto de apoyo en el aire, envolviendo mis muslos en una presa de pánico absoluto.
—¡Vicky, suelta un poco los brazos! —le grité cerca del oído, manteniendo el rostro firme contra la corriente que intentaba deformar mis facciones—. ¡Me estás cortando el flujo de la carótida!
—¡¡¡NO PUEDO!!! ¡¡¡NOS VAMOS A MATAR, SEÑOR ALWYN!!! ¡¡¡ESTAMOS CAYENDO DEMASIADO RÁPIDO!!! —chilló ella sin aflojar ni un milímetro, hundiendo el rostro aún más en el hueco de mi clavícula.
A pesar de la situación crítica y de la fuerza desesperada con la que me apretaba, el contacto físico era tan estrecho que resultaba imposible ignorar la anatomía de su cuerpo. La tela ceñida no dejaba espacio para la imaginación: la suavidad de su espalda se amoldaba por completo contra mi pecho, y con cada sacudida del viento, la curva de sus caderas y la presión de sus muslos se ajustaban con una firmeza que habría desconcentrado a cualquier novato. Su cabello platinado, desprendido del recogido habitual, azotaba mis mejillas desprendiendo un tenue aroma a lavanda y cera de cirio que contrastaba de forma absurda con la violencia de la atmósfera.
—¡Abre los ojos y mira al frente! —ordené con voz autoritaria mientras abría los brazos y extendía las piernas para estabilizar el centro de masa del tándem—. ¡Si no te alineas con mi cuerpo, entraremos en barrena y el paracaídas se enredará en nuestras cabezas!
La palabra "enredará" surtió un efecto milagroso. Vicky, temblando de pies a cabeza, despegó el rostro de mi cuello apenas unos centímetros y entreabrió un ojo con terror cerval.
Frente a nosotros, el tapiz esmeralda de la Amazonía ya no era una mancha lejana y abstracta; crecía a un ritmo vertiginoso. Podíamos distinguir los meandros marrones de los ríos serpenteando como venas gigantescas y las copas de árboles ancestrales que se alzaban decenas de metros sobre el suelo, coronadas por una neblina densa y opresiva cargada de humedad.
—¡E-Es demasiado verde! ¡No hay suelo firme! ¡Solo hay ramas gigantes! —gritó Vicky, con la voz quebrándose por la hiperventilación y las lágrimas secándose al instante por la fricción del viento—. ¡Dígame que ese saco en su espalda funciona! ¡Por favor, dígame que no compramos una mochila defectuosa!
—La Asociación no escatima en pertrechos de asalto —respondí con calma mientras monitoreaba el altímetro digital integrado en la muñequera de mi guantelete táctico.
Mil doscientos metros.
Novecientos metros.
Seiscientos metros.
El viento comenzó a tornarse cálido y sofocante a medida que penetrábamos las capas bajas de la atmósfera selvática. La resistencia del aire aumentó de golpe.
Cuatrocientos metros.
—¡Sostén la respiración y prepárate para el tirón! —le advertí.
Llevé la mano derecha hacia el costado de mi arnés, aferré la anilla del extractor secundario y tiré con un movimiento seco y firme hacia afuera.
Un chasquido de cables tensándose cortó el aire, seguido por el despliegue explosivo de la tela de aramida. La campana rectangular del paracaídas táctico se abrió de golpe sobre nosotros con un estruendo similar al disparo de un cañón.
La desaceleración fue brutal.
La inercia nos catapultó hacia arriba en una sacudida que puso a prueba las costuras de los arneses de cuatro puntos. Vicky soltó un quejido agudo cuando su peso se hundió de lleno contra mi torso, comprimiendo nuestros cuerpos en un impacto tan íntimo que sentí claramente el latido frenético de su corazón retumbando al unísono con el mío. Durante un segundo eterno, ambos quedamos suspendidos en el aire, balanceándonos suavemente bajo la sombra del paracaídas negro.
El silencio que siguió al caos fue sobrecogedor. El rugido ensordecedor del vacío dio paso a una brisa tibia y al coro distante de millares de insectos y graznidos de aves exóticas provenientes de la jungla.
Vicky permaneció completamente rígida, con la frente apoyada en mi hombro y la respiración entrecortada, incapaz de procesar que seguía con vida.
—¿Ves? Seguimos enteros —comenté con tono pausado, tomando los mandos de dirección para orientar el planeo hacia un claro despejado entre la masa forestal.
La novicia parpadeó lentamente. Miró sus manos aún aferradas con fuerza a las tiras de mi chaleco, luego sintió la firmeza de mis brazos pasándole por encima de los hombros para maniobrar las cuerdas, y finalmente fue consciente de la postura en la que estábamos: encajados como dos piezas de un rompecabezas a trescientos metros de altura.
Un rubor ardiente y escarlata invadió su rostro en una fracción de segundo, tiñéndole las mejillas, el cuello e incluso las puntas de las orejas.
—¡A-Ah...! ¡L-Lo siento mucho, señor Alwyn! —balbuceó con pánico tímido, intentando empujarse levemente hacia adelante para ganar unos centímetros de pudor, solo para que los mosquetones de acero la jalaran de vuelta contra mi pecho con un chasquido metálico—. ¡N-No me di cuenta de cómo lo estaba agarrando...! ¡P-Pensé que nos estrellaríamos contra el suelo...!
—No te muevas —le advertí con severidad—. Cada vez que forcejeas cambias el ángulo de sustentación. Quédate pegada a mí hasta que toquemos tierra; ya tendrás tiempo de avergonzarte cuando estemos a salvo.
Vicky agachó la cabeza de inmediato, apretando los labios con resignación y mirando fijamente la punta de sus botas tácticas, sin atreverse a pronunciar una sola palabra más.
Ajusté los cordones de freno. Frente a nosotros, el dosel de la selva se abría revelando una pequeña cuenca lodosa flanqueada por raíces colosales y una vegetación gigantesca de hojas carnosas y translúcidas, clara señal de la asimilación ambiental. Sin embargo, no era un claro desierto: diseminadas entre los troncos caídos y las orillas de los charcos, se podían divisar decenas de masas gelatinosas y brillantes de tonalidades verdes y azuladas que se arrastraban con lentitud.
Eran slimes.
—Vicky, mira atentamente —dije con seriedad, señalando el fango—. Esas masas gelatinosas son Slimes. Esas son las criaturas contra las que nos enfrentaremos para conseguir nuestra subida de nivel.
Vicky levantó la mirada despacio, observando la marea de núcleos brillantes que palpitaban en el barro.
—Son... muchísimos... —susurró asombrada, dejando de lado la vergüenza para asimilar el peligro real.
—Y en el corazón de la selva habrá miles más —aseguré mientras maniobraba la campana—. Aterrizaremos en la orilla del río para tener la espalda cubierta y nos moveremos con rapidez.
Tiré de las líneas de control con precisión, guiando el planeo hacia una franja de arena y tierra firme junto al caudal de agua marrón. A tres metros del suelo ejecuté una recogida completa de los frenos, amortiguando la caída. Mis botas tocaron tierra con solidez y di dos pasos rápidos hacia adelante, sosteniendo el peso de ambos antes de que la tela del paracaídas colapsara detrás de nosotros.
Habíamos aterrizado intactos en la cuenca del Amazonas. La cacería en la Zona Roja estaba a punto de comenzar.

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Estás leyendo el capítulo 59 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 14 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.