Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 58 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Tras recibir los maletines de manos de la asistente, nos dirigimos a los vestidores privados ubicados en el lateral de la sala.
Al despojarme de las prendas civiles y enfundarme el mono táctico de combate, la diferencia de manufactura se hizo notar al instante. El tejido elástico reforzado se ajustaba con precisión al torso y las extremidades, ofreciendo una sensación de ligereza y libertad de movimiento absoluta. Me ajusté las botas militares de suela amortiguada, los guantes de agarre reforzado y pasé el cinturón de servicio: a la izquierda, la funda de la Espada Negra Sangrienta; a la derecha, la correa de cuero que sujetaba el Tomo de la Viuda Negra.
Frente al espejo de cuerpo completo, mi reflejo devolvía la imagen de un operador de fuerzas especiales listo para una incursión de alto riesgo. Aunque el Sistema no catalogaba estas prendas civiles avanzadas como una armadura con defensa plana o atributos mágicos, su utilidad en el mundo real era innegable: eran impermeables, transpirables y conservaban el calor corporal frente a la humedad extrema.
—Nada mal... —murmuré, ajustando el broche del cuello.
En ese momento, la puerta del vestidor contiguo se abrió con un leve chirrido.
Vicky salió al pasillo a paso tímido, jugando nerviosamente con los dedos de sus manos.
El mono de combate negro ultraligero se amoldaba a su figura como una segunda piel. Al carecer de capas sueltas o faldas monásticas, el corte anatómico resaltaba de forma inevitable la curva pronunciada de su busto, la estrechez de su cintura y el contorno marcado de sus caderas, contrastando fuertemente con la pureza inocente de su rostro y su cabello platinado.
—S-Señor Alwyn... ¿de verdad este traje era la mejor opción? —preguntó con la voz temblorosa, con un rubor carmesí encendido en sus mejillas y la mirada clavada en la punta de sus botas.
Me crucé de brazos y me llevé una mano al mentón, inspeccionando el corte de la tela, las costuras en las articulaciones y la libertad en los tobillos con ojo estrictamente profesional:
—Te queda excelente. No hay exceso de tela que se enganche en las ramas y el material repelerá el agua del fango amazónico. Es perfecto para lo que haremos.
Vicky se sonrojó todavía más al escuchar mi evaluación directa, intentando cubrirse el pecho con los brazos en un gesto adorable de pudor.
Antes de que pudiera balbucear una respuesta, la asistente de la Asociación regresó al corredor:
—Señor Alwyn, señorita, el transporte aéreo está listo en la plataforma de despegue. Por favor, acompáñenme.
Subimos por el elevador principal hasta la azotea del rascacielos. La brisa nocturna nos golpeó de lleno al cruzar las compuertas hacia la pista iluminada, donde un avión táctico de fuselaje oscuro y rampa trasera esperaba con los motores en ralentí. Al pie de la escalerilla, varios agentes de seguridad custodiaban la zona.
Un oficial uniformado se adelantó y nos entregó dos mochilas militares selladas:
—Aquí tienen el equipo solicitado: raciones compactas, pastillas purificadoras, bengalas térmicas, visores infrarrojos y radios de frecuencia corta. Además, tomen esto.
El hombre nos extendió dos brazaletes de metal oscuro con un pequeño diodo luminoso:
—Son localizadores satelitales encriptados. Nos permitirán registrar sus signos vitales y monitorear sus coordenadas exactas en tiempo real. Cuando decidan solicitar la extracción de la Zona Roja, solo deben pulsar el botón de emergencia.
Ajustamos los brazaletes a nuestras muñecas, cargamos las mochilas al hombro y subimos por la rampa de acceso. A diferencia de un avión militar austero, el compartimento interior combinaba la robustez táctica con la comodidad de asientos ejecutivos reclinables y compartimentos presurizados.
—¡Cielos...! Es impresionante por dentro —soltó Vicky con un jadeo de asombro, mirando los paneles iluminados.
—Es tu primera vez volando, ¿verdad? —pregunté, sentándome en una de las butacas dobles.
—Sí... Jamás creí que subiría a un avión en toda mi vida —admitió con una risa nerviosa mientras se acomodaba a mi lado.
Una azafata de vuelo ingresó al compartimento para asegurar los cinturones de cuatro puntos:
—Bienvenidos a bordo. Despegaremos en tres minutos. El vuelo hacia las coordenadas de la cuenca amazónica tomará varias horas y arribaremos justo al amanecer. Les sugiero descansar y reponer energías durante el trayecto.
Las turbinas comenzaron a rugir con fuerza creciente y la nave inició su carrera de despegue.
—¡A-Ah...! —Vicky soltó un quejido agudo y se aferró a los reposabrazos con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—Tranquila —comenté con una sonrisa de lado—. Vas a tener que acostumbrarte a la velocidad; en el campo de batalla las cosas se mueven mucho más rápido que un avión.
Pocos segundos después, el transporte perforó el manto de nubes y la vibración se estabilizó.
Vicky se relajó poco a poco y giró la cabeza hacia la ventanilla. Sus ojos azules brillaban como dos zafiros al contemplar el mar de luces doradas de la metrópoli haciéndose diminuto en la lejanía. La fascinación infantil en su rostro borraba por completo cualquier rastro de la timidez anterior.
El viaje transcurrió en una calma monótona bajo el murmullo de los motores mientras atravesábamos el espacio aéreo continental en mitad de la noche. El desgaste mental que Vicky había sufrido durante la asimilación de la habilidad dentro del Tomo de la Viuda Negra terminó pasándole factura: a las dos horas de vuelo, su cabeza cayó suavemente hacia un lado y quedó profundamente dormida contra el respaldo acolchado.
Aproveché el silencio para cerrar los ojos y entrar en un estado de meditación ligera, repasando en mi mente los patrones de ataque que emplearíamos y el uso del terreno selvático.
...
Al filo del amanecer, la luz dorada del sol naciente comenzó a filtrarse por las ventanillas, disipando la penumbra de la cabina. Al asomarme, el panorama era sobrecogedor: un océano verde e infinito de copas de árboles colosales y densos bancos de neblina matutina se extendía hasta donde alcanzaba la vista. La cuenca del Amazonas.
El chasquido del intercomunicador rompió el silencio:
—_Señor Alwyn, estamos ingresando al espacio aéreo de la Zona Roja. Al tratarse de un bioma integrado sin control gubernamental, no existen pistas de aterrizaje en un radio de doscientos kilómetros. Ejecutaremos el protocolo de inserción táctica en diez minutos._
Me desabroché el arnés del asiento, me puse de pie y le toqué suavemente el hombro a Vicky:
—Vicky, despierta. Llegamos a la zona.
La novicia parpadeó desorientada, frotándose los ojos con el dorso de la mano enguantada antes de mirar por el cristal hacia la inmensidad de la jungla:
—¿E-El Amazonas...? Pero... ¿dónde está la pista para aterrizar? No veo ningún aeropuerto.
—No hay pistas en una zona roja no reclamada —respondí con absoluta tranquilidad, mientras extraía un arnés de salto tándem del armario de seguridad—. Vamos a descender en caída libre.
Vicky se quedó completamente congelada. El poco color que le quedaba en las mejillas se desvaneció al instante:
—¿C-Caída libre...? ¿Se refiere a... saltar al vacío desde el cielo? ¡P-Pero yo jamás me he tirado en paracaídas! ¡Dios mío, nos vamos a matar!
—Nadie se va a matar —dije con voz firme pero calmada mientras le colocaba las cintas del arnés alrededor de los muslos y los hombros—. Saltarás sujeta a mí. El arnés tándem te asegurará a mi pecho; tú solo debes mantener las piernas juntas, sujetar mis correas y no entrar en pánico.
Me coloqué la mochila principal de paracaidismo a la espalda y enganché los cuatro mosquetones de acero pesado entre ambos arneses.
Los seguros metálicos cerraron con cuatro chasquidos secos. La tensión de las correas obligó a Vicky a quedar completamente pegada de espaldas contra mi torso. A través del fino tejido elástico de los trajes tácticos, la proximidad era total: podía sentir la calidez de su espalda, la curva de sus caderas presionando contra mi cintura y el ritmo desbocado con el que su corazón latía contra sus costillas.
Un bochorno ardiente tiñó de rojo el cuello y las orejas de Vicky ante semejante contacto físico, pero el terror al abismo pudo más que su vergüenza:
—¡S-Señor Alwyn! ¡Estamos demasiado pegados...!
—Si dejamos holgura en las correas, el tirón de apertura a doscientos kilómetros por hora te dislocará las articulaciones —expliqué con frialdad técnica, pasando mis brazos por encima de sus hombros para asegurar los tiradores principales—. Agárrate fuerte de mi chaleco y no mires hacia abajo.
La asistente de vuelo activó la palanca hidráulica y la compuerta trasera del avión comenzó a descender.
Un vendaval rugiente de aire húmedo y el bramido ensordecedor de los motores inundaron la cabina en un segundo. El viento azotó el cabello platinado de Vicky, desordenándolo salvajemente. Al asomarse y contemplar el vacío de más de dos mil metros de caída vertical sobre el tapiz verde, la novicia soltó un chillido ahogado, cerró los ojos con fuerza y hundió el rostro contra el hueco de mi cuello, aferrándose a mi chaleco como si su vida dependiera de ello:
—¡Dios mío, sálvame...! ¡Madre Superiora...!
—No reces todavía. Guarda el aliento —murmuré con una leve sonrisa de satisfacción en la comisura de los labios.
Di tres zancadas firmes hacia el borde metálico de la rampa y, sin titubear una sola fracción de segundo, me lancé de cabeza hacia el abismo.

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Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 58
Estás leyendo el capítulo 58 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 13 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.