arrow_back

Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 53 online gratis en español

🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Al abandonar la sala de reuniones privadas, crucé los pasillos subterráneos de la sede central y alcancé el vestíbulo principal. El ambiente era un hervidero de actividad: escuadrones completos de Despertados se agrupaban alrededor de terminales de misión, mientras parejas de combate revisaban mapas y afilaban sus armas antes de desplegarse. En aquel entorno, nadie operaba en solitario; la doctrina de supervivencia en grupo dominaba el pensamiento de los novatos. Atravesé las compuertas de seguridad hacia el exterior y me recibió el bullicio de la capital. A diferencia de la metrópoli oriental, donde los Despertados aún procuraban disimular sus armas, en las avenidas de la capital la presencia de portadores de báculos y espadas era una estampa cotidiana. Al caminar por los distritos comerciales, divisé a líderes de gremios incipientes intentando reclutar combatientes a través de megáfonos, mientras periodistas de televisión y creadores de contenido realizaban transmisiones en directo para analizar las estadísticas de los transeúntes. La metrópoli disfrutaba de una falsa sensación de inmunidad gracias a su distancia de las primeras Zonas de Integración; una calma efímera, pues en las etapas avanzadas del colapso, incluso las capitales del planeta serían engullidas por la geografía de Elysium. Sin embargo, en esta fase temprana, la concentración de Despertados en la capital daba origen a los primeros mercados clandestinos: callejones y plazas donde los combatientes comerciaban los objetos que el ejército o las firmas privadas no compraban. Mi objetivo no era adquirir armamento inicial ni baratijas de novatos, sino acaparar la mayor cantidad posible de monedas de Elysium: bronce, plata y oro. En este punto de la historia, la inmensa mayoría de la población ignoraba el valor real de estas divisas. Creían que eran simples piezas metálicas de colección o las empeñaban por unos cuantos billetes de papel para pagar comida ordinaria. Para alguien con treinta años de recuerdos de regresión, recolectar esas monedas a precio de chatarra antes del desbloqueo global del Inventario y la Tienda del Sistema era una oportunidad financiera descomunal. Abordé un taxi en la avenida y le indiqué la dirección de los suburbios comerciales del este. Tras veinte minutos de trayecto esquivando el tráfico pesado, el vehículo me depositó en una serie de callejones peatonales donde la policía común brillaba por su ausencia. El bazar callejero era un caos fascinante: decenas de puestos improvisados sobre mantas y cajas de madera exhibían dagas melladas, arcos cortos con cuerdas desgastadas, fragmentos de cuero y restos de piel de goblin. Algunos compradores regateaban a gritos; otros eran expulsados a empujones por los vendedores tras ofrecer precios ridículos. Caminé entre las mantas escaneando el suelo con ojo clínico. Todo lo que tenía valor real ya había sido asimilado o vendido a corporaciones como la Asociación de Despertados, pero en casi todos los puestos se repetía el mismo detalle: cuencos y frascos de vidrio atiborrados de monedas de bronce del Sistema. Las monedas de plata y oro brillaban por su ausencia, lo cual resultaba lógico: al estar forjadas en metales preciosos puros, la gente las vendía de inmediato en joyerías o casas de empeño para fundirlas o cambiarlas por miles de billetes tradicionales. El bronce, en cambio, era visto como chatarra oxidada sin utilidad comercial. Me detuve frente a una manta donde un hombre de unos treinta años, con una maza corta en el cinto, custodiaba una pila de piezas cobrizas. —¿Cuántas monedas de bronce tienes en ese montículo? —pregunté con tono neutro. El sujeto me evaluó de arriba abajo, notando mi atuendo táctico oscuro y la empuñadura de la espada a mi espalda. Respondió con desgano: —Tengo exactamente setenta y siete monedas de bronce, amigo... Las cambio solo por dinero en efectivo. —Estoy interesado —dije, cruzando los brazos—. Dime tu precio. Al escuchar que había un comprador real para su chatarra, la mirada del tipo se iluminó con avaricia: —Si me entregas mil dólares en billetes limpios, todo el lote es tuyo. Contuve una sonrisa irónica. El precio estaba groseramente inflado. En la economía definitiva que el mercado global establecería años después, la tasa de conversión quedaría sellada en proporciones estrictas: 1 Moneda de Bronce equivaldría a 10 dólares; 1 Moneda de Plata a 1,000 dólares; y 1 Moneda de Oro alcanzaría la astronómica cifra de 100,000 dólares. Sin embargo, en la actualidad, sin tiendas del Sistema activas ni mercaderes de Elysium operando en las ciudades, las monedas carecían de valor nominal para la sociedad civil. —Mil dólares es un disparate —respondí, llevándome la mano al mentón con fingida decepción—. No son más que arandelas de cobre de un centímetro. —Es el precio estándar del bazar, muchacho —se defendió el vendedor, gesticulando con las manos—. No tienes idea del infierno que pasé en las ruinas para arrancarle esas monedas a los goblins. —Si fueran tan escasas o valiosas, no vería cuencos repletos de ellas en cada esquina de este mercado —rebatí, señalando con la barbilla los puestos contiguos—. Nadie te las va a comprar, y ambos sabemos que necesitas el efectivo. El hombre comenzó a transpirar levemente, nervioso al ver que no podía timarme: —Vamos, amigo... También tengo que comer y comprar suministros. Te lo puedo dejar en novecientos dólares y salimos ganando los dos. —He comprado lotes más grandes por una fracción de esa suma en la metrópoli oriental. Esto es un robo a mano armada —dije, girando sobre mis talones como si me dispusiera a marcharme. —¡Espera, espera! ¡No te vayas tan rápido! —me frenó el vendedor, soltando una risa forzada mientras me agarraba del brazo con cautela—. En el comercio siempre hay margen para negociar, tú sabes cómo es esto. Me detuve y lo miré con frialdad: —Te ofrezco quinientos dólares por las setenta y siete monedas. Tómalo o déjalo. El hombre abrió los ojos con indignación teatral: —¡¿Quinientos?! ¡Eso es la mitad de mi oferta inicial! ¡El que me está asaltando eres tú! —Tienes tres segundos para decidir antes de que le compre el lote al puesto de enfrente —sentencié sin inmutarme. El sujeto apretó la mandíbula e hizo rechinar los dientes, pero el miedo a quedarse sin un solo billete terminó quebrando su orgullo. Transferí el dinero con mi teléfono y cogí la bolsa de tela con las setenta y siete monedas de bronce. Pagar por debajo de la cotización futura era una maniobra deliberada: mantener la percepción de que el bronce carecía de valor evitaba que los Despertados novatos comenzaran a especular o atesorar las monedas antes de tiempo. Repetí la misma táctica de regateo agresivo a lo largo de diez puestos distintos durante las siguientes dos horas. Al finalizar el recorrido por el bazar, había acumulado un total de 544 Monedas de Bronce adicionales, gastando apenas una pequeña fracción del dinero de mi cuenta de banco. —Había olvidado lo reconfortante que resulta estafar a los estafadores... —murmuré para mí mismo con una ligera sonrisa al abandonar los callejones. En mi primera existencia, negociar en los mercados negros de los gremios y exprimir a los comerciantes usureros fue una de las pocas actividades que aliviaron el tedio de cazar en soledad durante tres décadas. Aseguré las bolsas metálicas en el interior de mi mochila táctica y abordé un transporte de regreso a la sede central de la Asociación. Con las compras concluidas y los pertrechos asegurados, era momento de recibir el paquete de datos de Arthur y definir cuál sería mi siguiente zona de despliegue inexplorada.
Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela)

Continúa leyendo

Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela)

Capítulo 54

Siguiente Capítulo ›

Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 53

Estás leyendo el capítulo 53 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 8 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.