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Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 50 online gratis en español

🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Al amanecer, el rugido suave de la camioneta blindada cortaba la bruma matutina en dirección al aeródromo del norte. La metrópoli oriental apenas comenzaba a desperezarse bajo un cielo encapotado, pero en la pista privada de aterrizaje, el movimiento de personal en tierra revelaba una logística de primer orden. Al descender del vehículo, divisé a Arthur aguardando junto a la escalerilla de un jet ejecutivo de fuselaje oscuro. A su flanco, como una sombra inamovible, su escolta personal —el Caballero portador del escudo con la técnica _«Masa Slime»_— vigilaba el perímetro con los brazos cruzados y la mirada fija en cada ángulo de aproximación. —Espero que hayas tenido una noche de descanso reparador, Alwyn —saludó Arthur con una sonrisa afable y diplomática, extendiendo la mano derecha. —El descanso fue suficiente —respondí, estrechando su agarre con firmeza contenida. —Perfecto. El plan de vuelo está aprobado; será un trayecto relativamente corto hasta el espacio aéreo de la capital. Abordamos la aeronave a través de la escalerilla presurizada. Como era de esperarse de los recursos financieros de la asociación, el interior del jet no escatimaba en lujos: asientos ergonómicos de cuero azabache, acabados de madera barnizada y paneles de aislamiento acústico que amortiguaban por completo la turbulencia exterior. Tomé asiento en el compartimento principal frente a Arthur, mientras su guardaespaldas ocupaba una butaca en la sección posterior, otorgándonos el espacio necesario para tratar asuntos clasificados. A través del intercomunicador de cabina, la voz del comandante anunció el inicio de las maniobras de carreteo. Las turbinas aumentaron de revoluciones y el fuselaje comenzó a deslizarse sobre la pista con un empuje continuo. —Asumo que debe ser tu primera experiencia a bordo de un vuelo privado, ¿me equivoco? —comentó Arthur, observándome de reojo con curiosidad genuina. En esta segunda oportunidad de vida, con un cuerpo de dieciocho años, aquella afirmación era formalmente cierta. Sin embargo, en los treinta años de mi primera existencia, el transporte aéreo fue la única vía practicable para cruzar continentes cuando las carreteras terrestres quedaron sepultadas por bosques ancestrales y los océanos fueron infestados por monstruosidades abisales. Más adelante, los gremios de élite recurrirían a portales rúnicos y círculos de translocación mágica, aunque el coste en maná y monedas de oro volvía prohibitivo su uso para la masa común. —Nunca imaginé subirme a una máquina de este calibre —respondí con tono neutro, apoyando la cabeza contra el respaldo mientras el avión despegaba y perforaba el manto de nubes. Arthur enarcó una ceja, soltando una pequeña risa divertida: —Para ser tu primera vez despegando a esta altitud, demuestras una compostura glacial. La mayoría de los jóvenes de tu edad se aferrarían a los reposabrazos con los nudillos blancos. —El pánico no cambia la trayectoria del avión —repliqué con una sonrisa seca. El diplomático asintió, entretenido por la respuesta, y abrió un maletín de cuero para extraer una tableta digital. Minutos después de alcanzar la altitud de crucero, dos asistentes de vuelo uniformadas ingresaron al compartimento con carritos de servicio, disponiendo sobre la mesa aperitivos gourmet, tablas de quesos curados, carnes frías y una botella de vino tinto de cosecha exclusiva. —El trayecto tomará aproximadamente cuatro horas —indicó Arthur, sirviendo dos copas de cristal—. Es un buen momento para disfrutar del viaje y repasar los informes de la frontera. Tomé una copa y di un sorbo pausado, degustando la calidad del licor mientras probaba algunos canapés. —Por cierto, Alwyn... —retomó la palabra Arthur, dejando su copa a un lado y mirándome con seriedad analítica—. Recibí el informe preliminar de los oficiales de la barricada. Tu despliegue marcial durante la última fase de la evacuación causó un revuelo absoluto entre los combatientes presentes. —¿Acaso hubo algún inconveniente con el protocolo? —pregunté sin alterar el ritmo con el que masticaba. —Al contrario. El rescate de la señorita Alicia y su custodia fue impecable. Lo que desconcierta a nuestros analistas es tu capacidad ofensiva: liquidar a más de treinta Escarabajos Excavadores Gigantes en solitario, sin apoyo de escuadrón y sin un solo rasguño en tu armadura, desafía toda lógica de combate que hemos tabulado hasta la fecha. Varios de los Despertados que estaban en la línea de fuego no han dejado de presionar a nuestro delegado para averiguar tu identidad. —Me imagino que tu gente sabrá mantener la boca cerrada —comenté con voz tranquila pero cortante. —Por supuesto —aseguró Arthur de inmediato—. Las cláusulas de confidencialidad de la Asociación son estrictas: ningún miembro tiene derecho a exigir información ni el registro de estado de otro afiliado. Tu privacidad está completamente blindada por contrato. Hizo una pausa, cruzando los dedos sobre la mesa mientras me escudriñaba con atención: —Aunque debo admitir que resulta fascinante... Tu perfil figura bajo la Clase «Sin Clase», la opción que todos los medios descartan como un fracaso del Sistema. Y, aun así, te desplazas con una fluidez y un impacto físico que nada tienen que envidiarles a las figuras más temidas del mapa, como el propio Barthon. —Veo que tu red de inteligencia se toma muy en serio la tarea de investigar los antecedentes de sus contratistas —respondí, vaciando mi copa con calma. —En esta era de anarquía, saber con qué clase de monstruos nos sentamos a negociar es la única garantía de supervivencia institucional —admitió con total franqueza. No me sorprendía en absoluto. Con la red de informantes de la Asociación operando en los distritos, rastrear mi breve paso por el refugio subterráneo del metro junto a Elizabeth, Will, Keyla y Jhon era una tarea elemental de archivo. —Cambiando de tema... veo que en la Asociación también le siguen la pista muy de cerca a Barthon —comenté, desviando el foco. —Es imposible ignorarlo —sonrió Arthur, reclinándose en su asiento—. Su nombre encabeza todas las transmisiones de combate en las redes. En la sociedad civil se ha convertido en una especie de celebridad marcial; todos quieren saber qué bestia decapitó hoy o qué récord de fuerza rompió su hacha. —¿Y la Asociación no ha intentado reclutarlo? Si se descuidan, otras facciones podrían adelantarse y sumar un activo de esa magnitud. Arthur dejó escapar un suspiro pesado, con una mueca de frustración profesional: —Fui personalmente a buscarlo hace dos semanas. Le ofrecí un Contrato de Rango Oro con bonos de financiamiento ilimitados, pero rechazó la oferta sin siquiera leer el borrador. Es un sujeto tosco, reservado y desconfiado que se niega a someterse a cualquier jerarquía o bandera. Aquello encajaba con el Barthon que conocí en mi primera vida: "El Destrozador de Huesos" jamás formó parte de un gremio formal. Fue un mercenario solitario que operaba únicamente por contratos puntuales o por el puro éxtasis de probar su fuerza contra monstruos de gran nivel. —Mala suerte para sus planes de expansión —comenté con una ligera sonrisa sarcástica. —Una baja menor en el panorama general —repuso Arthur, alzando su copa para brindar con elegancia—. Seguiremos atrayendo a combatientes talentosos a nuestras filas. Combatientes como tú, Alwyn. —¿Eso significa que la Asociación de Despertados se prepara para salir del anonimato? El diplomático bebió un trago y asintió con una expresión severa: —El tablero geopolítico cambió drásticamente tras la proclamación del Reino de Lawrence. La princesa Valeria se nos adelantó en el escenario mediático; al ofrecer entrenamiento, armamento y respaldo institucional directo desde la corona, miles de Despertados independientes están viajando hacia sus fronteras para jurar lealtad a su guardia real. Si la monarquía monopoliza la vanguardia de combatientes de este mundo, las corporaciones privadas quedaremos a su merced. Arthur se inclinó hacia adelante, remarcando la gravedad de la situación: —No podemos permitirnos el lujo de seguir operando en las sombras. En las próximas semanas, la Asociación hará su presentación pública oficial ante el mundo. Abriremos centros de acogida, cuarteles de entrenamiento y un sistema de clasificación formal que competirá directamente contra el modelo de Lawrence y contra las leyes de contención que el gobierno pretende imponer por la fuerza. Ya hay gremios independientes emergiendo en el extranjero; si no consolidamos nuestra estructura ahora, seremos devorados. —Ahora comprendo la razón de tus ojeras —dije con una risa suave, señalando su rostro. Arthur soltó una carcajada amarga, frotándose el puente de la nariz: —El tiempo juega en nuestra contra, Alwyn. Los comités científicos del estado y nuestros propios analistas coinciden en que la estabilidad actual es una ilusión temporal. Una segunda oleada de Integración es inevitable; ocurrirá tarde o temprano. Sus deducciones eran exactas. Con apenas un mes restante en el reloj biológico del planeta, la segunda oleada reescribiría la geografía nuevamente, desatando hordas de no-muertos y guerreros esqueleto que pondrían a prueba la capacidad de reacción de la humanidad. —Con la primera asimilación perdimos provincias enteras e incontables vidas quedaron sepultadas bajo las ruinas —continuó Arthur con un tono sombrío—. Si la segunda ola golpea sin que tengamos una vanguardia estructurada, la civilización colapsará desde los cimientos. —El mundo tendrá que adaptarse a golpes; no hay otra alternativa —sentencié, apurando las últimas gotas de mi copa. Arthur me miró fijamente durante unos segundos, evaluando el temple inmutable con el que procesaba las catástrofes: —Sinceramente, Alwyn... tu mentalidad no encaja en lo absoluto con los dieciocho años que figuran en tu registro civil. He tratado con atletas y graduados de tu edad; ninguno posee la frialdad ni la capacidad de cálculo que tú demuestras en cada palabra. —Qué extraño... Yo siempre me he considerado un muchacho ordinario —respondí con absoluta indiferencia, encogiéndome de hombros. —Un chico ordinario no me habría acorralado en una suite para arrancarme un Contrato de Rango Oro, y mucho menos habría desarmado a mi escolta personal en tres segundos sin pestañear. Señaló con el mentón hacia la parte trasera del jet, recordando el duelo en el hotel. —Tal vez tu escolta tuvo un mal día y calculó mal su centro de gravedad —ironicé, sonriendo en silencio. Arthur negó con la cabeza y dejó escapar una risa resignada, comprendiendo que no lograría sacar más información de mi pasado. El resto del vuelo transcurrió en una conversación fluida sobre las dinámicas económicas de los gremios emergentes y los focos de asimilación más críticos en el mapa global. Cuatro horas después, el descenso del jet comenzó. Al asomarme por la ventanilla, el horizonte de la capital se recortó contra el cielo: una metrópolis colosal dominada por rascacielos corporativos, autopistas elevadas y complejos industriales que aún conservaban la grandeza de la era previa a la catástrofe. Habíamos llegado a la Sede Central. Era hora de ingresar a la bóveda de la asociación, reclamar el Tomo de Invocación y el Núcleo de Lobo Lunar, y comenzar a preparar el arsenal definitivo antes de que el mundo se tiñera de sangre una vez más.
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Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 50

Estás leyendo el capítulo 50 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.