Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 42 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Tras verificar que los últimos escarabajos se habían sumergido de vuelta en las profundidades de la tierra, descendí de la terraza y caminé entre los escombros de la avenida.
Me detuve un instante frente a los restos del Caballero: su espada de hierro yacía partida en dos y el escudo de madera estaba reducido a astillas por la embestida. Unos metros más adelante, el cadáver del Cazador presentaba un cuadro idéntico; sus ropas estaban desgarradas y no portaba morral alguno encima. Era evidente que habían salido a toda prisa de su refugio ante el colapso del suelo, dejando todas sus pertenencias en el interior.
Ingresé a la estructura semiderruida de tres plantas sorteando cascotes y vigas fracturadas. La planta baja no era más que un vertedero de muebles rotos, pero al subir por el tramo intacto de la escalera hacia el segundo nivel, encontré el cuartel general de la banda.
En el centro de la sala, sobre una mesa de madera maciza, brillaba una pequeña montaña de metales preciosos.
Me aproximé y pasé los dedos sobre el montículo. Al contacto, las notificaciones doradas del Sistema destellaron en rápida sucesión:
\[Has obtenido: 5 Monedas de Oro\]
\[Has obtenido: 40 Monedas de Plata\]
\[Has obtenido: 100 Monedas de Bronce\]
—Una cosecha extraordinaria para una simple banda de carroñeros... —murmuré, barriendo las monedas hacia el interior de mi mochila.
Despojando a civiles en pánico y emboscando a Despertados inexpertos con el veneno de Iker, el trío había acumulado una pequeña fortuna. Sumado a mi capital previo, mis reservas alcanzaban una cifra imponente, suficiente para comprar cualquier material de forja raro o costear la primera ampliación de inventario en cuanto la tienda del Sistema hiciera su aparición formal.
Continué registrando el aposento hasta dar con dos mochilas de asalto apoyadas contra un armario. Al abrir los compartimentos de la primera, hallé latas de conserva selladas, raciones secas, cuerdas de escalada y un botiquín médico intacto. Al fondo del bolsillo hermético, dos objetos resplandecieron con la signatura del Sistema:
\[¡Has obtenido: Colmillo de Lobo Degollador!\]
\[¡Has obtenido: Ojo de Goblin Explorador!\]
—Tres materiales de drop en un solo campamento... —analicé, sosteniendo los ítems en la palma de mi mano.
Aquello no era fruto de la casualidad. En la plantilla base de Elysium, la Clase Cazador iniciaba con 15 puntos naturales en Suerte (LUK). Si el tirador fallecido había invertido un par de puntos de nivel en reforzar ese atributo, su probabilidad pasiva de botín rondaba el 8% o 9% por baja, una tasa suficiente para forzar la materialización de componentes orgánicos en cacerías continuas.
Desplegué los registros técnicos de ambos materiales:
\[Colmillo de Lobo Degollador\]
Tipo: Material de Forja (Rango F)
Descripción: Pieza dental curva y esmaltada extraída de la mandíbula superior de un cánido de Elysium. Conserva microestrías naturales diseñadas para desgarrar tejido muscular vivo.
Uso: Componente para engarzar en empuñaduras de hojas cortas o puntas de flecha. Otorga una probabilidad del 5% de infligir \[Hemorragia\] en impactos limpios.
\[Ojo de Goblin Explorador\]
Tipo: Consumible (Rango F)
Descripción: Globo ocular membranoso con pigmentación fotosensible hipertrofiada.
Uso: Al ingerirse, otorga \[Visión Nocturna Térmica\] durante 10 minutos, anulando penalizaciones de puntería en penumbra o niebla ligera. Además, es un Ingrediente base para destilar elixires de percepción o de detección de trampas.
Para mi arsenal actual, ninguno de los dos objetos representaba una mejora directa. Sin embargo, en el mercado de la Asociación de Despertados, estos materiales cotizaban a precios inflados en plata y oro. En el nuevo mundo, lo que para un veterano es chatarra prescindible, para un novato representa la diferencia entre la vida y la muerte.
Cargué la segunda mochila a mi hombro, repleta de provisiones, y emprendí el retorno hacia el distrito residencial.
...
Al cabo de una hora de marcha eludiendo los cráteres del asfalto, crucé los portones de la mansión.
Apenas puse un pie en el vestíbulo, la sirvienta se asomó alarmada desde el descanso de la escalera; me había divisado desde los ventanales superiores.
—¡Joven Alwyn! Por el cielo... ¿Se encuentra bien? —exclamó con la voz entrecortada, bajando los escalones con prisa—. ¿Qué es todo ese bulto que carga?
Dejé caer la segunda mochila militar sobre la mesa de centro con un golpe denso que hizo tintinear los paquetes metálicos.
—Provisiones de primera calidad —respondí con tono seco, desenganchando la placa metálica de mi espalda—. Encontré un depósito bien abastecido en el sector comercial.
La mujer abrió el cierre con manos temblorosas; al contemplar las hileras de latas de carne, fruta en almíbar, barras energéticas y vendas estériles, sus ojos se abrieron en un gesto de asombro y devoción absoluta:
—Esto... esto es suficiente para abastecernos durante semanas... Muchísimas gracias, joven. No sé cómo podremos pagarle todo lo que hace por nosotras.
—Adminístralo con criterio —la corté fríamente—. En pocas horas caerá la noche y los escarabajos saldrán a la superficie con mayor agresividad. No enciendas luces ni hagas ruido.
Subí los escalones hacia la recámara principal. Tras dar dos toques firmes en el marco de madera, empujé la puerta y entré.
La joven heredera permanecía sentada al borde del colchón, contemplando el horizonte de rascacielos a través del ventanal. Su semblante ya no mostraba la palidez cadavérica de los días anteriores; el color había regresado a sus mejillas y su respiración era rítmica, serena.
—Veo que tu cuerpo ha respondido al reposo —comenté, tomando asiento en un sillón individual frente a ella.
La muchacha giró el rostro despacio, mirándome sin la histeria ni el temblor que la dominaban en nuestro primer encuentro:
—Todo es gracias a las raciones y medicamentos que trajiste... Me siento con fuerzas para ponerme de pie.
—Mantenerte con vida y escoltarte intacta hasta la frontera es el contrato que firmé con la Asociación —respondí con absoluta frialdad—. No tienes nada que agradecerme.
La chica entornó los ojos y clavó su mirada directamente en las mías, con una chispa de perspicacia asomando en su semblante:
—Dime una cosa, Alwyn... Si no hubiera mediado ese contrato millonario con mi padre ni la Asociación de por medio... ¿me habrías dejado morir en esta cama?
Sostuve su mirada durante un par de segundos sin parpadear.
—No te habría ejecutado, si esa es tu duda —respondí con una voz tranquila y cortante—. Te habría dejado un par de latas de comida y una cantimplora de agua sobre la mesa. Pero hasta ahí habría llegado mi auxilio. No me habría quedado tres días a custodiar tu convalecencia ni te habría cargado a través de un nido subterráneo. Mi prioridad en este sector era cazar y evaluar la letalidad de las bestias; desviarme de ese camino para cargar con el peso de una extraña habría sido una estupidez.
Hice una breve pausa para que la frialdad de mis palabras calara en su mente:
—En este mundo no hay espacio para la arrogancia de jugar al héroe. Pretender salvar a todo el que llora es el camino más rápido hacia una fosa común. En mi escala de prioridades, primero está mi supervivencia, segundo mi supervivencia, y tercero mi supervivencia. No por mera crueldad egoísta, sino porque en este nuevo mundo la piedad sin poder no es más que una invitación a que la realidad te devore vivo.
La heredera guardó silencio durante un largo minuto, procesando la cruda honestidad de mi respuesta. Lejos de indignarse, dejó escapar un suspiro pausado y asintió levemente con la cabeza, comprendiendo la naturaleza implacable del nuevo orden.
—Mi nombre es Alicia... por cierto —dijo en voz baja, extendiendo una mano delicada.
Conocía su nombre desde que leí su expediente en la suite del hotel, pero mantuve el protocolo distante del mercenario profesional.
—Un gusto, Alicia. Mañana al amanecer se cumple el plazo de setenta y dos horas. Te garantizo que cruzarás la frontera con vida.
Sin añadir una sola palabra más, me puse de pie y abandoné la habitación. Ingresé a la recámara contigua, aseguré la traba de la puerta y me recosté sobre el lecho.
Cerré los ojos, sintiendo cómo el flujo de maná comenzaba a estabilizarse en mi interior. Al despuntar el alba del día siguiente, iniciaría la marcha de extracción hacia la frontera exterior.

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Estás leyendo el capítulo 42 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 25 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.