Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 37 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Unos minutos después, la sirvienta regresó a la habitación portando una bandeja de plata con un tazón de sopa caliente, un vaso de agua purificada y un par de comprimidos multivitamínicos extraídos del botiquín militar. Colocó la bandeja sobre la mesa de noche y ayudó a incorporarse a la joven heredera, quien ingirió el alimento con avidez contenida, como si el simple acto de masticar consumiera la poca estamina de su cuerpo.
En cuanto la muchacha terminó de beber el último sorbo de agua, me puse de pie y tomé la palabra:
—Acabo de establecer comunicación con la central de la Asociación de Despertados para reportar la situación —anuncié con voz neutra y dominante—. Les informé que permaneceremos atrincherados aquí durante tres días exactos antes de iniciar la marcha hacia la frontera exterior, donde una unidad de transporte nos esperará. Tienes exactamente setenta y dos horas para recuperar la movilidad en tus piernas.
—Descuide, joven —intervino la criada con reverencia—. Me aseguraré de que la señorita cumpla con el reposo y consuma cada ración a tiempo.
La muchacha asintió con aprobación débil, pero su mirada aún guardaba un rastro de incertidumbre.
—Eso espero —continué, ajustando las correas de mi equipo—. Por mi parte, saldré todas las noches a explorar el perímetro y recolectar suministros adicionales. Necesitaremos un margen de víveres si la marcha de retorno sufre contratiempos.
—Por favor, tenga mucho cuidado allá afuera... —murmuró la mujer.
—Espera... tengo una duda —irrumpió la joven heredera.
A pesar de la palidez de sus mejillas, el alimento caliente le había devuelto una pizca de viveza a sus pupilas.
—Dime cuál es tu duda —respondí con frialdad, clavando la vista en ella.
—¿Cómo planeas sacarnos con vida de esta ciudad infestada de monstruos? —preguntó la muchacha con la voz entrecortada, abrazando sus rodillas bajo las cobijas—. No tiene sentido... Esos engendros salieron de la nada y destruyeron las avenidas enteras a su paso. ¿Cómo alguien como tú puede garantizar que saldremos vivas? Ni siquiera los tanques del ejército pudieron penetrar el distrito.
—El ejército comete el error de hacer ruido; nosotros nos moveremos como sombras —respondí mirándola fijamente—. Esas bestias subterráneas son prácticamente ciegas en la superficie, cazan guiadas exclusivamente por las vibraciones y el peso sobre el asfalto. Cuanto más grande y pesado sea el convoy militar que intente cruzar, más rápido será arrastrado al subsuelo por la colmena.
Hice una breve pausa para dejar que la fría lógica táctica se asentara en su mente exhausta.
—Ustedes sobrevivieron por pura casualidad al quedarse encerradas en este segundo piso, pero los recursos de la despensa se agotaron. Mi plan es simple: mientras descansas estos tres días, yo saldré de noche a cazar a los especímenes de los alrededores y despejaré una ruta segura hasta el perímetro exterior. Tu único trabajo es alimentarte y recuperar fuerzas. Si en tres días no puedes caminar por tus propios medios, este refugio de lujo se convertirá en tu tumba. No cargaré a nadie a mis espaldas a través de un territorio hostil.
Sin esperar réplicas ni lágrimas, di media vuelta y abandoné la recámara. Ingresé a una de las habitaciones contiguas, aseguré el cerrojo interior de la puerta y me dejé caer sobre una cama individual para descansar mi cuerpo y permitir que mis constantes vitales se estabilizaran.
...
El zumbido de luces fluorescentes me devolvió a la consciencia.
Me hallaba de pie en una sala de entrenamiento espaciosa, de paredes pulcras y suelos de linóleo blanco. A mi alrededor, decenas de reclutas vestidos con un uniforme deportivo de color azul y blanco comenzaban a incorporarse del suelo, sacudiéndose el aturdimiento tras haber perdido el conocimiento de forma simultánea. La diferencia radicaba en sus manos: armas de hierro, arcos de madera y catalizadores sagrados se habían materializado de la nada.
Habían roto el Sello de Carne. El Sistema se había manifestado.
—¡Atención a todos los presentes! —anunció una instructora con voz enérgica y una sonrisa profesional desde el estrado—. Ahora que oficialmente han obtenido la categoría de Despertados, iniciaremos el protocolo de registro de identidades y selección de Clases ante la sede de la Asociación. Por favor, formen una fila ordenada.
Mientras los reclutas avanzaban hacia las mesas de control, una voz risueña y familiar resonó a mi costado:
—¡Oye, Alwyn! Dime, ¿qué clase elegiste al final?
Una jovencita de unos dieciocho años, de brillante cabellera rubia, ojos azules y expresión chispeante, se aproximó con familiaridad. En aquella primera línea temporal, yo ya era un hombre maduro de veintiocho años, con un semblante mucho más paciente y menos endurecido que el actual.
—Hey, Lysandra, no hostigues a nuestros mayores —reprendió una voz serena detrás de ella.
Un muchacho de cabello castaño corto, porte tranquilo y mirada analítica se sumó al círculo.
—Solo tenía curiosidad, nada más... Lucius, eres un amargado —replicó la rubia inflando las mejillas en un puchero infantil.
—Elegí la clase Espadachín Doble —respondí con una leve risa, extendiendo ambas manos mientras un par de hojas cortas de acero se materializaban en mis palmas.
—¡Oh! Así que fuiste fiel a tu idea original —asintió la chica, maravillada por el brillo del filo.
Lucius, en cambio, cruzó los brazos y me dedicó una mirada de sincera preocupación:
—Alwyn... ¿estás seguro de que esa especialización te beneficiará a largo plazo? Las estadísticas indican que casi un tercio de los reclutas seleccionó ramas de combate cuerpo a cuerpo ligero. Se te hará muy difícil competir por un cupo en las vanguardias de los grandes gremios.
—Lo sé, Lucius —respondí con calma, guardando las hojas—. Pero es una clase autosuficiente con la que puedo cazar en solitario y no depender del ritmo de nadie. Si no estuviera convencido de sacarle provecho, habría tomado otra alternativa.
—Vamos, Lucius, dudo mucho que Alwyn tenga problemas —intervino Lysandra con entusiasmo—. Después de todo, obtuvo el puntaje más alto en las evaluaciones teóricas de la academia.
Lucius dejó escapar un suspiro de resignación, pero no insistió.
—¿Y en tu caso, Lysandra? —pregunté mirándola—. Asumo que optaste por la rama de Mago, ¿cierto?
—Por supuesto —respondió la rubia encogiéndose de hombros con naturalidad—. Mi familia cuenta con varios magos de alto rango en la capital; tendré acceso a grimorios y núcleos de maná suficientes para acelerar mi desarrollo sin complicaciones.
—Una gran ventaja de inicio —comenté antes de dirigirme al castaño—: ¿Y tú, Lucius? ¿Caballero?
Lucius asintió en silencio, materializando por un segundo una espada larga y un pesado escudo de madera antes de devolverlos al inventario del sistema.
—Espero que el destino sea favorable para los tres en este nuevo mundo —sonreí con genuina camaradería mientras la fila avanzaba hacia el mostrador de registro...
...
—¿Qué... qué clase de sueño fue ese...? —murmuré, incorporándome de golpe sobre el colchón.
El corazón me palpitaba acelerado contra las costillas y una fina capa de sudor frío empapaba mi frente.
Hacía décadas que no rememoraba los detalles exactos de mi primer Despertar. Lysandra y Lucius... Aquellos dos jóvenes habían sido mis primeros compañeros de armas en la línea temporal pasada, dos de las pocas personas a las que consideré camaradas reales en medio de la carnicería.
Con los años, el mapa devoró sus vidas y los transformó en mitos vivientes. Lysandra Frimin, conocida como «La Calamidad Humana», se convirtió en una de las piromantes más aterradoras del planeta, capaz de incinerar distritos enteros de un solo conjuro y rivalizar con el poderío de figuras como Lacrox. Y Lucius, quien juró protegerla como su escudo personal, fue bautizado por los gremios como «El Caballero Sin Corazón», una vanguardia implacable que jamás retrocedió un solo milímetro ante las hordas.
Sacudí la cabeza con fuerza, desterrando los ecos del pasado. En esta línea temporal, ellos apenas debían ser unos niños de ocho años, completamente ajenos al infierno que les aguardaba una década más tarde. En esta vida, las reglas del juego eran distintas.
Me acerqué al ventanal del dormitorio. La penumbra de la noche se había adueñado por completo de la metrópoli.
¡RUUUUMMM! ¡RUUUUMMM!
A la distancia, las detonaciones sísmicas y el crujido de asfalto fracturado confirmaban que la colmena de Escarabajos Excavadores Gigantes abandonaba sus túneles subterráneos para cazar bajo la noche.
—Hora de comenzar la limpieza... —murmuré, ajustando la Espada Negra Sangrienta en mi espalda.
Sin embargo, esta noche no me limitaría a colocar cebos desde las ventanas para cazarlos de a uno. Si deseaba encontrar la cámara donde anidaba el Escarabajo Titanio antes de que otros reclamaran la habilidad, debía golpear la raíz del problema.
Descendí en silencio al jardín de la mansión y me deslicé hasta la vereda exterior. A unos treinta metros, el pavimento se abrió en un cráter cónico cuando un escarabajo de dos metros emergió por completo, avanzando hacia la avenida adyacente.
Aguardé a que la bestia me diera la espalda, aceleré en sigilo absoluto y me arrojé de cabeza al interior de la galería subterránea de donde acababa de brotar. Había llegado el momento de internarme en las entrañas de la colmena.

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Estás leyendo el capítulo 37 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 17 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.