Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 35 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Mientras descendía en sigilo por la escalera del edificio de oficinas, las fichas del Sistema de mi vida pasada volvieron a ordenarse en mi memoria.
Al igual que el Lobo Lunar entre la especie cánida o el Progenitor entre los goblins, la plaga de los Escarabajos Excavadores contaba con su propia variante de mando: el Escarabajo Titanio. Un sub-jefe hipertrofiado de coraza metálica. En la primera era, la recompensa exclusiva por ser el primer jugador en el planeta en abatir a este engendro fue reclamada por Valeria 'La Emperatriz de Hierro' —una de las figuras más temibles del fin del mundo, quien ostentaba la Clase Caballero y se erigió como la vanguardia defensiva indiscutible a la par de Lacrox 'Corazón de Dragón'.
La técnica única que Valeria obtuvo se denominaba «Caparazón de Calamidad».
Un recurso extraordinario: al activarse, cubría la armadura o la piel del usuario con una capa metálica ultradensa, incrementando su Defensa Física en un +50% y sus Puntos de Vida en un +20%. Además, otorgaba inmunidad absoluta a estados de derribo, empujón o retroceso, y devolvía un 15% del daño físico recibido directamente al atacante. La herramienta definitiva para un tanque de primera línea.
—Aunque mi perfil no pertenece a la rama defensiva, reclamar esa habilidad me otorgaría una versatilidad brutal para encarar combates desiguales... —pensé, acariciando la empuñadura de mi espada al alcanzar la planta baja.
Desconocía la fecha exacta o el cuadrante preciso en que Valeria abatió al Escarabajo Titanio en la primera era. Si el sub-jefe aún no había sido erradicado hasta este momento, interceptar su guarida en esta metrópoli representaría una ganancia incalculable.
Al asomarme por el ventanal del vestíbulo hacia las avenidas del distrito residencial, la topografía del terreno confirmó la gravedad de la infestación.
El asfalto presentaba abultamientos continuos y grietas longitudinales provocadas por el tránsito subterráneo de la colmena. Cráteres cónicos se abrían en mitad de las veredas, vestigios de las emboscadas donde los civiles habían sido arrastrados hacia las profundidades. Estas entidades habitaban en galerías subterráneas y poseían un sistema de receptores acústicos y sísmicos en las patas que detectaba las vibraciones del terreno con una precisión aterradora. Un solo paso en seco sobre el asfalto bastaba para activar a la jauría.
—A estas alturas, cualquier refugio subterráneo improvisado en esta provincia ha sido erradicado... —concluí con helada objetividad.
Los sobrevivientes que se atrincheraron en sótanos, estaciones de metro o estacionamientos cayeron en la trampa perfecta. Las vibraciones acumuladas por grupos de personas en espacios cerrados bajo tierra atraían a los escarabajos directamente a sus muros. Y los civiles que intentaron refugiarse en pisos altos se vieron obligados a descender por agua y alimentos, muriendo en las avenidas sin comprender la mecánica de cacería de la especie.
—Avanzando con sigilo estricto, me tomará al menos tres días alcanzar la mansión del magnate... y otros tres días de regreso escoltando a la chica —calculé, observando el mapa mental de la ciudad.
Moverme con sigilo absoluto reducía mi velocidad de desplazamiento al mínimo. Para acortar los plazos sin desencadenar un combate directo contra la masa subterránea, necesitaba una distracción táctica.
Me deslicé hacia una tienda de abarrotes semidestruida en la esquina. Entre los anaqueles volcados, localicé dos latas de conserva vacías. Extraje un tramo de cuerda sintética de mi mochila táctica, atando una lata en cada extremo. A continuación, rellené los recipientes de chapa con escombros de concreto y grava, transformándolos en un dispositivo de resonancia acústica pesado.
Regresé al marco de la entrada, sopesé la cuerda y la arrojé con fuerza hacia una intersección situada a unos cuarenta metros a la izquierda.
¡CLANG-CLANG-CLANG-CRUNCH!
Las latas de chapa rebotaron ruidosamente contra el chasis de un vehículo abandonado y el pavimento.
Tres segundos exactos.
¡RUUUUUUUMMMMM!
El asfalto de la intersección reventó en un estallido de polvo y bloques de concreto. Las tenazas mandibulares de un Escarabajo Excavador Gigante de dos metros emergieron de la tierra, alzando la cabeza en busca del origen de la vibración. La criatura quedó expuesta con medio torso fuera del terreno, escaneando el aire de forma errática.
Aprovechando que los sensores sísmicos del monstruo se concentraban en el punto de impacto de las latas, aceleré a fondo en sigilo, recorriendo cincuenta metros por la vereda opuesta en cuestión de segundos.
En cuanto la bestia comenzó a descender nuevamente al subsuelo al no hallar carne, me detuve en el vestíbulo de otro edificio y repetí la estrategia. Lanzaba latas rellenadas de grava o accionaba el claxon de vehículos abandonados mediante varillas para generar focos de resonancia a la distancia, atrayendo a los escarabajos hacia cuadrantes opuestos mientras yo avanzaba a paso rápido por los flancos limpios.
Durante el trayecto de la tarde, contabilicé no menos de veinte especímenes patrullando las galerías inferiores.
Entablar combate cuerpo a cuerpo bajo la luz del sol era absurdo: las bestias rehusaban abandonar las galerías por completo y se limitaban a arrastrar a sus víctimas hacia abajo. Penetrar el caparazón quitinoso del lomo con el acero de la Espada Negra Sangrienta exigiría un desgaste de estamina desmesurado al no contar con la potencia explosiva de un hacha de dos manos como la de Barthon. Para liquidarlos eficientemente, necesitaba forzarlos a exponer sus aberturas blandas.
Al caer el crepúsculo, me atrincheré en el segundo piso de un edificio comercial para preparar la cacería nocturna.
La biología de los Escarabajos Excavadores presentaba una fotosensibilidad severa: la luz solar directa encandilaba sus órganos visuales, obligándolos a permanecer bajo tierra durante el día y limitándose a emboscadas sísmicas. Sin embargo, al descender la penumbra, las bestias abandonaban las galerías y salían a la superficie para oxigenar sus traqueas y buscar alimento.
Aguardé en vela en la penumbra.
En cuanto la noche se asentó por completo sobre la metrópoli, una serie de detonaciones telúricas retumbaron en las calles:
¡RUUUMMM! ¡RUUUMMM! ¡RUUUMMM!
Me aproximé al ventanal, observando el espectáculo. El asfalto de la avenida reventó en múltiples puntos como pequeñas erupciones volcánicas. Tres Escarabajos Excavadores Gigantes emergieron por completo a la superficie, sacudiéndose la tierra del caparazón y rondando a paso lento por la calle.
—A diferencia del día... ahora no tengo que adivinar su posición bajo las piedras —sonreí en la penumbra.
Lanzarme a ciegas a la calle a combatir contra tres especímenes a la vez, arrastrando la penalización de combo de mi espada por falta de Destreza, era una imprudencia innecesaria. La cacería requería ejecución quirúrgica.
Extraje un paño espeso de mi mochila y envolví un trozo de carne en conserva altamente sazonada. Pasé la llama del mechero durante unos segundos sobre la tela, haciendo que los jugos de la grasa frita se evaporaran y liberaran un aroma denso. Atrapé el paquete con una cuerda resistente, abrí lentamente el ventanal del tercer piso y dejé caer el cebo en suspensión sobre la calle.
El paño comenzó a gotear aceite caliente a unos tres metros del suelo.
En cuestión de dos minutos, el escarabajo más cercano captó el olor e impulsó sus seis patas quitinosas hacia la fachada del edificio. Había mordido el anzuelo.
Descendí en silencio al segundo piso, posicionándome en la ventana inferior justo sobre la trayectoria del monstruo.
La bestia alcanzó la vertical del cebo, levantó el torso y estiró el cuello hacia arriba, abriendo las tenazas para atrapar el paquete de carne. En esa postura, el pliegue inferior de su garganta —una zona blanda de membrana epitelial desprovista del caparazón quitinoso exterior— quedó completamente expuesto a mi línea de visión.
Ajusté ambas manos sobre la empuñadura de la Espada Negra Sangrienta.
¡HUMMM!
Me arrojé hacia adelante desde el alféizar del segundo piso en una estocada descendente.
¡PLUSSSHH!
\[¡GOLPE CRÍTICO\]
El acero azabache atravesó la membrana blanda de la garganta sin hallar la menor resistencia, hundiéndose hasta la cruz. El escarabajo soltó un chillido agudo y ensordecedor que hizo vibrar los vidrios del piso, azotando las patas contra el asfalto mientras colapsaba de espaldas.
Apoyé las botas sobre el vientre de la bestia agonizante y descargué una segunda estocada profunda en la incisión.
¡PLUSSSHH!
\[¡GOLPE CRÍTICO!\]
Los 200 puntos de daño crítico combinado destruyeron la barra de vida del monstruo.
¡DING!
\[¡HAS ELIMINADO A UN ESCARABAJO EXCAVADOR GIGANTE!\]
\[¡HAS GANADO 190 XP!\]
Al escuchar el chillido agónico y el estruendo de la caída, los dos escarabajos restantes de la calle giraron sobre sus patas y comenzaron a avanzar a toda prisa hacia el cuerpo del caído.
Sin perder un milisegundo en celebrar, retiré la espada del cuello de la bestia, corté la cuerda con el cebo de carne hacia el segundo piso y me replegué en sigilo por el pasillo interior hacia el edificio contiguo, desapareciendo en las sombras antes de que los perseguidores alcanzaran la escena.
Observé desde la penumbra de la azotea vecina cómo los dos escarabajos inspeccionaban el cadáver con confusión.
—Una estrategia simple, limpia y sin desgaste de estamina... —sonreí en la noche, reajustando la cuerda del cebo.
Repitiendo este método de ejecución sistemática desde las alturas, limpiaría el perímetro paso a paso mientras acumulaba una masa masiva de experiencia camino a la mansión del magnate.

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Estás leyendo el capítulo 35 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 15 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.