Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 34 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Con los términos del Contrato de Rango Oro firmados y sellados sobre la mesa, era momento de abordar el negocio real.
—Entonces, Arthur... debo asumir que tu firma tiene un encargo de alta prioridad reservado especialmente para mi perfil, ¿correcto? —pregunté, recostándome con soltura sobre el respaldo del sillón de cuero.
Arthur acomodó su saco con una sonrisa diplomática y extrajo un expediente de manila con el sello de confidencialidad de la firma:
—Efectivamente. Se trata de un encargo de extracción de alto valor en una Zona de Integración secundaria. Confirmamos que el objetivo permanece con vida gracias a una transmisión de emergencia de baja frecuencia emitida desde la consola de radio de una propiedad privada.
El diplomático desplegó las fotografías e informes de campo sobre la mesa de centro.
—Nuestros exploradores de avanzada identificaron que el perímetro urbano ha sido colonizado por Escarabajos Excavadores Gigantes —explicó Arthur, señalando los esquemas de la plaga—. Los reportes confirman que su número se incrementa a un ritmo alarmante. Aunque actualmente no abandonan el radio asimilado, si la masa biológica continúa multiplicándose, no tardarán en desbordar la frontera hacia las arterias principales.
Contemplé las fichas de las criaturas.
Los Escarabajos Excavadores Gigantes eran presas extraordinarias para el escalado de nivel: otorgaban una masa masiva de 190 XP por baja. Sin embargo, la dureza de su caparazón quitinoso volvía su erradicación un dolor de cabeza para los novatos. Estas entidades solían desplazarse por galerías subterráneas bajo el asfalto, emergiendo a la superficie únicamente para emboscar presas en respuesta a las vibraciones del suelo.
—En pocas palabras: mi cometido consiste en penetrar el perímetro, localizar al objetivo y escoltarlo con vida hacia el exterior... —deduje, analizando el mapa—. Imagino que seleccionaron mi perfil debido a la velocidad de movimiento que demostré en la frontera.
—Así es, Alwyn —asintió Arthur—. No te exigimos limpiar la colonia de insectos; tu único cometido es extraer al objetivo sin un solo rasguño. La compensación monetaria fijada por el cliente cubre con creces el riesgo operativo.
Revisé los anexos de las incursiones fallidas enviadas previamente por la firma. Varios Despertados de Rango Plata habían intentado la penetración terrestre, pero al ser fijados por las vibraciones del subsuelo, los Escarabajos los encajonaban en las avenidas hasta triturarlos.
—Comprendo la mecánica del terreno —asentí, cerrando el expediente—. No tengo el menor problema con los términos. Puedo ponerme en marcha cuando lo dispongas.
Arthur dejó escapar un suspiro de alivio contenido y comenzó a guardar las fichas en su maletín.
—Antes de que te retires, Arthur... necesito que la red de inteligencia de la Asociación ejecute un rastreo privado para mí —lo detuve antes de que se pusiera en pie.
—¿Un rastreo? —el diplomático parpadeó con confusión—. ¿A qué tipo de objetivo te refieres?
—Busco a una persona de esta metrópoli que seleccionó la Clase Clérigo durante el primer mes —detallé con tono serio—. Sé que se registró en el foro local de Despertados al inicio del desastre, pero dejó de asistir a las convocatorias. Necesito establecer contacto directo con ella.
Arthur rascó su barbilla, reflexionando unos segundos:
—La verdad es que nuestra firma se enfocó prioritariamente en reclutar combatientes de vanguardia con habilidades de daño bruto, por lo que ignoramos el catálogo de canalizadores sagrados... Pero con la red de informantes que manejamos no será difícil dar con su paradero. Partiremos con los datos del foro y rastrearemos su dirección IP y registro civil. Te contactaremos en cuanto tengamos la ubicación exacta.
—Excelente —asentí, estrechando su mano.
Firmar el Contrato de Rango Oro con la Asociación demostraba ser una jugada estratégica impecable. Delegar la búsqueda de la Clérigo a la red de inteligencia de la asociación me ahorraba días de rastreo a ciegas en la ciudad, permitiéndome concentrarme exclusivamente en la cacería de los Escarabajos Excavadores para elevar mis estadísticas.
—Te enviaré las coordenadas de reunión y la hora de despegue a tu teléfono móvil en las próximas horas, Alwyn —concluyó Arthur, retirándose junto a su guardaespaldas.
—Estaré al pendiente. Hasta entonces.
Cuarenta y ocho horas después, recibí la notificación cifrada en mi teléfono con las instrucciones del despliegue.
Al descender al vestíbulo del hotel, un automóvil de lujo de color negro me aguardaba en la entrada con uno de los choferes de la firma. El hombre abrió la portezuela trasera con deferencia y me condujo a través de las avenidas hasta un rascacielos corporativo de cincuenta plantas situado en el distrito financiero.
El vehículo subió por la rampa helicoidal de la estructura hasta alcanzar el estacionamiento privado del piso cuarenta y ocho. Al descender, Arthur y su escolta personal me recibieron con un gesto.
—Subamos al helipuerto del tejado, Alwyn. Tu transporte de inserción está listo —indicó el diplomático, guiándome hacia el ascensor exprés.
Mientras ascendíamos, Arthur extrajo una fotografía en papel satinado y me la entregó.
La imagen mostraba a una jovencita de unos quince años, ataviada con ropa de diseñador y expresión refinada: la heredera consentida de un magnate de la industria textil que financió la operación. Los informes confirmaban que la muchacha permanecía atrincherada en la segunda planta de una mansión de lujo en el centro de la ciudad asimilada, acompañada únicamente por una sirvienta de la familia que actuaba como su custodia.
—Tu prioridad absoluta es la seguridad de la señorita, Alwyn. No lo olvides —recordó Arthur con tono severo.
Al cruzar la escotilla del helipuerto en la cima del rascacielos, un helicóptero táctico de turbina doble aguardaba con las hélices girando a bajo régimen.
Un agente vestido con chaleco negro se aproximó y me entregó una mochila táctica militar abultada:
—Aquí tienes el kit de supervivencia proporcionado por la firma: raciones concentradas, botiquín de primeros auxilios, un transmisor de radio de alta frecuencia, mecheros y bengalas de señalización.
—Nos vemos al regreso, Arthur —me despedí, encajándome la mochila táctica en el pecho y manteniendo la mía propia a la espalda.
Abordé la nave. Las turbinas rugieron y el helicóptero se elevó sobre el horizonte de rascacielos, fijando su rumbo hacia la provincia asimilada.
No era la primera vez que realizaba un despliegue aéreo en mi historia, pero sí la primera en esta segunda oportunidad de vida. Tras dos horas de vuelo sobre la cinta de asfalto desierta, la silueta de la metrópoli objetivo se recortó contra el horizonte.
A diferencia de la primera Zona de Integración, donde las raíces ancestrales del Bosque Profundo habían fracturado los edificios, esta ciudad lucía una arquitectura intacta en la superficie, aunque desierta de vida humana. La asimilación había ocurrido apenas semanas atrás en un punto cercano a la frontera.
—Esa es la metrópoli asignada —anunció el operador táctico por el intercomunicador de los cascos—. Estamos sobrevolando el perímetro exterior de la Zona de Integración.
—Buscando una zona despejada para aterrizar en la vía principal... —informó el piloto por la radio.
Observé la topografía desde la ventanilla. Maniobrar una nave de ese volumen sobre el asfalto para un aterrizaje tradicional tomaría al menos veinte minutos y las vibraciones del motor en el suelo convocarían a docenas de Escarabajos Excavadores de las galerías subterráneas.
—No pierdan el tiempo buscando una pista —dije, poniéndome en pie.
Giré la palanca de la compuerta lateral del helicóptero y la deslicé de golpe. El viento helado de la altitud irrumpió en la cabina con un rugido ensordecedor.
—¡¿Estás demente?! ¡¿Qué pretendes hacer?! —gritó el operador, mirándome con pánico.
Agarré uno de los arneses de paracaídas tácticos colgados en la pared de la nave, me lo ajusté por encima de las dos mochilas en menos de diez segundos y me posicioné en el borde del portón.
—Estableceré contacto con la central de la Asociación en cuanto extraiga a la chica del perímetro —anuncié por encima del ruido del motor.
Sin dar margen a más advertencias, me arrojé de cabeza al vacío.
¡FWOOOOSH!
El aire helado golpeó mi rostro a más de doscientos kilómetros por hora mientras caía en picado sobre la metrópoli asimilada. La adrenalina de la caída libre, una sensación que no experimentaba desde las grandes campañas desde el fin del mundo, corrió por mi torrente sanguíneo.
Ajusté la trayectoria con el cuerpo, fijando como punto de impacto la azotea de un edificio de oficinas de doce plantas cerca del distrito residencial. Al alcanzar la cota de trescientos metros de altura, tiré de la anilla del arnés.
¡PAAF!
El velamen del paracaídas se desplegó con un tirón seco que desaceleró la caída. Planeé con precisión sobre las corrientes térmicas de la ciudad y aterricé con un impacto ágil sobre la losa de grava del tejado.
Desenganché las correas del paracaídas, dejando caer la tela sobre el suelo, y desenvainé la Espada Negra Sangrienta con un chasquido metálico.
El aire de la metrópoli estaba impregnado de un ligero tufo a tierra húmeda y quitina. Según las coordenadas del expediente de Arthur, la mansión del magnate se erigía a unas seis manzanas de distancia, justo en el corazón del distrito de residencial.
Ajusté la mochila táctica en mi pecho, apreté el agarre sobre la empuñadura azabache y me deslicé hacia el cubo de la escalera del edificio. La cacería de los Escarabajos Excavadores había comenzado.

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Estás leyendo el capítulo 34 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 14 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.