Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 32 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
A la mañana siguiente, mientras terminaba un café solo en la suite del hotel, abrí el navegador de mi teléfono para revisar los foros regionales de Despertados.
Localicé la comunidad digital de la metrópoli oriental: una plataforma restringida que contabilizaba apenas a veinte usuarios registrados. Según la última publicación fija del administrador, el grupo había convocado una reunión presencial para esa misma tarde en las instalaciones de un parque cívico del centro, con la premisa de intercambiar información sobre el Sistema y compartir experiencias de combate.
Aún faltaban dos horas para la cita. Aproveché la mañana para salir a pie por las avenidas comerciales, comprar ropa de calle común que disimulara mi silueta y observar la dinámica de la población. Resultaba fascinante ver cómo los civiles realizaban sus compras y transitaban con normalidad, ignorando por completo que a pocas decenas de kilómetros la masa de carne y bestias devoraba ciudades enteras.
En mi primera línea temporal, logré esquivar la carnicería inicial debido a que me hallaba cursando estudios universitarios en una provincia distante que no sufrió la sobreposición de la primera oleada. En aquella vida tuve la fortuna de caer en un centro urbano donde Despertados de mente ágil organizaron la defensa temprano, garantizándome años de estabilidad relativa antes de que Despertara.
Tras guardar la ropa comprada en la camioneta, me dirigí hacia el parque acordado.
El recinto era un espacio verde de varios cientos de metros cuadrados, diseñado con plazas abiertas que permitían a distintos grupos reunirse sin perturbarse mutuamente.
Verifiqué la fotografía de referencia publicada en el foro y caminé por los senderos de grava hasta divisar a un círculo de siete personas sentadas cerca de una fuente. La portación de armas básicas —báculos de madera, espadas de hierro y arcos sencillos— confirmaba su condición de Despertados.
Al notar mi aproximación, uno de ellos alzó la mano con un gesto amistoso, invitándome a romper la distancia.
—¡Bienvenido, amigo! Veo que eres un integrante nuevo de la comunidad... Ven, te presentaré al grupo —saludó con una sonrisa amable.
El muchacho llevaba un báculo de madera de roble colgado al hombro; la firma inconfundible de un Mago. Me hizo un recorrido rápido introduciéndome al resto: dos Guerreros, un Caballero con escudo y tres Arqueros. Me acomodé en la hierba al lado de uno de los tiradores, guardando un silencio sereno hasta que llegó mi turno de presentación.
—Mi nombre es Alwyn —hablé con tono pausado—. Soy de la Clase «Sin Clase» y provengo de la Zona de Integración de la provincia vecina. Llegué a esta metrópoli ayer por la tarde.
En cuanto las palabras salieron de mi boca, el ambiente relajado del grupo cambió de golpe. Las expresiones de los siete integrantes fluctuaron entre el asombro ridículo, la incomodidad y una lástima mal disimulada.
—Vaya... Es la primera vez que conocemos a alguien que seleccionó esa casilla —dijo el Mago que ejercía como administrador del foro, dedicándome una mirada compasiva—. Supongo que cometiste un error de apreciación por pánico durante el primer día, ¿verdad?
No me molesté en corregir su ignorancia ni en explicar las ventajas del escalado híbrido. Dejé que asumieran lo que su sentido común dictaba.
—Alwyn... Dijiste que vienes de una Zona de Integración activa, ¿cierto? —preguntó la muchacha a mi costado con genuina curiosidad—. Eso significa... ¿qué tuviste que enfrentarte directamente a las bestias en las calles?
Pero antes de que pudiera responder, uno de los Guerreros del círculo se adelantó con una mueca de superioridad:
—Por favor, Sofía... no seas ingenua. Nosotros, contando con Clases especializadas de combate, a duras penas pudimos eliminar a un lobo errante entre tres. Es imposible que alguien con la Clase «Sin Clase» haya sobrevivido peleando solo. Lo más seguro es que algún escuadrón militar o un grupo de Despertados de verdad lo haya escoltado hasta la frontera.
La chica le dedicó una mirada de molestia, pero volvió a mirarme esperando mi confirmación.
—Puedes tomar la explicación de tu compañero como la verdad si te resulta más cómoda —respondí secamente, dando por cerrado el tema.
El administrador tomó la palabra para redirigir el debate:
—Cambiando de tema... ¿alguno ha considerado la propuesta oficial que el gobierno publicó en las plataformas digitales? Están convocando a Despertados para constituir batallones de rescate y saneamiento de zonas infectadas, prometiendo exoneraciones fiscales y sueldos abrumadores.
—¡Yo me registraré mañana mismo! —se entusiasmó uno de los Guerreros—. ¡Será como pertenecer a una liga de superhéroes financiada por el estado!
—Yo paso... —se opuso una de las Arqueras con evidente desagrado—. Me resulta profundamente sospechosa la insistencia del Ministerio de Defensa... Además, exigen como requisito obligatorio proyectar la interfaz de estado ante sus oficiales antes de firmar.
—Muchos sienten esa misma desconfianza, pero es la tendencia mundial —suspiró el Mago—. Si queremos demostrar que los Despertados no somos una amenaza para la población, tarde o temprano tendremos que cooperar con las autoridades.
Aproveché una pausa en la discusión para realizar la pregunta que me había llevado a la reunión:
—Revisé la lista del foro esta mañana y contabilicé a veinte integrantes registrados... ¿El resto no asistirá a la convocatoria?
El líder del grupo me miró y detalló con precisión:
—La asistencia es voluntaria. Muchos de los miembros registrados nunca se presentan a las reuniones presenciales. Por lo general, los que no vienen son adultos mayores con responsabilidades familiares o gente que ya cuenta con experiencia previa en videojuegos y prefiere entrenar por su cuenta.
Su explicación tenía lógica. Para un Despertado con conocimiento táctico real, asistir a un parque a escuchar teorías infantiles de novatos era una pérdida de tiempo.
—Entiendo... ¿Y entre los veinte miembros del foro hay alguien que pertenezca a la Clase Clérigo? —indagué con disimulo.
—Mmm... Ahora que lo mencionas, sí —recordó el Mago, rascándose la barbilla—. Una chica con la clase de Clérigo fue de las primeras en registrarse en la plataforma cuando abrimos el sitio... Pero jamás asistió a las reuniones ni volvió a publicar en el chat. Desconozco su paradero actual, la verdad.
Asentí en silencio, guardando el dato. Los Clérigos eran un recurso extremadamente escaso en esta primera etapa debido a la pésima reputación que los medios les habían fabricado. Cruzarme con Keyla en la primera zona había sido un golpe de suerte, pero saber que existía otra canalizadora sagrada en esta metrópoli abría una puerta crucial para la preparación de la segunda zona de integración que se avecinaba.
Permanecí en el parque hasta el cierre de la jornada, escuchando sus conversaciones y realizando aportes triviales. Al despedirnos, el administrador me solicitó mi número telefónico y me agregó a un chat privado de mensajería instantánea conformado únicamente por diez integrantes activos.
Me despedí y emprendí el camino de regreso al hotel. La reunión había cumplido su objetivo, pero permanecer estático en una metrópoli pacífica no me otorgaría la experiencia requerida para encarar a las bestias que eventualmente llegarían. Necesitaba ubicar frentes de cacería activos.
Al ingresar al vestíbulo del hotel por la tarde, noté a tres hombres ataviados con trajes de corte italiano de color negro azabache conversando cerca de la recepción. Ignoré su presencia, abordé el ascensor y presioné el botón del octavo piso.
Al abrirse las puertas metálicas en mi nivel, dos sujetos me aguardaban en el pasillo.
El primero era un hombre de unos veintisiete años, de aspecto refinado y postura elegante; el segundo, a su costado, era un tipo corpulento con la mano derecha descansando sobre la empuñadura de una espada corta colgada a la cintura y un escudo, confirmaba su categoría de Despertado de la Clase Caballero.
—¿Eres Alwyn? —preguntó el sujeto refinado con tono educado.
—Así es. Hablan con él —respondí saliendo del elevador—. ¿Puedo saber qué asuntos los traen a mi piso?
—Permíteme presentarme: mi nombre es Arthur —habló el hombre, acomodándose el saco—. Y él es mi escolta personal, un Despertado al igual que tú.
—¿Son emisarios del gobierno? —pregunté, escudriñándolos con frialdad.
Arthur dejó escapar una risa suave y entretenida:
—¿Acaso tenemos la pinta de burócratas estatales?
—No —rebatí sacando la tarjeta llave de mi suite—. Los agentes del gobierno habrían forzado la cerradura de mi habitación para registrar mis cosas y habrían desplegado un pelotón armado en la recepción para encañonarme.
Abrí la puerta e hice un gesto con la cabeza invitándolos a pasar. Arthur ingresó con elegancia y se acomodó en uno de los sillones de cuero de la sala principal, mientras su guardaespaldas se posicionaba a su espalda con la guardia alerta.
—Entonces debo asumir que pertenecen a una facción independiente... —comenté, apoyándome contra el marco del ventanal.
—Eres extremadamente perspicaz, Alwyn —asintió Arthur, cruzando las piernas—. Representamos a una organización privada fundada recientemente: la Asociación de Despertados. Una organización independiente del estado creado con el propósito de reclutar a los combatientes más talentosos del mapa bajo nuestras filas.
Recordaba a la Asociación de Despertados a la perfección.
En la primera era, la organización comenzó como una red modesta en distintas metrópolis, pero con los años se expandió hasta erigirse como una potencia mundial y el contrapeso definitivo del poder militar gubernamental. Mientras las autoridades buscaban someter y controlar a los Despertados como herramientas del estado, la Asociación proponía una relación de respeto mutuo, libertad operativa y recompensas equitativas.
—¿Y por qué razón alguien de su organización se molestaría en buscar a un recién llegado como yo? —indagué, aunque la respuesta me resultaba evidente.
—Hemos recibido informes detallados sobre los acontecimientos ocurridos en la frontera de la Zona de Integración de la provincia sur —reveló Arthur con una sonrisa inclinada—. La neutralización limpia de un pelotón militar entero mediante una técnica de movimiento astral llamó la atención de nuestros informantes. Nos interesa contar con combatientes de tu calibre.
No me sorprendió en absoluto. Los sucesos de la frontera circularían rápidamente entre las redes de inteligencia de las facciones emergentes. La Asociación era solo la primera de muchas organizaciones que intentarían tentarme.
—¿Y qué beneficios ofrece la Asociación de Despertados para convencerme de unirme a sus filas? —pregunté, cruzando los brazos.
Arthur se erigió en el sillón y detalló el catálogo con soltura diplomática:
—Garantizamos libertad absoluta de acción: jamás serás sometido a registros de interfaz obligatorios ni a la supervisión del estado. Proveemos inteligencia de campo actualizada sobre los frentes de cacería más rentables según tu nivel, facilitamos la conformación de escuadrones con Despertados de élite y ofrecemos contratos de liquidación de misiones con remuneraciones generosas de múltiples ceros.
En la mecánica real de la organización no existían trampas ocultas contra los Despertados. La Asociación operaba como una red de mercenarios de alto rango: magnates, ejecutivos y figuras de poder sin interfaz pagaban fortunas colosales para rescatar a familiares atrapados o recuperar activos valiosos en las Zonas de Integración, permitiendo financiar contratos con pagos millonarios para sus combatientes.
El cerebro detrás de esto era el padre de Arthur: Marcus "El Maestro". Un antiguo multimillonario de cincuenta y cinco años que despertó en la Clase Guerrero. Marcus utilizaba a Arthur —nacido de una relación extramarital— como el rostro diplomático de la empresa, mientras él financiaba la expansión desde las sombras hasta convertirse en una de las potencias mundiales más influyentes.
—Suena bastante atrayente en el papel... Habrá que verificar si la práctica está a la altura de sus ofertas —respondí con una sonrisa calculadora.
Aunque la Asociación se transformaría en un imperio formidable en los años venideros, en este momento no era más que una firma emergente buscando posicionarse. Si iba a establecer una alianza con ellos, me aseguraría de exprimir hasta la última gota de recursos, información y financiamiento que tuvieran para ofrecer.

Continúa leyendo
Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela)
Capítulo 33
Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 32
Estás leyendo el capítulo 32 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 12 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.