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Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 29 online gratis en español

🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Mientras conversaba con Elizabeth y Keyla, el chasquido de ramas secas anunció el retorno de la vanguardia. Will reapareció escoltando a Jhon. Al fijar la vista en el Caballero, la degradación física y mental era evidente: llevaba la sobrevesta rasgada y manchada de mugre, múltiples heridas mal cicatrizadas en los antebrazos y unas ojeras pálidas y profundas marcadas sobre sus pómulos demacrados. —Veo que has tenido un trayecto pesado, Jhon —saludé, extendiendo la mano. —Es bueno verte de una sola pieza, Alwyn... —respondió Jhon, apretando mi agarre con fuerza contenida—. Parece que has cambiado en este tiempo. Luces... diferente. A diferencia de ellos cuatro, quienes cargaban el tufo de semanas de desnutrición, insomnio y barro, mi figura vestida con el conjunto táctico negro impecable y la mochila militar abultada parecía la de alguien que regresaba de un simple paseo escolar. —El límite exterior de la Zona de Integración se halla a menos de treinta minutos de caminata recta hacia el norte —les informé, escudriñando sus rostros—. ¿Cómo es posible que terminaran perdidos en este sector si avanzaban por la franja del bosque? Will bajó la mirada con una mueca de pesar y culpa disimulada: —Sufrimos un inconveniente hace dos días... Nos tropezamos con un campamento de goblins errantes y el contingente se dispersó en pánico. Tuvimos que dividirnos para buscar a las familias desorientadas y reagrupar la marcha; al final, perdimos la noción del rumbo y terminamos caminando en círculos. Esa explicación justificaba el resentimiento de los diecisiete sobrevivientes que aguardaban atrás. —Entiendo —asentí, desabrochando los cierres de mi mochila militar—. Tengo provisiones de emergencia que empaqué antes de marchar. Aliméntense e hidrátense bien. Extraje cuatro botellas de agua purificada de un litro y un par de paquetes de latas de carne procesada, entregándoselos a la maga. —Realmente te lo agradecemos, Alwyn... —suspiró Elizabeth con una gratitud genuina, recibiendo el cargamento. —Will, lleva el agua y las latas a los civiles. Asegúrate de que los niños y las mujeres reciban una porción equitativa —ordenó Elizabeth de inmediato—. Keyla, ve con él y supervisa que nadie acapare las raciones. Ambos asintieron y se alejaron a paso rápido hacia la retaguardia cargando los suministros. Aunque la cantidad no constituía un banquete, bastaría para sacar a los diecisiete evacuados del estado de inanición inminente. Jhon se dejó caer pesadamente contra el tronco de un pino ancestral, soltando un largo suspiro de agotamiento: —¿Y qué hay de ti, Alwyn? Por lo visto, luego de abandonar el refugio subterráneo tampoco lograste salir de la Zona de Integración... —Iba en camino a la frontera —respondí de forma neutral, omitiendo deliberadamente la cacería de la incubadora goblin, el combate contra el Progenitor y la erradicación del Lobo Lunar—. Simplemente me tomé mi tiempo peinando la superficie y recolectando insumos. No tenía la menor obligación de revelar mis niveles, mis títulos ocultos ni el botín de mi inventario a nadie. —¿Y ustedes? ¿Qué los convenció finalmente de abandonar la seguridad de los túneles del metro? —cambié el foco de la conversación—. Asumí que se quedarían aguardando la llegada de la división blindada. Elizabeth se apoyó contra la madera rugosa al lado de Jhon, cruzando los brazos: —La comida de los alrededores se agotó por completo durante el primer mes —explicó con voz pausada—. Luego de que te marchaste, el grupo continuó saliendo a saquear avenidas, pero la radio confirmó el primer fracaso aplastante del ejército al intentar penetrar el perímetro urbano... El pánico estalló entre la gente y los motines en los andenes se volvieron incontrolables. —La solución no era quedarse a morir de hambre en un agujero de concreto —deduje secamente. —Exacto. Decidimos organizar la marcha y evacuamos con aproximadamente treinta civiles que aceptaron asumir el riesgo —agregó Elizabeth, bajando la mirada—. Lamentablemente, sufrimos varias bajas en el camino... Eran un escuadrón de principiantes intentando escoltar a civiles indefensos en su primera experiencia apocalíptica. Mantener con vida a diecisiete personas de las treinta originales era un porcentaje de éxito muy superior al promedio. —Lo han hecho mejor de lo que esperaba —admití con frialdad—. Salvar a más de la mitad del contingente demuestra que sus habilidades y tiempos de reacción han mejorado desde la última vez que nos vimos. —No fue nada fácil, Alwyn... Dejamos correr demasiada sangre en el asfalto —murmuró Jhon, apretando la mandíbula. La culpa continuaba carcomiéndolo por dentro. En ese momento, Will y Keyla retornaron tras distribuir los víveres entre los sobrevivientes. —Aún nos quedan algunas barras concentradas —anunció Will. —Ustedes cuatro deberían comer ahora mismo o colapsarán por hipoglucemia antes de cruzar el cordón militar —les dije en tono medio en broma. Abrí el compartimento superior de mi mochila, extraje cuatro barras de proteína de alto contenido calórico y se las arrojé una a una. Saqué una quinta barra para mí y me acomodé sobre un tronco caído para acompañarlos. Mientras masticábamos en silencio, saqué a relucir el tema decisivo: —Díganme... ¿ya han planificado qué pasos darán una vez que crucen la frontera y pisen territorio civil no asimilado? Ellos poseían acceso a los comunicadores y debían conocer la situación del exterior. Jhon fue el primero en responder, diciendo con vehemencia: —Planeamos ofrecernos como voluntarios ante las fuerzas armadas para participar en las incursiones de rescate de otras Zonas de Integración. Hay miles de sobrevivientes atrapados en las ciudades vecinas esperando que alguien los salve. La gente nos necesita. Escuché sus palabras con una mezcla de lástima y pragmatismo: —Es una causa noble, Jhon... pero sumamente ingenua —dije, dando un último bocado a la barra—. Deberían analizarlo con cabeza fría antes de entregar su lealtad al gobierno. —¿A qué te refieres? —frunció el ceño el Caballero. —En cuanto crucen la frontera, los oficiales no los verán como héroes; los verán como anomalías peligrosas que amenazan el orden público —revelé con voz serena y tajante—. El gobierno intentará someternos bajo leyes especiales o los enviará como carne de cañón a Zonas de Integración con bestias más allá de sus capacidades, misiones imposibles de superar con su nivel actual, solo para desembarazarse del problema. Piensen con cuidado si van a poner sus vidas bajo las órdenes de burócratas aterrados o si tomarán el mando de su propio destino. No era una conjetura: era la reconstrucción exacta de la política de contención que todos los países implementaron en la primera era. Will dejó escapar un largo suspiro, mirando el dosel de los árboles: —Por mi parte... lo primero que haré al tener señal satelital será intentar contactar a mi familia y amigos de la provincia. Necesito saber si alguno sobrevivió a la Fusión. —¿Y tú, Elizabeth? —dirigí la mirada hacia la maga. —Aún no lo he decidido por completo —respondió ella con firmeza en los ojos—. Pero coincido con Alwyn: tomar una decisión apresurada por impulso es estúpido. No tengo la menor intención de poner mi magia ni mi vida bajo las órdenes de militares que nos ven como amenazas. Quiero conservar mi capacidad de decidir por mí misma. Keyla asintió en silencio a su lado: —Pienso exactamente igual que Elizabeth... Jhon se puso en pie de golpe, encarando a sus compañeros con el rostro rojo de indignación: —¡¿Pero de qué demonios están hablando?! ¡Habíamos acordado en el refugio que formaríamos un escuadrón de rescate para salvar a los sobrevivientes de las otras ciudades! ¡¿Qué pasó con esa promesa?! —¡Cálmate, Jhon! Analiza las cosas con frialdad por una vez —intentó intervenir Will, levantando las manos. —¡No me pidas que me calme! —vociferó Jhon, fuera de sí—. ¡Dijimos que protegeríamos a la gente! Elizabeth se puso de pie, ajustando su báculo y encarando al Caballero con la mirada echando chispas: —Jhon, dijimos eso cuando estábamos encerrados en un túnel de metro sin tener la menor idea de la realidad de la superficie. Míranos ahora: apenas pudimos sobrevivir y perdimos a trece personas en el camino. No somos todopoderosos, Jhon. No tenemos el nivel ni la fuerza para jugar a ser salvadores del mundo. La lógica de Elizabeth golpeó la herida abierta de Jhon. —¡¿Esto es por Alwyn?! —estalló Jhon, señalándome con un dedo tembloroso—. ¡¿Apenas este tipo les dice que el gobierno intentará deshacerse de nosotros y ya echan marcha atrás a todo lo que luchamos juntos?! —¡Jhon, basta! No metas a Alwyn en esto —lo frenó Will con molestia. —¡Responde, Elizabeth! —insistió Jhon, ciego de rabia—. ¡Somos un equipo! Hemos sangrado juntos. Si nos mantenemos unidos y seguimos subiendo de nivel, ¡ninguna preocupación de mierda se interpondrá en nuestro camino! —¡Esto no tiene nada que ver con Alwyn, Jhon! —sentenció Elizabeth con voz gélida, cortándolo en seco—. Es una conclusión a la que Will, Keyla y yo llegamos desde hace días mientras contábamos los cadáveres de la marcha. Todos lo hemos discutido abiertamente... Solo tú te mantenías aislado, rehusando usar la cabeza y dejándote llevar por arrebatos emocionales. ¡¿O es que ya olvidaste que fue por tu maldito ataque de ira contra esos goblins errantes que el grupo se dividió y terminamos perdidos dos días en el bosque?! El claro quedó sumido en un silencio sepulcral. —Yo... yo tenía que vengar a los civiles que cayeron en la avenida... No podíamos dejar a esas alimañas con vida... —murmuró Jhon, bajando la cabeza mientras su voz se quebraba. La verdad detrás del extravío había salido a la luz: la culpa e incapacidad de procesar las bajas habían llevado a Jhon a cometer una imprudencia táctica que casi les cuesta la vida a todos. Me puse en pie, sacudiendo las migas de proteína de mis pantalones tácticos. No tenía el menor interés en presenciar el colapso psicológico de un escuadrón de novatos. —Suficiente —decreté con voz gélida que acalló cualquier sonido de discusión—. Si tienen rencillas internas que resolver, háganlo cuando hayan cruzado el cordón militar. Si continúan caminando en línea recta hacia el norte durante veinte minutos, alcanzarán la carretera exterior. Yo me adelanto. Espero no volvernos a cruzar. Sin dar margen a que Elizabeth o Will intentaran retenerme, giré sobre mis talones y aceleré el paso entre los árboles, desapareciendo en la espesura a una velocidad que ninguno de ellos podía igualar. Mientras avanzaba en solitario, analicé la escena en retrospectiva. La armonía del grupo del refugio se había pulverizado. Elizabeth, Will y Keyla habían madurado, adaptándose a las reglas pragmáticas de Elysium; mientras que Jhon había tomado el camino opuesto, hundiéndose en una espiral de culpa, ira y un complejo de inferioridad evidente. La partida de mi figura del refugio y la lección de realidad del bosque habían afectado al Caballero más de lo que imaginé, transformando al muchacho optimista en un sujeto inestable. —Pero ya no es mi problema... —concluí con helada objetividad. Diez minutos después, la densidad del Bosque Profundo comenzó a disiparse. Emergí a una franja de terreno despejado flanqueada por una doble cerca de alambre de espino con letreros rojos de advertencia: «ZONA MILITARIZADA DE ALTO PELIGRO - PROHIBIDO EL PASO». Más allá del cercado, la cinta de asfalto de una autopista nacional se extendía hacia el horizonte. Había abandonado oficialmente la primera Zona de Integración.
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Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 29

Estás leyendo el capítulo 29 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 29 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.