Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 28 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
El trayecto de retorno desde el centro comercial hasta la finca privada me tomó un día entero de caminata lenta.
Apenas crucé el cerco de seguridad, me despojé del atuendo táctico cubierto de sangre seca, hollín y pus de la cacería y me sumergí bajo el chorro de agua fría del tanque. Limpié mis heridas, desinfecté la laceración del abdomen con alcohol y apliqué vendajes secos.
Los cinco contenedores industriales atiborrados de víveres secos y medicamentos que compré previo a la fusión permanecían resguardados en el perímetro. El musgo y las enredaderas emergentes del bosque ya comenzaban a cubrir la chapa de acero, camuflándolos de la vista.
—Si en algún momento de los próximos años me veo obligado a replegarme a este sector, al menos tendré un depósito de raciones de emergencia intacto... —pensé, sellando las escotillas.
Acondicioné una mochila militar limpia con lo esencial: conservas, cantimploras de agua purificada, el saco con las monedas de la guarida de lobos y los materiales de forja del Lobo Lunar atados con firmeza. También guardé en un bolsillo hermético mi teléfono celular, el cual había apagado justo el día de la fusión. En el bosque asimilado el dispositivo era un pedazo inservible, pero en cuanto atravesara la frontera y pisara una metrópoli humana con señal satelital restablecida, recuperaría el acceso a las redes globales y no volvería a estar incomunicado.
Había transcurrido un mes y dos semanas desde que La Gran Fusión reescribió la faz de la Tierra.
Antes de ponerme en marcha, encendí el radiorreceptor de la finca y giré los diales de frecuencia.
«...el Ministerio de Defensa prepara una segunda incursión coordinada con blindados hacia las Zonas de Integración para la próxima semana... Se estiman resultados favorables...»
«...alianzas de Despertados civiles en continentes vecinos han logrado replegar a las hordas en sus fronteras... ¿Cuándo ocurrirá algo similar en nuestra región?...»
«...se debate en la asamblea la aprobación de una Ley de Registro Obligatorio para todo ciudadano que haya desarrollado una interfaz de datos... Se planea crear una institución estatal para controlar a los Despertados...»
«...múltiples Despertados independientes reúsan ponerse bajo la tutela del gobierno... Se reportan motines, asesinatos y vandalismo armado en las periferias...»
Apagué el aparato con una mueca de desdén.
Nada fuera de los patrones históricos de mi vida pasada. Que las burocracias estatales pretendieran someter a individuos que sostenían el poder de la magia y atributos físicos sobrehumanos era una estupidez. En esta era de caos, la única forma de apagar el fuego era con un fuego más destructivo; pero los gobiernos aún no comprendían cómo forjar su propia artillería y se limitaban a contemplar cómo el desastre se expandía.
Eché un vistazo a la fecha en mi mente.
La segunda oleada de Integración mundial ocurriría en exactamente un mes y medio. Con ella, nuevas regiones del planeta serían superpuestas geográficamente y la dificultad escalaría. Monstruos más letales, acorazados y ágiles poblarían el mapa, otorgando masas superiores de experiencia. Quienes no hubieran aprovechado este primer mes para subir de nivel en las Zonas Iniciales, serían masacrados.
Al despuntar el sol, abandoné la finca privada y me adentré en los senderos del bosque.
Mi posición no se hallaba lejos del límite exterior de la Zona de Integración, por lo que caminaba sin prisa. La espesura estaba desierta: ni un solo chillido de goblin ni un aullido de lobo turbaba la paz de las copas de los árboles. Parecía un bosque de parque nacional listo para un día de campo; nadie diría que semanas atrás esta misma vegetación albergaba hordas sanguinarias y nidos subterráneos.
El problema real aguardaba en la frontera de salida. Las fuerzas militares seguramente mantenían un cordón sanitario en la periferia para evitar que las bestias traspasaran a las ciudades no asimiladas. Si aparecía caminando solo entre los árboles, vistiendo un uniforme táctico negro impecable y portando una espada azabache a la espalda, me someterían a interrogatorios agobiantes e inspecciones de equipo.
—Qué molestia... —maldije en voz baja.
Aun así, era un trámite necesario para asegurar transporte militar hacia la ciudad metropolitana más cercana, la cual se hallaba a decenas de kilómetros de distancia.
Trepé a la copa de un pino de diez metros para calcular la distancia restante a la carretera. Mientras escaneaba el horizonte, noté una agitación inusual en el ramaje a unos trescientos metros a la derecha. Matorrales aplastados y un movimiento lento de sombras humanas.
—¿Acaso el ejército logró penetrar la zona para evacuar civiles? —pensé por un instante.
Descarté la idea de inmediato. Con las armas de plomo ineficaces contra la armadura natural de las bestias, el contingente armado carecía de la fuerza para internarse tan profundo en el bosque. Resultaba infinitamente más probable que un grupo de Despertados locales hubiera guiado la marcha.
Descendí de la copa en un salto ágil y me deslicé entre los árboles hacia la fuente del ruido. A los pocos minutos, las voces fatigadas de la marcha llegaron a mis oídos:
—¿Cuánto más falta para alcanzar la salida del bosque?... —preguntó una voz femenina con el aliento entrecortado.
—Los Despertados dijeron que estábamos a pocos minutos... No puede faltar mucho —respondió un hombre a su lado.
—Llevan repitiendo esa misma mentira desde hace dos horas... —protestó un tercero entre sollozos ahogados—. No hemos probado un bocado de comida en dos días enteros... Muchos están a punto de colapsar por inanición...
—Resiste... No podemos rendirnos aquí después de todo lo que hemos sufrido para llegar hasta este punto... —suplicó otra voz.
La conversación confirmó mis sospechas: un grupo de Despertados conducía un contingente de evacuación.
Consideré brevemente deslizarme entre la vegetación para unirme disimuladamente a la masa humana y hacerme pasar por un sobreviviente más. Sin embargo, al observar la vestimenta de la marcha, la idea era absurda. Los civiles parecían mendigos andrajosos, cubiertos de mugre, jirones de tela y desnutrición; mientras que yo vestía un atuendo táctico militar de color negro azabache impecable, llevaba la Espada Negra Sangrienta colgada al hombro y cargaba una mochila de suministros abultada. Mi figura destacaba como un faro en mitad de la penumbra.
Decidí dar un paso al frente y encarar directamente a la vanguardia.
¡FIUUUUUUU!
Un silbido agudo cortó el aire a la altura de mi sien izquierda. Un proyectil de madera salió disparado desde la copa de un roble adyacente.
Con mi Agilidad y los reflejos afilados por mi Fuerza, no necesité desenvainar. Alcé la mano izquierda con un movimiento relámpago y cerré los dedos alrededor de la asta de la flecha a milímetros de mi rostro. La punta de hierro estaba manchada de sangre seca de lobo.
—Un arquero en cobertura... —pensé.
Sin dudarlo medio segundo, flexioné el brazo y devolví el disparo lanzando la misma flecha hacia la copa del árbol con la pura potencia muscular de mis puntos de Fuerza.
¡FIUUUUKKKK-CRAC!
El proyectil salió disparado a una velocidad muy superior a la del tiro original, incrustándose con un impacto seco en la madera del tronco, a un centímetro del hombro del tirador oculto.
—No soy un enemigo —dije con voz serena y tono dominante, manteniendo la guardia neutra—. Soy un Despertado, igual que ustedes.
Los sobrevivientes que caminaban en la retaguardia se sobresaltaron al escucharme, retrocediendo aterrorizados al ver a un combatiente armado emerger de la nada.
—Un momento... ¡¿Alwyn?! —una voz de asombro resonó desde la copa alta del árbol.
Reconocí el timbre al instante: Will.
—¿Will? —confirmé.
La figura del Arquero se dejó caer desde una rama a tres metros de altura, aterrizando sobre el pasto. Llevaba la camisa táctica rasgada en el hombro izquierdo, justo por donde mi flecha devuelta había rozado la tela antes de clavarse en el tronco.
—Realmente eres tú, Alwyn... Ha pasado un tiempo —saludó Will, sonriendo con una mezcla de alivio y asombro mientras nos estrechábamos la mano.
Su manejo del arco y su instinto de tiro preventivo habían mejorado drásticamente desde la última vez que los vi en la carpa de radio.
—Si estás haciendo cobertura aquí... debo asumir que el escuadrón que lidera esta marcha son los sobrevivientes del refugio subterráneo, ¿correcto? —pregunté, barriendo al contingente con la mirada.
Apenas contabilicé 17 personas en la fila: niños, mujeres y un par de jóvenes demacrados. De los más de doscientos refugiados originales solo quedaba esa pequeña fracción.
—Así es... Las cosas se complicaron en las avenidas —asintió Will con una mueca de pesar—. Ven, te llevaré con los demás. Están unos metros más adelante.
Avanzamos a través de la hilera de sobrevivientes, quienes nos observaban con pupilas vacías.
Al doblar un recodo del sendero, divisé a las dos chicas. Elizabeth y Keyla caminaban flanqueando el paso. Sus rostros lucían demacrados, con ojeras profundas y una delgadez evidente producto del hambre extremo y el estrés del combate.
Al escuchar nuestras pisadas, ambas giraron la cabeza. La sorpresa se dibujó en sus rostros, seguida de un destello de genuina alegría.
—Alwyn... ¡Por Dios, de verdad eres tú! —exclamó Elizabeth, avanzando a nuestro encuentro.
—Pensé... pensé que estaba empezando a alucinar por el cansancio —murmuró Keyla, esbozando una sonrisa débil.
—Iré a buscar a Jhon. Está abriendo paso en la vanguardia —anunció Will, dándome una palmada en el hombro antes de adelantarse entre los árboles.
Me quedé a solas con el par de chicas. Las escudriñé de arriba abajo.
—Ustedes dos... realmente lucen deplorables —comenté con una ligera sonrisa sarcástica, intentando romper la pesadez del ambiente.
Tanto Elizabeth como Keyla se sonrojaron de golpe, acomodándose el cabello sucio con evidente vergüenza. A ninguna mujer le agrada ser vista en su estado más deplorable de suciedad.
—Han ocurrido demasiadas desgracias en el camino, Alwyn... No podíamos evitar lucir así, ¿sabes? —respondió Elizabeth con una sonrisa a medias, suspirando con amargura.
A pesar del cansancio físico y la delgadez, en sus miradas ya no quedaba rastro de la ingenuidad del primer mes. Habían sangrado, habían perdido gente en la marcha y habían madurado a golpes en el infierno del nuevo mundo.

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Estás leyendo el capítulo 28 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 28 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.