Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 23 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Apenas inicié el descenso desde la azotea para ocultar mi presencia, los crujidos provenientes de las plantas inferiores confirmaron mis peores sospechas.
Muebles arrastrados, cristales reventados y el rasgar rítmico de garras sobre el concreto rasgaron el silencio del edificio. Una escuadra de rastreo había comenzado a registrar las oficinas piso por piso. Era cuestión de minutos para que me acorralaran en el cubo de la escalera y soltaran el aullido de alerta para convocar al alfa. Tenía que erradicarlos en silencio y abandonar la estructura.
Me deslicé al interior de una oficina a oscuras, pegando la espalda contra el marco de la puerta.
¡ZAK! ¡ZAK!
Dos Lobos Degolladores cruzaron el umbral con las fauces abiertas. Sin darles margen a procesar la sombra, desenvainé la Espada Negra Sangrienta en una ráfaga corta. El acero azabache atravesó las cavidades torácicas de ambos monstruos, cercenando la masa muscular por corte. Cayeron sobre las baldosas antes de poder emitir un solo gimoteo de alerta.
Salí al pasillo a paso rápido, pero tres sabuesos más emergieron del tramo inferior. Pegué el cuerpo contra la columna de soporte, conteniendo la respiración mientras la manada olfateaba las oficinas del pasillo.
—Si sigo esperando, el cerco se cerrará... —murmuré entre dientes.
No había espacio para la evasión pasiva.
¡HUMMM!
\[HABILIDAD ACTIVADA: «Marea Progenitora»\]
* Consumo de Maná: 20 PM (PM Restante: 180 / 200)
* Efecto: +20% a Velocidad de Movimiento y Ataque (Duración: 8 Segundos)
El maná circuló como un torrente ardiente por mis vasos sanguíneos. La masa muscular de mis piernas se tensó y me proyecté hacia el frente como una flecha liberada desde un arco tenso.
¡PLUSSSH!
Impulsado por mi Agilidad en 8 puntos amplificada por la habilidad, el primer impacto se clavó limpiamente en el centro de la caja craneana del primer lobo. En el mismo movimiento fluido, giré el torso y ejecuté un corte horizontal que rebanó la garganta del segundo. Con el tercero, conecté una ráfaga doble que le partió la columna vertebral en dos.
Ocho segundos. La aceleración explosiva me permitió exterminar a la escuadra antes de que pudieran articular una señal sónica para el exterior.
Aprovechando el remanente de velocidad de la habilidad, descendí en picado por el cubo de la escalera hasta cruzar el vestíbulo del primer piso y ganar la calle.
—Tengo que moverme de inmediato... El Lobo Lunar notará la ausencia de este grupo en cualquier momento —murmuré, escaneando las sombras con aprensión.
Avancé a paso veloz por las avenidas adyacentes. Sin embargo, a los pocos minutos de haber dejado atrás el edificio, un concierto de aullidos agudos retumbó desde la azotea que acababa de evacuar.
—¡Maldición! ¡Ya descubrieron los cadáveres! —apreté los dientes con rabia.
El tiempo de reacción del alfa había sido ridículamente corto. El sonido de múltiples garras metálicas sacando chispas contra el asfalto resonó a mis espaldas. Siete Lobos Degolladores irrumpieron en el callejón, avanzando en carrera ciega con los ojos inyectados en sangre.
Abandoné el sigilo y aceleré a fondo. Me interné en pasajes estrechos y veredas colapsadas por escombros; el objetivo era forzar combates en espacios reducidos donde no pudieran desplegar su superioridad numérica y solo pudiera atacarme uno o dos a la vez. Subir a un edificio estándar estaba descartado: rodeado en las alturas por decenas de sabuesos, terminaría atrapado en una fosa sin salida.
¡PLUSSSH! ¡CRAC!
A medida que me replegaba en movimiento continuo, ejecutaba ráfagas dobles con la espada negra, decapitando a los perseguidores que lograban acortar la distancia.
Pero el enjambre no cedía. Mientras eliminaba a dos, tres más se sumaban a la cacería desde las calles adyacentes.
Y entonces, en la cima del tejado de una vivienda de tres plantas, la silueta del Lobo Lunar se erigió sobre la penumbra. Su mirada plateada resplandecía con un aura de autoridad absoluta.
¡AWOOOO!
El alfa abrió las fauces y disparó una estela de energía astral en forma de media luna.
¡PLAMMMM!
Un proyectil mágico —la habilidad «Hoja Lunar»— cruzó el aire a una velocidad aterradora.
Apenas logré arrojarme en una rodada ciega sobre el concreto. El ataque impactó justo donde me hallaba un milisegundo antes, destruyendo el asfalto en una explosión de escombros y proyectando una densa columna de humo.
—Así que aprendiste a usar artillería a distancia... —mascullé, incorporándome de un salto.
La «Hoja Lunar» era una técnica mágica de proyección a distancia muy codiciada. Se podía adquirir de forma permanente si el Lobo Lunar soltaba su Núcleo al morir, pero la probabilidad de drop dependía de la suerte. Un impacto directo de esa guadaña astral de 100 puntos de daño mágico me habría reducido la barra de salud a la mitad en un solo instante.
Continué el repliegue utilizando el chasis de los automóviles y las paredes como barreras visuales para impedir que el alfa tuviera una línea de tiro limpia.
Pero el Lobo Lunar no pensaba dejarme escapar.
Al doblar una esquina, la mole plateada apareció en el techo de un contenedor justo al frente de mi ruta. Abrió el hocico nuevamente y una segunda «Hoja Lunar» cortó el viento.
—¡Maldito engendro! —rugí.
Me arrojé a ras del suelo en un deslizamiento agónico. El proyectil astral pasó rozando las fibras de mi atuendo táctico negro y reventó contra dos Lobos Degolladores que me perseguían a la distancia.
¡PUSSSH!
El ataque cercenó a los dos cánidos por la mitad, tiñendo la pared de sangre.
Al recuperar la vista, el Lobo Lunar ya había vuelto a desaparecer de la posición. La estrategia del alfa era despiadada: rehusaba el combate directo bajo mi rango de ataque, usando a su manada para mermar mi estamina mientras él se desplazaba por los tejados buscando aberturas para matarme a distancia.
Había abatido a más de doce lobos en la retirada, pero el enjambre rondaba los treinta o treinta y cinco especímenes activos. Si no reducía drásticamente su número, el agotamiento físico terminaría por entregarme en bandeja de plata.
—No me queda otra alternativa... —tomé una decisión arriesgada.
Cambié la trayectoria de carrera y me interné en el vestíbulo de un edificio de oficinas de seis pisos.
Avancé escaleras arriba a toda prisa mientras la masa de sabuesos invadía el primer piso. Al asomarme a los ventanales del último nivel, divisé a más de veinticinco Lobos Degolladores rodeando por completo el perímetro del edificio. Estaba atrapado, tal como había previsto...
¡PLAHHHHKKKSS!
Un estallido ensordecedor reventó la pared lateral del sexto piso.
Una «Hoja Lunar» disparada desde el exterior atravesó la mampostería de ladrillos, haciendo volar toneladas de escombros. La onda expansiva del impacto me proyectó a través de la sala, haciéndome rodar violentamente contra el suelo hasta chocar contra una columna.
—¡Agh!... Maldito lobo... No lo vi venir... —gruñí, incorporándome con dolor en el tórax.
La pared de ladrillos había absorbido el grueso del daño físico, pero la conmoción me arrebató un tramo de salud.
\[Puntos de Vida (PV): 170 / 200\]
Escuché los pasos frenéticos de cinco Lobos Degolladores irrumpiendo por la escalera hacia mi sala.
¡HUMMM!
\[HABILIDAD ACTIVADA: «Marea Progenitora»\]
* Consumo de Maná: 20 PM (PM Restante: 160 / 200)
Apreté los dientes, canalicé la velocidad explosiva de la pasiva y encaré a la escuadra en ráfagas de dos golpes: tajo, tajo, pausa de un segundo; tajo, tajo, pausa. En menos de diez segundos, las cinco bestias yacían mutiladas sobre el suelo de moqueta.
¡PLOSSSH! ¡PLOSSSH! ¡PLOSSSH!
Múltiples ataques de «Hoja Lunar» comenzaron a impactar la fachada del sexto piso desde distintos ángulos del exterior. Cada explosión abría boquetes colosales en las paredes, destruyendo cualquier punto ciego de cobertura.
—Está disparando hacia todas las ventanas... esperando revelar mi posición exacta para dar el golpe de gracia —analicé, pegado al suelo entre el polvo.
Si me expuesto a través de cualquiera de los boquetes, el alfa me fijaría en el acto y soltaría una ráfaga de Hoja Lunar. Y por el cubo de la escalera, el retumbar de decenas de garras confirmaba la llegada de la masa principal de la manada. Pretendían sofocarme por número dentro del recinto semidestruido.
Aferré la empuñadura de la Espada Negra Sangrienta con ambas manos, ajustando mi centro de gravedad. La penalización de Destreza me impedía realizar combos fluidos ilimitados, pero dentro de esta sala llena de escombros y polvo, mi estrategia se reduciría a dos conceptos: precisión mortal e impacto devastador.
—Vengan por más, alimañas... —sonreí en la penumbra, aguardando la irrupción del enjambre.

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Estás leyendo el capítulo 23 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 24 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.