Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 22 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Transcurrieron varios días de convalecencia en el perímetro seguro de la finca.
A falta de pociones de curación instantánea o la asistencia milagrosa de un Clérigo de alto rango, permití que mi organismo cerrara las laceraciones de forma natural. Aproveché cada tarde para adiestrar mi memoria muscular en el patio abierto: blandía la Espada Negra Sangrienta en secuencias estrictas de dos cortes pesados, pausando un segundo exacto antes de reiniciar el arco para evitar que el Sistema activara la contramedida de Parálisis por la falta de Destreza.
Con el cuerpo restablecido al cien por ciento y las vendas retiradas, llegó el momento de reanudar la cacería.
Ajusté las correas de una mochila militar nueva llena de raciones secas, cantimploras y objetos de supervivencia. Descendí de la finca con paso firme, fijando mi rumbo de regreso hacia el sector urbano dominado por los Lobos Degolladores.
El trayecto por el follaje del bosque resultó extrañamente desierto. Tras la quema de la incubadora del nido, ni un solo goblin sobreviviente se cruzó en mi camino para poner a prueba el nuevo acero azabache.
Al cabo de unas horas de marcha, alcancé la orilla donde la fronda ancestral moría para dar paso al asfalto fracturado de la metrópoli asimilada.
—Vaya... qué cálida bienvenida me tienen preparada —sonreí con amargura.
A unos cincuenta metros, al borde de una intersección flanqueada por vehículos quemados, un par de Lobos Degolladores me detectaron en el acto. Sus pupilas amarillentas resplandecieron con una sed de sangre implacable.
¡GRAAAAR!
Las dos bestias soltaron un rugido gutural y se abalanzaron a toda velocidad en mi dirección.
Sin inmutarme en lo más mínimo, flexioné ligeramente las rodillas y desenfundé la hoja negra con un chasquido metálico. Esperé con temple marcial hasta que el primer lobo acortó la distancia a ras de suelo, despegando las garras para alcanzar mi garganta.
¡PLUSSSH!
Ejecuté una ráfaga limpia de dos cortes en abanico.
El sonido del acero hendiendo la masa muscular fue seguido por un salpicar denso de sangre caliente. Los cuerpos de ambas bestias quedaron bisectados de un solo tajo transversal, cayendo sobre el asfalto divididos en dos mitades perfectas, como si el acero hubiera cortado mantequilla blanda.
Los 28 puntos de daño base ajustado de la Espada Negra Sangrienta, sumados a mis 11 puntos de Fuerza, reventaban el cuerpo de las criaturas de Rango F sin resistencia alguna.
—A partir de ahora... esto será una masacre rápida —comenté, sacudiendo la sangre del filo con una estocada al aire antes de envainar.
Ignoré las notificaciones de 80 XP que flotaron en mi campo de visión y me interné en las arterias principales de la ciudad.
Durante los primeros tres días, me dediqué a peinar metódicamente cada cuadrante urbano en busca del nido principal del Lobo Lunar.
En mi recorrido me topé con patrullas aisladas de uno o dos sabuesos, a los que liquidaba en cuestión de segundos antes de que pudieran aullar. Localicé pequeñas guaridas temporales en talleres mecánicos y vestíbulos con no más de cinco o seis especímenes, pero nada que se asemejara a la masa de tres docenas de bestias que había divisado tiempo atrás. Descansaba en azoteas de edificios abandonados y reanudaba la marcha al amanecer.
Al cuarto día, alcancé el perímetro del centro comercial más colosal de la metrópoli.
Acaricié la empuñadura de la espada mientras me ocultaba en la cornisa de un edificio de ocho pisos, escudriñando la plaza de aparcamiento del gran supermercado. La actividad era frenética: decenas de Lobos Degolladores entraban y salían continuamente por las puertas de cristal reventadas. Tras varias horas de observación estática, contabilicé no menos de cincuenta especímenes activos en los alrededores.
—Sus números se han multiplicado a un ritmo abrumador... —analicé con el ceño fruncido.
Lanzarme de cabeza contra una colmena de cincuenta lobos en campo abierto, arrastrando la penalización que me obligaba a pausar un segundo tras cada ráfaga de dos golpes, era una imprudencia que me costaría las tripas. Decidí permanecer en vela en la azotea, aguardando el cambio de ciclo.
Al alcanzar la medianoche, la luna llena emergió en el cenit del firmamento.
De entre las sombras del acceso principal del supermercado, una figura elegante y letal hizo su aparición.
El Lobo Lunar.
—Vaya... has madurado bastante en este tiempo —murmuré desde las alturas.
La primera vez que lo divisé, la criatura poseía una masa corporal inferior a la de un lobo común. Ahora, tras semanas devorando la carroña acumulada en el interior del centro comercial, su cuerpo se había desarrollado hasta alcanzar el tamaño de un buey joven. Sus garras brillaban con un tinte metálico y la marca rúnica de media luna en su frente resplandecía con una luz pulsativa de tono plateado al contacto con los rayos nocturnos, activando el doble de su Agilidad.
Los aullidos de los cincuenta lobos hicieron retumbar el estacionamiento. El alfa se echó sobre una plataforma de concreto a recibir la luz lunar, mientras el resto de la jauría se dispersaba como una marea de enjambre hacia las avenidas secundarias para cazar.
—Enfrentarlo de noche, con la luz de la luna potenciando su velocidad al doble, es absurdo... —concluí, ajustando mi mochila—. Debo forzar el combate decisivo a plena luz del día.
La estrategia exigía dos pasos: deshabilitar la ventaja nocturna del alfa y reducir la masa del enjambre mediante tácticas de desgaste.
Durante los dos días siguientes, ejecuté una guerra de guerrillas alrededor del supermercado.
Merodeaba las avenidas, emboscando a pequeñas patrullas de tres lobos en callejones estrechos y retirándome a toda prisa a las alturas antes de que los aullidos de alerta convocaran a la colmena principal.
¡PLUSSSH! \[Has eliminado a un Lobo Degollador: +80 XP\]
¡PLUSSSH! \[Has eliminado a un Lobo Degollador: +80 XP\]
¡PLUSSSH! \[Has eliminado a un Lobo Degollador: +80 XP\]
Las notificaciones del Sistema brotaban sin pausa en mi campo de visión. En la tarde de la segunda jornada de desgaste, un timbre dorado sustituyó la alerta de experiencia:
\[¡NUEVO TÍTULO OBTENIDO: «Cazador de Lobos»!\]
* Rareza: Común | Rango: F
* Requisito: Aniquilar a 100 miembros de la especie Lobo Degollador sin morir en el intento.
* Efectos Permanentes:
* Incrementa un +5% el daño físico total infligido a criaturas de la especie cánida.
—Al fin hace su aparición... —sonreí, cerrando el panel.
Un logro estandarizado que se obtenía por erradicación masiva. El bono pasivo de daño extra contra la especie cánida inclinaba un grado más la balanza a mi favor para el duelo contra el alfa.
Había perdido la cuenta exacta de las bajas, pero no bajaban de setenta u ochenta especímenes abatidos desde que pisé la frontera de la ciudad.
Al llegar la tercera noche, me posicioné de nuevo en la azotea del edificio de oficinas. El Lobo Lunar volvió a salir al estacionamiento escoltado por sus seguidores. A pesar de la masacre continua que había ejecutado durante cuarenta y ocho horas, el flujo de lobos que emergía del centro comercial continuaba siendo denso.
—Deben haber toneladas de carne y suministros perecibles almacenados en las cámaras frigoríficas de ese supermercado... —deduje, observando la colmena.
Esa abundancia de alimento explicaba por qué la jauría no se había dispersado por el resto de la provincia. Mientras el supermercado ofreciera comida fácil, el Lobo Lunar mantendría a su manada atrincherada en el perímetro. Una vez que los almacenes se agotaran, la masa de cánidos infectaría las ciudades vecinas o traspasaría la frontera de la Zona de Integración.
Continué el trabajo de desgaste durante tres días más. Atraía a los lobos del interior mediante cebos de sangre, encajonándolos en pasajes sin salida donde la Espada Negra Sangrienta los cercenaba de a dos.
Poco a poco, la masa visible de la colmena cayó drásticamente: de los más de cien especímenes originales, apenas restaban unos cuarenta o cuarenta y cinco sabuesos custodiando al alfa.
Sin embargo, en la cuarta noche, la rutina del enemigo cambió de forma drástica.
El Lobo Lunar se puso en pie sobre el chasis del autobús quemado. Erguió el cuello y lanzó un aullido agudo y penetrante que hizo vibrar los cristales de toda la avenida.
Al instante, los cuarenta lobos restantes no salieron a cazar en formación dispersa; se dividieron en escuadras tácticas de cinco integrantes y comenzaron a peinar sistemáticamente cada edificio, callejón y azotea del perímetro, olfateando el rastro de sangre con un celo implacable.
Y en esa misma fracción de segundo, la silueta del Lobo Lunar desapareció de mi campo visual en un borrón de velocidad fantasmal.
—¡Maldición! —mascullé, pegándome de inmediato contra el suelo de ladrillos de la azotea.
El alfa no era una simple bestia instintiva. Había mantenido una calma calculada durante días mientras sus líneas eran diezmadas, aguardando a que el cazador se confiara y bajara la guardia para iniciar un despliegue de rastreo total y cercarme en mi propio escondite.
Apreté la empuñadura de la espada negra, sintiendo el aire volverse plomizo. Había subestimado por completo la inteligencia de una variante de mando de Elysium.

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Estás leyendo el capítulo 22 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 22 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.