Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 21 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
El contingente de evacuación emergió a las avenidas de la superficie bajo una formación de marcha estricta pero lenta.
Jhon asumió la vanguardia, avanzando en la delantera con el escudo de madera en alto y la espada larga desenvainada; Will y Elizabeth cubrían los flancos de la retaguardia con el arco tensado y el báculo listo; mientras que Keyla caminaba en el centro del grupo, custodiando el paso tembloroso del grupo de sobrevivientes.
El método de desplazamiento era metódico. Cada vez que la vanguardia divisaba el rastro de un Lobo Degollador rondando los chasis de los automóviles volcados, Jhon hacía una señal con el brazo. Inmediatamente, los civiles se refugiaban en el vestíbulo de alguna tienda o edificio destruido hasta que los Despertados neutralizaban la amenaza.
En los dos primeros días de marcha, el grupo solo se topó con escuadras aisladas de uno o dos lobos errantes. La coordinación del trío de ataque se notaba ostensiblemente afilada: Jhon hincaba la rodilla absorbiendo el impacto inicial con el escudo, Will soltaba una flecha de cobertura directamente a los ojos de la bestia y Elizabeth remataba a la criatura con un «Cometa Mágico» que le reventaba la caja torácica.
Avanzaban con extrema cautela. Will escalaba con frecuencia a las cornisas de las estructuras para inspeccionar el horizonte, mientras que Keyla usaba breves ráfagas de su milagro para adelantarse en sigilo y verificar las esquinas ciegas.
—Pasaremos la noche en las oficinas de este segundo piso —decretó Elizabeth al caer el crepúsculo de la segunda jornada.
El grupo se atrincheró en el edificio. En la penumbra, Jhon y Keyla distribuyeron las latas de conserva y las botellas de agua entre los civiles exhaustos.
—Will... a este ritmo de marcha, ¿cuánto tiempo calculas que tardaremos en alcanzar el perímetro del bosque? —preguntó Elizabeth en voz baja, saboreando su ración.
El avance con los treinta sobrevivientes era drásticamente más lento que cuando el escuadrón cazaba en solitario. Los civiles carecían de la estamina y la resistencia mejorada de los Despertados.
—En el escenario más optimista, una semana entera —respondió Will, ajustando la cuerda de su arco con expresión sobria—. Los ancianos y los niños del contingente necesitan pausas continuas para no colapsar por fatiga.
Una semana cruzando terreno hostil. La cifra cayó como una losa pesada sobre el grupo.
—Nuestras raciones secas solo durarán para dos días más de marcha —advirtió Will, siendo el más analítico del grupo—. Tendremos que desviarnos a buscar víveres en las ruinas a mitad de camino.
La noche transcurrió en un silencio tenso. Al despuntar el alba, el contingente reanudó la marcha a través de las avenidas fracturadas por raíces gigantescas.
Para los civiles comunes, contemplar el estado real de la ciudad era un horror difícil de procesar. Múltiples mujeres y jóvenes no pudieron contener el vómito al tropezarse con los cadáveres en descomposición de los lobos y los restos mutilados de las víctimas de las primeras semanas del desastre.
A mediodía, el grupo hizo una parada estratégica en un cruce de calles adyacente a un paso. Keyla, quien había sido enviada a explorar el túnel frontal, retornó al cabo de unos minutos corriendo con el rostro pálido y la respiración agitada.
—Chicos... hay un problema grave —anunció en un susurro entrecortado—. Una jauría de siete Lobos Degolladores se halla atrincherada justo en la vía principal que debemos cruzar.
—¿Siete? —Jhon frunció el ceño con preocupación—. Es la masa más grande que hemos visto desde que salimos del refugio... ¿No podríamos simplemente rodear la manzana por la avenida sur?
—Si rodeamos, nos desviaremos al menos dos días enteros del trayecto directo hacia el bosque, Jhon —lo cortó Will de inmediato—. No podemos permitirnos dar rodeos masivos cada vez que una jauría bloquee el paso; las raciones se agotarían antes de cubrir la mitad del mapa.
—Will tiene razón —asintió Elizabeth, apretando la empuñadura de su báculo de Mago—. Hay que despejar la vía a como dé lugar. Tenemos que entablar combate.
Will entornó los ojos, trazando un esquema táctico en su mente:
—Enfrentar a siete lobos a la vez en campo abierto, mientras custodiamos a treinta civíles, es un suicidio. La única vía viable es dividir la jauría. Alguien debe actuar como cebo, atraer a una parte de los lobos hacia otro lugar y permitir que la vanguardia elimine al resto.
—¿Quién asumiría el rol de cebo? —preguntó Jhon.
—Yo me ofrezco —dijo Will—. Poseo la Agilidad necesaria para ganarles el paso. Una vez que me persigan, me atrincheraré en el segundo piso de algún local y regresaré a apoyarlos cuando dispersen el frente.
—¡Imposible! —se opuso Jhon con vehemencia—. Si tú te alejas, Elizabeth quedará completamente desprotegida mientras canaliza sus hechizos. Hasta yo entiendo que un Mago sin cobertura en la retaguardia es carne de cañón.
Dejar a la artillería mágica sin protección era un error táctico catastrófico.
En ese instante, Keyla dio un paso al frente. A pesar de la timidez inherente a su carácter, sus ojos resplandecían con una determinación inédita:
—Yo seré el cebo —declaró con voz clara.
—¡Keyla, no! —se preocupó Elizabeth—. ¿Sabes lo peligroso que es? No tienes la velocidad de desplazamiento de Will ni la salud de Jhon...
—Lo sé —continuó Keyla, sosteniendo el canalizador sagrado colgado a su cuello—. Pero soy la única del grupo que posee el milagro de «Pasos Sigilosos». Aunque no sea tan rápida en carrera limpia, la amortiguación sónica del hechizo me permitirá romper la línea de rastreo sónico y ocultarme en las sombras en cuanto gane la esquina.
Los tres la miraron en silencio. Analizándolo con frialdad, la propuesta de Keyla era la alternativa con mayor probabilidad de éxito táctico.
Elizabeth dejó escapar un suspiro pesado y asintió con una mezcla de orgullo y aprensión:
—Entendido... Ten un cuidado extremo, Keyla. Tu prioridad es mantenerte con vida.
Afinaron el plan al milímetro. Los treinta sobrevivientes se dividieron en dos contingentes reducidos y se ocultaron en las ruinas de dos locales comerciales colindantes. En cuanto se iniciara la escaramuza, debían correr a máxima velocidad bordeando la pared opuesta de la avenida para sobrepasar la línea de peligro mientras la vanguardia retenía al frente.
Keyla avanzó a paso lento entre los vehículos abandonados hasta situarse a unos veinte metros de la jauría que descansaba sobre el asfalto.
Inspiró hondo y gritó a pleno pulmón:
—¡AQUÍ ESTOY, BESTIAS MALDITAS!
¡HUMMM!
Una formación rúnica de luz dorada resplandeció bajo sus pies al activar «Pasos Sigilosos».
Los siete Lobos Degolladores se erizaron en el acto, soltando gruñidos feroces. Tres de las bestias no dudaron: se abalanzaron a toda velocidad en persecución de la figura de Keyla, quien giró sobre sus talones y echó a correr hacia el callejón sur.
En cuanto la silueta de Keyla y las tres bestias desaparecieron tras la esquina del edificio, la artillería del grupo abrió fuego sobre los cuatro lobos restantes.
¡VOOOSH... BOOM!
Un «Cometa Mágico» enviado por Elizabeth impactó de lleno en el lomo del primer lobo antes de que terminara de ponerse en pie, destruyéndole las vértebras.
¡SWHISH! ¡SWHISH!
Will liberó dos flechas de caza en rápida sucesión. Una de ellas penetró en la garganta del segundo lobo, pero las otras dos bestias enfurecidas arremetieron en carrera ciega hacia la vanguardia.
—¡VENGAN A MI! —rugió Jhon, dando un paso al frente.
¡CLANG-CRUNCH!
Jhon hincó la rodilla tras su escudo de madera, absorbiendo la embestida combinada de los dos lobos. La madera de su defensa crujió peligrosamente. Sin embargo, la tercera y cuarta bestia —que se hallaban rezagadas— rebasaron el escudo por los flancos, lanzando dentelladas rabiosas hacia los hombros y el tórax de Jhon.
—¡AGH! —gruñó Jhon cuando las mandíbulas del primer animal se cerraron sobre su hombro izquierdo, atravesando la tela reforzada y rasgando la carne.
—¡AHORAMISMO! ¡CORRAN! —gritó Jhon con el rostro bañado en sudor y sangre, apretando los dientes para sostener la guardia.
Los dos grupos de sobrevivientes rompieron filas desde sus escondites y comenzaron a cruzar la avenida a toda prisa.
Lamentablemente, el movimiento masivo de treinta personas corriendo en pánico desvió la atención de uno de los lobos que presionaba a Jhon. La bestia rompió el cerco y se arrojó en un salto acrobático hacia la retaguardia de los civiles.
¡CRUNCH-SQUELCH!
—¡NOOOO! —resonó el alarido agónico de uno de los hombres del contingente.
El lobo lo derribó sobre el asfalto y le destrozó la traquea de una sola dentellada. La sangre salpicó el vestido de una de las mujeres que corría a su lado. El pavor se desató, pero la masa humana no se detuvo; continuaron corriendo con desesperación hacia la esquina segura.
—¡MALDITO SEAS! —rugió Jhon fuera de sí al presenciar la baja.
El lobo que permanecía sobre su escudo aprovechó la distracción de Jhon para asestarle un zarpazo rasante en el rostro, haciéndolo tambalear y perder la postura. La bestia abrió las fauces apuntando directamente a la cabeza.
¡SWISH-CHAK!
Una flecha disparada por Will cruzó el aire y se clavó limpiamente en la cuenca ocular del monstruo. La bestia se sacudió en convulsiones aturdidas. Jhon recuperó el equilibrio en una fracción de segundo, empuñó la espada larga y le atravesó el corazón con un tajo vertical ascendente.
A unos metros, Elizabeth terminaba de pulverizar al lobo que la había flanqueado con un segundo «Cometa Mágico» a quemarropa.
Solo restaba la bestia que devoraba al civil sobre el asfalto.
—¡A POR ÉL! —gritó Jhon, arremetiendo en carrera ciega.
Apoyado por las flechas de cobertura de Will y una descarga mágica de Elizabeth, Jhon descargó un golpe de gracia con su espada sobre la nuca del lobo, decapitando a la bestia de un tajo despiadado.
Hah... hah... hah...
Jhon se apoyó sobre las rodillas, manando sangre del hombro y del pómulo derecho.
—Jhon... cálmate. El combate aún no termina —le recordó Will con frialdad, extrayendo las últimas flechas de su carcaj.
Los civíles sobrevivientes habían logrado ponerse a salvo al final de la arteria. Ahora el peligro era Keyla.
Pocos segundos después, el eco de pasos apresurados resonó en la esquina del callejón sur. Keyla apareció corriendo a máxima velocidad, con la frente empapada de sudor, el rostro desencajado y las piernas temblando por el consumo de maná. A solo diez metros de sus talones, los tres Lobos Degolladores restantes la perseguían con las fauces abiertas.
—¡CUBRAN A KEYLA! —ordenó Elizabeth, alzando su báculo con la reserva de maná bajo mínimos.
Jhon sacó fuerzas de la nada, rugió e interceptó de frente la embestida de los tres lobos con su escudo de madera.
¡CLANG-CRUNCH-BAM!
La conmoción física fue brutal. La estamina de Jhon estaba agotada; los tres monstruos comenzaron a rasgar la madera de su escudo y a clavarle las garras en los antebrazos. Will disparó sus últimas tres flechas a quemarropa sobre las cavidades de las bestias, mientras Elizabeth canalizó un último «Cometa Mágico» que detonó en el centro de la formación enemiga.
Tras tres minutos de un intercambio agónico y sangriento, el último lobo cayó inerte sobre el pavimento mientras las notificaciones del sistema sonaban simultáneamente.
...
El silencio volvió a adueñarse de la avenida.
El escenario era desolador: Jhon yacía hincado sobre el asfalto, gravemente herido y manando sangre de múltiples laceraciones; Keyla cayó de rodillas, con el maná casi completamente agotado tras sostener el milagro durante minutos de carrera; Elizabeth se apoyaba contra su báculo, mareada por la migraña del desgaste mágico; y Will contemplaba su carcaj prácticamente vacío con una mueca de pesar.
Tres civiles yacían muertos en el asfalto, devorados durante la carrera.
—Debemos... debemos reunirnos con el contingente de inmediato... antes de que el olor a sangre atraiga a más patrullas —ordenó Elizabeth con la voz débil pero firme.
Se pusieron en pie con enorme dificultad. La marcha por la superficie continuaba, pero la realidad acababa de cobrar sus primeras víctimas.

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Estás leyendo el capítulo 21 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 20 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.