Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 19 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Habían transcurrido varios días desde la sangrienta erradicación del Nido Goblin y la caída del Progenitor.
A falta de pociones de restauración instantánea o la asistencia milagrosa de un Clérigo de alto rango, mi cuerpo requirió un proceso de recuperación normal. Las laceraciones de mi tórax y muslos tardaron en cerrar, pero era un tiempo necesario que aproveché para reajustar mi tono muscular y acondicionar mi estructura a la nueva arma.
Durante las tardes en el patio abierto de la finca, me dedicaba a blandir la Espada Negra Sangrienta contra postes de madera reforzada.
¡SWHISH! ¡SWHISH!
Ejecutaba dos cortes rítmicos y marcaba una pausa obligatoria de un segundo exacto antes de reiniciar el arco. La penalización por falta de Destreza me limitaba a una cadencia estricta de dos impactos en ráfaga. Si en algún momento la memoria muscular intentaba forzar una tercera estocada fluida, el Sistema reaccionaba en el acto: aplicando el estado de Parálisis de contramedida por dos segundos. El Sistema era implacable castigando la soberbia de quienes intentaban ignorar los requisitos de atributo.
Eran días pacíficos en mi perímetro cerrado. Los contenedores industriales acumulaban raciones secas, latas de conserva y agua purificada suficientes para comer hasta saciarme. Una realidad utópica en comparación con el resto del planeta. En otras latitudes, las metrópolis se desmoronaban bajo la sobreposición geográfica de las Zonas de Integración; las hordas avanzaban sin control y los civiles morían a miles mientras los primeros Despertados comenzaban a asimilar a golpes la escala de sus habilidades.
—Aunque me pregunto qué estarán haciendo a estas alturas... —musité, dejando que el chorro helado de la ducha lavara la mugre de mi piel.
Pensé en los nombres que dominarían las décadas venideras. Además de Lacrox "Corazón de Dragón" y la Santa Vicky "La Inmortal", existieron vanguardias temibles que moldearon el final de la humanidad: Kaelen "El Cazador de las Sombras" y Valeria "La Emperatriz de Hierro" y varios despertados destacados. Seres que en los primeros meses de la Fusión comprendieron el funcionamiento del mapa, fundaron los primeros gremios continentales y sobrevivieron hasta las cotas más oscuras de Elysium. Una élite que podía contarse con los dedos de las manos.
—Olvidemos las fantasías del futuro... —dije sacudiendo la cabeza bajo el agua.
Adelantarme a eventos que no han ocurrido en esta línea temporal era un desperdicio de enfoque. Además, identificar las ubicaciones exactas de esos líderes en este primer mes era imposible; en la primera era, la mayoría vagaba en anonimato buscando refugio en zonas asimiladas para no morir aplastados por el colapso de las ciudades.
Salí del baño, me sequé el cabello con una toalla limpia y me encajé el atuendo táctico negro en la habitación principal. Giré la perilla del radiorreceptor militar buscando señales de baja frecuencia.
La estática del dial crujió antes de emitir una voz masculina distorsionada:
«...unidades de la 3.ª División Blindada intentaron penetrar el perímetro urbano de la Zona de Integración Alfa... Las armas de fuego convencionales sufren rebotamiento plano contra la piel acorazada de las bestias... Confirmamos bajas masivas en el contingente... Se exige a la población permanecer en los refugios subterráneos...»
Cambié de emisora con un chasquido.
«...¡Atención a la ciudadanía! Se reportan incidentes violentos provocados por civiles que han desarrollado "interfaces de datos"... Despertados embriagados de poder están tomando el control de suministros en sectores colindantes... Eviten el contacto y reporten a las patrullas...»
Giré nuevamente la perilla.
«...las barreras biogeográficas se están disolviendo... Especies de la primera asimilación como Slimes corrosivos, Goblins y Lobos Degolladores abandonan los epicentros y avanzan hacia las metrópolis vecinas...»
Y en una cuarta frecuencia, una mujer transmitía entre sollozos:
«...grupos de Despertados civiles han logrado abrir un corredor sanitario en la autopista sur... Necesitamos apoyo médico y agua para los sobrevivientes... Por favor...»
Apagué el aparato. Un chillido agudo de estática cerró la emisión.
La fase inicial del caos marchaba según el patrón histórico. La anarquía provocada por Despertados sociópatas que descubrieron su fuerza sobrehumana obligaría a los gobiernos a implementar métodos inhumanos para crear sus propios "combatientes estandarizados".
En la Zona de Integración donde me hallaba, las bestias se habían limitado a Goblins (40 XP) y Lobos Degolladores (80 XP). Sin embargo, en otras latitudes del planeta emergieron especies como los Escarabajos Excavadores Gigantes, presas de caparazón quitinoso que otorgaban 190 XP por baja. Un objetivo codiciado para escalar niveles en masa.
Además, para acceder a las funciones bloqueadas del Sistema, se necesitaba su siguiente paso: el desbloqueo del Inventario y la Tienda del Sistema. Ambas funciones vitales permanecían bloqueadas, a la espera de que algún jugador en el planeta abatiera al primer Jefe Mundial de Rango F.
—Lo molesto será el costo de expansión... —murmuré mientras recordaba.
Una vez liberado el Inventario, el Sistema otorgaría únicamente 3 Slots Gratuitos de almacenamiento. Para expandir espacios adicionales, exigía el pago en moneda corriente de Elysium: 1 Moneda de Oro por Slot extra.
En la escala monetaria del juego, 1 Moneda de Oro equivalía a 100 Monedas de Plata, y esta a su vez a 10,000 Monedas de Bronce. Una fortuna colosal en las primeras semanas. Por ello, las cámaras del tesoro en las guaridas de los goblins eran mi objetivo prioritario para financiarme antes del desbloqueo global.
—Lástima que no tuve tiempo de vaciar la tesorería de la cueva... —suspiré, mirando al techo.
Sin embargo, el Fragmento de Autoridad Divina y la Espada Negra Sangrienta compensaban con creces cualquier saco de monedas de bronce dejado atrás.
...
Mientras tanto, en el Refugio Subterráneo del Metro...
Estaba a punto de cumplirse el primer mes desde que La Gran Fusión reescribió la faz de la Tierra.
Elizabeth permanecía sentada frente a la consola de la radio, con los audífonos puestos y la mirada perdida en las ondas de frecuencia. Las lágrimas amargas de las primeras semanas habían sido reemplazadas por una frialdad exhausta. En esa primera noche de la catástrofe, tras despertar entre escombros y carne humana molida, perdió a su familia y su antigua vida en cuestión de minutos. Recordaba la luz dorada, la voz impersonal imponiéndole la clase Mago y la masacre de sus compañeras de facultad.
Ajustó el dial de la emisora. La voz de un locutor estatal resonó en el habitáculo:
«...se confirma que las patrullas blindadas enviadas a la Zona de Integración Urbana han sido repelidas por las entidades... Las pérdidas operativas superan el noventa por ciento...»
«...paralelamente, alianzas de Despertados civiles han logrado asegurar pequeños perímetros en las periferias... Se solicita a toda persona con interfaz que colabore con la evacuación de no-combatientes...»
Las mismas malas noticias de todos los días. La salvación militar era una ilusión; la única fuerza real eran los Despertados.
La lona de la carpa de comunicaciones se abrió y tres figuras ingresaron al recinto. Eran Will, Jhon y Keyla.
Will, con el arco corto colgado al hombro y el rostro marcado por la suciedad del exterior, habló con voz grave:
—Elizabeth... las raciones del refugio rozan el límite absoluto. El pánico estalló en los andenes inferiores cuando el encargado confirmó que el ejército no logrará romper el cerco este mes.
Se habían constituido pequeñas facciones armadas entre los sobrevivientes. Civiles que exigían prioridad en la entrega de latas y amenazaban con tomar el control del puesto médico a la fuerza.
—¡Maldita sea! —protestó Jhon, golpeando la mesa de madera con su puño cerrado—. ¡Hemos salido a la superficie todos los días a arriesgar el pellejo contra los Lobos Degolladores para saquear tiendas y aun así la gente se muere de hambre!
—Las tiendas y supermercados de las calles adyacentes están completamente desvalijados, Jhon —suspiró Will, dejándose caer sobre una caja de madera—. Ya no queda nada que saquear en un radio de dos kilómetros. Y los grandes centros comerciales están infestados por jaurías masivas de lobos que no podemos enfrentar solos sin terminar masacrados.
Keyla, apretando el canalizador sagrado contra su pecho, intervino en un susurro tembloroso:
—Tal vez... tal vez deberíamos considerar salir de la Zona de Integración...
Un silencio pesado cayó sobre el grupo. Era la misma propuesta que Alwyn había dejado sobre la mesa semanas atrás antes de marcharse solo hacia la superficie.
—No sabemos qué tan extenso es el perímetro de asimilación, Keyla —respondió Elizabeth mirándola fijamente—. Si caminamos a ciegas por las avenidas destruidas, corremos el riesgo de adentrarnos en territorios de mayor nivel.
Will se acercó al mapa de la ciudad extendido sobre la consola:
—En las exploraciones que hice desde los tejados para cubrir a Jhon, estuve observando la topografía. Toda la zona urbana central está devastada y dominada por las bestias. Sin embargo, la franja del bosque ancestral que emergió al norte parece extenderse hacia las afueras... Si logramos cruzar ese cinturón verde, es muy probable que alcancemos una región que no haya sufrido la Fusión.
—¡Pero no podemos simplemente darles la espalda a doscientas personas! —objetó Jhon, apretando los dientes—. ¡Sería inhumano abandonar a todos estos sobrevivientes a su suerte!
—Jhon... en este refugio ya no hay comida para un mes —dijo Will con dureza analítica—. Si nos quedamos, moriremos de hambre junto a ellos o los motines nos matarán mientras dormimos.
Will miró a Elizabeth directamente a los ojos:
—¿Qué decisión tomaremos, Elizabeth? Tú lideras la formación.
Elizabeth observó a sus tres compañeros: el arco de Will, la espada de Jhon y la mirada asustada pero resuelta de Keyla. Recordó la fría lección que Alwyn le dejó en la escotilla antes de despedirse: «En este nuevo mundo, las emociones ciegas te matan; la única prioridad es sobrevivir».
Elizabeth empuñó su báculo de Mago y se puso en pie con la mirada resuelta:
—Nos iremos —decretó con voz firme—. Pero no nos iremos solos. Organizaremos un contingente con los sobrevivientes que estén en condiciones de marchar y nos abriremos paso a través del bosque. Es hora de abandonar la Zona de Integración.

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Estás leyendo el capítulo 19 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 15 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.