Leer El último jugador veterano del apocalipsis (Novela) Capítulo 29 online gratis en español
🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
‘..Todavía no, eh’
Tal como lo habían planeado, Platon permanecía oculto detrás de unas estructuras del terreno, cerca de la bandera, esperando a que Heidam apareciera.
A juzgar por el alboroto que llegaba desde la distancia, sus compañeros estaban cumpliendo bien su papel. Heidam debía de aparecer en cualquier momento.
‘Mi padre tenía razón. El joven amo Heidam no es un niño cualquiera.’
El padre de Platon, Anton, líder de la facción de Daphne, le había advertido antes de la simulación de entrenamiento de ese día.
Le dijo que jamás subestimara a Heidam solo por ser un niño.
Que, si bajaba la guardia aunque fuera por un instante, terminaría sufriendo la humillación de perder contra un chico de diez años.
La verdad era que, al principio, Platon había reaccionado igual que los demás cadetes.
Se había dejado llevar por las provocaciones de Heidam y solo pensaba en darle una lección a un niño de diez años.
Pero, después de escuchar la advertencia de Anton, consiguió serenarse. Y cuando observó con atención a Heidam en el campo de entrenamiento… se dio cuenta de que Heidam también los estaba observando a ellos.
En el momento en que comprendió eso, un escalofrío le recorrió la espalda sin poder evitarlo.
‘De verdad... estaba disfrutando de nuestras reacciones.’
Los demás cadetes parecían creer que aquella mirada simplemente los menospreciaba.
Pero lo que Platon sintió...no era la mirada de alguien observando a otros seres humanos.
Eran los ojos de algo que contemplaba a su presa.
Y ni siquiera la mirada de un depredador a punto de lanzarse al ataque.
Eran los ojos de una criatura que observaba una mesa donde el banquete ya estaba servido.
Los ojos de un depredador contemplando su comida.
‘Se supone que Su Excelencia lo eligió como su heredero, pero escuché que el joven amo Heidam apenas hace poco regresó de vivir en los barrios bajos... Supongo que un cachorro tigre sigue siendo un tigre.’
Aun con esos pensamientos rondándole la cabeza, Platon no dejó de prestar atención a cualquier movimiento a su alrededor.
Entonces se dio cuenta.
‘Está muy silencioso.’
Al principio apenas le dio importancia, pero de pronto levantó la cabeza y fijó la vista en la posición donde debía encontrarse Heidam.
‘¿Qué...? ¿Por qué dejó de oírse todo?’
¿Acaso simplemente se habían cansado de hacer ruido?
No.
El silencio estaba durando demasiado.
O...
‘¿No será que encontraron a Heidam por el camino y él acabó con todos?’
En medio de aquel inquietante silencio, una posibilidad tras otra cruzó la mente de Platon.
Era normal que dejaran de hablar mientras avanzaban, pero...
¿Había alguna razón para que el silencio se prolongara tanto?
¿O tal vez Heidam había cometido un descuido mientras se desplazaba y el equipo lo había descubierto?
Pero, si Heidam hubiera sido eliminado, el zumbador que marcaba el final del entrenamiento ya habría sonado...
En ese instante, un escalofrío inexplicable recorrió el cuerpo de Platon.
Antes siquiera de comprender por qué, se lanzó hacia un lado.
¡Tac! ¡Tac!
En el mismo instante en que rodó por el suelo, dos proyectiles de pintura impactaron, uno tras otro, exactamente en el lugar donde había estado oculto.
"Te encontré."
A Platon, aquel murmullo infantil ya no le sonaba como la voz de un niño.
Heidam Goodman, vestido con un uniforme completamente blanco para camuflarse con el paisaje nevado, no tenía ni una sola mancha de pintura sobre el cuerpo.
Las gafas protectoras ocultaban sus ojos y la máscara cubría casi todo su rostro, haciendo imposible distinguir su expresión. Aun así, Platon estaba seguro de una cosa.
Detrás de esas gafas, aquellos ojos negros estaban sonriendo.
‘¿Cómo demonios descubrió exactamente dónde estaba escondido... y encima logró acercarse por detrás?’
Heidam había entrado en el alcance efectivo de su arma sin que Platon detectara el más mínimo indicio de su presencia.
Y eso que Platon llevaba seis años entrenando hasta el agotamiento en ese mismo campo de entrenamiento.
‘Tengo que moverme.’
Se había lanzado a un lado por puro instinto al sentir el peligro… y luego simplemente se había quedado allí sentado, mirando a Heidam como un completo idiota.
Lo peor era que Heidam solo lo observaba desde arriba, sin hacer absolutamente nada.
Como si pudiera dispararle en cualquier momento.
Y, de hecho, el cañón de su arma seguía apuntándole.
La distancia era considerable, pero Platon estaba convencido de que ese disparo no fallaría.
Tras una fracción de segundo de reflexión, dejó su arma en el suelo y levantó lentamente ambas manos por encima de la cabeza.
‘Dispararía en el mismo instante en que intentara levantar mi arma.’
A esa distancia y en esa situación, recibiría el impacto con total seguridad.
Por eso, Platon decidió obligarlo a pasar a un combate cuerpo a cuerpo en lugar de arriesgarse a un intercambio de disparos.
Quizá no fuera muy honorable enfrentarse de esa manera a un niño que apenas le llegaba a la cintura.
Pero había jurado ganar, costara lo que costara.
"...¿Cómo lo supo? ¿Cómo supo que estaba esperándole aquí en una emboscada?"
"De todos los que entraron en mi zona, el único que faltaba eras tú, Platon. Además, eres un cadete especializado en tiro de larga distancia, así que supuse que estarías escondido detrás de la cobertura más alejada de la bandera."
"......"
Platon se quedó sin palabras por un momento antes de responder.
Averiguar que su especialidad era el tiro de precisión a larga distancia no debía de haber sido difícil.
Podía preguntárselo a cualquier persona y se lo dirían.
Pero...
"¿Cómo supo que yo no estaba con el grupo de asalto? Todos llevábamos gafas y máscaras."
"No puedes ocultar tu complexión... ni tu forma de caminar."
"No..."
Aquello era absurdo.
Era cierto que los cadetes no tenían exactamente la misma complexión.
Pero las diferencias tampoco eran tan grandes.
Incluso había un cadete que medía exactamente lo mismo que Platon.
‘¿Y qué era eso de reconocerlo... por la forma de caminar?’
Heidam habría tenido, como mucho, unos pocos segundos para fijarse en la forma de caminar de Platon.
Y, aun así, afirmaba que había identificado visualmente su ausencia del grupo.
"Ah, aunque cuando me acerqué fue un poco confuso, así que les fui quitando la máscara uno por uno para comprobarlo."
"...¿Perdón?"
"Por eso tardé un poco en llegar hasta aquí."
"¿Qué...?"
Eso sonaba como si...hubiera eliminado a todos y cada uno de los compañeros de Platon antes de llegar hasta él.
Sin embargo, Heidam no mostró el menor interés en explicarlo. Negó ligeramente con la cabeza y continuó.
"En fin. Yo también estoy intentando conseguir el mejor tiempo posible, así que no puedo entretenerme mucho contigo. Entonces... ¿prefieres que resolvamos esto en combate cuerpo a cuerpo?"
"...¿Qué?"
"Podrías simplemente recibir un disparo de pintura y dar el combate por terminado, pero como sigues ahí sentado ganando tiempo, supongo que no aceptarías el resultado si perdieras de esta forma."
"......"
‘No caigas en la provocación.’
Por lo poco que Platon había podido deducir en ese breve intercambio, el monstruo llamado Heidam cazaba exactamente igual que un gran felino.
Uno de esos depredadores que disfrutaban jugando con su presa antes de rematarla.
Estaba convencido de que, en el instante en que reaccionara a la provocación, Heidam apretaría el gatillo.
Porque esa sería la forma más humillante posible de acabar con él.
‘De todas formas... si no está jugando conmigo y realmente piensa resolver esto cuerpo a cuerpo, no tengo ningún motivo para rechazarlo.’
Platon era un soldado.
No un espadachín ni un artista marcial.
No iba a dejar que algo tan inútil como el honor le impidiera aprovechar una oportunidad.
"¿Combate cuerpo a cuerpo...? ¿Está seguro de que eso le parece bien?"
"Claro. Pero con una condición."
"Es de esperarse. Dígala."
Platon dio por hecho que, debido a la desventaja física de Heidam, la condición sería algo como que él solo pudiera usar una mano.
Pero lo que salió de la boca de Heidam fue algo completamente distinto.
"Prométeme que, cuando te gradúes, te convertirás en mi ayudante militar."
"...¿Disculpe?"
"La verdad, esta operación me había decepcionado un poco... pero después de verte esquivar esos disparos hace un momento, cambié de opinión. No había forma de que detectaras mi presencia, así que fue puro instinto, ¿verdad?"
"...Sí, eso es cierto, pero..."
Platon observó a Heidam con la mirada vacilante.
"Es una oferta increíblemente beneficiosa... para mí, ¿no es así? Convertirme en su ayudante militar significaría..."
Convertirse en el ayudante militar del próximo comandante.
En otras palabras, ocupar en el futuro el mismo puesto que ahora tenía el mayor general Meursault Pendleton.
"¿Sabes que mi padre es el capitán Anton?"
"¿Acaso tu padre no te lo contó? Les dije a los oficiales que lo sé absolutamente todo... hasta el nombre del perro del vecino de al lado."
¿Así que aquello no había sido solo una fanfarronada?
Platon guardó silencio un instante y, tragándose la vergüenza, preguntó: "...Entonces, ¿podría decirme cómo se llama el perro de nuestro vecino?"
"¡Pff...! ¡JAJAJA!"
Heidam soltó una carcajada tan larga que el rostro de Platon se tiñó de rojo por completo.
Una profunda vergüenza le oprimió el pecho.
"Perdón. Eres el primero que de verdad me hace esa pregunta."
"Entonces solo era una forma de hablar..."
"Winter. Seguramente le pusieron así porque nació en invierno."
"......"
‘Ni yo mismo sabía cómo se llamaba el perro del vecino…’
Que Heidam conociera de verdad el nombre del perro del vecino ya era bastante inquietante.
Pero lo que realmente aterrorizó a Platon fue otra cosa.
Durante todo el tiempo que estuvo riéndose y conversando con él...
El cañón del arma que lo apuntaba no se desvió ni un solo milímetro.
Ni siquiera un cadete veterano era capaz de hacer algo así.
‘Casi me resulta más fácil creer que el ejército lo creó como una especie de arma biológica.’
"En fin. Decide rápido. Solo quedan unos minutos para romper el récord del mejor tiempo."
La tranquilidad con la que afirmaba que podía derrotar a Platon en cuestión de minutos le revolvió algo en lo más profundo del pecho.
Pero, si rechazaba el combate cuerpo a cuerpo, acabaría recibiendo un disparo de pintura de todas formas.
No tenía otra opción que aceptar.
Lo irónico era que había sido Platon quien pensaba proponer un combate cuerpo a cuerpo.
Y, sin darse cuenta, la situación había terminado completamente al revés.
"Acepto resolverlo en combate cuerpo a cuerpo."
"Bien. Entonces levántate despacio. Y patea el arma que dejaste en el suelo hacia aquel lado."
Meticuloso hasta el último detalle.
Platon se puso de pie, lanzó una fuerte patada al arma para alejarla y se giró para enfrentar a Heidam.
En cuanto el arma desapareció de la vista, Heidam arrojó la suya a un lado sin la menor vacilación.
‘De verdad tiró el arma.’
Platon había supuesto que la conservaría por si las cosas se torcían y necesitaba disparar.
A menos que Heidam fuera realmente una especie de arma biológica creada por el ejército, vencer a Platon en un combate cuerpo a cuerpo era prácticamente imposible.
‘¿Y si ganar esta simulación nunca fue su verdadero objetivo?’
La posibilidad de que todo aquello fuera un elaborado intento de reclutarlo como ayudante militar tomó forma en su mente.
Al comprenderlo, Platon asintió como si acabara de recibir una revelación.
Después de ver de lo que era capaz, Platon ya no tenía ninguna objeción a servir al joven amo Heidam... En efecto, su padre tenía razón. Heidam no era una persona común.
"...Deja de pensar tanto y ven."
A oídos de Platon, hasta el tono frío y desinteresado de Heidam parecía el de alguien que intentaba disimular la vergüenza.
"Entonces... allá voy."
Platon desenvainó la daga de entrenamiento que llevaba en el cinturón y se lanzó contra Heidam.
La daga de entrenamiento estaba diseñada para que, al tocar el cuerpo del oponente, la hoja de goma se retrajera dentro de la empuñadura y dejara una marca de pintura.
No tenía intención de llenar de manchas de pintura a un niño.
Bastaría con una sola estocada limpia al cuello para dar el combate por terminado.
Pero entonces...
"Qué predecible."
Beeeep—
La señal de impacto letal resonó estridentemente en los oídos de Platon.
Heidam esquivó el ataque como si hubiera sabido exactamente hacia dónde iba a ir el golpe y hundió su daga en el abdomen de Platon.
Platon bajó la vista por reflejo. La marca de pintura era inconfundible.
Y no era solo una.
En aquel brevísimo instante, Heidam lo había apuñalado varias veces, dejando múltiples marcas superpuestas.
Entonces, una pequeña mano, dura como el hierro, sujetó con fuerza la muñeca con la que Platon empuñaba la daga.
"¿Qué...?"
Su equilibrio se quebró y, al instante siguiente, terminó de bruces contra el suelo.
Heidam había aprovechado el propio peso de Platon para derribarlo con violencia.
Aún conservaba su daga, pero sintió la rodilla de Heidam apoyarse sobre su muñeca derecha, presionándola con todo su peso.
"¡¿Qué...?! ¡Pesa demasiado!"
Llevara pesas en las muñecas o cualquier otra cosa, la presión que recaía sobre su brazo era, sin duda, demasiado grande para provenir del cuerpo de un niño.
‘¿Así que por eso me provocó para que atacara primero?’
Antes de que Platon pudiera terminar de pensar, una daga volvió a lanzarse hacia él.
Sujetó la muñeca de Heidam con la mano izquierda y la retorció con fuerza... solo para ver cómo la daga que estaba en la mano derecha de Heidam describía un arco en el aire y caía limpiamente en su mano izquierda.
"¡¿Qué...?!"
¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!
Era la sensación de una hoja perforando una y otra vez sus puntos vitales.
La alarma de impacto letal chillaba sin cesar en sus oídos, hasta el punto de parecer un zumbido permanente.
Platon comprendió que seguir resistiéndose ya no tenía ningún sentido.
‘...Perdí.’
En ese instante, los ojos de Heidam eran perfectamente visibles tras las gafas protectoras mientras volvía a hundir la daga.
Fríos.
Completamente desprovistos de emoción.
¿Debía sentirse aliviado de que Heidam no disfrutara haciendo aquello?
¿O aterrorizado de que un ser humano pudiera apuñalar a otro con una expresión tan impasible?
Aunque solo transcurrieron unos segundos, Heidam continuó moviendo la daga de forma mecánica hasta que el sistema confirmó la eliminación.
La señal de muerte sonó y, unos instantes después, el timbre que anunciaba el final del entrenamiento resonó por todo el campo.
Entonces llegó el anuncio que hizo que Platon dudara de sus propios oídos.
\[Equipo A: todos los integrantes eliminados. Victoria del Equipo B.\]
‘¿De verdad acabó con todos los demás antes de venir hasta aquí...?’
Cubierto de manchas de pintura, Platon permaneció sentado, completamente aturdido, observando cómo Heidam caminaba con paso firme hasta la bandera del Equipo A, sacaba la suya del interior del uniforme y la intercambiaba.
Seguía impecable.
No tenía ni una sola mancha de pintura.
Era un blanco puro e inmaculado.

Continúa leyendo
El último jugador veterano del apocalipsis (Novela)
Capítulo 30
El último jugador veterano del apocalipsis (Novela) Capítulo 29
Estás leyendo el capítulo 29 de El último jugador veterano del apocalipsis (Novela), un novela. Todos fueron transportados al mundo de un juego. Y yo soy el único jugador veterano que ha visto todos los finales de ese juego. En un mundo donde cada decisión puede cambiar el destino de la humanidad, mi experiencia… Este capítulo tiene publicado el 3 de julio de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. El último jugador veterano del apocalipsis (Novela) tiene 41 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.