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Leer El último jugador veterano del apocalipsis (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
Puede que conmigo fuera un padre cariñoso, pero el comandante Hayden era, sin lugar a dudas, un dictador que gobernaba esta zona mediante la fuerza. Bueno, había elegido la estrategia del Hijo Bastardo precisamente para aprovecharme de su poder, así que tampoco tenía derecho a quejarme. Pero si el comandante seguía matando a mis esclavos... no, a mi reserva de talento... íbamos a tener un problema. Él no sabe que se acerca el Segundo Apocalipsis, así que no tiene idea de lo valiosa que será cada persona capaz de luchar. Necesitaba encontrar una solución antes de que el comandante acabara con todos mis valiosos recursos. En cualquier caso, la razón por la que había venido al instituto de investigación era para revisar las raciones de combate. Lo primero era lo primero, hora de reunirme con el director. \*\*\* “¿Mandaron a llamarme?” Un anciano de cabello completamente blanco, peinado cuidadosamente hacia atrás, apareció ante nosotros avanzando con largas zancadas tranquilas. Tenía el rostro demacrado; el estrés había hecho estragos en él. Aun así, su complexión era lo bastante robusta como para no dar la impresión de ser un hombre frágil. Era la primera vez que veía a este NPC de cerca. Sin un trasfondo importante ni grandes aspiraciones. El típico NPC de relleno del que no había que preocuparse. Había tratado con Meursault, que estaba a cargo de los suministros, pero nunca había puesto un pie en el instituto de investigación. Mientras jugaba, jamás se me pasó por la cabeza pensar: Debería desarrollar píldoras bigu. “Vaya, esto sí que es inusual. El mayor general Meursault viene hasta aquí en persona.” Tal como cabía esperar de un NPC sin ningún papel importante, recibió nuestra inesperada visita con una simple muestra de curiosidad. “No es nada importante. ¿Podría mostrarle al joven amo nuestras raciones de combate?” “¿Al joven amo?” El director me miró, y de pronto pareció comprender algo. “Así que este es el joven amo del que todos hablan.” “Así es. Al joven amo le despertó curiosidad conocer nuestras raciones de combate.” “¿Curiosidad por... las raciones de combate? ¿El joven amo?” En ese instante, el director perdió por completo la compostura y comenzó a hablar con apasionamiento sobre la importancia de las raciones de combate. “¡¿De verdad por fin tenemos un comandante que entiende la importancia del suministro de alimentos?! Nuestro instituto cuenta con tecnología de conservación de alimentos de primer nivel, pero el desarrollo de las raciones de combate siempre quedó relegado. Según los altos mandos, solo se utilizan durante las campañas de subyugación, así que nunca les dieron prioridad.” ‘Oh.’ Así que Hayden, el comandante anterior y el anterior a ese... todos habían centrado su atención en las armas y los uniformes militares, ignorando por completo las raciones de combate. En realidad, esto era perfecto. Si las raciones de combate de la zona estaban tan poco desarrolladas no por falta de tecnología, sino simplemente por falta de interés... Entonces bastaría con que yo les prestara un poco de atención para acelerar enormemente su desarrollo. Y el director todavía no había terminado. Lo que dijo a continuación despertó de verdad mi interés. “Aún no han pasado ni cien años desde la hambruna que sufrimos tras el apocalipsis... Nunca sabemos cuándo podría volver a ocurrir una catástrofe de esa magnitud. ¡Debemos estar preparados!” “¿Preparados para el apocalipsis?” Al reaccionar a sus palabras, Meursault se inclinó hacia mí y me susurró al oído. “A veces, los ancianos que vivieron las secuelas del apocalipsis se vuelven así. Insisten en que volverá a suceder... Son los últimos profetas del fin del mundo de esta era. Aunque, gracias a esa obsesión por prepararse para cualquier eventualidad, terminó siendo nombrado director del Instituto de Investigación para la Seguridad de la Zona.” Ah, así que el trauma del apocalipsis lo había convencido de que volvería a repetirse. El Segundo Apocalipsis realmente iba a llegar, pero... nadie quería escuchar malas noticias. Si fuera yo quien afirmara que se acercaba otro apocalipsis, sin duda me tomarían por un loco delirante, igual que a este director. Entonces solo había una cosa que podía hacer. Fingir empatizar con el anciano traumatizado, avivar aún más su determinación y conseguir que desarrollara las raciones de combate definitivas... no, las píldoras bigu definitivas. “No creo que esté equivocado, director.” “¿Joven amo?” Meursault me miró con una desconfianza imposible de ocultar. Probablemente porque sabía perfectamente que yo no era un dulce niñito que respetaba a sus mayores por pura bondad. Pero no lo había dicho por Meursault, así que no importaba. El director, al parecer, jamás había escuchado que alguien le dijera algo así, y tartamudeó, desconcertado. “¿D-de verdad cree que no estoy equivocado?” “Hasta hace poco vivía en los barrios bajos.” Ya empezaba a sentir que abusaba demasiado de la carta de "vengo de los barrios bajos", pero, maldita sea, funcionaba todas las veces. Y estando en el cuerpo de un niño de diez años, el efecto era el doble. “El hambre... nunca fue un concepto lejano para mí. Así que, si prepararnos con anticipación, como usted dice, significa que nadie volverá a pasar hambre en el futuro... entonces lo apoyaré con todo, director.” “Joven amo…” El director me miró con los ojos rebosantes de compasión y admiración. “¡Ah! En lugar de quedarnos aquí hablando... dijo que había venido a ver las raciones de combate, ¿verdad? ¡Se las traeré de inmediato!” Gracias a que el director ahora colaboraba de buena gana, no pasó mucho tiempo antes de que colocaran frente a nosotros, sobre una bandeja metálica, algo parecido a unas tiras de carne seca extremadamente duras. Las raciones de combate de este mundo tenían el tamaño de la palma de una mano y recordaban a unas galletas militares, pero, al estar hechas con carne de monstruo en lugar de harina, eran muchísimo más duras. “Estas son nuestras raciones de combate, carne seca. ¿Le gustaría probarla?” Quería cortarme para comprobar el efecto, pero el director estaba presente. Si solo hubiera estado Meursault, habría sido distinto, pero no podía ponerme a hacerme heridas delante de él. Obedientemente, acerqué la carne seca a mi boca. En cuanto tocó mis labios, se desintegró en partículas azules que se dispersaron y fueron absorbidas por mi cuerpo antes de que pudiera percibir siquiera su sabor. Pero cualquier jugador de Safe Zone conocía mejor que nadie las palabras con las que siempre se describía esa carne seca. Recité, palabra por palabra, el mismo texto que aparecía en el juego cada vez que la comías. “Sabe a pura mierda. Como una bota militar que lleva años sin lavarse.” Tanto Meursault como el director se quedaron atónitos. “¿Por qué ponen esas caras?” Cuando lo pregunté, ambos intercambiaron una mirada, como esperando que fuera el otro quien respondiera. Al final, Meursault dejó escapar un pequeño suspiro antes de explicar. “Es solo que... eso es exactamente lo que diría un soldado que ha sobrevivido al infierno del frente de batalla. No sé si lo sabe, pero las botas militares también están hechas con cuero de monstruo. Cuando durante una campaña de subyugación se agotan las raciones, algunos soldados terminan comiéndose las botas. Que el joven amo, que jamás ha estado en el frente, describa su sabor exactamente igual que un veterano... nos tomó por sorpresa tanto al director como a mí.” Después de terminar de hablar, Meursault me miró con una expresión que rozaba la lástima. “...¿Por qué me miras así?” “Me preguntaba si, durante el tiempo que pasó fuera de la mansión... llegó a comerse unas botas.” ‘Como si eso fuera a pasar.’ “Antes de llegar a la mansión... debió de pasar mucha hambre. Eso explicaría por qué muestra tanto interés por la comida, joven amo.” Había pedido organizar comidas con niños de mi edad e incluso había salido a cazar solo para conseguir algo que comer. Ahora también preguntaba por las raciones de combate, así que era una conclusión bastante lógica. En lugar de sospechar por mi repentino interés en las raciones de combate, él mismo había unido las piezas. Me venía de maravilla. Ya que estábamos, lo mejor era aprovechar esa idea. “Escuché que la mitad de los niños que asistieron al último banquete serán enviados a las campañas de subyugación. No quiero que esos niños pasen hambre cuando estén en el frente.” “No tiene por qué preocuparse. Por muy mal que se pongan las cosas, jamás dejamos que los niños que combaten en el frente pasen hambre.” “¡Así es, joven amo! ¡No se preocupe! ¡Para la próxima campaña de subyugación habré desarrollado unas raciones de combate que cualquier niño comerá con gusto!” ¿De verdad? Entonces se lo dejo en sus manos, director. Estoy seguro de que usted puede lograrlo. Ah, y si es posible, me gustaría que las hicieran más pequeñas y livianas que las actuales. Al fin y al cabo, los niños no pueden cargar demasiado peso. “¿Más pequeñas y... ligeras?” “Ah... ¿sería demasiado difícil...?” “¡No, no! ¡Déjemelo a mí!” Le dediqué una última sonrisa de satisfacción al director, rebosante de confianza, y luego Meursault y yo dimos por terminada la visita. Mientras sonreía para mis adentros, satisfecho por haber conseguido un esclavo tan útil, Meursault habló durante el trayecto de regreso a la mansión del comandante, con su habitual tono pausado. “Llevaba un tiempo preguntándome por qué invitó a ese niño soldado... Darling Outsider... a su habitación…” Al oír a Meursault mencionar a BoothBabe, giré la cabeza para mirarlo. Él sostuvo mi mirada con tranquilidad. “Le estuvo haciendo toda clase de preguntas sobre la vida militar, ¿verdad? ¿Será que... le preocupa que los niños estén siendo maltratados? ¿Por eso organizó esas comidas mensuales, para comprobar cómo se encuentran?” “......” Así que Meursault sabía que había llamado a BoothBabe aparte después de la comida. Había evitado hacerlo delante de él a propósito, precisamente para averiguar quién le informaba sobre mi vida diaria... y hasta qué punto. Y ni siquiera intentaba ocultar que conocía cosas que yo nunca le había contado. Bueno... igual que yo había colocado a Taejeong dentro de la mansión, era lógico que Meursault y los demás oficiales también tuvieran a sus propios informantes. Como me limité a observarlo en silencio, sin responder, Meursault soltó un leve suspiro. “Así que cuando dijo: "Algún día serán mis soldados"... no lo decía solo por decir.” “¿Hasta ahora creía que eran palabras vacías?” “Después de todo, usted apenas tiene diez años.” Pensándolo bien, tener el cuerpo de un niño de diez años me daba muchas ventajas. Pero también había muchas cosas que un cuerpo de diez años no podía conseguir. Si nadie se tomaba en serio una sola palabra de lo que decía, ¿cómo se suponía que iba a convencerlos de prepararse para el Segundo Apocalipsis en apenas diez años? Como si hubiera adivinado exactamente esa preocupación, Meursault continuó. “Siempre he pensado que todo ser humano, excepto Lady Daphne, es un idiota, pero…” ‘...¿En esa categoría de "idiotas" también entra el comandante, maldito?’ “Empiezo a pensar que tenerlo a usted como superior quizá no sea tan mala idea.” Tras decir eso, Meursault desvió la mirada hacia la ventana, y decidí no seguir insistiendo. ‘Ahora que lo pienso... los demás oficiales siguen sin mover un dedo.’ Había montado todo un espectáculo al derrotar a aquel monstruo de tamaño mediano precisamente para llamar la atención, y aun así ni una sola persona, ni de la facción del comandante ni de la facción de Daphne, se había acercado a mí. No me lo esperaba. Claro que también podía deberse a que la vigilancia de Meursault era asfixiante. Con Meursault, el hombre de mayor confianza del comandante, siguiéndome de cerca con esos ojos fríos como el hielo, nadie tendría el valor de acercarse. Pero después de conocer en persona al hijo de Batom, una cosa quedó clara. Necesitaba saber qué opinaban de mí los oficiales. Solo así podría decidir a quién debía llevar conmigo... y de quién convenía deshacerme. El problema era que todos, sin excepción, actuaban como si yo no existiera. Seguramente por culpa de Meursault. Bueno... si estuviera en su lugar, yo tampoco querría llamar la atención del lunático que le disparó entre los ojos a su propio superior. En ese caso, no había otra opción. Si ellos no pensaban venir a mí... Entonces sería yo quien iría a buscarlos.
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El último jugador veterano del apocalipsis (Novela) Capítulo 22

Estás leyendo el capítulo 22 de El último jugador veterano del apocalipsis (Novela), un novela. Todos fueron transportados al mundo de un juego. Y yo soy el único jugador veterano que ha visto todos los finales de ese juego. En un mundo donde cada decisión puede cambiar el destino de la humanidad, mi experiencia… Este capítulo tiene publicado el 3 de julio de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. El último jugador veterano del apocalipsis (Novela) tiene 41 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.