Leer El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 7 online gratis en español
Lux Aeterna – Comedor Principal – 10:15 AM
Adrian se sentó en una mesa apartada con una sopa insípida. El costado le dolía cada vez que respiraba. No tenía hambre de verdad. Solo necesitaba observar.
Los grupos estaban claros. Vampiros de alto rango en el centro. Licántropos en una mesa ruidosa con carne cruda. Nigromantes en un rincón oscuro. Y cerca de la cocina, los que no encajaban en ningún lado: semidemonios de bajo rango, una vampiresa de sangre baja que apenas levantaba la vista, un licántropo cojo.
Adrian miró alrededor. Solo. Otra vez.
Y entonces la vio. Lyra estaba en una mesa junto a la ventana, sola, con un libro abierto y un tazón de té humeante. Nadie se sentaba con ella. Nadie la miraba. Era una paria, como él.
Adrian cogió su bandeja y se acercó.
—¿Puedo sentarme?
Lyra levantó la vista. Sus ojos avellana parpadearon, sorprendidos.
—¿Por qué?
—Porque estoy cansado de comer solo. Y tú también pareces estarlo.
Lyra lo miró un momento. Luego cerró el libro y apartó su tazón para hacer sitio.
—Siéntate.
Adrian se sentó frente a ella. Dejó la bandeja sobre la mesa. La sopa seguía insípida. Pero el aire era menos pesado.
—Vi tu pelea —dijo Lyra, sin preámbulos—. Todos la vieron. Kael llevaba dos años invicto.
—Ha sido suerte.
—No ha sido suerte. —Lyra lo miró directamente. Sin miedo. Sin sumisión—. He leído sobre humanos. Los que llegaron antes. Ninguno hizo lo que tú hiciste.
Adrian parpadeó. ¿Lee sobre humanos?
—¿Y qué dicen esos libros?
—Que los humanos son frágiles. Lentos. Que no duran más de unos meses. Que desaparecen. —Lyra bajó la voz—. Pero tú no pareces frágil.
—¿Y eso te asusta o te interesa?
Lyra sonrió apenas. No era una sonrisa de burla. Era de curiosidad. De alguien que había encontrado un libro que no esperaba.
—Las dos cosas.
Se quedaron en silencio un momento. No era incómodo. Era... denso. Lyra volvió a abrir su libro, pero no leyó. Solo lo sostuvo.
Adrian la observó. ¿Por qué me habla? ¿Por qué me dice esto? No era una amenaza. No era una advertencia. Era... información. Regalada. Sin pedir nada a cambio. Nadie regala nada en este sitio. ¿Qué quiere?
—¿Por qué me dices esto? —preguntó él, sin rodeos.
Lyra lo miró. Cerró el libro. Lo dejó sobre la mesa.
—Porque nadie más te lo va a decir. Y porque si vas a desaparecer como los otros, quiero que al menos sepas por qué.
—¿Y tú por qué te preocupas?
—No me preocupo. —Lyra se encogió de hombros—. Solo observo. Y llevo mucho tiempo observando. Tú eres el primero que no me da miedo.
—¿Debería dártelo?
—Probablemente. —Lyra sonrió otra vez. Esa sonrisa pequeña, de curiosidad—. Pero no me lo das. Y eso es lo interesante.
Adrian no respondió. No tenía respuesta.
—Los de mi especie no me hablan —dijo ella, sin mirarlo—. Soy sangre baja. Mestiza. Para ellos, soy una vergüenza. Para los humanos, soy un monstruo. Para los monstruos, soy un humano. No encajo en ningún lado.
—Bienvenida al club.
Lyra lo miró. Sonrió de verdad esta vez.
—Supongo que por eso me siento aquí. Contigo.
El Sistema parpadeó.
\[LYRA VÂNTOARE\]
Curiosidad 75% | Confianza 25% | Sospecha 25%
Adrian lo ignoró. Por primera vez en días, no estaba pensando en el sistema. Estaba hablando con alguien. Sin máscara. Sin estrategia. Solo dos parias compartiendo una mesa.
—¿Qué lees? —preguntó él.
—Historia del internado. Los libros que nadie más quiere. Los que hablan de los humanos que vinieron antes.
—¿Y qué dicen?
—Que ninguno duró. Que todos desaparecieron. Que Morgana los usó para algo y luego los descartó. —Lyra cerró el libro—. Pero no dicen qué. No dicen cómo. No dicen por qué.
—¿Y tú por qué los lees?
Lyra lo miró un segundo más. Ladeó la cabeza.
—Porque quiero saber qué pasa con los que no encajan. Con los que son como yo. Con los que son como tú.
Adrian no respondió. Como yo. ¿Qué sabe ella de mí? Nada. No sabía nada. Solo sospechaba. Pero eso era suficiente para ser peligroso. O para ser útil.
—¿Y si te dijera que no voy a desaparecer?
Lyra lo miró. Directo. Sin parpadear.
—Entonces serías el primero.
Se levantó. Cerró su libro. Lo metió bajo el brazo.
—Si quieres seguir hablando, ya sabes dónde encontrarme. La biblioteca. Tengo permiso.
Se fue. Adrian la observó alejarse. Cuando desapareció por la puerta, se quedó un momento más, pensando. Lyra sabe cosas. Y no tiene miedo. Eso la hace peligrosa. Pero también útil.
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Un alboroto cerca de la cocina lo sacó de sus pensamientos. Dos vampiros de Sangre Media estaban empujando a un chico. Le habían tirado la bandeja al suelo. La comida estaba esparcida por las piedras. El chico no decía nada. Solo miraba el suelo. Con los hombros encorvados. Con las manos temblando.
—Limpia esto, mestizo —dijo uno de los vampiros—. Y rápido. Antes de que se lo diga a tu jefe de cocinas.
El chico asintió. Se agachó. Empezó a recoger la comida con las manos. Los vampiros se rieron y se fueron.
Adrian lo observó. Semidemonio. Joven. Asustado. Fácil.
Se levantó. Caminó hacia él. Y mientras se acercaba, algo cambió. No supo qué. No fue el sistema. No fue un poder. Fue... otra cosa. Una sensación. Un calor en el pecho. Una ligereza en los pasos.
Pero también hizo algo más. Algo que no venía del sistema. Algo que venía de su mundo anterior. De su viejo oficio. De su vieja máscara.
Se le dibujó una sonrisa. Una sonrisa amplia. Cálida. Perfecta. La sonrisa que usaba con las mujeres ricas. La sonrisa que abría puertas. La sonrisa que decía "confía en mí".
Y extendió la mano. No la cerró. No la puso en el hombro. La extendió hacia Varek. Como si le ofreciera algo. Como si le tendiera un puente.
—¿Necesitas ayuda?
Varek levantó la vista. Y lo vio.
O no lo vio. Lo sintió.
Fue como si el mundo se detuviera un segundo. Como si el comedor entero se apagara. Las voces. Las risas. Los ruidos. Todo se volvió borroso. Y en el centro, solo estaba Adrian. Con una luz tenue. Dorada. Cálida. Que no venía de ningún sitio. Que no debería estar ahí. Pero estaba. Y Varek la vio. La sintió. Le llegó al pecho. Al centro del miedo. Y por un instante, el miedo se fue.
Pero entonces Varek miró la sonrisa. Esa sonrisa tan grande. Tan perfecta. Tan... blanca.
¿Por qué sonríe así? ¿Qué quiere? ¿Por qué me enseña los dientes? ¿Me va a morder?
Varek parpadeó. La luz seguía ahí. Pero la sonrisa era demasiado. Demasiado brillante. Demasiado amplia. Como si Adrian estuviera a punto de comerse al mundo. O a él.
—N-no. No, señor. Yo... yo puedo solo.
—No he preguntado si puedes. He preguntado si necesitas.
Adrian seguía con la mano extendida. Seguía con la sonrisa. No parpadeaba. No se movía. Como una estatua. Una estatua sonriente.
Varek miró la mano. Luego la sonrisa. Luego la mano otra vez.
¿Qué quiere de mí? ¿Por qué me sonríe así? Nadie me sonríe así. Nadie me enseña los dientes. ¿Es una broma? ¿Se va a reír de mí cuando le dé la mano?
—N-no... no quiero molestar.
Adrian no bajó la mano. No borró la sonrisa. Solo esperó.
Varek tragó saliva. Miró alrededor. Los otros estudiantes también lo habían visto. Los vampiros de la mesa central. Los licántropos. Los nigromantes. Todos miraban a Adrian.
Y todos tenían la misma cara.
¿Qué le pasa a ese humano?
¿Por qué sonríe así?
Parece que va a morder a alguien.
¿Está loco?
Adrian no parecía darse cuenta. O no le importaba. Seguía con la mano extendida. Seguía con la sonrisa. Como si fuera lo más normal del mundo.
Varek, al final, hizo lo único que podía hacer. Extendió la mano. Despacio. Tembloroso. Y la puso sobre la de Adrian.
La mano de Adrian era firme. Cálida. Y la sonrisa no se fue. Siguió ahí. Amplia. Blanca. Como si acabara de ganar algo.
—Me llamo Adrian.
—V-Varek. Varek Noctis.
—¿Comes conmigo, Varek?
—¿C-con usted?
—Conmigo. Sí.
Varek no sabía qué decir. Nadie le había invitado a comer. Nunca. En dos años. Y ahora, este humano. Con esa luz. Con esa sonrisa. Le invitaba. Como si fuera normal. Como si no fuera un paria.
—S-sí. Sí, claro. G-gracias.
Se sentaron juntos. Varek no comía. Solo miraba a Adrian. La luz ya no estaba. O quizás sí. Quizás era más tenue. Pero la sonrisa seguía ahí. Ya no era tan amplia. Era más normal. Más humana. Pero seguía.
—¿No comes? —preguntó Adrian.
—N-no... no tengo hambre.
—Miente. Pero está bien.
Varek bajó la mirada. Luego, en voz baja:
—¿P-por qué es tan amable conmigo? Nadie lo es.
Adrian lo miró. Directo. Sin máscara. Pero con esa sonrisa. Esa sonrisa que no terminaba de irse.
—Porque sé lo que es estar solo. Y porque no me gusta ver cómo te tratan.
Varek sintió un nudo en la garganta. Nadie le había dicho algo así. Nunca. Y esa luz. Esa maldita luz. Que no sabía qué era. Pero que le hacía sentir que quizás, solo quizás, no estaba tan solo.
—Y-yo... yo puedo ayudarle. Con lo que sea. Sé cosas. Cosas de aquí. De las cocinas. De los pasillos. Sé quién es quién. Sé lo que dicen. Si necesita algo...
Adrian sonrió apenas. Una sonrisa pequeña. Calculada. Pero seguía siendo una sonrisa.
—Me gustas, Varek. No lloras. No ruegas. No te arrastras. Eres distinto.
—¿D-distinto?
—Distinto.
Varek se quedó callado. Luego, como si no pudiera contenerse, empezó a hablar. Rápido. Nervioso.
—Los vampiros controlan el consejo. Los licántropos esperan. Los nigromantes están en los sótanos. Y los humanos... los humanos que vienen aquí... desaparecen. Todos. Había uno el año pasado. Se llamaba Ren. Un humano como usted. Callado. No molestaba a nadie. Una mañana no bajó a desayunar. Nadie preguntó. Nadie dijo nada. Su cama apareció vacía al día siguiente.
Adrian sintió un frío en la nuca.
—¿Qué le pasó?
—Nadie lo sabe. Unos dicen que Morgana lo usó para algo. Otros que escapó y lo mataron fuera. Otros que se lo tragó el castillo.
—¿El castillo?
Varek miró alrededor. Bajó la voz aún más.
—Este sitio es una trampa. Las paredes susurran. Las escaleras cambian. Hay zonas donde la magia no funciona. Y hay otras donde funciona demasiado. Y usted... usted es diferente. No sé cómo. Pero lo es.
—¿Y eso te asusta?
—S-sí. Un poco. —Varek se mordió el labio—. Pero también... también me gusta. Porque es el único que me ha hablado sin gritarme. Y porque... —Se detuvo. Dudó—. Porque cuando se acercó, sentí algo. Algo raro. Como si... no sé. Como si no estuviera solo.
Adrian lo miró. ¿Qué sintió? No lo sabía. No entendía qué había pasado. Pero algo había pasado. Algo que no venía del sistema. Algo que no controlaba. Y eso lo inquietó. Pero no lo demostró.
—Me alegro de que te sientas así —dijo, simplemente.
Varek asintió. No preguntó más. Se levantó.
—Trabajo en las cocinas. Si necesita información o un favor, búscame ahí. Pero no venga demasiado. No quiero que... no quiero que se metan con usted también.
—Lo tendré en cuenta.
Varek se fue. Caminando rápido. Con la cabeza gacha. Pero esta vez, había algo distinto en su postura. No era miedo. Era... esperanza.
El Sistema parpadeó.
\[CONTACTO ESTABLECIDO: VAREK NOCTIS\]
Lealtad: 60% | Miedo: 30% | Utilidad: Alta
Varek Noctis es un informante potencial. Está desesperado por aceptación. Fácil de manipular.
Adrian leyó la interfaz. Sonrió por dentro.
Un aliado. Uno fácil de manejar.
Pero mientras se levantaba y salía del comedor, no podía dejar de pensar en lo que Varek había dicho. "Sentí algo. Como si no estuviera solo." ¿Qué era eso? ¿El sistema? No. El sistema no hacía eso. ¿Entonces qué? No lo sabía. Y no le gustaba no saber.
Mientras caminaba hacia la salida, notó las miradas. Los vampiros de la mesa central lo miraban con el ceño fruncido. Los licántropos cuchicheaban. Una vampiresa de sangre alta se inclinó hacia su compañera y susurró algo. No pudo oírlo. Pero no hacía falta. Sabía lo que estaban pensando.
Ese humano está loco.
¿Por qué sonreía así?
Parecía que iba a morder a ese pobre diablo.
Adrian no se inmutó. Siguió caminando. Con la misma calma. Con la misma media sonrisa. Que se preguntaran. Que se inquietaran. Que no supieran qué esperar de él. Mejor. Mucho mejor.

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El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela)
Capítulo 8
El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 7
Estás leyendo el capítulo 7 de El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela), un novela. Adrian Cole llegó a Lux Aeterna como el único humano de un internado lleno de monstruos. Los vampiros lo desprecian. Los hombres lobo se burlan de él. Los nigromantes quieren estudiarlo. Y las súcubos... bueno, ellas… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) tiene 19 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.