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Leer El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

Adrian abrió los ojos y no estaba en su cama. Estaba en un jardín inmenso. Flores de colores imposibles brillaban con luz propia bajo un cielo púrpura profundo. Una luna gigantesca parecía observarlo desde arriba. El aire olía a jazmín y a algo más dulce, casi quemado, como caramelo a punto de carbonizarse. ¿Dónde…? —Hola, corderito. La voz de Iris llegó desde atrás. Adrian se giró. Estaba desnuda. Completamente. Su piel canela brillaba bajo la luna púrpura, los ojos violeta tenían un fulgor sobrenatural y su cuerpo se movía con la gracia lenta de quien ya no necesita apresurarse. Cada paso era deliberado. De depredadora segura. —Iris… —dijo él, con la voz temblorosa que siempre usaba—. ¿Qué está pasando? ¿Dónde estamos? —Estás en mi sueño. —Se acercó y le acarició la mejilla con dos dedos, casi cariñosa—. Bueno… en realidad es el tuyo. Pero yo lo controlo. Cadenas de luz plateada brotaron del suelo y se enredaron en sus muñecas y tobillos. Lo estiraron hasta dejarlo en cruz, inmóvil. El metal frío no era metal. Era voluntad hecha forma. —¿Qué…? ¡Iris, suéltame! —No. Ahora vas a disfrutar de mi compañía. Sus manos recorrieron el pecho de Adrian, el abdomen, los muslos. Bajaron hasta la entrepierna y empezaron a acariciarlo con una lentitud casi paternal. Adrian tembló. El miedo era real. La confusión también. —P-por favor… para… —No voy a parar. —Iris se inclinó y le susurró al oído, la voz dulce y venenosa—. Los otros humanos lloraban. Rogaban. Tú no. Eres diferente. Y eso me gusta. Me gusta romper a los diferentes. Adrian cerró los ojos. Por un segundo solo sintió el miedo. Después, debajo de ese miedo, algo más antiguo se movió. El recuerdo del cuchillo. La sangre caliente en las manos. El instante exacto en que entendió que iba a morir y que nadie vendría a salvarlo. La humillación de ser débil. La rabia de no poder hacer nada. No otra vez. Cuando abrió los ojos, la expresión de cordero asustado ya no estaba. Solo quedaba una sonrisa lenta, torcida, y un brillo dorado que no pertenecía a ningún sueño. —¿Crees que puedes dominarme en mi propio sueño, zorra? Iris retrocedió medio paso. El rostro de confianza se quebró por un instante. —¿Qué…? Las cadenas temblaron. Adrian tensó los músculos. El dolor llegó de inmediato: un fuego blanco que le subía por los brazos, el pecho, la garganta. Las cadenas no eran solo magia. Eran la voluntad de Iris hecha forma. Romperlas era arrancarle algo a ella… y a él mismo. Gritó. Las cadenas estallaron en fragmentos de luz. Adrian cayó de rodillas, jadeando. La nariz le sangraba. Las manos le temblaban. Pero estaba libre. Iris retrocedió de verdad esta vez. El terror le asomaba en los ojos violeta. —¿Qué eres…? Adrian se levantó despacio. Se limpió la sangre con el dorso de la mano y sonrió. La sonrisa estaba manchada de rojo. —Soy el que te va a enseñar a respetar. Intentó usar su poder de súcubo. Algo lo bloqueó a medias. Adrian sintió un pinchazo agudo en las sienes, un recordatorio de que no era inmune del todo. Aun así, la magia de ella se deslizó sin encontrar agarre. Caminó hacia ella. Cada paso le dolía, pero no se detuvo. —Primero en la vida real, con tus risitas y tus guiños. Ahora en mis sueños, intentando hacerte la dueña. —Le acarició la mejilla con una suavidad casi amable—. Me has molestado, Iris. Ella quiso gritar. No le salió la voz. Quiso correr. Las piernas no respondieron. El miedo la había paralizado mejor que cualquier hechizo. —¿Qué… vas a hacerme? —Exactamente lo que tú querías hacerme a mí. Solo que mejor. Y más lento. La agarró del cabello y la estrelló contra el suelo del jardín. Iris cayó de espaldas. Adrian se montó sobre ella, le arrancó la bata transparente de un tirón y la dejó completamente expuesta bajo la luna púrpura. Los pechos subían y bajaban con la respiración agitada. Los muslos se abrieron solos por el impacto. —¡Para! —gritó, pero la voz le salió débil—. ¡Adrian, para! —Tú no paraste cuando yo te lo pedí. —Le dio una cachetada seca, suficiente para que la mejilla se le enrojeciera—. ¿Por qué debería parar yo? Bajó la mano. No con prisa. Primero rozó el interior del muslo, sintiendo cómo la piel se erizaba bajo sus dedos. Subió despacio, casi perezoso, hasta el pliegue donde el muslo se unía a la cadera. Iris tembló. Intentó cerrar las piernas. Él las mantuvo abiertas con las rodillas. —No. Quiero mirarte. Su mano derecha bajó hasta el pubis. El vello era fino, oscuro, ya un poco húmedo. Separó los labios externos con dos dedos y el interior se abrió brillante, viscoso, caliente. El olor dulce y animal le subió a la nariz. —Mira esto… —murmuró, casi curioso—. Ya estás mojada y apenas te he tocado. Recorrió los pliegues internos con la yema del índice, despacio, de abajo hacia arriba, explorando cada pliegue como si estuviera estudiando un mapa. El líquido se le pegó a la piel: espeso, resbaladizo. Cuando llegó al clítoris lo encontró hinchado, sobresaliendo un poco entre los labios superiores. Dio un círculo lento alrededor sin tocarlo de lleno. Iris arqueó la espalda. Un gemido le escapó antes de que pudiera morderse el labio. —Ah… —Shh. —Le puso la otra mano en la garganta, sin apretar todavía, solo recordándole quién mandaba—. Todavía no grites. Hundió el dedo medio entre los labios y lo deslizó hasta la entrada. Estaba abierta, blanda. El fluido ya corría por el perineo hasta el suelo del sueño. Empujó solo la punta. Iris contrajo las paredes alrededor del dedo sin poder evitarlo. Su respiración se volvió irregular. —Mientes cuando dices que no quieres esto. Tu coño me lo está contando todo. Empezó a mover el dedo en círculos cortos, buscando la pared anterior. Cuando la encontró —ese punto más firme, ligeramente rugoso— presionó con precisión. Al mismo tiempo el pulgar aplastó el clítoris con un ritmo constante, circular, sin prisa. No aceleró. No le dio el alivio que el cuerpo de ella ya pedía. Iris movió la cabeza de un lado a otro. Los ojos violeta estaban vidriosos. Intentó hablar, pero solo salió un sonido roto. —N-no… no quiero… —Mentira. —Adrian inclinó la cabeza, observándola con una calma casi clínica—. Tu cuerpo está temblando. Estás chorreando. Y yo solo te estoy tocando. Añadió un segundo dedo. La estiró un poco más. El sonido húmedo de sus dedos moviéndose dentro de ella se escuchó claro en el silencio del jardín. Cada vez que retiraba la mano, un hilo transparente y brillante los seguía, cayendo sobre el pubis de Iris y sobre la piel de Adrian. —Mira cómo chorreas… y todavía no te he follado. Solo te estoy tocando. Iris cerró los ojos con fuerza. El orgasmo se le estaba acumulando demasiado rápido y ella lo odiaba. Odiaba que su cuerpo respondiera. Odiaba que él lo supiera. Odiaba que, a pesar de la rabia, el placer le subiera por la columna como un fuego que no podía apagar. —Por favor… —susurró, y no estaba segura de si pedía que parara o que continuara. Adrian no aceleró. Mantuvo el ritmo exacto: presión firme dentro, círculos lentos fuera. La mantuvo al borde durante lo que pareció una eternidad. Cada vez que sentía que las contracciones empezaban a volverse más fuertes, aflojaba un poco. La hacía subir. La hacía bajar. La controlaba. —No. Quiero ver cómo te corres. Pero cuando yo diga. Iris temblaba de verdad ahora. Las paredes vaginales se contraían alrededor de sus dedos en oleadas cada vez más desesperadas. Un gemido largo y ahogado le subió por la garganta. Intentó cerrar las piernas otra vez. Él las mantuvo abiertas. —Dime quién es el perro ahora. —Tú… tú eres… —La frase completa. Y míra me a los ojos mientras lo dices. Iris abrió los ojos. Había lágrimas de rabia y de placer en ellos. La miró con odio puro. —¡Eres mi dueño…! —Bien. Aumentó la presión de golpe. El pulgar frotó el clítoris con más insistencia. Los dos dedos se curvaron en un ritmo corto y constante, golpeando exactamente el punto que la hacía perder el control. El orgasmo la atravesó como un rayo. El cuerpo se le arqueó. Un chorro cálido y transparente salió de ella, empapando la mano de Adrian y el suelo del sueño. Él no se detuvo. Siguió moviendo los dedos, exprimiendo cada contracción, sin dejarla bajar del todo. Iris jadeaba, ojos en blanco, boca abierta, completamente rendida. Las contracciones la sacudían una tras otra mientras él la obligaba a sentir cada segundo. Solo cuando los espasmos se volvieron débiles, Adrian retiró la mano. Se la limpió en el muslo de ella, dejando un rastro brillante de sus propios fluidos. \--- Iris abrió los ojos con un grito sofocado. Estaba en su litera —la superior derecha—, empapada en sudor, con las sábanas enredadas entre las piernas. El orgasmo había sido real. El cuerpo todavía le temblaba. Sentía marcas en la piel, como si alguien la hubiera agarrado y golpeado de verdad. El olor de su propio placer todavía le subía a la nariz. Pero lo que más le ardía no era el miedo. Era la furia. Él me usó. Él me dominó. Él me hizo su perra. Y yo no pude hacer nada. Miró hacia abajo. Adrian dormía en la litera inferior derecha. Rostro relajado, boca entreabierta, pecho subiendo y bajando con una respiración tranquila. Parecía un corderito indefenso. No lo es, pensó Iris, apretando los puños hasta que las uñas se le clavaron en las palmas. Es un monstruo. Y me va a pagar. En la oscuridad, Adrian abrió los ojos solo una rendija. En esa rendija brilló un destello dorado y una sonrisa que no debería estar en un rostro dormido. Después cerró los ojos y se dio la vuelta, como si nada hubiera pasado. Iris no se escondió bajo las sábanas. Esta vez lo miró con un odio frío, calculado. Se dio la vuelta y pasó el resto de la noche planeando. Cuando el sol entró por la ventana, ya tenía un plan. \--- \*\*Mañana siguiente\*\* Adrian se despertó con la luz del sol en la cara. La súcubo intentó dominarme y terminó siendo mi perra. Qué bonito. Después recordó el dolor. La sangre. El esfuerzo. No había sido gratis. Le había costado. Pero valió la pena. El Sistema parpadeó en el borde de su visión. \[ACTUALIZACIÓN DEL SISTEMA\] \[DOMINACIÓN ONÍRICA EXITOSA: IRIS NOCTURNA\] \[ESFERAS DE ANCLA OBTENIDAS: +3\] \[HABILIDAD DESBLOQUEADA: SUEÑO LÚCIDO (NIVEL 1)\] Puedes entrar en los sueños de cualquier ser con quien hayas tenido contacto físico. Dentro del sueño, tu poder se multiplica por dos. Duración: 1 hora por nivel. \[MISIÓN SECUNDARIA COMPLETADA: PRIMER CONTACTO ERÓTICO\] Objetivo cumplido: Has realizado un acto erótico con una mujer en menos de 48 horas. El acto fue iniciado por ti. Ella respondió con deseo. \[RECOMPENSA: SUBIR AL RANGO E (ESTABLE) + 1 OBJETO DE RANGO COMÚN\] \[OBJETO OBTENIDO: ESENCIA DE SÚCUBO (RANGO COMÚN)\] Un frasco pequeño que contiene la esencia vital de un súcubo. Al beberlo, otorga +1 Esfera de Ancla y mejora temporalmente la percepción de las emociones ajenas. \[RANGO ACTUAL: E (ESTABLE) – 6/10 ESFERAS\] \[ADVERTENCIA: IRIS NOCTURNA HA DESARROLLADO UNA RESISTENCIA PARCIAL A TU DOMINACIÓN. SU ODIO HA AUMENTADO.\] Adrian leyó la advertencia dos veces. Resistencia parcial. Odio aumentado. Genial. Ahora tenía una enemiga compartiendo habitación. Al menos la misión secundaria estaba completa. Rango E. Y un objeto. Eso era algo. Miró hacia arriba. Iris no estaba en su litera. Estaba sentada en la de abajo —la inferior izquierda, que pertenecía a Freya, aunque Freya no estaba—, con los brazos cruzados, mirándolo con una intensidad que no le había visto nunca. La luz de la mañana le daba de lado y le resaltaba la tensión en la mandíbula. —Buenos días, señorita Iris —dijo Adrian, con su voz de tonto habitual—. ¿Durmió bien? Iris no respondió de inmediato. Solo lo miró. No había miedo en sus ojos. Había algo más frío. Más calculador. Una promesa silenciosa. —Buenos días, Adrian —dijo por fin, con una voz que no tenía nada de sumisa—. Dormí… pensando. —¿Pensando en qué? Iris sonrió. La sonrisa no le llegó a los ojos. —En cómo devolverte el favor. Se levantó y salió de la habitación sin añadir una sola palabra más. Cuando la puerta se cerró, Adrian exhaló despacio. El aire de la habitación todavía olía un poco a ella. La puerta volvió a abrirse casi de inmediato. Lyra entró con un libro entre las manos y el cabello todavía un poco revuelto del sueño. —Adrian… ¿puedo preguntarte algo? —Claro, Lyra. —¿Por qué Iris salió con esa cara? —Lyra frunció el ceño, bajando la voz—. La vi salir como si estuviera planeando algo. ¿Le hiciste algo? Adrian mantuvo la expresión de cordero. Se rascó la nuca, como siempre hacía cuando quería parecer nervioso. —¿Yo? No, señorita Lyra. Solo le deseé buenos días. Quizá tuvo una pesadilla. Lyra lo miró un segundo más de lo necesario. Sus ojos avellana no se apartaron de los suyos. Después asintió lentamente, pero no pareció del todo convencida. —Sí… quizá. Se sentó en el borde de su cama y jugueteó con el borde del camisón. El silencio se alargó un poco más de lo cómodo. —Oye, Adrian… ¿por qué a veces te veo diferente? Como si fueras dos personas. Una que tartamudea y se esconde… y otra que está mirándolo todo. —N-no sé de qué hablas, Lyra. Solo soy un estudiante asustado. Lyra sonrió. No era una sonrisa de burla. Era de curiosidad. De alguien que ya había empezado a juntar piezas. —Si tú lo dices. Se levantó y fue a preparar té. El olor a hierbas llenó la habitación. Adrian la observó un momento, memorizando la forma en que se movía, la forma en que lo miraba de reojo cuando pensaba que él no se daba cuenta. Tendría que tener cuidado con ella también. Mientras terminaba el té, el Sistema parpadeó una vez más. \[NUEVA MISIÓN SECUNDARIA: PRIMERA PRUEBA DE COMBATE\] Objetivo: Sobrevive a la primera clase de Prácticas de Combate sin ser humillado. Recompensa: +2 Esferas de Ancla + Acceso al Árbol de Habilidades de Combate. Penalización por fracaso: -1 Esfera de Ancla. Adrian sonrió por dentro. Sobrevivir. Siempre sobrevivir. Esa era la regla. Y mientras caminaba hacia el salón de combate, con Lyra a su lado y el collar de plata brillando en el cuello, supo que esto solo era el comienzo. Caspia. Iris. Freya. Lyra. Todas serían suyas. De una forma u otra. Y el hecho de que no fuera a ser fácil… lo hacía todavía más interesante.
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El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela), un novela. Adrian Cole llegó a Lux Aeterna como el único humano de un internado lleno de monstruos. Los vampiros lo desprecian. Los hombres lobo se burlan de él. Los nigromantes quieren estudiarlo. Y las súcubos... bueno, ellas… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) tiene 19 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.