Leer El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
El carruaje negro se detuvo frente a la puerta levadiza. Dos gárgolas de piedra giraron sus cabezas. El conductor, un hombre pálido de ojos rojos, ni siquiera se molestó en mirar atrás.
—Baja.
Adrian Cole abrió los ojos.
El viaje había durado horas. Al bajar, sintió el peso del collar de plata. Frío. Opresivo. Una marca.
Se miró las manos. Las mismas. Pero más jóvenes. La piel más tersa.
Todavía no me acostumbro.
La ropa era la misma con la que había muerto: camisa negra arrugada, pantalones gastados, botas rotas.
Frente al castillo gótico de torres negras y gárgolas vivientes, se sentía como un mendigo frente a un palacio.
Un castillo gótico. Monstruos. Un collar de plata que me marca como propiedad. Se ajustó el cuello. Esto no es mi mundo.
—¿Vas a quedarte ahí parado como un idiota o vas a entrar? —espetó el conductor.
Adrian parpadeó. Su rostro adoptó automáticamente una expresión de miedo y sumisión.
—L-lo siento, señor. Voy, voy.
Bajó del carruaje con su única maleta: una bolsa de tela desgastada con tres camisas, dos pantalones y un par de zapatos rotos.
Caminó hacia la puerta. Las gárgolas se movieron y la puerta se abrió lentamente. Dentro, el vestíbulo era imponente: escaleras de mármol negro, candelabros con velas que ardían sin llama, y un silencio pesado.
Una mujer lo esperaba.
—Bienvenido al internado Lux Aeterna —dijo ella—. Soy Lady Morgana, la directora.
Adrian la miró.
Era alta. Imponente. Su cabello plateado caía sobre sus hombros. Sus ojos eran del mismo color, fríos como la luna en invierno. Su rostro era una obra de arte esculpida en mármol. Vestía una túnica dorada que se ceñía a su cuerpo, marcando sus caderas y la curva de sus senos.
Pero lo que más le llamó la atención fue su anillo. Un anillo negro, grueso, con una gema roja que palpitaba. Morgana lo giraba lentamente entre sus dedos mientras hablaba. Como un tic nervioso.
Adrian la examinó con ojo profesional.
Cuello largo. Piel pálida. Sonrió por dentro. Es el tipo de mujer que nunca ha sido dominada. Pero tiene una debilidad: el deseo reprimido. Y ese anillo... lo gira cuando está nerviosa. O cuando miente.
—Así que eres el nuevo becado —dijo Morgana, con desprecio—. Humano. De familia pobre. De escasos recursos.
Adrian hizo una reverencia exagerada.
—S-sí, señora. Mi nombre es Adrian Cole. Muchas gracias por la oportunidad, de verdad, es un honor, yo—
—Cállate.
Él se calló al instante.
Cállate. Adrian sonrió por dentro. Qué directa. Anotado, Morgana.
—Veo que ya te han puesto el collar —dijo ella—. Bien. Eso te ahorra explicaciones. Ese collar te marca como humano. Como propiedad. Si intentas huir, explotará. ¿Entendido?
Adrian asintió con la cabeza gacha.
—S-sí, señora.
Propiedad. La palabra resonó en su mente. Hace diez años, yo era el hombre más buscado de mi mundo. Y ahora... ahora me llaman propiedad.
Sonrió por dentro. Una sonrisa oscura, peligrosa.
Esto va a ser muy divertido.
Morgana le dio instrucciones y se fue sin mirar atrás. El eco de sus pasos se desvaneció, dejando a Adrian solo.
Durante tres segundos mantuvo su cara de tonto.
Luego, su expresión cambió. Una sonrisa lenta, torcida, se extendió por su rostro.
—"Propiedad." —Se rió bajito—. Hace diez años, yo era el amante más caro del mundo. Y ahora... ahora soy un becado asustado en un internado de monstruos.
Se miró las manos. Eran las suyas. Pero más jóvenes.
—Bueno, Adrian Cole. —Se ajustó el collar—. Tenemos un mundo nuevo que explorar. Y un montón de monstruos que dominar.
Hizo un gesto raro: puso los ojos en blanco, sacó la lengua y movió la cabeza como un muñeco. Luego recuperó su postura de tonto y caminó hacia el pasillo central.
El internado era un laberinto. Los pasillos se bifurcaban en galerías interminables, con techos abovedados donde pinturas de criaturas antiguas observaban cada movimiento.
Adrian caminó en silencio, observando cada detalle.
Y entonces, se dio cuenta de algo.
Nadie llevaba collar.
Soy el único humano aquí. Su mano se elevó hacia su propio cuello. El único ganado.
El collar de plata pareció apretarse un poco más.
Una chica de cabello rubio platino pasó a su lado. Era hermosa. Piel blanca como la nieve, ojos azul cielo, cabello largo y sedoso. Vestía un vestido blanco que se ceñía a su cintura y se abría sobre sus caderas.
Adrian la examinó con ojo experto.
Vestido blanco. Postura inocente. Sonrisa dulce. Hizo una pausa mental. Pero hay algo en sus ojos... algo que no encaja. Esa pureza es una máscara.
—Hola —dijo ella—. ¿Eres el nuevo?
Adrian asintió, con su cara de tonto.
—S-sí. Soy Adrian Cole. Voy al salón 307.
—Yo soy Celeste —respondió, extendiendo la mano—. Encantada.
Adrian tomó su mano. Era suave, cálida. La sostuvo un segundo más de lo necesario.
Piel suave. Pulso firme. Pero sus dedos están ligeramente tensos. Sonrió por dentro. Interesante. Esta chica no es tan inocente como parece.
—Encantado —dijo, con voz temblorosa.
—Qué bonito collar —dijo Celeste—. Es la primera vez que veo uno. ¿Te lo puso la directora?
Adrian se tocó el collar y bajó la mirada.
—M-me lo pusieron antes de venir. En el pueblo.
—Oh —dijo Celeste—. Es una pena. ¿Y no te molesta?
Adrian encogió los hombros.
—Bueno... no tengo elección.
No me molesta. Por ahora, Celeste es amable. Pero hay algo en ella que no me convence.
—Bueno —dijo Celeste, sonriendo—. Nos vemos en clase, Adrian.
Se fue. Adrian la observó alejarse.
Rubia. Hermosa. Amable. Y con un secreto oscuro. Sonrió por dentro. Perfecta para mi colección.
Siguió caminando. Pasó junto a una chica pelirroja de traje gris. No llevaba collar.
—Hola —dijo ella—. ¿Eres el nuevo?
—Sí. Soy Adrian Cole.
—Yo soy Valeria. Soy la secretaria de la directora. Humana, como tú.
Adrian la miró con curiosidad. El traje gris le quedaba ajustado.
Humana. Sin collar. Empleada. Hizo una pausa mental. Interesante. Ella podría ser útil.
—¿Por qué no llevas collar?
—Porque trabajo para ella —respondió Valeria—. Tengo un acuerdo.
Un acuerdo. Adrian sonrió por dentro. Todos tenemos acuerdos. Pero los acuerdos se pueden romper.
—Si necesitas algo, avísame —dijo Valeria.
—Gracias —dijo Adrian.
Finalmente, encontró el Salón 307. La puerta estaba entreabierta.
—¿Han oído? Hay un nuevo becado. Humano.
—¿Lleva collar?
—Sí. De esos de plata.
—Qué patético.
Adrian respiró hondo. Su cara se transformó en la de un chico tímido. Empujó la puerta y entró.
El salón era enorme. Unos veinte estudiantes, todos mirándolo.
Todos tienen cuellos desnudos. Todos son sobrenaturales. Soy el único humano.
Caminó hacia el fondo del salón, con pasos rápidos y torpes. Los estudiantes lo miraban con desprecio.
—Miren eso —susurró un chico—. El collar de ganado.
Adrian bajó la cabeza, fingiendo vergüenza.
Collar de ganado. Patético. Sonrió por dentro. Cuando los tenga a todos de rodillas, veremos quién es patético.
Se sentó en el último pupitre. A su lado, Celeste lo miró con una sonrisa dulce.
—Hola otra vez —susurró.
—Hola —respondió Adrian.
—¡Silencio! —rugió una voz desde el frente.
Severus. Un vampiro alto, de cabello blanco y ojos amarillos. Miró a Adrian con desprecio.
—Ah. El becado. Has llegado. Toma asiento. Y no hagas ruido.
Adrian asintió.
—S-sí, profesor.
Severus comenzó la lección. Adrian fingió tomar apuntes.
Este mundo es fascinante. Vampiros. Hombres lobo. Nigromantes. Y yo... soy un humano con un collar. Sonrió por dentro. Pero en mi mundo, yo era el depredador. Y aquí... aquí también lo seré.
De repente, la puerta del salón se abrió con fuerza.
Caspia entró.
Cabello negro azabache que caía en ondas salvajes hasta su cintura, ojos rojos brillantes como rubíes. Su cuerpo era una obra de arte esculpida para el pecado: curvas pronunciadas, cintura de avispa, y un par de pechos firmes y generosos que se levantaban desafiando el corsé negro de cuero. El corsé se abría en un escote en pico que dejaba ver la suave pendiente de sus senos. La falda corta y ajustada se ceñía a sus caderas amplias y redondas, marcando cada centímetro de sus muslos. Sus labios carnosos, rojos como la sangre, se curvaron en una sonrisa cruel. Olía a rosas y a hierro.
Adrian sintió un calor inmediato en su entrepierna.
Dios mío. Pensó. Esa mujer es una obra maestra. Y esa actitud... Sonrió por dentro. Esa actitud es un desafío.
—Llegas tarde, Caspia —dijo Severus.
—Lo sé, profesor —respondió ella—. Pero tenía que entretenerme. Escuché que había un humano.
Sus ojos se posaron en Adrian. Su sonrisa se ensanchó.
—Ah. El becado. Con su collarcito de ganado. ¡Qué adorable!
Los estudiantes rieron. Adrian bajó la cabeza.
Caspia. El nombre resonó en su mente. Maldita perra. Ahora eres basura. Pero pronto... pronto estarás de rodillas.
Caspia se acercó a él. Sus tacones resonaban en el suelo. Se inclinó, tan cerca que Adrian podía oler su perfume. El escote de su corsé quedó a la altura de su mirada.
Adrian sintió que se le secaba la boca.
—¿Sabes qué hacen los humanos aquí, conejito? —susurró.
—N-no, señorita —respondió Adrian.
—Se arrodillan.
Y entonces, le escupió en la cara.
La saliva caliente resbaló por su mejilla hasta el borde de sus labios. En ese preciso instante, Adrian actuó. Con un movimiento rapidísimo de lengua, casi imperceptible, lamió el escupitajo y se lo llevó a la boca, manteniendo su cara de asustado, pero con un destello salvaje en sus ojos verdes.
Caspia lo vio todo. Su sonrisa cruel se congeló y se torció en una mueca de desconcierto y asco. Entrecerró un ojo, arrugó la nariz y ladeó la cabeza. Parpadeó tres veces seguidas, claramente descolocada.
Adrian tragó la saliva, se limpió la comisura con el dorso de la mano y recuperó su pose de cordero.
Los estudiantes rieron a carcajadas. Adrian sintió la humillación quemar en su pecho, pero por dentro se estaba descojonando.
Escupirme. Zorra asquerosa. Pensó. En mi mundo, las mujeres como tú pagaban fortunas por una noche conmigo. Y ahora... ahora me escupes.
Y entonces, algo cambió.
Una luz dorada parpadeó en el fondo de su mente. Adrian sintió un calor en el pecho.
\[SISTEMA DE ANCLA\]
\[HUMILLACIÓN DETECTADA: NIVEL 3\]
\[ESFERAS DE ANCLA OBTENIDAS: +2\]
\[RANGO ACTUAL: F (INESTABLE) – 2/10 ESFERAS\]
\[HABILIDADES ACTIVAS: PERCEPCIÓN DE ENERGÍA, INMUNIDAD MÁGICA, DRENAJE (NIVEL 1)\]
Adrian se quedó helado.
¿Un sistema?
\[COMO ANCLA, PUEDES:\]
POTENCIAR el poder de sobrenaturales a través del sexo (si te entregas).
DRENAR el poder de sobrenaturales a través del sexo (si los dominas).
PERCIBIR la energía mágica a tu alrededor.
SER INMUNE a hechizos y control mental.
\[RECOLECTA 10 ESFERAS DE ANCLA PARA SUBIR AL RANGO E (ESTABLE).\]
Adrian sonrió. Una sonrisa lenta, peligrosa.
¿Sexo? ¿Poder? ¿Dominación? Pensó. Eso es... exactamente lo que sé hacer.
Levantó la cabeza. Sus ojos, por un instante, brillaron con un destello dorado. Caspia, que aún no se recuperaba del lametazo, entrecerró los ojos.
—¿Q-qué...? ¡Asqueroso!
Su voz sonó menos segura. Adrian parpadeó. El destello desapareció.
—N-nada, señorita. Lo siento.
Caspia lo miró un momento. Luego se rió, aunque fue una risa forzada.
—Patético.
Se fue a su pupitre. Adrian bajó la cabeza, pero su mente estaba en otro lugar.
Severus continuó la clase. Adrian ya no escuchaba.
\[MISIÓN ESPECIAL: VENGANZA POR HUMILLACIÓN\]
\[OBJETIVO: HUMILLAR A CASPIA DRACUL\]
\[RECOMPENSA: +3 ESFERAS DE ANCLA + 1 OBJETO DE RANGO POCO COMÚN\]
\[¿ACEPTAR MISIÓN?\]
Adrian sonrió lentamente.
—Sí. Acepto.
\[MISIÓN ACEPTADA\]
Durante el resto de la clase, Adrian no dejó de observar a Caspia. Cada tanto, ella giraba la cabeza y lo miraba por encima del hombro. Sus ojos rojos brillaban con algo que no era desprecio. Era... curiosidad.
La clase terminó. Cuando Adrian salió al pasillo, Caspia estaba esperándolo.
Estaba apoyada contra la pared, con los brazos cruzados bajo el pecho.
—Conejito —dijo—. ¿Adónde crees que vas?
Adrian bajó la cabeza.
—A mi habitación, señorita.
—¿Ya? Pero si apenas hemos empezado a conocernos. —Caspia se acercó. Se detuvo frente a él, tan cerca que sus pechos casi rozaban su pecho—. Me pregunto... ¿por qué lamiste mi escupitajo?
Adrian parpadeó. Su corazón latía rápido, pero su rostro permanecía impasible.
—N-no sé de qué me habla, señorita.
—Mientes. —Caspia sonrió. Levantó una mano y le acarició la mejilla con un dedo. Su uña, larga y afilada, le rozó la piel—. Eres interesante, Adrian Cole. Los otros humanos que han pasado por aquí eran... aburridos. Lloraban. Rogaban. Tú no.
—N-no soy interesante, señorita.
—Ya. —Caspia retiró la mano—. Bueno, granjero. Nos veremos pronto. Muy pronto.
Se giró y se fue, moviendo las caderas con una lentitud deliberada. Adrian la observó alejarse. Cuando desapareció por la esquina, soltó el aire que había estado conteniendo.
Maldita perra. Sabe que soy diferente. No sabe cuánto. Pero lo sospecha. Sonrió por dentro. Bien. Que sospeche. Que se obsesione.
Caminó por los pasillos del Ala Este. El dormitorio 205 estaba al final de un corredor largo y mal iluminado, con antorchas que ardían con fuego azul.
Adrian se detuvo frente a ella. Respiró hondo. Su cara de tonto volvió a su rostro. Abrió la puerta.

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El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela)
Capítulo 3
El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela), un novela. Adrian Cole llegó a Lux Aeterna como el único humano de un internado lleno de monstruos. Los vampiros lo desprecian. Los hombres lobo se burlan de él. Los nigromantes quieren estudiarlo. Y las súcubos... bueno, ellas… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026. El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) tiene 19 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.