Leer El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
Adrian estaba tirado. Boca arriba. Mirando el cielo. El cielo rojo. El cielo que se teñía de naranja. El cielo que se oscurecía.
Le dolía todo. El pecho. La espalda. La cabeza. Todo. Y estaba sangrando. Lo sentía. La sangre le corría por la frente. Por la boca. Por el pecho.
Mierda. Mierda. Mierda.
Escuchó pasos. Kael se acercaba. Despacio. Disfrutando.
En las gradas, Varek se levantó. Con los ojos abiertos. Con las manos temblando.
No. No. No.
Iris apretó los labios. Los ojos violeta brillaron. Con algo que no era deseo. Era miedo.
Caspia se inclinó hacia adelante. Los ojos rojos fijos en Adrian. Sin sonreír. Y sus dedos se clavaron en la piedra de la grada. Un gesto mínimo. Rápido. Como si algo dentro de ella se hubiera retorcido.
Elara, por primera vez, miró. Directo. Los ojos grises fijos en el cuerpo tirado de Adrian. Y algo en su cara cambió. Algo que no era indiferencia. Algo que no era miedo. Algo que se parecía a la culpa.
Celeste no se movió. Pero sus dedos se clavaron en el borde de su vestido. Y los labios se le apretaron.
Los demonios de las gradas del medio rieron. Bajito. Con crueldad.
—Eso es. Así se hace.
—El humano no era nada.
—Kael lo va a matar. Y será divertido.
Los vampiros de Sangre Pura observaron en silencio. Movimientos lentos. Calculados. Uno de ellos, el de ojos dorados, sonrió. Muy leve.
—Interesante. Pero predecible.
Los licántropos no dijeron nada. Pero algunos gruñeron. Otros miraron con algo que no era desprecio. Era... ¿decepción? ¿Lástima?
Los nigromantes siguieron sin parpadear. Observando. Como si ya supieran cómo iba a terminar.
En la ventana alta, Morgana no se movió. Pero el anillo dejó de girar. Otra vez. Y sus ojos plateados se entrecerraron. Muy leve. Casi imperceptible.
—¿Eso es todo? —dijo Kael. La voz llena de decepción. De rabia—. Realmente eres tan débil.
Se rio. Una risa corta. Sin humor.
Adrian intentó moverse. No pudo. Su cuerpo no respondía.
No. No otra vez. No voy a morir aquí. No voy a morir de nuevo.
Kael se acercó más. Lo miró desde arriba. Con desprecio.
—Pensé que serías más divertido.
Adrian apretó los dientes. Y forzó su cuerpo. Forzó sus músculos. Forzó sus huesos. Y se levantó. Tambaleándose. Pero se levantó.
Su cuerpo estaba caliente. Quemando. Como si tuviera fiebre. Como si algo dentro de él se hubiera encendido.
Y entonces, sintió algo. Algo en el pecho. No era el Sistema. No era el poder de Freya. Era el vínculo. Latía. Débil. Lejano. Pero latía. Como si Freya, desde su sueño, hubiera sentido algo. Un eco. Un tirón. Un recordatorio.
¿Freya...?
El Sistema parpadeó.
\---
\[INSTINTO DE LUCHA ACTIVADO\]
El dolor pasa a segundo plano.
La mente se aclara.
El cuerpo responde antes de que pueda pensarlo.
\---
Adrian sintió el cambio. El dolor seguía ahí. Pero era más lejano. Más distante. Como si su cuerpo hubiera decidido ignorarlo. Su mente estaba clara. Más clara que nunca. Y estaba enojado. Muy enojado.
El Instinto no es un botón que puedo pulsar. No es una habilidad que se activa cuando quiero. Es algo que siempre está ahí. Pero solo se manifiesta cuando mi cuerpo ya no puede más. Cuando la mente se apaga. Cuando solo queda el instinto. Y el instinto no piensa. Solo reacciona.
¿Débil? ¿Yo? ¿Débil?
Sonrió. Una sonrisa retorcida. Feliz.
Esto es divertido. No sé por qué. Pero es divertido.
Kael lo vio levantarse. Y se alegró. De sus brazos salieron llamas rojas. Fuego demoníaco. Puro. Caliente.
—¿Todavía quieres seguir? —preguntó Kael.
—Sí.
Adrian materializó el Cuchillo de Sombra. La hoja negra. El fulgor púrpura.
Para estar iguales.
Kael se lanzó. Las llamas danzaban en sus brazos. Adrian activó la Percepción de Energía. Leyó sus movimientos. Anticipó sus ataques. Esquivó algunos. Otros apenas logró desviarlos.
Kael es rápido. Muy rápido. Leerlo no significa poder esquivarlo todo.
Kael preparó un golpe. Adrian lo sintió antes de verlo. Se movió. El golpe pasó de largo. Kael cambió de dirección. Adrian reaccionó. Casi automáticamente. Kael repitió un ataque. Adrian lo reconoció. Lo esquivó. Kael hizo un amague. El instinto de Adrian le gritó peligro. No se movió. Kael lanzó el ataque real. Adrian ya estaba fuera de su alcance.
Y entonces, con un movimiento rápido, cortó el pecho de Kael.
La sangre negra brotó. Espesa. Caliente. Con olor a azufre.
Pero Kael no se detuvo. Al contrario. Se rio. Más fuerte. Y siguió atacando. Algunos golpes cayeron. En el hombro de Adrian. En el costado. En la cara. Adrian los sintió. Pero ya no le dolían.
No me duelen. ¿Por qué no me duelen?
El público empezó a reír.
—¡Miren! ¡Se está escapando!
—¡Cobarde!
—¡Humano patético!
Los demonios de las gradas del medio se rieron más fuerte. Los vampiros de Sangre Pura sonrieron con desdén. Los licántropos gruñeron. Los nigromantes no se movieron.
Pero no todos.
—No. Está esperando una apertura —dijo un estudiante de cuarto año. Un nigromante con los ojos oscuros—. Está peleando de manera inteligente.
—¿Inteligente? —bufó otro—. Está corriendo como un cobarde.
—No. Está sobreviviendo. Hay una diferencia.
Adrian los escuchó. Pero no le importó. No le importaba nada. Solo quería seguir. Seguir peleando. Seguir sintiendo esto.
¿Desde cuándo esto me gusta tanto?
En mi mundo, las peleas eran de palabras. De manipulación. De control. Nunca de sangre. Nunca de dolor. Nunca de esto.
Pero esto... esto es diferente. Esto es real.
Y me gusta.
Kael se lanzó otra vez. Ciego de rabia. Los ojos rojos desorbitados. Las llamas danzando en sus brazos. Gritando. Como un animal herido. Como un depredador que ha perdido el control.
Adrian lo vio venir. Y en lugar de esquivar, pateó la arena. Una nube de polvo rojo se levantó entre los dos. Espesa. Ardiente. Los granos de arena volaron directo a los ojos de Kael. El demonio parpadeó. Se cubrió con el antebrazo. Un segundo. Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
Adrian se movió. Rápido. Usando toda su velocidad. La velocidad que había drenado de Freya. La velocidad de un licántropo. Pero no fue solo velocidad. Fue instinto. Su cuerpo eligió el camino. El lado ciego de Kael. Donde el demonio no miraba. Donde su peso estaba mal equilibrado. Donde era más lento. Donde era vulnerable.
Kael bajó el brazo. Miró. No había nadie delante de él. Parpadeó. Confundido. Giró la cabeza. Buscó. A la izquierda. A la derecha. Nada. Y entonces, sintió un dolor intenso. Abajo. Muy abajo.
Adrian le había pateado las bolas. Con toda su fuerza. Con toda la fuerza que había drenado de Freya. Con toda la rabia que había acumulado.
Kael cayó. De rodillas. Jadeando. Con los ojos abiertos de par en par. La boca abierta. Sin aire. Sin palabras. Solo dolor.
Adrian se rio. Una risa baja. Retorcida. Y siguió pateando. Una y otra vez. Como un desquiciado.
Esto es divertido. Esto es divertido. Esto es divertido.
Ya no le importaba su imagen. Ya no le importaba el público. Ya no le importaba nada. Solo quería disfrutar esto. Este sentimiento. Esta sensación.
Me gusta. No sé por qué. Pero me gusta.
Y entonces, el cuerpo de Kael explotó. Llamas rojas. Por todas partes. Adrian se alejó de golpe. El calor le quemó la piel. Pero no gritó. No se quejó.
Kael se levantó. Tambaleándose. La cara desfigurada por la rabia.
—Maldito imbécil —siseó—. ¿Cómo te atreves?
Sus ojos rojos brillaban. Con odio. Con rabia. Con algo más. Algo que no era desprecio. Era respeto. O algo que se parecía.
—Te voy a matar.
Se lanzó. Más fuerte. Más rápido. Adrian lo notó.
También está más fuerte. Interesante.
Se dio un intercambio de golpes. Rápidos. Brutales. Adrian sentía los golpes. En la cara. En el cuerpo. Pero ya no le dolían.
No me duelen. ¿Por qué no me duelen?
El público estaba asombrado. Nunca habían visto algo así. Nunca. Nadie le había aguantado tanto a Kael. Y menos un humano. Un humano con collar. Un humano que parecía débil. Idiota. Patético.
—¿Está... está ganando? —susurró alguien.
—No puede ser. Es un humano.
—¿Qué es ese cuchillo? ¿De dónde lo sacó?
Los vampiros de Sangre Pura dejaron de sonreír. Movimientos lentos. Calculados. Pero ahora había algo más. Algo que no era desdén. Era... ¿interés? ¿Preocupación?
Los demonios de las gradas del medio se quedaron en silencio. Kael era uno de los suyos. Y estaba perdiendo. Contra un humano. Eso era vergonzoso. Y peligroso.
Los licántropos gruñeron. Algunos se inclinaron hacia adelante. Olfateando el aire.
—Ese olor... —dijo uno.
—Es más fuerte ahora. Más animal. Más... lobo.
—Pero no es un lobo. ¿Qué es?
Los nigromantes siguieron sin parpadear. Pero uno de ellos, el de los ojos oscuros, sonrió. Muy leve.
—Interesante. Muy interesante.
Adrian se acercó rápido. Le metió un codazo en la cara a Kael. Con toda su potencia. Kael lo recibió. Sangró. Mucho. Pero se veía feliz.
¿Feliz?
Kael le devolvió el golpe. Uno en la barriga. Adrian lo resistió. Pero sintió que le faltaba el aire. Aun así, siguió.
En el intercambio, Adrian entraba y salía del alcance de Kael. Cada vez que encontraba una abertura, atacaba con el cuchillo. Brazos. Hombros. Costado. Pecho. No buscaba matarlo todavía. Buscaba quitarle movilidad. Kael no lo sentía. Por la adrenalina. Adrian lo sabía.
Pero ya no aguantaba más. Y entonces, lo notó. La adrenalina se acababa. El dolor volvía. Lento. Primero en las manos. Luego en los brazos. Luego en todo el cuerpo.
Mierda. Se está acabando. El Instinto no dura para siempre. El dolor vuelve. Y cuando vuelva del todo...
Se alejó. Jadeando.
Estoy en mi límite.

Continúa leyendo
El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela)
Capítulo 18
El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 17
Estás leyendo el capítulo 17 de El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela), un novela. Adrian Cole llegó a Lux Aeterna como el único humano de un internado lleno de monstruos. Los vampiros lo desprecian. Los hombres lobo se burlan de él. Los nigromantes quieren estudiarlo. Y las súcubos... bueno, ellas… Este capítulo tiene publicado el 11 de octubre de 2026. El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) tiene 19 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.