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Leer El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 16 online gratis en español

El sol seguía bajando. El cielo era una herida abierta de rojo y naranja. El viento soplaba frío desde el Bosque de las Sombras, arrastrando polvo rojo por la arena. Las antorchas de fuego azul ardían con más intensidad, como si presintieran lo que estaba por venir. Las gárgolas de las almenas observaban inmóviles, con los ojos de piedra brillando bajo la luz del atardecer. El Patio de Armas estaba lleno hasta el borde. Las gradas de obsidiana crujían bajo el peso de cientos de estudiantes. En las filas más altas, los vampiros de Sangre Pura. Pieles pálidas como mármol. Ojos de colores intensos —rojos, dorados, violetas— que brillaban con una luz antinatural. Vestimentas elegantes. Copas de vino tinto que olía a hierro. Movimientos lentos. Calculados. Aromas a perfume caro y a algo más. Algo antiguo. Como si el tiempo no les afectara. En las filas del medio, los demonios. Pieles de distintos tonos: rojo, gris, negro. Cuernos de todas las formas y tamaños. Ojos amarillos, naranjas, blancos. Olor a azufre y a humo. Algunos reían. Otros apostaban. Otros afilaban sus garras con calma. A su lado, los súcubos. Belleza sobrenatural. Batas transparentes. Movimientos gráciles. Olor a flores y a deseo. Y los licántropos. Complexión fuerte. Cicatrices en los brazos. Olor a bosque y a lluvia. Uñas afiladas. Ojos amarillos o verdes que brillaban con instinto animal. En las gradas bajas, los más jóvenes. Los de primero y segundo. Mezclados. Algunos con caras de miedo. Otros con caras de diversión. Y entre ellos, los nigromantes. Pieles pálidas. Túnicas oscuras. Olor a incienso y a muerte. Ojos oscuros que no parpadeaban. Observando. Como si ya hubieran visto esto antes. Y en el centro de todo, la arena roja. Vacía. Esperando. Como un altar. Como una tumba. Adrian Cole estaba de pie en el centro del círculo. Solo. Con las manos a los costados. La respiración lenta. El corazón latiendo fuerte. Pero controlado. En las gradas, Varek estaba en su rincón de siempre. Lo más lejos posible de todos. Con las manos agarradas al borde de la piedra. Los nudillos blancos. Los ojos rojos fijos en Adrian. No parpadeaba. No respiraba. Solo miraba. Iris estaba de pie, unos metros más arriba. Con los brazos cruzados. La bata transparente flotando con la brisa. Los ojos violeta brillando con algo que no era deseo. Algo más. Algo que no quería nombrar. Caspia estaba sentada en la grada del medio. Con las piernas cruzadas. El corsé negro brillando bajo la luz del atardecer. La sonrisa cruel en su sitio. Pero los ojos rojos no se movían de Adrian. Ni parpadeaban. Elara estaba a su lado. De pie. Con los brazos cruzados. La cara pálida. Los ojos grises evitando mirar a Adrian directamente. Pero los hombros tensos. Los labios apretados. Celeste estaba sentada en la grada opuesta. Con el vestido blanco impecable. La sonrisa dulce en los labios. Los ojos azules fijos en Adrian. Sin parpadear. Sin sonreír del todo. Valeria estaba en el arco de entrada. De pie. Con el traje gris. Los brazos cruzados. La cara inexpresiva. Observando. Como siempre. Y en lo alto de la torre oeste, en una ventana estrecha, una silueta pálida observaba. Morgana. No se movía. No parpadeaba. Solo miraba. Y el anillo negro con la gema roja giraba lentamente entre sus dedos. Adrian respiró hondo. El aire olía a polvo. A piedra. A algo más. Algo que no supo nombrar. Algo que se parecía al miedo. O a la emoción. O a las dos cosas. El vínculo con Freya latía en su pecho. Débil. Lejano. Ella seguía dormida. Sin saber. Sin sentir. Pero el vínculo estaba ahí. Como un segundo corazón. Como un recordatorio. No estoy solo. Aunque lo parezca. Y entonces, la sombra apareció en el arco de entrada. \--- Kael entró al patio con paso lento. Disfrutando. Saboreando. Los dos secuaces se quedaron en el borde, con los brazos cruzados y las sonrisas torcidas. El demonio caminó hacia el centro de la arena. La luz del atardecer le daba en la piel rojiza. Los cuernos cortos brillaban como carbón. Los ojos rojos ardían. Se detuvo a unos metros de Adrian. Lo miró de arriba abajo. Como se mira a un insecto. Como se mira a algo que ya está muerto. —Humano. —Kael. —Bonito collar. Adrian no respondió. —¿Tienes miedo? —No. —Deberías. Kael miró al público. Levantó los brazos. Como un gladiador. Los estudiantes vitorearon. Algunos gritaron su nombre. Los demonios de las gradas del medio se rieron. Los vampiros de Sangre Pura aplaudieron con lentitud. Los licántropos gruñeron. Los nigromantes no se movieron. Kael bajó los brazos. Miró a Adrian otra vez. —Empecemos. Y se lanzó. \--- El primer puñetazo fue directo. Rápido. Más rápido de lo que Adrian recordaba. Pero no lo suficiente. Adrian se ladeó. El puño pasó rozando su oreja. El aire silbó. Kael no se detuvo. Encadenó. Izquierda. Derecha. Patada. Adrian retrocedió. Esquivó la izquierda. La derecha. La patada le rozó el costado. Le arrancó un jadeo. Más rápido que antes. Más fuerte. Pero... Kael siguió. Una combinación tras otra. Adrian esquivaba. Algunos golpes le caían. En el hombro. En el antebrazo. En el costado. Pero no se doblaba. No caía. Resistir esto... es diferente. Es como si mi cuerpo pesara menos. Como si los golpes no me llegaran del todo. Es el poder de Freya. Lo que drené. Está funcionando. Adrian sintió algo cálido en el pecho. Algo que no era adrenalina. Era satisfacción. Pura. Simple. Estoy resistiendo a Kael. Al demonio que ha matado a tres. Y no me está matando. Kael lanzó un puñetazo directo a la cara. Adrian lo esquivó por un pelo. El puño pasó tan cerca que sintió el calor de la piel de Kael. Kael siguió con un codazo. Adrian bloqueó con el antebrazo. El impacto le sacudió los huesos. Pero no cedió. Duele. Pero puedo aguantarlo. Puedo aguantarlo todo. Kael se detuvo. Jadeando un poco. Frunció el ceño. —¿Qué...? Lo miró. De arriba abajo. Como si lo viera por primera vez. —Estás más resistente. Más rápido. —Ladeó la cabeza. Los ojos rojos entrecerrados—. ¿Has estado entrenando, humano? Adrian sonrió. Muy leve. Casi imperceptible. Pero no era la sonrisa del cordero. Era otra. Una sonrisa torcida. —No. Solo estuve todo el día echado en mi cama. Kael parpadeó. Y luego se enfureció. —¿Cama? —siseó—. ¿Crees que esto es un juego? —No. Pero tú sí. Kael rugió. Se lanzó. Más rápido. Mucho más rápido. Pero esta vez, Adrian también se movió. Más rápido. Diferente. Su cuerpo ya no era el de un humano con collar. Era el de un licántropo. El de un depredador. Esquivó por completo. Se agachó. Giró. Y le conectó un golpe directo en la cara. El impacto resonó en el patio. Un sonido seco. Como piedra contra piedra. Kael retrocedió. Un paso. Dos. Se tocó la mejilla. Miró su mano. No había sangre. Pero dolía. Dolía de verdad. Y entonces lo vio. Adrian estaba sonriendo. No era una sonrisa forzada. No era una máscara. Era una sonrisa real. Torcida. Feliz. Retorcida. Kael lo vio. Y algo en su cara cambió. La rabia se mezcló con algo más. Algo que no esperaba. —Veo que también lo estás disfrutando —dijo Kael. La voz baja. Ronca. Adrian no respondió. Solo levantó una mano. Y le hizo una seña. Con dos dedos. Como diciendo ven. Kael rio. Una risa corta. Sin humor. Y se lanzó otra vez. \--- En las gradas, Varek contuvo la respiración. Los ojos rojos abiertos de par en par. Las manos temblando sobre la piedra. ¿Le ha dado un golpe? ¿A Kael? ¿En la cara? A su lado, un estudiante de tercer año, un licántropo con cicatrices en los brazos, se inclinó hacia adelante. Olía a bosque y a lluvia. Sus ojos amarillos brillaron. —¿Has visto eso? —No puede ser —susurró otro. —El humano... le ha hecho daño. Un demonio de piel grisácea, con cuernos retorcidos y olor a azufre, gruñó desde su asiento. —Imposible. Kael es de los nuestros. Un humano no puede... —Pues parece que sí —dijo otro demonio. Este con piel rojiza y ojos naranjas—. Y eso es vergonzoso. En las filas altas, un vampiro de Sangre Pura, con el cabello negro y los ojos dorados, bajó su copa de vino. Se inclinó hacia adelante. Movimiento lento. Calculado. —Interesante —murmuró. Su voz era suave. Antigua—. El humano no es lo que parece. A su lado, otro vampiro asintió. —Deberíamos observarlo. Podría ser... útil. En las gradas bajas, un nigromante de piel pálida y túnica oscura no parpadeó. Sus ojos oscuros siguieron cada movimiento de Adrian. Sin emoción. Sin juicio. Solo observación. Como si ya hubiera visto algo así antes. Iris, de pie, con los brazos cruzados, entrecerró los ojos. Los violeta brillaron con algo que no era deseo. Era interés. Interés puro. Y algo más. Algo que no quería admitir. ¿Qué eres, Adrian Cole? Caspia, sentada, con las piernas cruzadas, dejó de sonreír. Muy leve. Casi imperceptible. Pero dejó de sonreír. Los ojos rojos fijos en Adrian. Sin parpadear. Interesante. Elara, a su lado, apretó los labios. Los hombros tensos. Los ojos grises, por primera vez, miraron directamente a Adrian. Sin evitarlo. Sin fingir. Solo miraron. Y algo se movió en su pecho. Algo que no era miedo. Algo que no quería nombrar. Celeste, en la grada opuesta, no se movió. La sonrisa dulce seguía en sus labios. Pero sus dedos jugueteaban con el borde de su vestido. Nerviosa. Rápida. En la ventana alta, Morgana no se movió. Pero el anillo dejó de girar. Un segundo. Solo un segundo. Luego siguió girando. \--- Esta vez, Kael no fue directo. Su cuerpo expulsó una energía densa. Oscura. El aire vibró. Los estudiantes de las gradas más cercanas retrocedieron un paso. El olor a azufre se intensificó. Y se movió. Muy rápido. Tan rápido que los estudiantes de las gradas apenas podían seguirlo. Un borrón rojo. Un rastro de calor. Adrian activó la Percepción de Energía. Leyó sus movimientos. Anticipó sus ataques. Esquivó algunos. Otros apenas logró desviarlos. Kael es rápido. Muy rápido. Leerlo no significa poder esquivarlo todo. Mi cuerpo tiene un límite. Y Kael lo supera. Kael lanzó un puñetazo. Adrian lo sintió antes de verlo. Su cuerpo se movió solo. Se ladeó. El puño pasó de largo. ¿Qué...? No lo vi. Lo sentí. Kael cambió de dirección. Un giro brusco. Una patada que venía de la nada. Adrian reaccionó. Casi automáticamente. Bloqueó con el antebrazo. El impacto le sacudió los huesos. Pero no cedió. Kael repitió el ataque. La misma combinación. Izquierda. Derecha. Patada. Adrian lo reconoció. Otra vez. Siempre empieza con la izquierda. Esquivó la izquierda. La derecha. Y cuando la patada venía, ya estaba agachado. El público estaba en shock. —¿Está... esquivando? —No puede ser. —El humano... le está dando pelea. Dorian, el vampiro rubio de tercer año, se inclinó hacia adelante. Con los ojos azules abiertos. Incrédulo. Imposible. Ese humano debería estar muerto. Un licántropo de las gradas del medio se puso de pie. Olfateó el aire. Sus ojos verdes se entrecerraron. —Huele... a lobo. Pero no es un lobo. —¿De qué hablas? —preguntó otro. —No lo sé. Pero su olor ha cambiado. Es más... animal. Los vampiros de Sangre Pura cuchichearon entre ellos. Movimientos lentos. Calculados. —¿Lo has visto? Su velocidad. No es normal. —No. No lo es. Y ese humano no tiene magia. ¿Cómo lo hace? —Quizás Morgana le dio algo. —O quizás no es un humano normal. Kael gruñó. Frustrado. Hizo un amague. Fingió un puñetazo. Pero Adrian sintió algo. Una alarma en el pecho. Un cosquilleo en la nuca. No es real. No se movió. Kael lanzó la patada real. Adrian ya estaba fuera de su alcance. ¿Cómo? ¿Cómo lo sabe? Kael se lanzó. Una ráfaga de golpes. Adrian los esquivó. Algunos. Otros le cayeron. Retrocedió. Kael lo siguió. Lo acorraló contra el borde del círculo. Adrian miró a su alrededor. Rodeado. Pero su cuerpo eligió. Automáticamente. El lado izquierdo. Donde Kael cargaba el peso. Donde era más lento. Se movió hacia ahí. Y escapó. Kael se giró. Furioso. Lanzó un golpe amplio. Demasiado amplio. Bajó la guardia. Un instante. Solo un instante. Pero Adrian lo sintió. La oportunidad. Y contraatacó. Sin pensar. Sin dudar. Directo al costado de Kael. El demonio jadeó. Retrocedió. Adrian sonrió. Esto no es mi mente. Es mi cuerpo. Es el Instinto. Kael atacó otra vez. Más rápido. Demasiado rápido. El instinto de Adrian reaccionó. Pero su cuerpo no. No era lo suficientemente rápido. El puño de Kael le rozó la cara. Le abrió el labio. La sangre brotó. Caliente. Salada. Duele. Pero puedo seguir. Adrian escupió sangre. Y sonrió. Kael lo vio. Y algo en su cara cambió. La rabia se mezcló con algo más. Algo que no esperaba. —¿Sigues sonriendo? —siseó Kael. —Sí. Kael rugió. Se lanzó. Adrian activó Potenciación. \[POTENCIACIÓN ACTIVADA – Nivel 1\] Duración: 5 minutos Bonus: +2 Fuerza, +2 Velocidad Su cuerpo se sintió más ligero. Más fuerte. Más rápido. Y siguió el ritmo de Kael. Golpe por golpe. Esquiva por esquiva. El demonio gruñó. Frustrado. Lanzó un ataque tras otro. Pero Adrian los leía todos. Kael es rápido. Más rápido que yo. Pero puedo leer sus movimientos. Anticiparlos. Aunque leerlos no significa poder esquivarlos todos. Mi cuerpo tiene un límite. Y Kael lo supera. Kael lanzó un puñetazo. Adrian lo esquivó. Kael siguió con una patada. Adrian la bloqueó. El impacto le sacudió los brazos. Demasiado fuerte. Kael siguió con un codazo. Adrian se agachó. El aire silbó. Por poco. Kael giró. Otra patada. Adrian retrocedió. No puedo aguantar mucho más de esto. Otro golpe. Adrian lo esquivó. Pero puedo aguantar lo suficiente. Y entonces, Adrian pateó la arena. Una nube de polvo rojo se levantó. Directo a los ojos de Kael. El demonio parpadeó. Se cubrió. Un segundo. Solo un segundo. Pero fue suficiente. Adrian usó Golpe Preciso. \[GOLPE PRECISO ACTIVADO – Coste: 1 Esfera\] \[Esferas restantes: 5/20\] Concentró toda su energía en el puño. Un segundo. Solo un segundo. El puño brilló con un destello dorado apenas visible. Y golpeó. Directo al pecho de Kael. El demonio se dobló. Jadeó. Retrocedió. Adrian no le dio tregua. Otro golpe. Otro. Y otro. Kael se tambaleó. Cayó de rodillas. Por un segundo. Solo un segundo. Y luego, Kael sonrió. Adrian lo vio. Y supo. Lo hizo a propósito. Kael se lanzó. Un golpe brutal. Directo al pecho de Adrian. Adrian lo vio venir. Supo que no podría bloquearlo. Supo que no podría esquivarlo. Era demasiado rápido. Demasiado fuerte. Demasiado todo. Mierda. El impacto fue como un martillo. Adrian salió volando. Cruzó la arena. Y chocó contra las gradas bajas. La piedra se agrietó. Los estudiantes de las primeras filas gritaron. Retrocedieron. El polvo voló. Y Adrian cayó al suelo. Hecho un guiñapo. El silencio fue total.
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Estás leyendo el capítulo 16 de El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela), un novela. Adrian Cole llegó a Lux Aeterna como el único humano de un internado lleno de monstruos. Los vampiros lo desprecian. Los hombres lobo se burlan de él. Los nigromantes quieren estudiarlo. Y las súcubos... bueno, ellas… Este capítulo tiene publicado el 11 de octubre de 2026. El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) tiene 19 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.