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Leer El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 15 online gratis en español

El atardecer se acercaba sobre Lux Aeterna. El cielo empezaba a teñirse de naranja y rojo. Las antorchas de fuego azul ardían con más intensidad. El viento soplaba frío desde el Bosque de las Sombras, colándose por los corredores, haciendo temblar las llamas y arrastrando el olor a tierra húmeda y a algo más. Algo antiguo. Y el rumor se extendía como un incendio. —¿Es verdad? ¿El humano va a pelear contra Kael? —Dicen que Kael lo retó hace días. —Va a ser una masacre. —¿Y Morgana lo permite? —Al parecer sí. Nadie va a intervenir. —Entonces el humano está muerto. Adrian caminaba solo. Con las manos en los bolsillos. El Cuchillo de Sombra oculto. El vínculo con Freya latiendo en su pecho. Suave. Lejano. Pero Freya no estaba despierta. La sintió dormida. Profundamente dormida. El cansancio la había vencido. El eco. Los días sin dormir. La decisión. Todo. Y ahora descansaba. Sin saber lo que estaba a punto de pasar. Adrian sonrió. Muy leve. Casi imperceptible. Mejor. No quiero que sienta esto. Siguió caminando. Pero antes de llegar al patio, se detuvo. En un rincón vacío. Solo. Lejos de los ojos de los demás. Extendió la mano. Y el Cuchillo de Sombra se materializó. La hoja negra. El fulgor púrpura. El peso familiar. Lo giró entre sus dedos. Lo sostuvo. Lo soltó. Lo invocó otra vez. Esto es todo lo que tengo. Esto. El poder de Freya. El Sistema. Y lo que sé hacer. Cerró los ojos. Respiró hondo. Sintió el poder de licántropo latiendo bajo la piel. La fuerza. La velocidad. El instinto. Pero también sintió otra cosa. Algo más. Algo que no quería admitir. El corazón le latía rápido. Más rápido de lo que debería. Las manos le sudaban. Un sudor frío. Pegajoso. Y el cuchillo pesaba. Más de lo habitual. Como si supiera lo que estaba por venir. No es miedo. Es... preparación. Abrió los ojos. Desvaneció el cuchillo. Se limpió las palmas en los pantalones. Y siguió caminando. \--- Entonces escuchó pasos. Rápidos. Nerviosos. Tropezando con las piedras. Adrian se giró. Varek corría hacia él. Con la capucha caída. El cabello despeinado. Los ojos rojizos abiertos. Húmedos. Jadeaba. No por el esfuerzo. Por el miedo. —Adrian. Se detuvo frente a él. Le agarró el brazo. Los dedos le temblaban. —No vayas —dijo. La voz quebrada. Adrian no respondió. —Kael te va a matar. Lo he visto. Ha matado a otros. —Varek apretó más el brazo. Las uñas se le clavaron en la tela—. ¿Por qué los profesores no hacen nada? ¿Por qué Morgana lo permite? Es una muerte anunciada. Todos lo saben. Y nadie hace nada. Nadie. Adrian lo miró. Varek tenía razón. Era una muerte anunciada. Y nadie hacía nada. —No lo sé —dijo Adrian. —Si no vas... —Irá a por mí. Y a por ti. Varek se quedó callado. Los ojos se le humedecieron. Se le tensó la mandíbula. Y por un momento, Adrian vio algo en su cara que no había visto antes. Rabia. Rabia impotente. —Entonces gana —susurró Varek. Apenas un hilo de voz—. Por favor. Gana. Adrian le puso una mano en el hombro. —Voy a ganar. Varek asintió. Sin creerlo del todo. Pero asintiendo. Se limpió las lágrimas con la manga. Intentó sonreír. Le salió una mueca. —Más te vale. Porque si mueres, no te lo perdonaré. —No pienso morir. Varek lo soltó. Se quedó ahí. De pie. Viéndolo alejarse. Adrian caminó. Y mientras se alejaba, algo se movió en su pecho. Algo incómodo. Algo que no supo nombrar. ¿Desde cuándo este chico se preocupa tanto por mí? Nos conocemos recién, Y ya está llorando por mí. Como si fuéramos hermanos. Sonrió. Una sonrisa torcida. Amarga. En mi mundo anterior, nadie lloraba por mí. Nadie se preocupaba. Todos querían algo de mí. Mi cuerpo. Mi atención. Mi dinero. Miró atrás. Varek seguía ahí. De pie. Viéndolo alejarse. Con los ojos húmedos. Con las manos temblando. Y este idiota será que me quiere? Adrian se giró. Siguió caminando. No sé qué hacer con eso. \--- En el camino, un grupo de estudiantes de tercer año lo vio pasar. Estaban apoyados contra la pared. Con los brazos cruzados. Vampiros. Demonios. Todos con sonrisas. —Miren, ahí va —dijo uno. Un vampiro de Sangre Alta. Rubio. Ojos azules. —El conejito —dijo un demonio de piel grisácea. Cuernos cortos. Sonrisa torcida. Adrian no respondió. Siguió caminando. —Vas a morir, humano —dijo el demonio—. Kael ha matado a tres. Y a ti te va a matar en menos de un minuto. Adrian lo miró. Directo. Sin miedo. Sin rabia. Sin nada. —Gracias por la información. El demonio parpadeó. No esperaba esa respuesta. Adrian pasó a su lado. Siguió caminando. Y el demonio se quedó ahí. Con la boca abierta. —¿Qué le pasa a ese? —preguntó el vampiro. —No lo sé. Pero está loco. Rieron. Pero Adrian ya estaba lejos. Y no se giró. Pero por dentro, algo se retorcía. Hijos de puta. Hijos de perras. Los tres. Con sus sonrisas y sus burlas. Como si fueran alguien. Como si valieran algo. Apretó los puños. Un segundo. Solo un segundo. Cuando termine con Kael, ustedes son los siguientes. Y voy a disfrutar cada segundo. Cada hueso roto. Cada gota de sangre. Cada súplica. Sonrió. Muy leve. Casi imperceptible. Pero primero, Kael. \--- Iris lo esperaba más adelante. Apoyada contra la pared. Con la bata transparente. El cabello negro cayendo sobre los hombros. Los ojos violeta brillando con algo que no era deseo. —Adrian —dijo. Con esa sonrisa de súcubo que todo lo sabe—. ¿Vas al matadero? Adrian no respondió. En su lugar, se acercó. Despacio. Hasta quedar a centímetros de ella. Tan cerca que podía oler su perfume. Jazmín. Y algo más. Algo más oscuro. Iris se tensó. Muy leve. Casi imperceptible. Pero Adrian lo notó. El vínculo no era con ella. Pero su ojo entrenado sí. —¿Estás aquí porque te preocupas por mí? —preguntó él. Con voz baja. Ronca. Casi un susurro. Iris parpadeó. La sonrisa se le torció. —¿Qué? No. Solo pasaba por aquí. —¿Ah, sí? —Adrian se inclinó un poco más. Su aliento le rozó la mejilla—. ¿Y por qué tiemblas? Iris se sonrojó. Un rubor violeta. Subió por su cuello. Hasta sus mejillas. —No tiemblo. Iris apretó los labios. Los ojos violeta brillaron. Con rabia. Con algo más. —Eres un idiota. Adrian se apartó. Un centímetro. Solo un centímetro. Lo suficiente para que ella pudiera respirar. Pero no lo suficiente para que se sintiera libre. —Buena suerte, corderito —dijo Iris. La voz le salió más ronca de lo que quería—. La vas a necesitar. Adrian siguió caminando. Iris lo observó alejarse. Y cuando desapareció por la esquina, la sonrisa se le borró de la cara. Se mordió el labio inferior. Un gesto nervioso. Rápido. ¿Por qué me importa? Es solo un humano. Un humano con collar. Nada más. Se giró. Se fue. Caminando rápido. \--- Valeria se cruzó con él en un corredor. La secretaria de Morgana. Humana. Sin collar. Con el traje gris ajustado. El cabello pelirrojo recogido en un moño bajo. Caminaba rápido. Con paso firme. Sin mirarlo. Pero cuando pasó a su lado, frenó. Un segundo. Solo un segundo. —Ten cuidado —dijo. Sin mirarlo. Sin detenerse—. Morgana estará observando. Y siguió caminando. Como si no hubiera dicho nada. Adrian se quedó quieto. Procesando. Morgana estará observando. Eso significa que no intervendrá. \--- Celeste apareció en su camino. La rubia platino. El vestido blanco. La sonrisa dulce. Caminaba con paso lento. Grácil. Al verlo, se detuvo. Inclinó la cabeza. Un gesto adorable. Pero sus ojos azules no sonreían. —Adrian. ¿Vas al duelo? —Eh S Si. —Qué valiente. —Celeste sonrió. Pero sus dedos jugueteaban con el borde de su vestido. Nerviosa. Y por un instante, algo en su cara se torció. Algo que no era máscara. Algo que se parecía a la preocupación—. Buena suerte. Adrian la miró. Buscando la mentira. No la encontró. —G-gracias —dijo él. Tartamudeando. Manteniendo la máscara. Celeste asintió. Se giró. Caminó despacio. Sin mirar atrás. Adrian siguió caminando. \--- Caspia y Elara estaban junto a una ventana. Caspia con el corsé negro. Elara con el vestido gris. Hablando en voz baja. Caspia reía. Elara escuchaba. O fingía escuchar. Al ver a Adrian, Caspia sonrió. Lenta. Cruel. —Miren, ahí va el conejito —dijo. Con voz alta. Para que todos la oyeran—. ¿Vas a pelear contra Kael? Adrian no respondió. Siguió caminando. —No te preocupes —dijo Caspia—. Será rápido. Kael no se anda con juegos. Elara no dijo nada. Ni siquiera lo miró. Tenía los ojos fijos en la ventana. Como si Adrian no existiera. Como si no le importara. Pero cuando Caspia rio, algo cambió. Muy leve. Casi imperceptible. Los hombros de Elara se tensaron. Un milímetro. Dos. Y los labios se le apretaron. Un gesto mínimo. Rápido. Como si algo dentro de ella se hubiera retorcido. Y luego volvió a la normalidad. Como si nada hubiera pasado. Adrian pasó a su lado. Caspia rio. Y Elara siguió mirando por la ventana. Sin moverse. Sin parpadear. \--- Lyra estaba cerca de la biblioteca. Con el libro de siempre bajo el brazo. El cabello castaño claro recogido en una coleta despeinada. Los ojos avellana fijos en él. No dijo nada. Solo lo miró. Y en su cara, por un instante, algo se movió. Algo que no era su habitual calma. Algo que se parecía a la preocupación. A la duda. Al miedo. Luego desvió la mirada. Hacia la ventana. Hacia cualquier lugar que no fuera él. Adrian la miró un segundo más. Luego siguió caminando. No se dijeron nada. No hacía falta. \--- Adrian llegó al Patio de Armas. Y se detuvo. El patio estaba lleno. Las gradas de piedra que rodeaban la arena roja estaban repletas. Estudiantes de todos los años. De todas las especies. Vampiros. Demonios. Licántropos. Súcubos. Nigromantes. Híbridos. Todos con sonrisas. En las gradas más altas, un grupo de estudiantes de quinto año. Vampiros de Sangre Pura. Con vestimentas elegantes. Con copas de vino en las manos. Como si estuvieran en un palco de ópera. Riendo. Apostando. En las gradas del medio, estudiantes de tercero y cuarto. Demonios con cuernos. Súcubos con batas transparentes. Licántropos con cicatrices. Todos mirando. Todos esperando. En las gradas bajas, los de primero y segundo. Los más jóvenes. Algunos con caras de miedo. Otros con caras de diversión. Y en el centro del patio, la arena roja. Vacía. Esperando. Adrian respiró hondo. El aire olía a polvo. A piedra. A algo más. Caminó hacia el centro del patio. Los estudiantes lo miraron. Algunos rieron. Otros susurraron. —¿Ese es el humano? —Sí. El del collar. —¿Y va a pelear contra Kael? —Eso dicen. —Pobre idiota. —Al menos tendremos espectáculo. Adrian no respondió. No miró a nadie. Solo caminó. Hasta el centro. Hasta la arena roja. Y se quedó ahí. De pie. Esperando. En las gradas, Varek estaba sentado en un rincón. Lo más lejos posible de todos. Con las manos agarradas al borde de la piedra. Los nudillos blancos. Los ojos fijos en Adrian. En otra grada, Iris. De pie. Con los brazos cruzados. Los ojos violeta brillando con algo que no era deseo. En otra, Caspia. Sentada. Con las piernas cruzadas. El corsé negro brillando bajo la luz del atardecer. Sonriendo. En otra, Elara. De pie. Junto a Caspia. Con los brazos cruzados. La cara pálida. Los ojos grises evitando mirar a Adrian. Pero los hombros todavía tensos. Los labios todavía apretados. En otra, Celeste. Sentada. Con el vestido blanco. La sonrisa dulce. Los ojos azules fijos en Adrian. Sin parpadear. Y en el arco de entrada, Valeria. De pie. Con el traje gris. Los brazos cruzados. La cara inexpresiva. Observando. No había rastro de Lyra. Y en lo alto de la torre oeste, en una ventana estrecha, una silueta pálida observaba. Morgana. No se movía. No parpadeaba. Solo miraba. Y el anillo negro con la gema roja giraba lentamente entre sus dedos. Adrian miró al frente. Al otro lado del patio. Donde Kael aparecería. Donde el duelo comenzaría. El viento sopló. Frío. Desde el Bosque de las Sombras. Hizo temblar las antorchas. Hizo volar polvo de la arena. Y en algún lugar, en la habitación 205, Freya seguía dormida. Sin saber. Sin sentir. Pero el vínculo latía. Débil. Lejano. Pero latía. No estoy solo. Aunque lo parezca. El Sistema parpadeó. \--- \[RECORDATORIO: DUELO CONTRA KAEL – HOY\] Lugar: Patio de Armas Condiciones: Sin reglas. Sin intervención. Hasta que uno caiga. \--- Adrian leyó la interfaz. Luego la cerró. Esperó. Y el sol siguió bajando. Y el cielo siguió tiñéndose de rojo. Y los estudiantes siguieron susurrando. Y las apuestas siguieron corriendo. Adrian esperó. Y esperó. Y esperó. Hasta que una sombra apareció en el arco de entrada del patio.
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El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 15

Estás leyendo el capítulo 15 de El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela), un novela. Adrian Cole llegó a Lux Aeterna como el único humano de un internado lleno de monstruos. Los vampiros lo desprecian. Los hombres lobo se burlan de él. Los nigromantes quieren estudiarlo. Y las súcubos... bueno, ellas… Este capítulo tiene publicado el 11 de octubre de 2026. El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) tiene 19 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.