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Leer El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

Adrian salió de la habitación 205. El pasillo estaba más tranquilo que de costumbre. Las antorchas de fuego azul ardían en silencio. Y ahí estaba Varek. Como todas las mañanas desde hacía unos días. Esperándolo fuera de la puerta. Con una sonrisa nerviosa y una bandeja con dos panes. —B-buenos días —dijo el semidemonio—. Te traje desayuno. Por si no querías ir al comedor. Adrian lo miró. Este chico no tiene remedio. Le puso una mano en el hombro y luego le dio un golpe suave en la espalda. Un gesto amistoso. Cálido. —Gracias, Varek. Pero no hacía falta. Varek sintió el contacto. Nadie le había tocado así en años. Se quedó quieto un segundo. Notó el calor de la mano de Adrian. La firmeza. Y algo dentro de él se movió. Algo que no supo nombrar. Solo asintió. Con una sonrisa más grande. Más real. Adrian retiró el brazo. Caminaron juntos hacia el comedor. Los estudiantes pasaban a su lado. Algunos los miraban. Otros los ignoraban. Varek caminaba con los hombros encorvados. Adrian con las manos en los bolsillos. —Varek. —¿Sí? —¿Cómo funciona esto de las edades? —preguntó Adrian—. Veo gente joven. Gente mayor. ¿La academia acepta a cualquiera? Varek lo miró. Sorprendido por la pregunta. —No exactamente. La academia no acepta por edad cronológica. Acepta por edad de desarrollo. Por madurez. Significa que un vampiro de doscientos años puede ser un adolescente. Y un licántropo de cincuenta puede ser un joven adulto. Depende de la especie. Cada raza madura a un ritmo distinto. Adrian asintió. Así que la edad no es lo que parece. —Los vampiros maduran muy lento. Los de Sangre Pura, más. Caspia, por ejemplo, tiene más de doscientos años. Pero en términos de desarrollo, es como una humana de veinte. Joven. Impulsiva. Inmadura. —¿Y los demás? —Los licántropos maduran más rápido. A los treinta ya son adultos. Los súcubos a los cincuenta. Los demonios a los cien. Los nigromantes a los ochenta. Nosotros, los semidemonios, maduramos como los humanos. Yo tengo diecisiete. Adrian lo miró. Por eso Varek está aquí. Porque es joven. Porque es vulnerable. Llegaron al comedor. Se sentaron en el rincón de siempre. Varek comía despacio. Adrian apenas tocó su pan. —¿Estás bien? —preguntó Varek. —Sí. Solo pensando. —¿En qué? —En Kael. Varek se quedó quieto. La cuchara le tembló. —Anoche escuché algo en las cocinas. Los nigromantes hablaban de ti. Decían que eres diferente. Que los humanos anteriores no eran así. Que Morgana te está observando… y que Kael ha estado preguntando por ti. Un frío subió por la nuca de Adrian. No solo quiere venganza. Quiere cazarme. —Gracias por avisarme. —Varek —dijo Adrian—. Si Kael o sus amigos se acercan a ti, me lo dices. ¿Entendido? El semidemonio lo miró, sorprendido. —¿P-por qué? —Porque eres mi amigo. Y no quiero que te pase nada. Varek bajó la mirada y murmuró un "gracias" casi inaudible. Terminaron de desayunar y caminaron hacia el salón. Varek se despidió con un gesto nervioso y se fue a su pupitre. Adrian entró en el Salón 307. Estaba casi vacío. Al fondo, junto a la ventana, una chica de cabello rubio platino dormía sobre su mesa. Elara. Adrian se acercó sin hacer ruido. Ella respiraba despacio. El cabello le caía sobre la cara. Los labios entreabiertos. Miró alrededor. Nadie lo observaba. Extendió la mano y rozó el dorso de la de ella. Un contacto breve. Imperceptible. Elara no se movió. Adrian se sentó en su pupitre del fondo, cerró los ojos y activó el Sueño Lúcido. \--- Sueño de Elara Una calle estrecha. Los adoquines brillaban húmedos bajo la luz amarillenta de unas farolas de hierro forjado que parpadeaban como si estuvieran a punto de morir. A ambos lados, edificios altos de piedra negra. Sin ventanas. Sin puertas. Las paredes parecían inclinarse hacia adentro, como si quisieran aplastar la calle. El aire olía a humedad y a hierro viejo. A algo que llevaba siglos estancado. Elara caminaba por el centro. Con paso firme. Seguro. Como si el lugar le perteneciera. Sus tacones resonaban en los adoquines. Eco. Eco. Eco. Entonces lo escuchó. Un llanto. Débil. Lejano. Un bebé. Elara se detuvo. Giró la cabeza. El sonido venía de un callejón a su derecha. Más estrecho. Más oscuro. El aire de ahí era más frío. Olía a algo más. A sangre. A algo que no debería estar ahí. Elara sonrió. Una sonrisa lenta. Cruel. Sus ojos grises brillaron con un fulgor que no era humano. Caminó hacia el callejón sin dudar. Al fondo, sobre un montón de trapos sucios, había un bulto pequeño. Envuelto en una manta raída. El llanto salía de ahí. Débil. Quejumbroso. Elara se agachó. Despacio. Disfrutando del sonido. De la vulnerabilidad. De la vida pequeña que latía bajo esa manta. Extendió una mano. Los dedos le temblaban. No de miedo. De emoción. Cargó al bebé. Lo sostuvo contra su pecho. Pesaba poco. Demasiado poco. La manta era áspera. Olía a algo viejo. A algo que había estado ahí mucho tiempo. —Shhh —susurró. Su voz no tenía nada de consuelo. Era un arrullo. Un arrullo de depredadora—. No llores. Esto será rápido. Apartó la manta. Y se quedó paralizada. No era un bebé normal. El cuerpo era diminuto. Como de un recién nacido. Pero la cabeza. La cabeza era demasiado grande. Como de un joven. Como de alguien que ya había crecido. El cuello era largo. Demasiado largo para ese cuerpo. La piel era pálida. La cara era la de Adrian. Reducida. Distorsionada. Pero reconocible. Elara se quedó quieta. Los ojos grises abiertos de par en par. Abrumada. Sin saber qué hacer. Sin saber qué decir. El bebé dejó de llorar. La miró. Fijamente. Y sonrió. Una sonrisa lenta. Torcida. Familiar. Con demasiados dientes. Afilados. Imposibles. —Agu… ta… ta… La voz era grave. Demasiado grave. Retumbó en el callejón. Hizo vibrar las paredes. Elara sintió el sonido en el pecho. En los huesos. En el alma. Y se rio. El bebé se rio. Fuertemente. Una risa que no correspondía a un cuerpo tan pequeño. Una risa que rebotó en las paredes. Que llenó el callejón. Elara gritó. —¡AAAH! Lanzó al bebé lejos de ella. El cuerpo pequeño voló. Cayó sobre los trapos. Rodó. Elara retrocedió. Tropezó. Cayó de espaldas. El suelo estaba frío. Húmedo. Se paralizó. No podía moverse. No podía respirar. Y entonces lo escuchó. —Oye. No seas mala madre. Recoge a tu bebé. La voz venía de todas partes. Del callejón. De las paredes. De su propia cabeza. Elara se giró. Buscó. No había nadie. Solo el bebé. En el suelo. Mirándola. Con esos ojos verdes. —¿Así tratas a los bebés? —dijo la voz. Grave. Profunda—. Lo tiraste. Elara abrió la boca. No le salió voz. —Yo que tú lo recogería. Está empezando a enfadarse. El bebé se movió. Despacio. Giró la cabeza. La miró. La sonrisa seguía ahí. Más ancha. Más afilada. —¿En serio vas a abandonar a tu propio hijo? —continuó la voz. Y esta vez sonó más cerca. Más dentro de su cabeza—. Pobrecito. Su primera madre y ya lo rechazó. Elara negó con la cabeza. No. No. No. —Ven. Recógelo. Mira que está llorando. El bebé no lloraba. Sonreía. Pero la voz seguía. —¿Qué clase de madre eres? Elara temblaba. Todo su cuerpo temblaba. Los ojos grises se le llenaron de lágrimas. No de tristeza. De terror. No sabía qué decir. No sabía qué hacer. Y entonces, la voz se rio. —Jajajaja. Una risa grave. Lenta. Profunda. Que retumbó en el callejón. Que hizo temblar las farolas. Que apagó la poca luz que quedaba. El bebé levantó lentamente la cabeza. La miró. Directo. A los ojos. —¿No vas a cargarme? Elara negó. Sin palabras. Solo negó. —Mamá… —dijo el bebé. Elara se quedó blanca. Blanca como la nieve. Blanca como la muerte. —No. —Mamá… —¡NO! —Mami… —dijo el bebé. La voz más aguda. Más inocente. Más perturbadora—. Mami, mami, mami… Elara retrocedió. Sin dejar de temblar. Sin dejar de negar. —Qué carácter —dijo la voz. Y se rio. Más fuerte. Más profunda. Como si se estuviera divirtiendo—. Mami, mami, mami… ¿No me vas a cargar? ¿No me vas a querer? ¿No me vas a dar de comer? El bebé se rio. Y esta vez la risa fue más fuerte. Más profunda. Más imposible. Las paredes se inclinaron más. Las farolas parpadearon una última vez. Se apagaron. Elara gritó. \--- Salón 307 – 9:50 AM Elara se incorporó de golpe con un jadeo ahogado, como si hubiera estado bajo el agua. El corazón le golpeaba tan fuerte que le dolía el pecho. Las manos le temblaban. Sudaba. El cabello se le pegaba a la frente y al cuello. Parpadeó varias veces. El salón. Los pupitres. Los estudiantes. Algunos la miraban. Otros se reían bajito. Uno susurró: "¿Qué le pasa a esa?" Otro: "Está loca." Tardó un segundo entero en recordar dónde estaba. Se pasó una mano por la cara, intentando disimular, pero los dedos le fallaron. Todavía sentía el frío del callejón en la espalda. Todavía oía la risa. Todavía sentía esos ojos verdes fijos en los suyos. Y entonces lo vio. Adrian. En el pupitre del fondo. Mirándola. Sonriendo. Lenta. Torcida. Y le guiñó un ojo. El color se le fue de la cara. Un escalofrío le recorrió los brazos hasta la nuca. Apretó los labios para no hacer ningún sonido. Apartó la mirada de inmediato, fingiendo buscar algo en su bolso. Las manos le temblaban demasiado para abrir la cremallera. Él había estado allí. Dentro. Había visto eso. Y se estaba riendo de ella. Pero no podía dejar de temblar. No era el sueño. No era el bebé. Era él. Adrian. El humano. La había tocado. La había visto. La había hecho sentir… ¿qué? No lo sabía. Pero no podía dejar de pensar en él. Y eso la asustaba más que el sueño. La puerta se abrió. Kael entró con dos demonios. Piel rojiza. Cuernos cortos. Olor a azufre. Caminó despacio hasta detenerse frente al pupitre de Adrian. Apoyó las manos en la madera. —Humano. Adrian levantó la vista con cara de cordero. —¿S-sí? —Golpe de suerte —dijo Kael, saboreando las palabras—. Eso fue lo que pasó. Solo suerte. Adrian no respondió. —La próxima vez no habrá reglas. No habrá profesora. No habrá "sin magia". Solo tú y yo. Y te aseguro que no será divertido. Uno de los demonios se rió. —Mira cómo tiembla. Kael ni se giró. —Cállate. Esto no es tu pelea. Volvió a mirar a Adrian. —Ah, y dile a tu amiguito de las cocinas que tenga cuidado. Sería una lástima que se metiera en medio. Adrian sintió un nudo frío en el estómago. Sabe de Varek. Kael se fue sin prisa. Los demonios lo siguieron. El salón entero los observó. Luego las miradas se volvieron hacia Adrian. Lyra lo miraba desde su asiento. No dijo nada, pero sus ojos dejaban claro que había entendido todo. Elara seguía temblando. Mirándolo. El Sistema parpadeó. \--- \[MISIÓN DIARIA COMPLETADA\] Recompensa: +1 Esfera de Ancla Esferas de Ancla: 7/10 \--- \[ESTADO ACTUAL\] Hospedador: Adrian Cole Rango: E (Estable) → E+ (Avanzado) Esferas de Ancla: 7/20 Edad física: 20 años Edad cronológica: 32 años Atributos • Fuerza: 5 • Velocidad: 7 • Resistencia: 4 • Percepción: 12 • Carisma: 18 • Voluntad: 15 Habilidades activas • Percepción de Energía • Inmunidad Mágica (Parcial) • Drenaje (Nivel 1) • Potenciación (Nivel 1) • Sueño Lúcido (Nivel 1) • Golpe Preciso (Nivel 1) Habilidades de combate desbloqueadas • Golpe Preciso (Nivel 1) – Ya adquirido • Resistencia Mejorada (Nivel 1) – 1 Esfera • Lectura de Movimiento (Nivel 1) – 2 Esferas • Paso Fantasma (Nivel 1) – 2 Esferas Misiones activas • Venganza por Humillación – Caspia Dracul: 45% Deseo • Dominar a Freya Varg: 70% Deseo | 20% Orgullo | 10% Miedo • Drenaje Profundo – Freya Varg: Pendiente (24 horas) • Supervivencia – Primer Año: En progreso \--- \[ACTUALIZACIÓN DEL SISTEMA: CAPACIDAD DE ESFERAS AMPLIADA\] La capacidad máxima de Esferas de Ancla ha aumentado de 10 a 20. Has alcanzado el rango E+ (Avanzado). El siguiente umbral es el Rango D (Consolidado). Sigue acumulando esferas. Sigue dominando. Sigue creciendo. \--- \[TIENDA DEL SISTEMA – ACTUALIZACIÓN\] Límite: 1 compra por día. Próxima actualización: 2 días. Esferas disponibles: 7. Objetos disponibles: Utilidad / Combate • Amuleto de Silencio (Rango Común) – 2 Esferas Elimina el sonido de tus pasos y movimientos durante 30 minutos. • Venda de Refuerzo (Rango Común) – 2 Esferas Aumenta temporalmente la resistencia del usuario (+3 Resistencia durante 1 hora). • Cuchillo de Sombra (Rango Poco Común) – 4 Esferas Arma corta que se materializa en la mano. Ignora parcialmente defensas mágicas básicas. Dura 10 minutos. Se puede invocar y desmaterializar a voluntad. Control / Humillación • Collar de Obediencia Menor (Rango Poco Común) – 4 Esferas Al colocarlo, reduce la voluntad del objetivo y aumenta la sensación de sumisión. Dura 1 hora. No funciona en rangos superiores. • Marca Visible (Rango Común) – 2 Esferas Deja una marca temporal en la piel del objetivo que solo él y el usuario pueden ver. Genera vergüenza y conciencia constante de la marca. Dura 6 horas. • Espejo de Reflejo (Rango Poco Común) – 5 Esferas Fuerza al objetivo a ver una versión distorsionada de sí mismo (más vulnerable, más deseante, más humillada). Dura 20 minutos. Efecto psicológico fuerte. Sensorial / Placer • Aceite de Sensibilidad Profunda (Rango Común) – 2 Esferas Aumenta drásticamente la sensibilidad al tacto durante 2 horas. • Poción de Deseo Amplificado (Rango Poco Común) – 4 Esferas Amplifica el deseo existente hacia el usuario. No crea deseo donde no hay. • Anillo de Placer Contenido (Rango Poco Común) – 4 Esferas Impide el orgasmo del objetivo hasta que el usuario lo permita. Dura 1 hora. \--- Adrian leyó la lista con calma. Interesante. Ya no es solo placer. También control. También humillación. Pero lo que le llamó la atención fue el Cuchillo de Sombra. Un arma. Un arma que podía materializarse y desmaterializarse. Eso era poder. Poder real. Poder para defenderse. Poder para atacar. Poder para enfrentar a Kael. No lo dudó. \[COMPRAR: CUCHILLO DE SOMBRA (RANGO POCO COMÚN) – 4 ESFERAS\] \[Esferas de Ancla: 7/20 → 3/20\] Adrian extendió la mano. Cerró los ojos. Sintió el frío. El peso. Y cuando abrió los ojos, el cuchillo estaba ahí. En su mano. Una hoja negra. Oscura. Como si estuviera hecha de sombra sólida. Brillaba con un fulgor tenue. Púrpura. Antinatural. Adrian lo giró. Lo miró. Es ligero. Es perfecto. Lo soltó. El cuchillo se desvaneció. Como humo. Como si nunca hubiera estado ahí. Adrian volvió a extender la mano. Pensó en él. En su forma. En su peso. Y el cuchillo reapareció. En su mano. Otra vez. Sonrió. Una sonrisa lenta. Torcida. Kael. Vas a tener problemas. \--- Adrian salió del salón. Caminó sin rumbo. Hasta que llegó al patio de armas. Estaba vacío. Como siempre. Se detuvo en el centro y activó la Percepción de Energía. El aire se llenó de restos de combates antiguos. Dolor. Sangre. Muerte. Y debajo, una energía residual más vieja. Abrió los ojos. Miró sus manos. No es suficiente. No contra Kael. Pensó en Freya. En su fuerza. En su orgullo. El Sistema parpadeó. \--- \[MISIÓN ESPECIAL ACTUALIZADA: DOMINAR A FREYA VARG\] Nueva opción desbloqueada: Drenaje Profundo. Has alcanzado el nivel de deseo necesario. Esta opción te permite drenar una parte permanente del poder de Freya Varg. Ella se debilitará temporalmente, pero conservará sus genes e instintos. El poder drenado será tuyo. Para siempre. Advertencia: El Drenaje Profundo crea un vínculo. Sentirás lo que ella siente. Ella sentirá lo que tú sientes. ¿Aceptar? Sí / No \--- Adrian se quedó mirando la interfaz. Un vínculo. Sentiré lo que ella siente. Ella sentirá lo que yo siento. Cerró los ojos. Recordó el sabor de su boca en el sueño. La forma en que tembló cuando él le rozó la mejilla. El orgullo que aún la sostenía. Si lo hago, ya no hay vuelta atrás. Abrió los ojos. Dudó varios segundos. Luego aceptó. \[DRENAJE PROFUNDO ACEPTADO\] Objetivo: Domina a Freya Varg en un sueño lúcido. Llévala al orgasmo. Drena su poder. Recompensa: +5 Esferas de Ancla + Poder de Licántropo (Permanente) + Vínculo de Sombra (Parcial) Penalización por fracaso: El vínculo se rompe. Freya te odiará de forma permanente. Tiempo límite: 24 horas. Adrian exhaló despacio.
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Estás leyendo el capítulo 10 de El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela), un novela. Adrian Cole llegó a Lux Aeterna como el único humano de un internado lleno de monstruos. Los vampiros lo desprecian. Los hombres lobo se burlan de él. Los nigromantes quieren estudiarlo. Y las súcubos... bueno, ellas… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. El Sistema de Ancla: Dominación y Venganza en Lux Aeterna (Novela) tiene 19 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.