Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 54 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng quería dinero: ¡mil billetes!
"De... de acuerdo...", se apresuró a responder Xiao Yeci mientras sacaba mil billetes en efectivo del baúl de mimbre y se los entregaba. Li Banfeng los contó dos veces y se los guardó en el bolsillo interior.
"Se lo advierto una vez más: si no quieren morir, ¡no vayan a la Vieja Residencia de los He!".
Con aquellas palabras se despidieron. Xiao Yeci y su hija no fueron a la vieja mansión, sino que enfilaron hacia la estación de trenes.
Li Banfeng las siguió a cierta distancia durante todo el trayecto y las vio entrar en la taquilla.
Habían ido a comprar sus billetes; en verdad no esperaba que tuvieran un salvoconducto.
Si contaban con uno, mejor que mejor. Que se marcharan cuanto antes, y cuanto más lejos, mejor; sería un alivio para ellas y también para él.
Li Banfeng regresó al Barranco Interior y fue de nuevo a la tienda de ultramarinos. Al ver que la puerta continuaba cerrada, se desvió hacia la tienda de telas contigua.
Yu Nan, la dueña del negocio, ataviada con vistosa coquetería, salió a recibirlo: "¿Busca telas, señor? Venga por aquí y eche un vistazo. Tenemos satén labrado, satén imperial y por este lado seda de Ningbo y tisú de primavera. También contamos con gasa bordada, gasa de Hangzhou, habotai y crespón de Huzhou. ¿Cuál es de su agrado?".
El establecimiento se dedicaba principalmente al comercio de sedas y satenes, pero Li Banfeng no tenía ningún interés en comprar piezas de tela, y tampoco sabía cortar ni coser.
Yu Nan habló durante un buen rato, pero al ver que el cliente no mostraba el menor entusiasmo, cambió de tercio y preguntó: "¿Acaso busca ropa confeccionada? Contamos con sastres en el taller; si las prendas hechas no le convencen, podemos tomarle las medidas y confeccionarle una a su gusto".
Li Banfeng negó con la cabeza: "Tampoco busco ropa".
Yu Nan apretó entre los dientes una boquilla larga y delgada. Tras guardar silencio un instante, sonrió: "¿Viene por pañuelos de seda?".
"No".
"¿Fundas para edredón?".
"Tampoco".
"¿Cortinajes de cama?".
"No".
Yu Nan dio una calada a su cigarrillo y frunció el ceño: "Entonces, ¿qué busca comprar?".
"Tabaco".
Li Banfeng había olido el aroma de aquel humo y le había parecido bastante agradable.
Yu Nan parpadeó con sus grandes ojos, atónita, y quiso cerciorarse una vez más: "¿Ha venido a una tienda de telas a comprar tabaco?".
"¿Acaso no tiene tabaco aquí mismo?". Yu Nan estaba fumando en ese preciso instante, de modo que a Li Banfeng su propia lógica le parecía irreprochable.
El rostro de Yu Nan se ensombreció levemente: "¿Viene con la intención de tomarme el pelo?".
Li Banfeng no entendía del todo a qué venía eso de tomarle el pelo: "¿Vende o no vende, al fin y al cabo?".
Tras una prolongada pausa, Yu Nan se volvió hacia su dependiente y ordenó: "Trae dos paquetes de Gran Hada y regálaselos a este cliente".
Gran Hada era una marca de cigarrillos para damas sumamente célebre en la Provincia de Puluo.
El dependiente trajo los dos paquetes y Li Banfeng se los guardó en el bolsillo.
"¿Cuánto es?".
Yu Nan esbozó una sonrisa dulce: "Nada de dinero; van por cuenta de la casa".
Aquella mujer era en verdad desprendida, pero Li Banfeng jamás aceptaba las cosas de los demás de balde.
"Confeccióneme un traje occidental; escoja una tela de buena calidad".
Yu Nan negó con la cabeza: "Aquí no vendemos ropa occidental".
Aquel establecimiento solo confeccionaba indumentaria tradicional.
Li Banfeng paseó la mirada por las prendas terminadas que colgaban en el local, señaló una de ellas y dijo: "Quiero esa... esa ropa tan larga".
Yu Nan volvió la mirada, observó hacia donde señalaba y sonrió: "¿Desea un changshan?".
"Sí, exacto, un changshan".
"¡Octavo!", llamó Yu Nan a su dependiente. "Trae la cinta métrica, voy a tomarle bien las medidas a este cliente".
Yu Nan se puso manos a la obra en persona para medir a Li Banfeng. Mientras extendía la cinta, preguntó con desenvoltura: "Si no es indiscreción, ¿cómo debería dirigirme a usted?".
"Mi apellido es Li, soy el séptimo en la familia", respondió Li Banfeng recurriendo a su alias habitual de Séptimo Li. De inmediato le devolvió la pregunta: "¿Y cómo debo llamar a la patrona?".
"Esta humilde servidora se apellida Yu, de nombre de pila Nan. Séptimo Señor, si me tiene en buena estima, llámeme simplemente Administradora".
A esta Administradora Yu no le agradaba en absoluto que la llamasen patrona como si fuese la esposa de alguien, pues ella era la legítima dueña de la tienda de telas; el negocio le pertenecía por entero.
"De modo que es la Administradora Yu. Mis respetos, mis respetos", correspondió Li Banfeng, imitando las fórmulas de cortesía locales.
Yu Nan, que se encontraba en cuclillas tomándole la medida de la cintura, alzó la mirada con ojos brillantes y le sonrió: "Séptimo Señor, ¿en qué lugar se hospeda? Cuando la prenda esté lista, se la haremos llegar".
"Acabo de llegar al Barranco Interior", eludió Li Banfeng con tono evasivo.
La Administradora Yu tomó la cinta y pasó a medirle las piernas: "Hace un par de días lo vi comprar un buen montón de provisiones en la Tienda de Ultramarinos Feng".
El significado implícito era evidente: no acababa de poner un pie en el Barranco Interior; ella ya se había fijado en él desde hacía tiempo.
Li Banfeng tampoco lo negó: "Entro y salgo deprisa de un sitio a otro, no tengo una morada fija".
"¿Y cómo le entregaré la ropa entonces?".
"Vendré a recogerla dentro de tres días. Escoja usted la tela por mí y écheme primero las cuentas del precio".
Yu Nan seleccionó para él una pieza de satén de calidad media-alta y, tras deslizar las cuentas del ábaco unos instantes, preguntó: "¿Pagará con billetes del Estado de Huan o con monedas de plata? También aceptamos medios pesos".
Li Banfeng no tenía idea de qué eran aquellas piezas de medio peso, pero sí llevaba encima monedas de plata de un peso, y le interesaba mucho conocer el tipo de cambio.
"¿Cuánto costaría en monedas de plata?".
"Mano de obra y tela incluidas, una moneda de plata".
"¿Y en billetes del Estado de Huan?".
Yu Nan se quedó perpleja: "Una moneda de plata equivale a quinientos billetes de Huan, supongo que no hace falta que se lo aclare".
Quinientos billetes por confeccionar una muda de ropa... Ya no solo en el Barranco del Rey de la Medicina, sino incluso en Yuezhou, semejante gasto resultaba un lujo exorbitante para la economía de Li Banfeng.
Aun así, sacó una moneda de plata, le añadió doscientos billetes del Estado de Huan y se lo tendió todo a Yu Nan.
Ella esperaba que Li Banfeng regateara el precio, pero al notar que le entregaba doscientos billetes adicionales, arqueó las cejas: "¿Qué significa esto?".
Creyó por un momento que Li Banfeng pretendía llevarse dos prendas por setecientos billetes.
Eso no podía aceptarlo bajo ningún concepto; semejante regateo era un abuso descarado.
Li Banfeng aclaró con serenidad: "La moneda de plata es para la ropa. Los doscientos billetes de Huan son para encomendarle un favor a la Administradora Yu: si en estos días llega a tener alguna noticia sobre el Tendero Feng, le agradecería infinitamente que me lo hiciera saber".
Yu Nan sonrió: "Eso es una nimiedad; no hace falta dinero para semejante favor".
Dicho esto, le devolvió los doscientos billetes de Huan a Li Banfeng.
Li Banfeng hizo un ademán con la mano: "Tú solo acéptalo; quiero entablar amistad contigo".
Para Li Banfeng, no pagarle a alguien significaba no tener derecho alguno a pedirle que hiciera nada por él.
Yu Nan apreció la franqueza de Li Banfeng. Guardó el dinero y, bajando la voz, le dijo: "Si la ropa no es de su agrado, le garantizo devolución o cambio inmediato. Por otra parte, hay cierto asunto que no sé si debería revelarle".
"Hable con confianza, tendera".
"Cierto amigo que vino con usted al Barranco Interior anda mendigando en el Callejón de la Cola. Me temo que no resistirá muchos días más".
'¿Un amigo que vino conmigo?'.
"¿Qué amigo?".
"Ese amigo corpulento y bonachón".
'¿Qin el Gordo?'.
Li Banfeng se quedó perplejo.
La familia de Qin el Gordo no nadaba en la abundancia, pero tampoco estaba tan necesitada como para verse reducida a la mendicidad.
Por si fuera poco, se había quedado con once Píldoras de Manchas de Serpiente. En la Provincia de Puluo, siempre que no involucrara mercancías de uso especial, el coste de la vida no era tan desorbitado; a diez mil por píldora, ciento diez mil monedas eran más que suficientes para que el muchacho viviera con holgura y orgullo durante una buena temporada.
¿Cómo era posible que hubiera acabado pidiendo limosna?
"¿Acaso hay alguna razón oculta tras esto?". Li Banfeng presintió que la situación podía ser bastante compleja.
Yu Nan miró en derredor y bajó aún más la voz: "Séptimo Li, parece que ese amigo suyo ofendió a la Botica Geng a causa de la venta de unas píldoras. Los de la botica lo arrojaron a la calle y apostaron a un vigilante para dejarlo morir de hambre a la vista de todos. La Botica Geng tiene vínculos con la Banda Jiangxiang; es una práctica habitual en ellos".
Al oírlo, Li Banfeng reflexionó un instante y preguntó: "¿El sujeto que lo vigila es un cultivador?".
Yu Nan asintió: "Es un cultivador. En el pasado incluso tuvimos ciertos roces".
"¿De qué senda y qué nivel de cultivo?".
"Su cultivo no es alto, pero su senda es peculiar". Yu Nan sopló una bocanada de humo sobre el mostrador; la humareda serpenteó y mutó hasta dibujar el carácter "Aceite" antes de disiparse por completo.
Aquella mujer era capaz de manipular el humo a su antojo. Li Banfeng preguntó en un susurro: "¿Eres una Cultivadora del Humo?".
Yu Nan sonrió con gracia, guardando silencio.
Li Banfeng inquirió de nuevo: "Que hoy hayas tomado la iniciativa de hablarme, ¿es para que te ayude a vengarte?".
Yu Nan sonrió: "Yo no he dicho nada de eso. Pero si el Séptimo Li desea salvar a su amigo, este humilde establecimiento estará encantado de echarle una mano".
Li Banfeng frunció el ceño: "¿Se supone que esto es una colaboración? ¿Por qué me buscas precisamente a mí?".
Yu Nan respondió: "Porque el Patrón Qin es amigo del Séptimo Li, y el Séptimo Li es un hombre de probada valía".
Li Banfeng no negó lo de la amistad, pero replicó: "¿Cómo sabes que tengo habilidades?".
Yu Nan despidió otra bocanada de humo: "Cualquiera que regrese con vida de la Montaña de la Niebla Amarga posee auténtico talento".
'Parece que esta mujer me ha tenido en la mira desde hace tiempo'.
Li Banfeng sopesó la situación durante un buen rato.
El Gordo había caído en desgracia.
¿Debería ayudarlo?
En realidad, Li Banfeng no le debía nada al muchacho; e incluso si en algún momento le debió algo, ya había saldado cuentas después.
Sin embargo, ahora estaba a punto de morir de inanición.
Cuando Li Banfeng estuvo muerto de hambre, el Gordo lo había invitado a dos cuencos de fideos Yangchun.
……
El Callejón de la Cola era uno de los pasajes más apartados y angostos del Barranco Interior. Flanqueado a ambos lados por vetustas residencias, estaba habitado en su totalidad por gente humilde.
Durante el día, absorbidos por sus quehaceres cotidianos, apenas transitaban peatones por allí. Al caer la tarde, el flujo de transeúntes aumentó paulatinamente, y Qin el Gordo, arrodillado en el suelo en un estado agónico, entreabrió los ojos.
El crepúsculo constituía su última esperanza de sobrevivir.
Un viandante, al verlo con las vestiduras hechas jirones y el cuerpo cubierto de magulladuras, se apiadó de él y le arrojó medio panecillo plano.
El Gordo estiró una mano temblorosa para recogerlo.
Junto a él, un hombre ataviado con un magua y tocado con un sombrero de fieltro plantó la suela sobre el panecillo.
"¿Acaso te he dado permiso para comer?". El individuo del magua miró despectivamente a Qin el Gordo y le escupió un gargajo en la cara.
El Gordo guardó silencio y retiró la mano lentamente.
Un transeúnte indignado por el abuso dio un paso al frente e increpó: "Buen hombre, ¿qué necesidad hay de ensañarse con un pordiosero?".
El hombre del magua levantó la vista; hundió la ceja izquierda, enarcó la derecha y torció la boca en la mueca característica de un rufián consumado: "¿Y a ti qué carajos te importa?".
El transeúnte pretendía replicar, pero una mujer a su lado tiró de él hacia un costado: "No te metas en camisa de once varas. Es la Botica Geng marcando territorio; vámonos de inmediato".
Al oír el nombre de la Botica Geng, el hombre no insistió más y aceleró el paso.
El individuo del magua trituró el panecillo contra el suelo hasta reducirlo a una pasta informe y lo mandó lejos de un puntapié.
El Gordo bajó la cabeza y cerró los ojos.
Era un Cultivador de la Comida: con pasar un solo día sin comer, corría el riesgo de perecer de inanición.
Ayer había conseguido tragar medio cuenco de arroz frío y fermentado, resistiendo a duras penas.
Hoy, hasta esa hora, no había probado ni un bocado; se temía que sus fuerzas no alcanzaran para más.
'Si no lo resisto, tal vez sea lo mejor... Al morir de hambre, por fin descansaré'.
……
Dentro de la Residencia Móvil, Li Banfeng esperaba ante el loto de bronce.
Aquel que ha padecido hambre no olvida a quien le ofreció un plato de comida.
Tal vez otros lo olviden, pero Li Banfeng jamás.
Li Banfeng dirigió una mirada al gramófono: "Esposa mía, yo también te he dado de comer; ¡no vayas a olvidarte de mí!".
\*Chii... chii...\*
El gramófono sollozó un par de veces y canturreó con un tono lastimero: "¡Ay, mi señor esposo! Casarse con un varón es para tener sustento y abrigo. Esta humilde sierva atiende con diligencia y devoción a su marido; ¿acaso a mi señor esposo le duele darle un bocado de alimento a esta pobre esclava? ¡Sin mencionar que los platillos de antes ni siquiera estaban frescos!".
Sus palabras hicieron que Li Banfeng sintiera una punzada de vergüenza.
Tendría que ingeniárselas para comprarle algo fresco a su esposa.
Pero antes de salir de compras, debía pertrecharse como era debido.
La flor de loto había devorado la daga bebedora de sangre, así que al menos debía refinar una píldora herrumbrosa.
Aunque Li Banfeng ya conservaba una en su poder, llevar una de repuesto siempre le confería mayor tranquilidad de espíritu.
'Qué extraño... ¿Por qué el loto tarda tanto en refinar la píldora el día de hoy?'.
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 55
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 54
Estás leyendo el capítulo 54 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.