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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 53 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Si desaparecía una aldea entera, a nadie le importaba. Pero si Li Banfeng irrumpía por la fuerza en la taquilla de una estación, de pronto sí había quien interviniera. Aquel mundo resultaba demasiado ajeno para Li Banfeng; aún le quedaban incontables cosas a las que acostumbrarse. Xiao Yeci lo apremió: "Bienhechor, démonos prisa. Esa anciana pertenecía a la Banda Jiangxiang; en eso seguro que no mentía". Li Banfeng volvió la cabeza y preguntó: "¿Cuál es el verdadero origen de esa Banda Jiangxiang?". Xiao Yeci se quedó atónita unos instantes. Aquel hombre poseía valor e ingenio, y a simple vista parecía un curtido veterano del bajo mundo. ¿Cómo era posible que ni siquiera conociera a la Banda Jiangxiang? 'Bueno, que no lo sepa me viene bien. Así podré explicárselo a fondo para que aprenda algunas cosas de mí y nos llevemos mejor por el camino'. "La Banda Jiangxiang es una facción enorme. Tienen miembros en el Barranco del Rey de la Medicina, en Bahía de Aguas Verdes y en Haichiling. Sin embargo, por lo general no ponen un pie en Kudaikan; la gente de Kudaikan mata a cualquiera de la Banda Jiangxiang en cuanto lo ve asomar la cabeza". Al escuchar aquellos nombres de lugares que le resultaban familiares, Li Banfeng mostró interés: "¿Qué rencillas tienen Kudaikan y la Banda Jiangxiang?". "En la Banda Jiangxiang hay de todo: no faltan bandidos que matan para saquear, como esa anciana, ni granujas que montan estafas para desplumar a incautos. A Kudaikan ninguna de esas cosas le incumbe, pero hay una calaña de personas que allí no toleran bajo ningún concepto". "¿Qué clase de personas?". "Tratantes de personas, es decir, secuestradores que trafican con gente. En Kudaikan abundan los Cultivadores del Placer y, aunque su cultivo dependa de la búsqueda del goce carnal, su constitución es tan particular que les resulta dificilísimo concebir hijos. Si consiguen tener uno, es una bendición descomunal, de modo que los cultivadores de esa senda aprecian a los niños por encima de todo. Los tratantes se ganan la vida vendiendo críos, así que los Cultivadores del Placer no pueden verlos ni en pintura. Y como en la Banda Jiangxiang abundan los traficantes de niños, Kudaikan y ellos son como el agua y el fuego". Que los Cultivadores del Placer valoraran tanto a los niños le dio a Li Banfeng una perspectiva completamente nueva sobre ellos. En cuanto a la Banda Jiangxiang, la postura de Kudaikan era irreprochable: a cualquiera que estuviera manchado con el tráfico de personas había que matarlo en cuanto se le viera, sin margen de error. Xiao Yeci le advirtió: "Bienhechor, debes andarte con mucho cuidado. Cuando los de la Banda Jiangxiang descubran que esa vieja ha muerto, investigarán a fondo. Y si dan con nosotros, vendrán a vengarse sin falta". Li Banfeng sonrió para sus adentros con amargura. '¡Incluso si no me hubiera cargado a esa vieja, la Banda Jiangxiang tampoco me dejaría en paz! ¡Su propio jefe supremo quiere liquidarme a tiros!'. Las cuentas pendientes entre Li Banfeng y la Banda Jiangxiang no se saldarían a corto plazo; para eso ya estaba más que mentalizado. Sin embargo, ¿de verdad a la Banda Jiangxiang le importaría la vida o la muerte de una vieja? ¿Una organización compuesta por maleantes y escoria mantenía lazos tan estrechos entre sus filas? "Esa anciana vivía recluida en su casa día tras día. ¿A los de la Banda Jiangxiang les preocuparía siquiera lo que le pase?". "Les importa, lo leí una vez en los periódicos", explicó Xiao Yeci con paciencia. "En cierta ocasión, un Cultivador del Veneno de la Banda Jiangxiang vivía escondido en lo profundo de unas montañas refinando venenos. Solía secuestrar a los campesinos que vivían falda abajo para usarlos como cobayas y probar sus ponzoñas. Al final, los habitantes de la aldea no aguantaron más, juntaron una suma de dinero y contrataron a dos espadachines para que subieran a la montaña y liquidaran al cultivador. Creyeron que a partir de entonces vivirían en paz, pero ¿quién iba a imaginarlo? La Banda Jiangxiang regresó a tomar represalias y masacró la aldea entera. No dejaron a nadie con vida". Li Banfeng exclamó con horror: "¡Ante semejante atrocidad, alguien tiene que intervenir! ¡Yo mismo he visto a hombres de uniforme por aquí! ¿Acaso ellos no hacen nada?". "Gente de uniforme...". Xiao Yeci reflexionó un buen rato antes de responder: "¿Te refieres a los patrulleros?". ¿Patrulleros? ¿No era ese un apelativo reservado para las concesiones extranjeras? Sin detenerse a debatir el nombre, Li Banfeng continuó: "Si ocurre un crimen de tal magnitud, ¿los patrulleros no intervienen?". "Intervienen, sí, pero no hacen más que cubrir las apariencias. Los patrulleros son peones del Comisionado de Fronteras y solo actúan según sus órdenes. Si el Comisionado de Fronteras les manda echar un vistazo a la aldea, van, miran, toman nota de lo ocurrido y dan el informe por entregado". "¿Y quién es ese Comisionado de Fronteras?". "El Comisionado de Fronteras es alguien enviado desde las provincias exteriores". Xiao Yeci examinó a Li Banfeng de arriba abajo; la alarmante falta de sentido común del joven no dejaba de asombrarla. Aun así, la muchacha no intentó engañarlo. A lo largo del camino, le instruyó con generosidad sobre las nociones fundamentales de la Provincia de Puluo. "¡Para asuntos externos, acude a la Frontera; para asuntos internos, atiende al estandarte! ¡Esa es la ley de Puluo!". Aquella sola frase resumía casi a la perfección el sistema de orden de toda la provincia. La Provincia de Puluo estaba compuesta por numerosas localidades y poblados; cuántos había en total era algo que ni siquiera Xiao Yeci sabía precisar. Las cuestiones que atañían a las relaciones entre poblados se consideraban asuntos externos; lo que ocurría de puertas adentro en cada lugar se consideraba asunto interno. El Barranco del Rey de la Medicina era un poblado, uno colosal. Si un habitante deseaba abandonarlo por la vía legal, debía tramitarlo obligatoriamente a través del Comisionado de Fronteras. Dichos comisionados eran administradores designados por los estados exteriores. Su misión consistía en preservar el orden público, pero su cometido primordial radicaba en controlar el tránsito de personas de un poblado a otro. "Si quisieras marcharte a Kudaikan, por ejemplo, tendrías que poseer un salvoconducto. De lo contrario, no te permitirán subir a trenes ni a barcos y, aunque fueras a pie, ¡jamás podrías atravesar los puestos de control!". A través de las explicaciones de Xiao Yeci, Li Banfeng comprendió el procedimiento para obtener un salvoconducto. Para conseguirlo, era indispensable contactar tanto con el Comisionado de Fronteras del lugar de origen como con el de destino. Solo si el comisionado local accedía a autorizar la salida y el del punto de llegada aceptaba recibirte existía la posibilidad de que expidieran el documento. Sin un salvoconducto no se contaba con la potestad de abandonar legalmente el Barranco del Rey de la Medicina, y vigilar que nadie lo hiciera constituía el deber principal del Comisionado de Fronteras y de los patrulleros bajo su mando. Si a Li Banfeng lo perseguían para matarlo en medio de la calle, no era seguro que los patrulleros movieran un dedo. Pero si intentaba armar un altercado en la estación de tren, sin duda intervendrían de inmediato, pues las terminales ferroviarias constituían zonas de gestión prioritaria para la administración fronteriza. ¿Podría Li Banfeng conseguir un salvoconducto? A juzgar por la descripción de Xiao Yeci, la hazaña rozaba lo imposible. En una situación como la suya, en circunstancias normales el Comisionado de Fronteras local jamás daría vía libre a un forastero de procedencia desconocida llegado de las provincias exteriores. En cuanto a las provincias exteriores, tampoco era seguro que permitieran el regreso de Li Banfeng. Visto de ese modo, las esperanzas de Li Banfeng de conseguir un salvoconducto eran prácticamente nulas. "¿Sin un salvoconducto, ni siquiera se puede salir del Barranco del Rey de la Medicina?" Xiao Yeci sacudió la cabeza: "Tampoco es que nadie pueda salir. El vendedor ambulante entra y sale a su antojo, y no hay nadie capaz de detenerlo". El vendedor ambulante recorría los más diversos rincones de la Provincia de Puluo y, al parecer, no estaba sujeto a las restricciones de los comisarios de paso. ¿Qué clase de existencia era realmente? ¿Y de dónde procedían aquellos medicamentos para la iniciación que llevaba consigo? Para los asuntos exteriores se recurría a los comisarios de paso; eso Li Banfeng ya lo tenía claro. Pero ¿a qué se refería aquello de que para los asuntos internos se miraban los estandartes? Xiao Yeci explicó: "Los asuntos dentro de los pueblos y ciudades los resuelven las familias de cada lugar. Aquel cuyo estandarte sea más firme, es quien tiene la última palabra. El año pasado ocurrió un incidente en Haichiling: había un vendedor de pudín de tofu apellidado Wang y otro de buñuelos de masa frita apellidado Liu. Ambos eran personas humildes y, en teoría, no deberían haber provocado grandes disturbios. Pero cierto día se disputaron la clientela en la estación y armaron un alboroto tremendo. El viejo Wang, el del pudín de tofu, golpeó al viejo Liu, el de los buñuelos. El viejo Liu no pudo tragarse ese agravio y, en cuanto salieron de la estación, se enzarzó de nuevo a golpes con el viejo Wang. Dentro de la estación estaban bajo la vigilancia de los agentes de la patrulla, por lo que se habían contenido un poco. Pero al cruzar la salida, a los patrulleros ya no les importó en absoluto. Los dos pelearon a matar, y el viejo Wang del pudín de tofu quedó gravemente herido. El asunto alertó a los Wang, una familia de renombre en Haichiling. Aunque el viejo Wang no era más que un pobre desgraciado, a fin de cuentas pertenecía al Clan Wang. Como la familia Wang quiso vengarlo, al viejo Liu de los buñuelos también le propinaron una paliza que lo dejó al borde de la muerte. El Clan Liu también contaba con poder e influencia en Haichiling, por lo que estalló un conflicto abierto contra el Clan Wang. La disputa se prolongó durante un mes, con numerosas bajas en ambos bandos, y solo se apaciguó cuando medió el Clan Chu, una de las grandes familias de la Provincia de Puluo". "¿El Clan Chu tiene autoridad para controlar a los Wang y a los Liu?" Xiao Yeci respondió: "El Clan Chu es harina de otro costal. Es una de las Cuatro Grandes Familias de la Provincia de Puluo. Además de los Chu, están el Clan Ma, el Clan He y el Clan Lu". '¿El Clan He y el Clan Lu?' '¿Acaso serán las familias de He Jiaqing y Lu Xiaolan?' Li Banfeng no permitió que su mente se dispersara y continuó escuchando con atención el relato de Xiao Yeci. Eso de que para los asuntos internos se miraban los estandartes aludía precisamente a los estandartes de estos clanes, grandes y pequeños. Las grandes familias tenían capacidad de convocatoria en toda la Provincia de Puluo, mientras que los clanes menores ejercían cierta influencia en sus respectivas comarcas. Todas estas familias intervenían en diversos grados a lo largo y ancho del territorio, valiéndose de su peso e influencia para controlar el orden en toda Puluo. ¿Y qué relación guardaban estas grandes familias con los comisarios de paso? Había un vínculo, desde luego, pero ni siquiera Xiao Yeci era capaz de explicarlo con claridad. Durante todo el camino fue desgranando el conocimiento común de la Provincia de Puluo. Habló durante horas ininterrumpidas, hasta que se le quedó la garganta completamente ronca. Treinta li de senderos de montaña, enfangados y escarpados, no representaban gran cosa para Li Banfeng, pero para Xiao Yeci y Lu Chunying, agobiadas por el cansancio y el sueño, la caminata resultó sumamente extenuante. Para cuando alcanzaron el Barranco Interior, ya había amanecido. Li Banfeng se dirigió en primer lugar a la Tienda de Ultramarinos Feng; las puertas del establecimiento estaban cerradas a cal y canto y, tras llamar un buen rato, nadie respondió. '¿Adónde se habrá metido el Tendero Feng?' '¿Tendrá miedo de que le pida cuentas y habrá puesto pies en polvorosa?' 'No debería ser para tanto, ¿o sí?' 'Con un negocio de más de cien mil yuanes de por medio, no tendría sentido que abandonara la tienda así como así'. Al lado, la patrona de la tienda de telas de la familia Yu, Yu Nan, vestía un qipao ceñido y sostenía un cigarrillo para damas. Inhaló una calada, exhaló con suavidad una voluta de humo y tomó la iniciativa de entablar conversación: "Esa tienda lleva días sin abrir. Quién sabe adónde se habrá ido a buscar diversión". Aquella mujer poseía un rostro alargado, nariz respingada, ojos almendrados, frente despejada y una mandíbula de curvas suaves. El ajustado qipao apenas lograba contener su generoso busto y la redondez por debajo de la cintura. Tal como la había descrito He Jiaqing, parecía una belleza sacada de una lámina ilustrada de calendario. Sin embargo, la atención de Li Banfeng no estaba puesta en aquella hermosa mujer; seguía dándole vueltas al paradero del Tendero Feng. '¿A buscar diversión?' '¿Qué asunto tan alegre se traería entre manos?' Li Banfeng se volvió para mirar a Xiao Yeci: "¿Adónde tienen que ir? Las dejaré en la puerta". Si de negocios se trataba, el servicio debía ser impecable hasta el final. Xiao Yeci contestó: "Queremos ir a la vieja residencia de los He, ¿sabe? Oímos decir que se encuentra cerca de esta misma avenida". '¡La vieja residencia de los He!' "¡A ese lugar no se puede ir, ¿sabe?! ¡Ir allí cuesta la vida, ¿sabe?!", advirtió Li Banfeng apresuradamente al enterarse del destino de madre e hija. En la vieja residencia de los He se encontraba Lu Xiaolan; o, para ser más precisos, Lu Xiaolan atrapada por el Espíritu del Hogar. Con la fuerza que poseían estas dos mujeres, presentarse en esa mansión equivaldría a servirle en bandeja un sustituto a Lu Xiaolan para que tomara su lugar. Al oír que la vieja residencia entrañaba semejante peligro, Xiao Yeci se vio en un dilema: "Benefactor, pero ¿qué clase de desgracia ha ocurrido en la vieja residencia de los He, ¿sabe? Hemos recorrido miles de leguas exclusivamente para llegar hasta allí, ¿sabe? Y ahora usted nos sale con que no podemos ir..." Li Banfeng se quedó perplejo un instante y luego, con semblante sereno, señaló: "Si digo que no pueden ir, es porque morirán nada más cruzar el umbral. ¿Tantas ganas tienes de perder la vida? Si tanto anhelas morir, ¿para qué te esforzaste tanto en escapar? ¿Acaso no da igual dónde perezcas? También puedo hacerles el favor de despacharlas yo mismo". Xiao Yeci lo contempló atónita, sin saber qué responder. Li Banfeng la miraba con calma imperturbable; no bromeaba, era verdaderamente capaz de liquidarlas allí mismo. Lu Chunying se interpuso frente a Li Banfeng y exclamó: "¡Benefactor, no iremos! ¡Haremos lo que usted diga!" Xiao Yeci titubeaba aún. Sabía de sobra que Li Banfeng actuaba de buena fe, y no le cabía duda de que la vieja residencia de los He debía de ser un lugar sumamente peligroso. Pero el propósito de toda su travesía era llegar a esa mansión. Ahora que por fin estaban ahí, ¿cómo iban a dar media vuelta sin más? ¿Acaso no podían al menos plantarse frente a la entrada y echar un vistazo desde afuera sin cruzar el portal? Xiao Yeci miró a Li Banfeng con insistencia, albergando la esperanza de que pudiera ofrecerle algún consejo adicional. Li Banfeng esbozó una tenue sonrisa y, con tono afable, pronunció: "Paguen". "Eh..." "Mil yuanes. ¿Acaso pretenden desconocer la deuda?", replicó Li Banfeng, perdiendo de golpe toda pizca de afabilidad. \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 53

Estás leyendo el capítulo 53 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.