Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 52 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng no se acordaba en absoluto de aquella daga corta; en ese instante estaba sentado junto al umbral de la casa principal, hablando consigo mismo.
"El gramófono no me mató; todavía me tiene cierto aprecio".
"Pero cuando se pone a cantar de repente, da un poco de miedo".
"¿Qué va a dar miedo? Si canta de maravilla".
"Por muy bien que cante, no sirve de nada; cualquier día te devora sin dejar ni los huesos".
"Si quisiera comerme, ya lo habría hecho hace tiempo. Seguro que no le gusta comer cosas vivas".
"¿Y si un día le da por cambiar de apetito? Se enfada, te tuesta dejándote crujiente por fuera y tierno por dentro, y se merienda cuerpo y alma, ¡sin dejar ni las sobras!".
"Tú es que no tienes conciencia. El gramófono te ha protegido de principio a fin, ¿cómo puedes difamar así a una jovencita?".
"¿Y tú cómo sabes que es una jovencita? ¡A lo mejor es un espectro atroz y espeluznante que sabe cantar!".
Li Banfeng agitó una mano frente a su frente; discutir consigo mismo carecía por completo de sentido.
Debía concentrar sus pensamientos y deducir cómo lidiar con aquel gramófono.
¿Tirarlo?
Por no hablar de que sería una lástima desprenderse de un Espíritu del Hogar tan excepcional...
¡La cuestión era que Li Banfeng tampoco se atrevía a tirarlo!
Temía que, en cuanto se le cruzara esa idea por la cabeza, el gramófono lo abrasara vivo.
Había liquidado a Luo Yuni en un abrir y cerrar de ojos; contra alguien como él, le bastaría con soltar un eructo caliente para matarlo del sofoco.
El desenlace más idóneo consistía en someter con éxito al Espíritu del Hogar, pero para ello existía una condición indispensable: debía averiguar su nombre.
¿De dónde sacarlo?
La única vía que se le ocurría por el momento era el Tendero Feng.
Tendría que regresar al Barranco Interior.
Pero antes de partir, debía limpiar de arriba abajo aquel patio señorial.
Habiendo perecido tanto los dueños de la residencia como su Espíritu del Hogar, Li Banfeng se sentía embargado por una profunda aflicción; le correspondía ayudarlos a recoger sus pertenencias.
No es que Li Banfeng le diera tanta importancia a un puñado de monedas, sino que lo hacía, ante todo, por respeto hacia ellos.
Primero se dirigió a la bodega subterránea. Xiao Yeci había dicho que allí se guardaban bastantes cosas.
En efecto, no había mentido. La mayor parte de lo que la anciana arrebataba solía guardarlo en el sótano, y otra parte la escondía en los armarios de la casa principal. Li Banfeng reunió todo aquello; tan solo en dinero en efectivo había setecientos sesenta y tres mil doscientos treinta y seis yuanes.
Aparte de eso, Li Banfeng encontró una considerable cantidad de alhajas de oro y plata, así como diversos objetos valiosos que las víctimas llevaban encima. Al no estar familiarizado con sus cotizaciones, calculó una cifra aproximada de doscientos mil yuanes.
Sumando los doscientos treinta mil que le restaban tras haber vendido las píldoras y comprado el gramófono...
Sin contar las calderillas destinadas a los gastos cotidianos, Li Banfeng reunía un patrimonio de un millón ciento ochenta mil yuanes.
'¿De verdad era cierto?'
'¡Tengo un millón ciento ochenta mil!'.
Desde que había nacido hasta ese instante, los haberes de Li Banfeng jamás habían rebasado los diez mil yuanes.
¡Y ahora disponía de semejante suma!
Por supuesto, en la ciudad de Yuezhou esa cantidad ni siquiera alcanzaba para cubrir la entrada de una vivienda.
Pero para Li Banfeng, aquello representaba el segundo hito en la cumbre de su fortuna.
El primer hito había sido cuando vendió la Píldora de Manchas de Serpiente.
En la residencia también quedaban algunos bártulos que a Li Banfeng podían resultarle de provecho.
El segundo hijo, Demao, era un Cultivador Marcial; en su alcoba había varios manuales canónicos de artes marciales. Li Banfeng seleccionó unos cuantos y se los guardó.
En la habitación de la anciana había una mesa y dos sillas de aspecto aceptable; Li Banfeng se las quedó. El costurero con tabla de agujas e hilos tampoco estaba nada mal, así que también se lo apropió.
Había además un reloj de bolsillo, seguramente arrebatado a algún transeúnte; era una pieza bañada en oro y con porte distinguido, aunque su manufactura real no resultaba tan refinada como la del modelo que le había recomendado el Tendero Feng.
Li Banfeng llevaba tiempo deseando un utensilio para medir las horas, de modo que también se lo quedó.
Demao poseía asimismo una bañera de madera; Li Banfeng no dudó en adjudicársela. Por lo general, en la Residencia Móvil solo podía traer un cubo de agua para asearse a base de friegas; hacía una eternidad que no disfrutaba de un baño reconfortante.
Una vez recogido lo útil, Li Banfeng se ocupó de aquellos enseres que, de momento, no parecían servir de mucho.
Se guardó una colección de frascos y recipientes en los que Decai elaboraba sus venenos, junto con ciertos ingredientes medicinales peculiares; nunca se sabía qué utilidad podían llegar a tener.
En el cuarto de Demao había una lanza larga. Li Banfeng no sabía manejar semejante arma de asta, pero Demao guardaba manuales al respecto, de modo que podría aprenderla con calma más adelante.
En la estancia de Decai abundaban proyectiles ocultos con aspecto de arpones que desprendían un olor acre y sospechoso, señal inequívoca de haber sido untados en veneno. Aunque Li Banfeng desconocía el uso de armas arrojadizas, decidió llevárselos también.
Con todo embalado, Li Banfeng localizó en primer lugar los cadáveres de Decai y Demao.
En un principio, su intención era meter ambos cuerpos en la Residencia Móvil para refinarlos en píldoras.
Sin embargo, en vista de la situación actual, Li Banfeng sentía cierto reparo a la hora de entrar.
Pensándolo con detenimiento, de nada servía amilanarse: pasar al menos dos horas al día dentro de la Residencia Móvil era la disciplina fundamental de la Vía del Hogar.
Haciendo acopio de valor, Li Banfeng abrió la puerta y arrastró al interior el dinero en efectivo, las joyas, las mesas, las sillas, los cadáveres... una inmensa montaña de bártulos.
El gramófono no emitió el más mínimo ruido, a saber si se habría sumido en un sueño profundo.
El loto de bronce tampoco mostraba señales de actividad.
Aquello no era normal.
Teniendo ante sí unos cadáveres de tan buena calidad, ¿acaso no se le antojaban?
Li Banfeng lo examinó de cerca durante unos instantes y advirtió que sobre el loto de bronce flotaba una sutil aureola de resplandor.
Estaba refinando una píldora.
¿Qué demonios estaba refinando?
'¡Maldición, la daga! ¡Aquella daga que succionaba sangre!'.
'Era un arma de primerísima categoría, ¿y se la estaba refinando así sin más?'.
A Li Banfeng le dolió el alma de pura aflicción; intentó forzar los pétalos del loto con los dedos para rescatar la hoja.
Había demasiados bártulos abarrotando la estancia; Li Banfeng apenas dio un paso hacia el loto cuando, por un descuido, tropezó de lleno con la bañera. Estuvo a punto de caer de bruces, y en el traspié, la bolsa de tela que llevaba ceñida a la cintura se le desprendió.
¡Clang!
El péndulo del interior de la bolsa de tela se deslizó hacia afuera y cayó contra el suelo.
¡Fuuu!
La lumbre del gramófono se encendió de golpe.
Chhh, chhh, chhh...
Espesas volutas de vapor comenzaron a brotar del aparato.
¿Acaso los ruidos lo habían despertado?
¡Clang, clan, clang!
"¡Ay, esposo mío~!", entonó el gramófono abriendo su canto.
"¡Ay, esposa mía~!", le secundó Li Banfeng siguiendo la melodía.
Era una persona con la que se podía dialogar; ella no daba miedo en absoluto.
"¡Ay, esposo mío~, ¿en qué lugar te has agenciado tanto ajuar y pertenencias?".
La voz del gramófono sonaba con una dulzura exquisita; no inspiraba ningún temor.
"¡Ay, esposa mía~, me los agencié de paso!".
Li Banfeng se secó el sudor de la frente y comenzó a retroceder con lentitud hacia la salida.
"¡Cuánto te fatigas, esposo mío~!". Aquel verso lo cantó impregnado de un afecto tan cálido y profundo... ¡No daba miedo en lo absoluto!
"¡Tú también te fatigas, esposa mía~!". Li Banfeng se precipitó hacia el exterior y cerró la puerta de golpe.
El gramófono exhaló una bocanada de vapor, empujó en vilo el juego de mesa y sillas hasta arrimarlo a la pared y enderezó la tina de baño para encajarla en un rincón.
Junto a la tina, el gramófono advirtió el péndulo partido, el único vestigio que restaba de Luo Yuni.
Chhh, chhh...
Al gramófono le causó disgusto; a ella no le gustaba aquel cachivache.
'Este loco de veras que no tiene remedio, ¿para qué demonios vuelve a traer esta porquería rota?'.
Sss, sss, sss...
Los pétalos del loto de bronce se desplegaron y recogieron en su receptáculo tanto el cadáver del suelo como el péndulo quebrado.
Chhh, chhh...
El gramófono soltó una retahíla de risotadas desdeñosas:
"¡Ay, mira nada más~! Hace un instante no parecías querer este péndulo, ¡y ahora te lo recoges del suelo para tragártelo! Se ve que el hambre te devora las entrañas y ya ni las apariencias puedes guardar. Ramera despreciable, pensar que en tus años de gloria arrasabas con todo y desplegabas un poderío formidable, ¡y mírate ahora, reducida a semejante miseria, engullendo desperdicios para llenar el buche! ¡Qué desprecio tan amargo provocas! ¡Ridícula, ridícula hasta el colmo! ¡Jajajajaja~!".
¡Puf!
Del corazón del loto brotó disparada una límpida gota de rocío que fue a estrellarse con puntería milimétrica contra la gran bocina del gramófono.
Las carcajadas se cortaron en seco.
"¿Te atreves a escupirme?". El gramófono montó en una cólera atroz; las tres bocinas despidieron humo al unísono y una espesa masa de vapor envolvió por completo al loto de bronce. "¡Te me rebelas! ¡Hoy mismo vas a conocer las reglas de esta casa!".
El loto no mostró pizca de temor; diminutas gotas de rocío revoloteaban de arriba abajo a través del torbellino de vapor.
...
Li Banfeng regresó al patio. Al levantar la mirada, los familiares muros perimetrales habían desaparecido; ante sus ojos se extendía ahora un espeso bosque.
La anciana yacía muerta, Luo Yuni ya no existía y todos los espíritus rencorosos habían sido devorados por el gramófono; los velos de la ilusión se habían disipado por completo.
Tras internarse y caminar un buen rato por el bosque, Li Banfeng divisó a Xiao Yeci y a Lu Chunying.
Madre e hija estaban cubiertas de magulladuras y arañazos de pies a cabeza, abrazadas la una a la otra sin atreverse a dar un solo paso.
Al ver aproximarse a Li Banfeng, Xiao Yeci exclamó con voz trémula:
"¡Benefactor, por fin habéis venido! ¡Nos hemos topado con una pared de fantasmas!".
Sin necesidad de preguntar, Li Banfeng comprendió de inmediato por lo que habían pasado.
"Queréis ir al Barranco Interior, ¿verdad?".
"¡Así es, en verdad, benefactor!", asintieron Xiao Yeci y Lu Chunying con fuerza.
"Si os escolto hasta el Barranco Interior, ¿cuánto dinero podéis pagar?".
"¡Poned vos la cifra, benefactor!".
"¡Mil monedas!".
"¡Trato hecho, benefactor!". Xiao Yeci no ocultó su regocijo; era una suma mucho menor de lo que había anticipado.
Li Banfeng no exigió de más. Recordaba que, al pie de la Montaña de la Niebla Amarga, las boticas habían regateado el precio del Crisantemo de Manchas de Serpiente hasta dejarlo en veinticinco monedas por tallo.
Mil monedas equivalían al valor de cuarenta crisantemos, un botín por el que muchos estarían dispuestos a jugarse el pellejo. Aquella cifra, en verdad, no era en absoluto desdeñable.
Por supuesto, había condiciones que convenía dejar bien en claro de antemano.
"Mil monedas cubren únicamente los honorarios básicos de la escolta. Si nos topamos con forajidos, habrá que añadir un recargo según la situación; y si llego a sufrir pérdidas, habréis de compensarme con arreglo a su valor".
Las condiciones eran sensatas y razonables, por lo que Xiao Yeci asintió con la cabeza una y otra vez.
Li Banfeng guio a Xiao Yeci y a Lu Chunying hacia los linderos del bosque.
A lo largo del trayecto, Xiao Yeci avanzaba con el alma en un hilo, mientras Lu Chunying se refugiaba pegada a la espalda de su madre.
El azote previo de las ramas las había sumido en el pánico, pero, al seguir los pasos de Li Banfeng, no volvieron a recibir ni un solo golpe.
Al haber desaparecido los espíritus que anidaban en los árboles, era natural que no sufrieran más ataques, aunque ellas ignoraban lo ocurrido entre bastidores.
"¿Pero qué clase de hombre es este en verdad?...", susurró Xiao Yeci, maravillada. "No solo pelea con semejante bravura, ¡sino que además domina artes místicas capaces de someter a los mismísimos espectros!".
Lu Chunying tiró con disimulo de la solapa de Xiao Yeci:
"Mamá, saca a relucir las habilidades de tu boca y somételo a nuestro servicio".
Xiao Yeci negó con la cabeza:
"Tu madre no tiene tal poder; si tan capaz eres, inténtalo tú".
Al salir del bosque, Li Banfeng divisó una estela de piedra.
En ella figuraban tallados tres caracteres: Aldea Changliu.
Cuando llegó por primera vez, Li Banfeng ya se había topado con aquella estela, y en ese instante creyó de veras que existía un pueblo auténtico.
Visto lo ocurrido, la llamada Aldea Changliu no había sido más que un espejismo ilusorio urdido por la anciana y su Espíritu del Hogar, Luo Yuni. En aquel paraje no existía más que un bosque y una vieja mansión solitaria; no era de extrañar que, al internarse en la aldea, solo hubiera visto las luces encendidas en una única casa.
Sin embargo, aquella estela de piedra mostraba el desgaste palpable de incontables años; no parecía una falsificación reciente.
Quizás en el pasado hubiera existido una auténtica Aldea Changliu en estas tierras, y tal vez a todos los lugareños los hubiesen exterminado la vieja y Luo Yuni.
Si una aldea entera desaparecía sin dejar rastro, ¿acaso a nadie le importaba ni nadie intervenía?
Cuando Li Banfeng disputó con el taquillero en la estación de trenes, bien que hubo quien interviniera.
En la Provincia de Puluo, ¿qué clase de orden imperaba en realidad?
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 53
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 52
Estás leyendo el capítulo 52 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.