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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 50 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng sospechaba que Luo Yuni estaba sentada a su lado; tal vez incluso más cerca, o quizá sentada justo encima de él. Bajo semejantes circunstancias, que Luo Yuni extendiera la mano constituía un gesto en extremo peligroso para Li Banfeng. Lo más peligroso aún era que Li Banfeng no sentía el menor peligro. Si aquel Espíritu del Hogar no albergaba malas intenciones, no habría de qué preocuparse. Pero si abrigaba intenciones siniestras y Li Banfeng ni siquiera lograba advertirlas, aquello demostraba que el cultivo del espíritu superaba con creces el suyo, rebasándolo por más de dos niveles. Al ver que Li Banfeng se apartaba a lo lejos, Luo Yuni se mostró muy decepcionada: "¿A qué dudas tanto? ¿De verdad no me deseas?" "Ya te lo dije, no es que no te quiera a ti", Li Banfeng volvió a sacudir la cabeza. "Es esta residencia la que no quiero". Eran palabras sinceras. Li Banfeng deseaba con ansias poseer un Espíritu del Hogar, pero dentro de aquella vieja mansión jamás pronunciaría el nombre de Luo Yuni. Aunque no llevaba mucho tiempo en la Provincia de Puluo, tras escuchar las explicaciones de Quinto Ma, el buhonero ambulante y Xiao Yeci, y tras haber presenciado la experiencia de la anciana criando al Espíritu del Hogar, Li Banfeng había deducido a grandes rasgos ciertas pautas fundamentales. En este sistema intervenían tres roles cruciales: el Cultivador del Hogar, el Espíritu del Hogar y la residencia. El Cultivador del Hogar gobernaba la residencia, la residencia controlaba al espíritu, y sólo a través de esta transmisión de autoridad podía el cultivador someter al Espíritu del Hogar. La clave indiscutible para someterlo radicaba en la afinidad y sintonía entre el Cultivador del Hogar y su morada. El talento innato de la anciana era ciertamente deficiente; le había tomado muchísimo tiempo forjar esa comunión con la vieja casona. Li Banfeng, en cambio, no poseía afinidad alguna con aquel inmueble, o al menos él no percibía el menor rastro de ella. En semejantes condiciones, no se creía capaz de someter a un espíritu tan poderoso. Si el intento fracasaba, la situación se volvería en extremo peligrosa. No había olvidado a Lu Xiaolan, atrapada por el Espíritu del Hogar en la vieja mansión del Clan He. El ceño fruncido de Luo Yuni se relajó de inmediato, y su sonrisa seductora volvió a florecer en su rostro. "Dices que no quieres esta casa, y la verdad es que yo tampoco la quiero; llevo décadas atrapada aquí y ya me cansé. Tú prefieres esa residencia tan peculiar que tienes, y a mí también me fascina ese sitio. Llévame allí, me iré contigo. Una vez dentro de tu hogar, seré enteramente tuya: mis habilidades te pertenecerán y mi cuerpo también será tuyo". '¿Llevarla a la Residencia Móvil?' '¿Acaso funcionará?' ¡Li Banfeng decidió jugársela en una apuesta! 'La Residencia Móvil es mi territorio y mi afinidad con ella es altísima. Si sigo el método de la anciana —encender una vela, contemplar el reloj de pie, percibir la comunión y pronunciar su nombre—, podré someterla con éxito.' 'Además, a la Residencia Móvil entro y salgo cuando se me antoja.' '¡Si se atreve a tender una trampa, la dejaré encerrada adentro!' 'Con mantenerla confinada un tiempo, bastará para amansarla.' Li Banfeng inhaló profundamente y primero se desprendió de la daga corta, dejándola a un lado. Por el momento no convenía meter esa hoja a la Residencia Móvil; entrañaba demasiado peligro. Li Banfeng era incapaz de blandir esa extraña arma por su cuenta, pero Luo Yuni sí podía hacerlo. Si la llevaba al interior y ella cambiaba de actitud de improviso, representaría una amenaza letal. Aparte de eso, Li Banfeng tomó más precauciones: palpó la píldora herrumbrosa que le quedaba. Luo Yuni era un alma en pena y Li Banfeng desconocía las artes para enfrentar a los muertos; si las cosas se torcían, su único recurso consistiría en arremeter contra su recipiente material: el viejo reloj de pie. La píldora herrumbrosa no dañaría la carcasa exterior de madera, pero causaría estragos demoledores sobre el péndulo, la esfera metálica, la cuerda y los engranajes internos. Junto a la píldora estaban la hoz y la pala; Li Banfeng se las ciñó a la cintura, ajustándolas en la postura más idónea para desenfundarlas al instante. La silueta de Luo Yuni se desvaneció del péndulo; su alma había retornado a las entrañas del reloj. Con todo listo, Li Banfeng sacó la llave de latón, levantó el pesado reloj de pie con una sola mano y penetró en la Residencia Móvil con la mayor celeridad posible. Depositó provisionalmente el reloj sobre el suelo y se dio la vuelta para buscar una vela. 'Qué extraño... la vela no está en su sitio habitual, y tampoco encuentro las cerillas.' '¿Acaso me falla la memoria, o es que alguien ha entrado a la Residencia Móvil?' Li Banfeng revolvió las cosas apresuradamente en busca de la vela. Necesitaba luz: sin iluminación no podría distinguir el reloj de pie, y mucho menos clavar la vista en él para entablar la comunión. En ese instante, sobre el péndulo del viejo reloj, el rostro de Luo Yuni emergió una vez más. Esta vez no se trataba de un simple reflejo; Luo Yuni habitaba materialmente en el interior del mecanismo, y a sus espaldas podían distinguirse con claridad los engranajes y la cuerda de metal. Su sonrisa seductora se fue apagando poco a poco. Sus cejas finas se enarcaron con rigidez y sus ojos almendrados se afilaron hacia arriba. Curvando levemente la comisura de los labios, Luo Yuni se pasó la lengua por ellos. El rubor huyó de sus facciones, dejando sobre su piel una palidez lívida, espantosa y atroz. El razonamiento de Li Banfeng no era incorrecto, ni tampoco lo era su procedimiento: en circunstancias ordinarias, cualquier cultivador habría podido someter al Espíritu del Hogar de ese modo. Sin embargo, había subestimado un factor capital: la colosal disparidad de poder entre ambos, un abismo insalvable que ni siquiera peleando en su propio terreno lograría franquear. Cualquier deducción regida por el sentido común dictaría que un Cultivador del Hogar de Primer Nivel lidiaría con un espíritu de fuerza similar, situado en el primer peldaño o, a lo sumo, en el segundo. Pero Li Banfeng se había equivocado de medio a medio. El talento de Luo Yuni era monstruosamente prodigioso. Antes de convertirse en Espíritu del Hogar, impulsada por un rencor inconmensurable, ya se había transformado en un temible espectro maligno. Y tras convertirse en Espíritu del Hogar, luego de treinta años de amargo cultivo, su poderío real había alcanzado el Sexto Nivel. Una fuerza de Sexto Nivel era una existencia inimaginable para la comprensión de Li Banfeng. No obstante, un Espíritu del Hogar seguía atado a su condición esencial. Luo Yuni se hallaba encadenada a la propiedad, y dado que aquella casona había desarrollado una comunión profundísima con la anciana, Luo Yuni tenía vedado el uso de gran parte de sus poderes. Ella había intuido la ignorancia de Li Banfeng respecto a la Vía del Hogar, de modo que quiso servirse de él para asesinar a la vieja y liberarse así de sus ataduras. ¿Por qué no había matado a la anciana con sus propias manos? ¿Acaso los Espíritus del Hogar no contaban con antecedentes de asesinar a sus dueños? Aquel dilema también había cruzado por los pensamientos de Li Banfeng, llevándolo a sospechar que Luo Yuni no había sido del todo sincera en muchos puntos. Con el fin de ganarse la confianza del joven, la mayor parte de lo que Luo Yuni relató era verídico; sin embargo, al tratarse del punto más vulnerable de su propia existencia, resultaba evidente que jamás revelaría la verdad desnuda. En realidad, en los testimonios de Quinto Ma, el buhonero ambulante y Xiao Yeci ya se hallaba la respuesta a esa incógnita, y Li Banfeng, tras analizarlo con calma, había alcanzado una conclusión certera. Para que un Espíritu del Hogar pueda rebelarse y matar a su amo, debe cumplirse un prerrequisito inexorable: que la afinidad entre el Cultivador del Hogar y su residencia sufra una alteración o se quiebre. Si el cultivador no cuida ni aprecia su morada, la propia casa consentirá y auspiciará la rebelión del espíritu, brindándole la oportunidad de cometer el magnicidio, tal como ocurrió en el caso de aquel cultivador mugriento y negligente del que Quinto Ma le había hablado. Cuando un Cultivador del Hogar abandona su residencia, esta se despoja de parte de sus ataduras, lo que provoca que el Espíritu del Hogar mute en un espíritu maligno y comience a dañar a la gente a su antojo dentro de la casa. La anciana y Luo Yuni no se llevaban bien, pero los sentimientos de la vieja hacia esa residencia eran profundos, y su grado de afinidad con ella resultaba extraordinario. Por su parte, Luo Yuni estaba sujeta a las ataduras de la casa; mediaba un pacto entre el cultivador y el Espíritu del Hogar, de modo que ella podía suprimir el nivel de cultivo de la anciana, pero no matarla. Además, aun si la anciana moría, mientras la casa continuara en pie, el Espíritu del Hogar seguiría sin poder librarse de sus ataduras, pues el pacto entre el cultivador y el espíritu no perdía vigencia a menos que otro Cultivador del Hogar tomara posesión. La residencia era el grillete del Espíritu del Hogar; si este deseaba liberarse de las ataduras, solo había tres caminos posibles. El primero era volverse lo bastante poderoso por sí mismo. Un Espíritu del Hogar con la fuerza suficiente podía romper por la fuerza las ataduras de la residencia; Quinto Ma había oído hablar de precedentes semejantes. Luo Yuni había alcanzado el Sexto Nivel de cultivo, pero ¿era capaz de librarse de las ataduras de la casa? No, estaba muy lejos de lograrlo. El segundo era que alguien se llevara al Espíritu del Hogar fuera de la residencia. Un Espíritu del Hogar que abandonaba su residencia se convertía en un espíritu maligno; casi nadie se atrevía a semejante disparate. El tercero era romper el pacto. Esto era muy simple: si otro Cultivador del Hogar miraba fijamente al Espíritu del Hogar y pronunciaba su nombre, y el cultivador original no se oponía, el pacto entre el cultivador y el espíritu quedaba roto; siempre que el Espíritu del Hogar consintiera, ese era el método para transferirlo de manos. Luo Yuni había elegido el tercer método: romper el pacto. En el patio de la anciana, si Li Banfeng hubiera mirado fijamente el reloj de mesa y pronunciado el nombre de Luo Yuni, la anciana sin duda no se habría opuesto, pues ya estaba muerta. El pacto entre Luo Yuni y la anciana se habría roto, y Luo Yuni se habría librado de sus ataduras. Pero como Li Banfeng no poseía afinidad con el patio, Luo Yuni no se convertiría en su Espíritu del Hogar; lo mataría en el acto. Luo Yuni se había sentado todo el tiempo a espaldas de Li Banfeng; aunque sus fuerzas estaban limitadas, con solo atenazar sus puntos vitales, habría podido obligarlo a pronunciar su nombre. Sin embargo, jamás imaginó que en cuanto estiró la mano, Li Banfeng saldría huyendo. Al ver que por la fuerza no funcionaba, probó por las buenas: sedujo e incitó a Li Banfeng una y otra vez para que pronunciara su nombre, creyendo que se saldría con la suya sin problemas, sin sospechar que Li Banfeng era sumamente receloso y se negaría en redondo a llamarla por su nombre. Si un camino no servía, tomaría el otro. Luo Yuni le exigió a Li Banfeng que la llevara al interior de la Residencia Móvil. Esta vez, lo consiguió. Habiendo dejado atrás su residencia original, era libre. No obstante, la Residencia Móvil ahora gozaba de una afinidad perfecta con Li Banfeng. Si Li Banfeng miraba fijamente el reloj de mesa dentro de la Residencia Móvil y pronunciaba el nombre de Luo Yuni, ¿qué ocurriría? Con solo mirar fijamente al Espíritu del Hogar, percibir su propia afinidad con la residencia y recitar el nombre del espíritu, este pasaría a pertenecer a Li Banfeng. El razonamiento era impecable, pero en la práctica resultaba imposible que Li Banfeng lo consiguiera. Porque Luo Yuni no pensaba darle a Li Banfeng la más mínima oportunidad de pronunciar su nombre; iba a matarlo de inmediato para adueñarse de la Residencia Móvil. Con un Espíritu del Hogar de Sexto Nivel atacando sin restricción alguna, Li Banfeng no tenía la menor posibilidad de conservar la vida. El péndulo osciló con frenesí. El minutero sobre la esfera arrastró a la aguja horaria en un giro vertiginoso, alcanzando en un instante la posición de las doce. ¡Con tal de que las campanadas repicaran doce veces seguidas, podría rebanar a Li Banfeng en trece pedazos! \*¡Clac, clac, clac...!\* Los engranajes del reloj de mesa rechinaron. El minutero estaba a punto de solaparse con la aguja horaria, el tañido del reloj estaba a punto de retumbar y Li Banfeng todavía seguía buscando las velas, mientras la sonrisa de Luo Yuni se tornaba cada vez más tétrica. \*¡Chss, chss, chss!\* Un destello de fuego se encendió, y el resoplido de vapor sonó un paso antes. Li Banfeng se sobresaltó: el gramófono se había puesto en marcha. '¿Cómo puede encenderse por su cuenta?' Luo Yuni ni siquiera se dignó a prestarle atención al aparato. ¡Clang! ¡Sonó la primera campanada! Una hoja invisible salió disparada hacia la espalda de Li Banfeng. Li Banfeng sintió una punzada de frío glacial y se esforzó por esquivarla por puro instinto, pero fue en vano; no había forma humana de evadirla, era una velocidad que escapaba a su comprensión. \*¡Pshhh!\* ¡Un chorro de vapor blanco brotó despedido del gramófono, dispersando con insultante facilidad la hoja invisible! Luo Yuni, con los ojos inyectados en sangre, clavó la mirada en el gramófono. '¿Qué es esta porquería?' '¿Acaso tiene consciencia espiritual?' '¿Un trasto espiritual se atreve a detenerme?' '¿Quién le ha dado semejante osadía?' ¡Clang! ¡La segunda campanada! Enfurecida, Luo Yuni desató su segundo ataque. Esta vez no solo apuntó a Li Banfeng, sino también al gramófono; ¡iba a cortar la máquina en pedazos junto con él! \*¡Fuuuush!\* El vapor arremetió en un parpadeo y envolvió el viejo reloj de mesa. Las hojas invisibles ni siquiera consiguieron salir disparadas: se disiparon directamente dentro del armazón del reloj. \*¡Clac, clac, clac...!\* Luo Yuni se mostró desconcertada, pero negándose a darse por vencida, arremetió de nuevo. Los engranajes se forzaron al límite, intentando arrancar una tercera campanada. La tercera campanada jamás llegó a resonar: la cuerda del viejo reloj de mesa quedó trabada por una fuerza invisible oculta en el vapor. Luo Yuni rugió una y otra vez mientras continuaba ejerciendo fuerza con desesperación. \*¡Clac, clac, clac...!\* La cuerda no tardó en alcanzar su límite. \*¡Chss...!\* El gramófono soltó un bufido desdeñoso, una risita cargada de mofa. \*¡Crac!\* La cuerda del reloj de mesa se quebró de cuajo en medio del vapor. "¡Aaaah...!" Aterrada y conmocionada, Luo Yuni soltó de inmediato un alarido desgarrador, como si lo que se hubiera quebrado fuesen sus propios huesos. \*¡Fuuuush!\* Otra densa masa de vapor se abalanzó sobre el artefacto. ¡La campana de cristal del viejo reloj de mesa estalló en añicos y el péndulo se partió en dos! La esfera fue arrancada de cuajo, mientras el minutero y la aguja horaria se combaron y fundieron bajo el calor abrasador. El armazón interno de latón colapsó, y engranajes de todos los tamaños saltaron despedidos en todas direcciones. \*¡Crac! ¡Crac!\* En cuestión de segundos, la carcasa de madera del reloj quedó reducida a un montón de astillas esparcidas por el suelo. Todo había ocurrido demasiado rápido; Li Banfeng no tuvo tiempo de articular reacción alguna. Los alaridos de Luo Yuni resonaron durante largo rato, como si estuviera padeciendo un tormento inimaginable. Desde el interior del reloj de mesa, una humareda carmesí fue aspirada, junto con el vapor, directamente hacia la bocina del gramófono. Bajo el resplandor ígneo del gramófono, contemplando los despojos del viejo reloj de mesa, Li Banfeng, bañado en sudor frío, se quedó mudo por el espanto. \*¡Chss, chss, chss!\* La aguja del gramófono descendió automáticamente sobre el disco de vinilo. Primero resonó un alegre repiqueteo de gongs y tambores. Luego, el trino vivaz de una flauta. Y a continuación, el gramófono entonó una melodía dulce y seductora: "Te acompaño, te acompaño hasta las afueras de la aldea, unas palabras tengo que encomendarte; aunque ya hayan florecido cien capullos, ¡long-gue-li-gue-li-gue-long, long-gue-li-gue-long! Las flores silvestres del camino... ¡no las vayas a cortar!". \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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Estás leyendo el capítulo 50 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.