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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 49 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
No era de extrañar que, entre su vetusta decadencia, aquella residencia destilara una distinción tan singular: resultaba ser la residencia privada de una beldad célebre. Luo Yuni. Esa mujer era la misma que mencionaban los periódicos, la célebre dama que había hallado una muerte atroz en aquella morada apartada. ¿Acaso ella era el Espíritu del Hogar de la anciana? ¿De dónde habían salido esos periódicos? ¿Y qué clase de vínculo unía a Luo Yuni con la vieja? Al ver que Li Banfeng tardaba en pronunciar su nombre, Luo Yuni pareció comprender sus reservas. "¿Quieres saber qué ocurrió después?" ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! El reloj de pie dio once campanadas seguidas. El péndulo osciló de un lado a otro, la escena mudó en el halo y Luo Yuni continuó desgranando su historia. El asesino que le había arrebatado la vida yacía muerto, con el cadáver desplomado en el suelo. Luo Yuni permanecía sentada junto al cuerpo inerte, maquillándose frente al espejo con meticulosa calma. Retiraron el cadáver de aquel hombre, pero no transcurrió mucho tiempo antes de que él regresara. Se apostó al lado de Luo Yuni, sosteniendo un lápiz de cejas con la intención de delineárselas. A todas luces no era un hombre vivo; debía de ser su espectro. Luo Yuni ni siquiera se dignó a mirarlo: con un displicente ademán de la mano, lo mandó a volar fuera de la ventana. Frente a ella se erguía un sauce, y el hombre quedó suspendido de sus ramas, ahorcado en el aire. Luo Yuni continuó acicalándose. Pese al fluir inexorable del tiempo, su sonrisa conservaba un encanto inalterable. Colgado del árbol, el hombre contemplaba día tras día a la Luo Yuni del interior de la habitación con una fascinación delirante. Nadie supo cuánto tiempo pasó hasta que un joven matrimonio se mudó a la residencia. El marido vestía camisa blanca y pantalones oscuros con tirantes. Salía temprano y volvía tarde; parecía gozar de un empleo bastante respetable. La esposa pasaba los días ocupada en los quehaceres domésticos y jamás pareció percatarse de que en la casa moraba otra mujer: una dama que no cesaba de emperifollarse con esmero frente a aquel viejo reloj de pie. No podía verla. Si Luo Yuni no se hubiese manifestado por propia iniciativa, Li Banfeng tampoco habría podido verla jamás. Los días transcurrían apacibles, bañados por una dulce armonía, hasta que una jornada el esposo alcanzó a ver a Luo Yuni mientras se arreglaba. A partir de ese instante, la dulzura de su vida se evaporó. Empezó a sentir que su propia esposa distaba mucho de ser hermosa. Comparada con una beldad de semejante calibre, su mujer tal vez nunca lo había sido. Luo Yuni dirigió hacia el hombre una mirada cargada de conmiseración, extendió delicadamente el brazo y le ofreció el peine. El hombre se estremeció de pura agitación. Tomó el peine de sus manos con un cuidado reverencial; poder peinar los cabellos de Luo Yuni, aunque solo fuera una vez, se convirtió en el logro más preciado de toda su existencia. Li Banfeng era incapaz de comprender semejante mentalidad, incapaz de asimilar el éxtasis y la fascinación enfermiza impresos en el rostro de aquel individuo. El hombre le peinaba la melena una y otra vez, temeroso de descuidar un solo mechón. Solo cuando Luo Yuni dio muestras de hastío y le lanzó una mirada de soslayo, el hombre soltó el peine con evidente desgana. Al dejarlo, tomó el lápiz de cejas, ansioso por delineárselas. Luo Yuni negó suavemente con la cabeza y su silueta comenzó a desvanecerse en el aire. Se marchó, dejando al hombre plantado en el sitio con el lápiz en la mano, sumido en un extravío desesperado. A partir de entonces, se quedaba embobado frente al reloj de pie las horas enteras, completamente indiferente a los lamentos y recriminaciones de su esposa. Un día, se clavó el lápiz de cejas en la sien. Lo hundió una y otra vez, mientras el dolor atroz y una sonrisa de beatitud se retorcían juntos en sus facciones. Había vuelto a ver a Luo Yuni. Solo con tal de seguir perforándose la cabeza con el lápiz, podría permanecer a su lado. Con el lápiz empapado en sangre, intentó delinearle las cejas una vez más. La esposa presenció semejante horror y echó a correr fuera de la casa, presa del pánico. Sin embargo, no logró escapar del patio. Las almas que pendían de los árboles agitaron las ramas de sauce como si fueran látigos, la envolvieron con fuerza y la arrastraron de vuelta a la habitación. Con razón aquellos sauces impedían que nadie abandonara el recinto: de sus copas colgaba una multitud de almas en pena, todas convertidas en esclavas de Luo Yuni. El marido terminó perforándose el cráneo a estocadas hasta morir. A la mujer la mantuvieron atada con los zarcillos de sauce hasta bien entrada la noche, momento en que Luo Yuni le rebanó la garganta con una daga corta. La esposa pereció; la hoja del arma quedó bañada en escarlata, pero la sangre desapareció casi al instante. La imagen se congeló de golpe y Luo Yuni se dirigió a Li Banfeng con voz suave: "A esta daga le gusta beber sangre a la medianoche. Cuanta más bebe, más afilada se vuelve. Me tomó tres años desentrañar el secreto de esta hoja; a esa vieja le costó treinta años y jamás comprendió nada. Nos acabamos de conocer y ya he compartido contigo el secreto de este filo. ¿No te parece una muestra suficiente de mi sinceridad?" La sonrisa de Luo Yuni se tornó aún más cautivadora, pero la atención de Li Banfeng no se distrajo con sus encantos. "Mientes", sentenció Li Banfeng sacudiendo la cabeza. "Esa anciana conocía a la perfección el misterio de la daga. Si no tuvo prisa en liquidarme y me retuvo deliberadamente hasta la medianoche, fue precisamente para que el arma absorbiera mi sangre". Luo Yuni sonrió: "Eso fue porque yo misma le revelé el secreto anoche. ¿Acaso no te diste cuenta de que ninguno de sus dos hijos comprendía por qué debían esperar hasta la medianoche? La vieja ni siquiera había tenido tiempo de contárselo. Esa mujer es así de estúpida; de no habérselo dicho yo, me temo que habría seguido a oscuras durante toda su vida. Cultivar a su lado era un insulto y un tormento para mí". Li Banfeng inquirió: "Siendo así, ¿por qué la elegiste a ella?" Luo Yuni negó con la cabeza: "No fui yo quien la eligió, fue ella quien me eligió a mí. Es la única Cultivadora del Hogar con la que me he cruzado en el camino. Ella pronunció mi nombre. Antes de toparme con ella, yo no era más que un simple espíritu resentido; gracias a su invocación logré convertirme en un Espíritu del Hogar". Los ojos de Li Banfeng relampaguearon con interés: "¿Cómo se invoca a un Espíritu del Hogar?" Luo Yuni arqueó una ceja: "¿Es que acaso tú no lo sabes? ¿No eres tú también un Cultivador del Hogar?" Li Banfeng enarcó a su vez las cejas: "¿Lo descubriste?" Luo Yuni prorrumpió en una carcajada: "¿Cómo no iba a descubrirlo? Ni el más mínimo de tus movimientos en esta residencia es capaz de escapar a mis ojos. Posees una morada sumamente extraordinaria, una casa invisible para los ojos de los mortales comunes e imperceptible incluso para un Espíritu del Hogar ordinario. Pero yo no soy común: yo sí puedo verla. Sé que dispones de una llave para abrir esa residencia, y fue únicamente gracias a que te refugiaste en su interior que pudiste neutralizar con tanta presteza el veneno que te administró Decai". Al escuchar aquellas palabras, Li Banfeng asimiló una lección crucial: a menos que fuera de extrema necesidad, en el futuro jamás pondría un pie a la ligera en la casa de otro Cultivador del Hogar. Luo Yuni preguntó con tono dulce: "¿De verdad deseas criar un Espíritu del Hogar? ¿Para qué gastar tantas energías? Yo estoy dispuesta a ser tu Espíritu del Hogar. Me tienes aquí, lista para ti, ¿por qué habrías de rechazarme?" Li Banfeng frunció el ceño: "¿Por qué no me enseñas el método para cultivar un Espíritu del Hogar?" Luo Yuni volvió a sacudir la cabeza: "Demanda demasiado tiempo y esfuerzo, de veras que no tiene utilidad". Li Banfeng entornó los ojos, endureciendo el semblante: "¡Que me ocultes cosas solo demuestra que tu supuesta sinceridad no es suficiente!" Luo Yuni soltó un leve suspiro: "Está bien, haré todo lo que me pidas". El péndulo osciló de nuevo y la historia proyectada en el halo de luz continuó revelándose. Las ánimas de aquella desdichada pareja pasaron a engrosar las ramas del sauce, contemplando a Luo Yuni con la misma adoración enajenada. Pasaron incontables años. Más de una decena de familias se mudaron sucesivamente a aquella morada y, al cabo de poco tiempo, todas acabaron pereciendo a manos de Luo Yuni. Las almas en pena no tardaron en abarrotar hasta el último rincón de los sauces que cercaban el patio. A medida que la perspectiva cambiaba, Li Banfeng se sorprendió ante la extensión del terreno: aquel patio era descomunal, mucho más amplio que la propiedad que él mismo había contemplado. Tiempo después, otra familia llegó para instalarse: una mujer demacrada de aspecto treintañero cruzó el umbral acompañada por dos niños pequeños. ¿La anciana? Aquella mujer entró en la residencia y, tras vivir allí unos días, sus mejillas enjutas se fueron rellenando poco a poco, y su piel pálida recuperó algo de rubor. Su mirada, en un principio apagada, cobró vivacidad, y a la hora de ocuparse de los quehaceres domésticos desplegaba mucho más vigor. Había entrado en sintonía con la casa; Li Banfeng había pasado por una experiencia semejante. Cuando limpiaba y barría en la estancia principal, siempre andaba olfateando por todas partes, como si pudiera percibir un aire distinto. Al salir al patio a tomar el fresco, alzaba la vista hacia los sauces que la rodeaban, como si fuera capaz de sentir las ánimas atrapadas en las ramas. A menudo se sumía en profundas cavilaciones y, al compás de sus silencios, la residencia entera parecía volverse más quieta, umbría y profunda. Un día, trajo consigo varios atados de periódicos viejos y los hojeó uno a uno con minucioso esmero. Apartó más de una decena y se puso a escudriñar con atención las noticias impresas, contemplando cada una de las fotografías. Había muchas palabras que no sabía leer, pero sí reconocía las imágenes. Se trataba de aquella misma mansión que figuraba en la prensa. En plena noche, tras acostar a sus dos hijos en la habitación oriental, se dirigió a solas a la estancia principal. Encendió una vela y clavó la mirada fijamente en el viejo reloj de pie. Contuvo la respiración; en la sala reinaba un silencio sepulcral. Li Banfeng observó con atención cada uno de los movimientos de la mujer. Descubrió que contemplar fijamente aquel reloj era un factor clave. En las pupilas de ella se distinguía con nitidez el reflejo del reloj. En el aire se percibían los latidos, cada vez más pausados, del corazón de la mujer. La casa entera vibraba al unísono con sus pulsaciones, y los sauces al exterior se estremecían al compás de la estructura. Se habían fundido. A través del juego de luces y sombras, Li Banfeng pudo sentir que la mujer y aquella mansión se habían fusionado en una sola entidad. Ese era el poder de un Cultivador del Hogar. ¡Dang! ¡Dang! ¡Dang! Las campanadas resonaron. El reloj en los ojos de la mujer cobró una chispa espiritual; ella acababa de percibir la presencia del Espíritu del Hogar. La mujer respiró hondo y pronunció su nombre: "¡Luo Yuni!". ¡Dang! Eran las once y media. Sonó una sola campanada. La voz de Luo Yuni susurró junto al oído de Li Banfeng: "Oyó las campanadas. Desde ese instante, me convertí en su Espíritu del Hogar". Li Banfeng preguntó: "¿Acaso no te mostraste ante ella para confirmarlo?". En las visiones que Li Banfeng acababa de presenciar, Luo Yuni jamás se había dejado ver al mismo tiempo que aquella mujer. Una risita brotó de los labios de Luo Yuni: "En treinta años enteros, jamás le permití ver mi verdadero rostro ni oír mi voz. A lo sumo le daba alguna pequeña pista. Una sola mirada de más hacia ella me revolvía el estómago de pura aversión. Se desvivía por complacerme; el setenta por ciento de las ánimas colgadas de esos árboles me las entregó ella. Jamás le guardé la menor gratitud, y además, de ese negocio vivía. Cultivar a su lado no fue más que un compromiso forzoso. Mi comprensión y mi nivel espiritual son muy superiores a los suyos; bien podría haberle otorgado un cultivo mucho más alto, pero solo dejé que alcanzara el Primer Nivel. Porque la aborrecía". Aquello también despertaba la curiosidad de Li Banfeng. Siendo una anciana de tanta edad, ¿cómo era posible que solo tuviera el Primer Nivel de cultivo? "¿No se dice que por cada diez años de cultivo se avanza un nivel? Ella cultivó durante treinta años, ¿cómo es que seguía en el primero?". Al oírlo, Luo Yuni negó levemente con la cabeza: "Eres un hombre muy extraño. Al matar actúas como un veterano curtido, pero al hablar pareces un novato recién destetado. Un cultivador que sigue el camino paso a paso, sin tropiezos ni fallas, necesita diez años de disciplina para ganar un nivel. ¿Cuántos cultivadores pueden jactarse de no haber sufrido un solo tropiezo en diez años? ¿Cuántos pueden asegurar no haber cometido el más mínimo error en esa década? Quienes logran pasar del primer al segundo nivel en diez años se cuentan con los dedos de una mano". Li Banfeng inquirió: "¿Y qué clase de error cometió esa vieja para no alcanzar el segundo nivel ni en treinta años?". Luo Yuni sonrió: "Su error fui yo. Si el Cultivador del Hogar y su Espíritu del Hogar no están en sintonía de corazón y mente, el Espíritu reprimirá al cultivador. Esa vieja me daba un asco repugnante; aunque hubiera cultivado cien años más, jamás habría pasado del Primer Nivel". '¡Conque era eso!'. Ciertamente, quedarse tirado en casa cultivando tampoco era tan sencillo. Tanto el vendedor ambulante como Ma Wu habían mencionado en su momento que el Espíritu del Hogar era la clave absoluta para un Cultivador del Hogar. Si la relación con el Espíritu no era armoniosa, el cultivo no avanzaría jamás. Al llegar a este punto, Luo Yuni dejó escapar un prolongado suspiro: "No te imaginas lo repugnante que era esa vieja. Pasó treinta años sin buscar a un hombre y tampoco dejaba que sus hijos tocaran a una mujer. Si yo cruzaba una sola palabra con cualquiera de los dos, se ponía como una fiera. Ni siquiera les permitía cruzar la puerta a la calle; los forzaba a pasar la vida entera encerrados con ella en este patio. Su hijo mayor, Decai, practicó artes marciales desde niño y quiso comprarle medicina al vendedor ambulante para iniciarse en la Vía Marcial, pero la vieja se lo prohibió. Al cumplir los treinta y cinco años, lo forzó a entrar en la Vía del Veneno. Como Decai apenas sabía leer cuatro letras, se puso a mezclar recetas a ciegas guiándose por un puñado de libros viejos y por poco se mata envenenado él mismo. Su segundo hijo, Demao, también practicaba artes marciales y la vieja tampoco se lo consintió. Tuvo un poco más de suerte: gracias a la Banda Jiangxiang, compró en secreto la medicina de la Vía Marcial y el año pasado alcanzó el Primer Nivel. Por desgracia, carecía de un maestro que lo guiara y solo pudo aprender unas cuantas rutinas leyendo manuales. Al toparse con alguien como tú, que no se atiene a ninguna regla, solo le quedó irse directo a la tumba. Con una persona tan asquerosa como ella, yo rezaba a diario para que se largara de esta residencia. ¿Por qué demonios iba a permitirle avanzar en su cultivo?". Li Banfeng asintió con la cabeza: "En verdad suena repugnante. Con solo oírlo da náuseas". '¿Pero por qué no mató directamente a la vieja? ¿Acaso no existían precedentes de Espíritus del Hogar que asesinaban a sus amos?'. Li Banfeng se contuvo y prefirió guardarse esa pregunta. En ese instante, todas las visiones se desvanecieron. Solo quedó Luo Yuni, sentada frente a Li Banfeng mientras se arreglaba ante el tocador. Con una sonrisa cargada de coquetería, le dijo: "Desde el momento en que entraste en esta mansión, supe que mi verdadero amo eras tú. Si yo hubiera intervenido con todas mis fuerzas, jamás habrías podido vencer a esa vieja; no habrías tenido la más mínima posibilidad. Pero eres tú quien me agrada. Pronuncia mi nombre y seré tuya. Anda, te estoy esperando... ¡amo!". De haber sido cualquier otro hombre, ese "¡amo!" habría bastado para hacerle deponer toda resistencia. Sin embargo, Li Banfeng permaneció impasible. Sacudió la cabeza sin articular palabra. Luo Yuni frunció ligeramente el ceño y preguntó: "¿Acaso no me deseas?". "No es que no te desee", respondió Li Banfeng, negando con la cabeza. Luo Yuni meditó unos instantes, tratando de escudriñar sus pensamientos: "Es por este negocio, ¿verdad? No quieres dedicarte a esto. Salvaste a esa madre y a su hija; eres un hombre bondadoso. Yo también aborrezco este oficio, estoy harta de vivir cobrando vidas. Estoy dispuesta a dispersar a todas las ánimas que habitan en este patio. Con tal de que me aceptes, estoy dispuesta a llevar contigo una vida austera". Lentamente, Luo Yuni extendió una mano hacia Li Banfeng. Él no se la tomó. En silencio, dio un paso a un lado, apartándose del ángulo directo frente al viejo reloj de pie. Aquel mueble constituía el receptáculo físico de Luo Yuni, pero su alma no necesariamente residía dentro del reloj a cada instante. Por ejemplo, justo ahora. Desde el punto de vista visual, Li Banfeng parecía estar hablándole a Luo Yuni cara a cara. Sin embargo, a juzgar por el reflejo en el péndulo, Li Banfeng y Luo Yuni se encontraban en la misma habitación, ambos mirando de frente hacia el reloj. Dicho de otro modo, era muy probable que los dos estuvieran sentados en el mismo punto, a escasísima distancia. En este mismísimo instante, el alma de Luo Yuni se hallaba pegada al costado de Li Banfeng... o justo a su espalda. \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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Estás leyendo el capítulo 49 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.