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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El viejo Chen sospechaba abiertamente que entre Li Banfeng, He Jiaqing y Lu Xiaolan existía un triángulo amoroso. Li Banfeng se enfadó. Decir que se enfadó un poco se quedaba corto: estaba profundamente indignado. Sin embargo, logró contenerse. No solo reprimió la cólera, sino que las comisuras de su boca se arquearon hacia arriba, dejando escapar una tenue sonrisa. El viejo Chen intentaba provocarlo de forma deliberada para arrancarle la información que buscaba. Incluso cabía la posibilidad de que quisiera empujarlo a sufrir un brote psicótico en plena conversación, para luego arrestarlo directamente como a un sospechoso con trastornos mentales. Desprovisto de cualquier alteración en el tono, Li Banfeng pronunció con absoluta parsimonia, palabra por palabra: "Entre Lu Xiaolan y yo no existe ni siquiera una amistad, y muchísimo menos una relación de otra índole. Puede corroborar este hecho preguntando a mis compañeros de habitación o a cualquier otro alumno de la carrera". El viejo Chen insistió una vez más: "¿De verdad que no había nada más entre ustedes?". Li Banfeng contestó con fría tranquilidad: "Lo que es, es; y lo que no es, no es. Si no me cree, vaya e investigue por su cuenta. La lógica es tan sencilla como eso; no hay necesidad alguna de complicar las cosas simples". Y en efecto, la lógica era demoledora. El viejo Chen asintió: "Te creo". Li Banfeng prosiguió de inmediato: "Es cierto que fui yo quien trajo a He Jiaqing al hospital, pero las autoridades no pueden señalarme como culpable por el simple hecho de socorrerlo. El tercer tío de He Jiaqing se encuentra en este mismo edificio; si le parece, llámelo aquí y pongamos las cartas sobre la mesa delante de él". "Nadie te está tratando como a un criminal; de ser así, ya te habría llevado detenido a comisaría", el viejo Chen tanteó la cajetilla de tabaco en su bolsillo, resistiendo a duras penas la tentación de encenderse un cigarrillo. "En cuanto a ese tercer tío... te refieres a He Haisheng, ¿cierto? Fue él quien llamó a la policía, fue él quien me condujo hasta este hospital y fue él quien me pidió expresamente que fuera a buscarte". Li Banfeng se quedó mudo. Aquel tercer tío era un individuo sumamente taimado. El viejo Chen volvió a guardarse la cajetilla en el pecho: "Antes de que a He Jiaqing le ocurriera la desgracia, estuvo comiendo contigo y bebiendo licor. Y tras esa comida regada en alcohol, cayó en coma profundo. Dices que lo acompañaste a la estación de trenes; nosotros iremos a revisar las cámaras de seguridad de los andenes. Confío en que estés diciendo la verdad y deseo de corazón que nada de esto tenga que ver contigo. No obstante, debo advertirte de que tu situación actual es sumamente desfavorable. Durante los próximos días, colabora al máximo con nuestra investigación y procura no salir de la ciudad de Yuezhou bajo ningún concepto". ¡Tin-tin! El teléfono móvil de Li Banfeng vibró repentinamente. El párpado de Li Banfeng sufrió un leve espasmo; con toda probabilidad, se trataba de otro mensaje remitido desde el número de He Jiaqing. Li Banfeng se debatió en un dilema angustioso sobre si debía poner al corriente a aquel policía. "¿Alguien te busca?", el viejo Chen esbozó una sonrisa cargada de segundas intenciones, como si hubiera leído a la perfección el conflicto interior del muchacho. "Es natural que haya cosas que no quieras contarme todavía; no pasa nada. Cuando sientas que ha llegado el momento de hablar, ven a buscarme". El viejo Chen guio a Li Banfeng fuera de la habitación y, al alcanzar la entrada principal del hospital, cada uno tomó su propio camino. El agente se dirigió hacia un sedán negro aparcado en la acera y se acomodó en el asiento trasero. Allí lo esperaba una joven de unos veinte años. La chica vestía un traje sastre de oficina de corte impecable. Se apartó el flequillo de su melena corta tras la oreja, se recolocó las gafas sin montura y juntó las piernas, girando el torso hacia el viejo Chen de tal manera que sus nalgas turgentes y redondeadas apenas ocupaban un tercio del asiento. Se llamaba You Xuehan; su nombre en clave dentro del equipo era Tangyuan, y ejercía como secretaria de la unidad. You Xuehan sostenía una elegante libreta de notas y preguntó con deferencia: "Capitán Chen, ¿cómo ha ido la conversación?". El capitán Chen sacó por fin un cigarrillo, lo prendió y aspiró una calada honda. Las arrugas del rabillo de los ojos y los surcos nasogenianos de su rostro se relajaron al unísono, y su semblante recobró bastante vitalidad. "El chaval posee una fortaleza psicológica envidiable; sabe reprimir muy bien las emociones. Sin embargo, por lo que he podido tantear, no es un Usuario de Energía Oscura; no pasa de ser un 'cordero blanco', un tipo ordinario. Ahora bien, estoy convencido de que sabe ciertas cosas cruciales sobre He Jiaqing. Dime, ¿alguien se ha comunicado con él estos días por teléfono?". You Xuehan hojeó de inmediato el informe de Li Banfeng: "Acabo de revisar su registro de llamadas. Desde el momento en que ocurrió el percance de He Jiaqing, solo realizó una llamada al servicio de emergencias médicas y la universidad le marcó en dos ocasiones. Aparte de eso, no figura ningún otro registro de voz, ni siquiera un miserable mensaje de texto". "Sospecho que no es que no los haya, sino que no somos capaces de rastrearlos", murmuró el viejo Chen expulsando una densa bocanada de humo gris. "En cuanto sonó el tono de notificación, Li Banfeng se puso tenso de inmediato. Alguien se está comunicando con él en la sombra, pero él no quiere que nadie más se entere". El hombre sentado en el asiento del copiloto se volvió hacia atrás y soltó una propuesta tajante: "Si ese individuo resulta tan sospechoso, ¿por qué no lo arrestamos directamente?". Aquel sujeto rondaba los treinta años de edad. Tenía cejas pobladas, ojos grandes y unas facciones angulosas y bien marcadas en los pómulos y la mandíbula; su aspecto era ciertamente atractivo, aunque el cabello comenzaba a escasear en la coronilla, peinado hacia atrás con gomina y un brillo impecable. "¿Arrestarlo?", el viejo Chen frunció el entrecejo con severidad, clavando la mirada en el copiloto. "¿Bajo qué cargos pretendes detenerlo?". El hombre pareció no percatarse de lo absurdo de su planteamiento: "Puesto que tiene motivos para estar implicado, ponerlo bajo custodia es la opción más segura para nosotros". "¿Y qué motivos tiene, según tú?", el tono del viejo Chen se tornó cada vez más sombrío y gélido. El copiloto respondió con pasmosa ligereza: "Si el asunto de He Jiaqing no guardara relación con él, ¿para qué demonios se tomaría la molestia de llevarlo al hospital?". Al escuchar semejante estupidez, el viejo Chen estalló de furia: "¡¿Qué clase de razonamiento bastardo es ese?!". El hombre no replicó; simplemente giró la cabeza y desvió la mirada hacia la ventanilla del vehículo. Se llamaba Xiao Zhenggong; los miembros del departamento lo llamaban el vicecapitán Xiao. Permaneció contemplando el paisaje exterior con un mohín de desdén que lo decía todo: no le temía al viejo Chen en absoluto ni consideraba haber cometido ningún error; sencillamente no le apetecía malgastar saliva discutiendo con aquel viejo cascarrabias. Aunque le daba la espalda, a través del espejo retrovisor el viejo Chen podía apreciar con total nitidez el desprecio en su rostro. El capitán Chen dejó escapar un suspiro de resignación: "Desde el primer día en que fuiste asignado a esta brigada te lo advertí: el trabajo hay que sacarlo adelante, las normas deben respetarse, ¡pero la conciencia jamás se puede tirar a la basura! ¡Y hasta el sol de hoy sigues sin enterarte de nada!". You Xuehan apretó los labios con incomodidad. Aquella atmósfera tan tensa le resultaba sofocante, de modo que se apresuró a desviar el tema: "El historial de Li Banfeng ya ha sido investigado a fondo. Es huérfano, creció en una casa de acogida y carece de antecedentes penales, aunque fue investigado en varias ocasiones por actos tipificados como legítima defensa". "¿Legítima defensa?", el viejo Chen sintió curiosidad, tomó el expediente de Li Banfeng y le echó un vistazo: "Uno contra tres: dos heridos de extrema gravedad y uno leve... Uno contra cinco: un herido grave y cuatro leves... ¿Tiene tan buena destreza física para el combate cuerpo a cuerpo? No lo aparenta en absoluto; su complexión corporal parece bastante normal". El viejo Chen continuó pasando las páginas del informe judicial y, al llegar a la mitad, no pudo evitar soltar una carcajada sonora: "Este muchacho... está verdaderamente loco de atar". You Xuehan preguntó: "Capitán Chen, ¿debemos mantener una vigilancia estrecha sobre Li Banfeng?". El viejo Chen reflexionó durante unos instantes: "Que se encargue Foco de vigilarlo". You Xuehan carraspeó para advertirle: "Foco apenas lleva un mes incorporado al servicio; tal vez sería más prudente enviar a Cabezón". El viejo Chen sostuvo el cigarrillo entre los dedos y le dio otra calada honda: "No es más que un cordero blanco común y corriente; no hace falta desperdiciar a Cabezón en él. Servirá para que Foco se foguee sobre el terreno. Lo que quiero es que Cabezón le ponga el ojo encima a He Haisheng; ese viejo pájaro sí que es una pieza sumamente difícil de torear". ... En los vagones del metro subterráneo, Li Banfeng sacó el teléfono de su bolsillo. En la bandeja de entrada había, en efecto, un nuevo mensaje de texto, pero no procedía de He Jiaqing. "Hola, soy el viejo Chen". '¿El viejo Chen?'. '¿Un mensaje suyo?'. 'Ese viejo zorro... ¡hace un momento en el hospital me lanzó un farol a propósito para ponerme a prueba!'. ¿Qué pretendía enviándole ese mensaje? ¿Solo tantearlo? No del todo. Al escribirle, le dejaba grabado su número de teléfono en la memoria del aparato. En el fondo, pretendía empujarlo a que fuera él quien diera el paso de contactarlo por propia iniciativa. Li Banfeng no albergaba la menor intención de telefonear al viejo Chen; sin embargo, había un detalle que le reconcomía la curiosidad: durante toda la conversación en la habitación vacía, Li Banfeng jamás vio que el policía sacara ningún teléfono de sus ropas. ¿Cómo se las había apañado para enviar aquel mensaje? ¿Acaso tenía a alguien compinchado vigilándolos desde las sombras? ¿O es que aquel policía poseía alguna facultad extraordinaria? Si He Jiaqing permanecía postrado e inconsciente en la cama del hospital... ¿acaso él también era capaz de enviarle mensajes mediante algún método similar? El mundo real parecía empezar a dislocarse de la realidad que él siempre había dado por sentada. Pero que fuera diferente o no, ¿qué le importaba a él? El tercer tío de He Jiaqing ya se había hecho cargo de la situación; su deber como amigo estaba más que cumplido. A partir de ahora se dedicaría a ganarse el pan honradamente cargando ladrillos en cualquier obra, y todos aquellos turbios enredos dejarían de afectarle. Ansioso por sacudirse aquellos pensamientos de la cabeza, Li Banfeng abrió el navegador del móvil y comenzó a deslizar noticias al azar en las plataformas digitales. El primer titular rezaba: «¡Ocho segundos con ochenta y tres centésimas! El legendario velocista Qiao Yuesheng pulveriza de nuevo el récord mundial de los cien metros lisos. En la entrevista posterior a la carrera, ¡sus palabras dejaron a todos boquiabiertos!». '¿Qué fue lo que dijo?'. Li Banfeng pulsó en la noticia. «En la recién clausurada Liga de Diamante, el célebre atleta Qiao Yuesheng rebajó una vez más su propia plusmarca mundial hasta los 8.83 segundos, superando el récord que él mismo había establecido el mes pasado. Quién iba a imaginar que este legendario corredor estuvo a punto de renunciar a sus sueños en el pasado debido a la precariedad económica. Qiao Yuesheng nació en el seno de una humilde familia campesina...». El artículo era larguísimo; desgranaba la biografía del atleta desde el mismo año de su nacimiento hasta la victoria en la Liga de Diamante. Li Banfeng bajó hasta el final del texto y encontró por fin la célebre frase: «Los sueños nada tienen que ver con el color de la piel». Unas palabras sumamente inspiradoras. Solo que Li Banfeng recordaba a la perfección que esa misma frase ya la había pronunciado el año anterior, cuando rompió por primera vez la barrera histórica de los nueve segundos. La siguiente noticia: «El famoso artista Chu Zikai destapa las vergüenzas de la industria del entretenimiento con unas impactantes declaraciones». «Hace diez años, Chu Zikai sacudió el panorama musical con su inolvidable tema 'Soy tu torta crujiente'. Su voz pura y cristalina conmovió a millones de seguidores. Sin embargo, en una reciente aparición pública, esta destacada figura de la canción reveló unos entresijos que han dejado al descubierto los secretos mejor guardados del mundo del espectáculo. Con treinta y un años de edad, Chu Zikai nació en el seno de una modesta familia obrera; desde su más tierna infancia sintió pasión por la música...». 'Otra vez la misma monserga... siempre tienen que empezar contándote el año en que nacieron'. Fastidiado, Li Banfeng saltó a la siguiente publicación: «¡Conmoción en la comunidad científica! El Sol no está solo: astrónomos sugieren que nuestra estrella podría tener un hermano gemelo». «Recientemente, un equipo de astrofísicos ha realizado un descubrimiento desconcertante: nuestro Sol podría no encontrarse en soledad en el cosmos, sino contar con una estrella compañera que ha permanecido oculta hasta la fecha. Como astro soberano del sistema solar sobre el que descansa la existencia humana, nuestro Sol nació hace cuatro mil seiscientos millones de años...». 'Hasta para hablar del Sol tienen que empezar por el año de su nacimiento... ¡Parece que a todos estos juntaletras de pacotilla los hubiera parido el mismo maestro!'. ¡Tin-tin! En medio de su irritación, el teléfono emitió otro aviso sonoro. En esta ocasión, el remitente era He Jiaqing. "Hermano, no les creas; son unos farsantes". Li Banfeng tecleó una respuesta al instante: "¿A quiénes te refieres con 'ellos'?". "A mi tercer tío, a la policía, e incluso al He Jiaqing que estás viendo con tus propios ojos: todos ellos son unos farsantes". Li Banfeng guardó lentamente el teléfono en el bolsillo, sintiendo de pronto que aquel vagón de metro se había vuelto mucho más gélido de lo normal. \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.