Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 4 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng permanecía sentado en la habitación del hospital, con la mirada fija en He Jiaqing postrado sobre la cama.
Tras dos días enteros de intensas maniobras de reanimación, los médicos habían logrado salvarle la vida; sin embargo, había caído en un coma profundo y nadie sabía cuándo volvería a despertar.
La causa exacta del coma era un misterio absoluto, y el equipo médico aún no había determinado el plan terapéutico para la siguiente fase.
Según las explicaciones del personal sanitario, el siguiente paso dependía en gran medida de la evolución física de He Jiaqing, pero también del bolsillo de Li Banfeng y de la propia solvencia del paciente.
Los escasos ahorros de Li Banfeng para subsistir se habían esfumado por completo en los primeros pagos. Incluso después de aplicar las deducciones de los gastos cubiertos por el seguro médico, el dinero restante seguía siendo una gota en el océano.
En la tarjeta bancaria de He Jiaqing había algunos fondos ahorrados, pero al desconocer la contraseña, era imposible retirar nada por el momento.
Li Banfeng intentó contactar a los familiares de He Jiaqing, pero aunque eran uña y carne, no disponía del número de teléfono de ninguno de sus parientes; ni siquiera tenía guardado el contacto de Lu Xiaolan.
De continuar así las cosas, Li Banfeng ni siquiera tendría para costearse la próxima comida y, lo que era peor, temía que el hospital no tardara en retirarle el tubo de oxígeno a su amigo.
Por fortuna, al tercer día se produjo un giro inesperado en los acontecimientos con la aparición de un hombre llamado He Haisheng.
Aseguró ser el tercer tío de He Jiaqing. Aunque Li Banfeng jamás había visto a aquel pariente en persona, el detalle carecía de importancia en ese instante, pues aquel tercer tío adelantó de inmediato una considerable suma de dinero para cubrir las facturas médicas pendientes.
Alguien que pone dinero de su propio bolsillo por iniciativa propia rara vez resulta ser un estafador; claro está, siempre y cuando el dinero sea real y contante.
"Tú debes de ser Li Banfeng, ¿verdad? En la universidad me informaron de que has estado cuidando a Jiaqing estos dos días sin apartarte de su lado. Muchas gracias por tu esfuerzo". He Haisheng comenzó a pelarle una manzana con serenidad.
"Mire, las cosas ocurrieron así...", Li Banfeng le dio un mordisco a la fruta y se dispuso a explicar con detalle lo sucedido, pero He Haisheng lo interrumpió con un gesto de la mano.
"Dejemos los demás asuntos para más adelante", He Haisheng sacó su cartera, extrajo un fajo grueso de billetes y se los tendió: "Toma esto como una muestra de mi agradecimiento, no lo desprecies por parecerte poco".
Li Banfeng necesitaba dinero con urgencia, pues apenas le quedaban céntimos para comer.
Aun así, no quiso aceptarlo: "No me falta dinero. Es Jiaqing quien más lo necesita en estos momentos".
"No tiene segundas intenciones, es solo un gesto de gratitud. ¡Si no lo aceptas pensaré que te parece una miseria!". He Haisheng le metió los billetes a la fuerza en el bolsillo de la chaqueta.
Tras permanecer sentado en silencio unos instantes, He Haisheng soltó un hondo suspiro: "Cuando la universidad llamó a casa diciendo que Jiaqing había sufrido un percance, di por hecho que mi segundo hermano y mi cuñada vendrían a toda prisa, pero ninguno de esos dos sirve para nada cuando hacen falta. La culpa es mía por haberme demorado tanto y haberte hecho cargar con semejante peso. Banfeng, vuelve al dormitorio y descansa; a partir de ahora yo me encargo de todo".
Li Banfeng abandonó la habitación. Llevaba tres días sin pegar ojo y el agotamiento acumulado era tremendo; mientras caminaba por el pasillo del hospital sentía que las piernas se le doblaban como si fueran de trapo.
Justo cuando estaba a punto de llegar a los ascensores, el teléfono móvil comenzó a sonar de repente.
¡Tin-tin!
Era una notificación de mensaje de texto. En la pantalla, el número del remitente correspondía nuevamente a He Jiaqing.
El ceño de Li Banfeng se frunció al instante.
El mensaje repetía exactamente aquellas mismas cuatro palabras:
"Hermano, sálvame".
Li Banfeng respondió de inmediato: "¿Quién eres?".
"Soy He Jiaqing".
"¿De dónde sacaste este teléfono móvil?".
Li Banfeng había acompañado a He Jiaqing a la estación de trenes; He Jiaqing había subido al convoy y, de pronto, había aparecido tendido en su propia cama. Antes de eso, Li Banfeng había hablado con él por teléfono y, con posterioridad, aquel número no dejaba de enviarle mensajes de socorro.
Todo el asunto era tan sumamente tétrico y retorcido que escapaba por completo a cualquier lógica humana.
Sin embargo, por muy bizarro que fuera el proceso, el desenlace presente no admitía discusión alguna.
He Jiaqing estaba ingresado en la planta de aquel hospital. Aunque no llevaba encima ni sus documentos de identidad ni su teléfono, el individuo que yacía en esa cama era He Jiaqing, y Li Banfeng jamás podría confundirse de persona.
La incógnita, por tanto, resultaba evidente:
¿Quién había respondido a la llamada telefónica aquella noche?
¿Y quién demonios estaba enviándole mensajes en este preciso instante?
La única explicación racional era que He Jiaqing hubiera extraviado su teléfono y que quien lo encontró contestara a la llamada haciéndose pasar por él para engañarlo, y ahora continuaba escribiéndole mensajes.
Pero si solo había encontrado un teléfono perdido, ¿con qué propósito insistía en contactar con él? ¡Aquello olía a estafa de cabo a rabo!
Lo más sensato era acudir a la policía. Li Banfeng tenía el firme presentimiento de que el coma de He Jiaqing guardaba una estrecha relación con el sujeto al otro lado de la pantalla.
El remitente no volvió a contestar.
En ese momento sonó el timbre del ascensor y las puertas se abrieron.
Justo cuando Li Banfeng guardaba el teléfono para bajar, un hombre maduro, de frente ancha, rostro alargado y complexión enjuta, le cerró el paso con paso firme.
El desconocido le dedicó una sonrisa comedida y extrajo una placa metálica del interior de su chaqueta: "Soy policía. Eres Li Banfeng, ¿cierto? Tengo un par de preguntas que hacerte acerca de He Jiaqing".
Aquel hombre rondaba los cincuenta años y hablaba con una voz ronca y áspera, como de graznido de pato, semejante a la de alguien que tuviera una flema seca atascada de forma permanente en la garganta.
'Justo cuando me disponía a buscar a la policía, la policía viene a buscarme a mí...'.
Li Banfeng intentó fijar la vista para examinar con detenimiento la placa identificativa, pero el agente la guardó de inmediato en el bolsillo y se acercó a un médico con bata blanca que pasaba por allí para susurrarle unas palabras al oído.
A juzgar por la confianza con la que se trataban, ambos parecían conocerse de sobra. El médico los guio a través del pasillo y los introdujo en una habitación de pacientes que se encontraba completamente vacía.
El médico cerró la puerta desde fuera, dejando a solas en la estancia a Li Banfeng y al policía. Ambos tomaron asiento frente a frente en dos camas contiguas.
"No te pongas nervioso", comentó el policía con tono afable. "Me apellido Chen, puedes llamarme viejo Chen si lo prefieres. Solo quiero hacerte unas cuantas preguntas de rutina. El que trajo a He Jiaqing al hospital fuiste tú, ¿verdad?".
"Fui yo", asintió Li Banfeng.
"¿Y cómo te diste cuenta de que le ocurría algo malo?".
"Estaba tendido en mi cama; su aspecto y su respiración eran completamente anormales, así que llamé de inmediato al número de emergencias".
El viejo Chen asintió lentamente y recorrió a Li Banfeng con una mirada minuciosa de arriba abajo. Su expresión experimentó una sutil alteración.
Observaba atentamente el rostro de Li Banfeng, pero no le miraba a los ojos: mantenía la vista fija, de manera persistente, en el centro de su frente.
"Tengo entendido que ese mismo día estuvieron bebiendo juntos, ¿es así?".
"¡Así es!", afirmó Li Banfeng. "Él regresaba a su tierra natal y yo lo acompañé para despedirlo".
"¿Tú lo despediste?".
"En efecto. Lo acompañé hasta la estación de trenes y luego regresé al campus en metro. Al entrar a mi habitación en el dormitorio universitario, me lo encontré de golpe acostado en mi cama".
Las palabras de Li Banfeng desafiaban cualquier ápice de sentido común.
Si He Jiaqing se había marchado a la estación de trenes para coger un convoy, ¿cómo era posible que reapareciera de pronto en el dormitorio? Y para colmo, metido en la cama de Li Banfeng.
Sin embargo, el viejo Chen no mostró el más mínimo gesto de sorpresa ante semejante declaración. Conservó su semblante tranquilo y continuó con la mirada clavada en la frente del muchacho:
"¿Tú y He Jiaqing solían tener roces o discusiones?".
'¿Roces?'.
Li Banfeng lo sopesó con detenimiento.
'El haber visto fotos de su novia sin ropa, ¿cuenta como motivo de disputa?'.
Evidentemente, ese no era el meollo del asunto. Lo trascendental era la sospecha velada que se escondía tras la pregunta.
Li Banfeng miró con fijeza al viejo Chen y preguntó con voz pausada: "¿Está insinuando que yo le hice daño a He Jiaqing?".
El viejo Chen negó con la cabeza: "No diría tanto como sospechar, solo pregunto por protocolo. Si de verdad sospechara de ti como autor, no te estaría interrogando en una habitación de hospital. Me han informado de que arrastras ciertos problemas de salud mental, ¿es cierto?".
Li Banfeng asintió con franqueza: "Tengo algún que otro problema, pero no estoy loco; puede consultar mi historial médico en cualquier momento. Acompañé a He Jiaqing y a Lu Xiaolan hasta el tren; ambos subieron juntos para regresar a su hogar. Ese hecho puede confirmarlo directamente con Lu Xiaolan".
"Lu Xiaolan...", el viejo Chen sacó un cigarrillo de su bolsillo, pero al echar un vistazo al entorno de la habitación consideró que no era apropiado encenderlo y lo devolvió a la cajetilla.
"Esa Lu Xiaolan que acabas de mencionar, ¿quién es exactamente?", continuó interrogando el policía.
"Es la novia de He Jiaqing y compañera de nuestra universidad. Los acompañé a los dos a la estación y ella embarcó en el mismo tren con él. Ella puede servirme de testigo".
"Si ambos subieron al tren, ¿por qué motivo acabó He Jiaqing de vuelta en tu dormitorio?".
"No tengo la menor idea", contestó Li Banfeng con sinceridad. "Eso habría que preguntárselo también a Lu Xiaolan; ellos dos estaban juntos todo el tiempo".
"¿Dispones de algún número de teléfono para contactar con Lu Xiaolan?".
"No lo tengo, pero en los registros de la universidad se puede localizar fácilmente, y en la información de los billetes de tren también figurará su compra".
"¿En qué tren viajaban?".
"¿Cómo voy a saberlo yo...?". Li Banfeng hizo memoria y una combinación de dígitos surgió de pronto en su mente: el tren mil ciento sesenta.
"El tren mil ciento sesenta. Subieron al tren mil ciento sesenta". Li Banfeng recordó con nitidez la voz de la megafonía en los andenes.
El viejo Chen se frotó los labios con la yema del dedo pulgar. Al ver que sus pesquisas tropezaban con un callejón sin salida, sentía unas ganas terribles de fumarse un cigarrillo: "Me temo que tampoco va a ser nada fácil encontrar a esa tal Lu Xiaolan".
"¿Por qué no va a ser fácil?", Li Banfeng no comprendía a qué venía ese comentario.
El viejo Chen continuó acariciándose el labio superior cubierto de barba áspera y reveló con parsimonia:
"La misma noche en que He Jiaqing sufrió el percance, el tren mil ciento sesenta descarriló y cayó al fondo de un desfiladero. Hasta este preciso momento, no se ha encontrado ni un solo superviviente entre el pasaje".
Li Banfeng parpadeó varias veces, sintiendo como si un trueno ensordecedor retumbara en el interior de su cráneo. Entre el estrépito de aquel trueno imaginario, la voz socarrona de He Jiaqing comenzó a repetirse en bucle una y otra vez:
'¡Ella duerme todavía más que yo! ¡Tiene el sueño más pesado que el de un cerdo, no se despertaría ni aunque el tren entero descarrilara!'.
El tren de verdad había descarrilado.
Y Lu Xiaolan muy probablemente estaba muerta.
¿Acaso la boca de He Jiaqing tenía algún don profético maldito?
¿O tal vez él ya sabía algo de antemano?
Recordó que He Jiaqing le había dicho que Lu Xiaolan le mentía constantemente. ¿Acaso aquellas mentiras no tenían nada que ver con el lunar del pecho de la profesora Song?
Y la insistencia de He Jiaqing en que lo llamara nada más llegar al dormitorio... ¿para qué había sido en realidad?
El viejo Chen no apartaba los ojos de la frente de Li Banfeng y le preguntó en voz baja: "¿En qué estás pensando?".
Li Banfeng sacudió la cabeza: "En nada en particular, solo me preocupo por Lu Xiaolan".
El viejo Chen pareció encontrar aquello de lo más intrigante: "¿Qué clase de relación tenías con Lu Xiaolan? Entre ustedes dos y He Jiaqing, ¿no habría por casualidad un... asunto turbio?".
"¿Está insinuando que teníamos un triángulo amoroso?".
Las comisuras de los labios de Li Banfeng se elevaron bruscamente en una sonrisa tensa; estaba empezando a enfadarse de verdad.
\-----
• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️

Continúa leyendo
El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 5
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 4
Estás leyendo el capítulo 4 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.