Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 48 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
¡Un verdadero paladín!
Lu Chunying volvió a asomar la cabeza, contemplando a Li Banfeng durante un largo rato; le parecía que aquel joven poseía un porte extraordinariamente imponente.
"¡Benefactor mío, cuídese mucho, eh!", Xiao Yeci se dio la vuelta, abrazó a Lu Chunying y se apresuró a abandonar el patio trasero, dirigiéndose hacia el portón principal.
¿Enfrentarse al Espíritu del Hogar dentro de la propia residencia de una Cultivadora del Hogar?
¡Este hombre estaba completamente loco, eh!
Xiao Yeci guio a su hija Lu Chunying fuera del patio trasero. Al llegar a la entrada del patio delantero, miró hacia atrás y no pudo evitar soltar un suspiro.
Lu Chunying comentó con un toque de burla: "Deja de mirar. No eres tan hermosa como para que un paladín como él se fije en ti".
Xiao Yeci frunció el ceño: "¡No andes diciendo disparates, eh! ¡Mira que faltarle al respeto a tus mayores!".
Lu Chunying resopló con frialdad: "¿A quién le faltas al respeto? ¿De verdad te crees mi madre? ¡En cuanto me encuentre con la gente del Clan Lu, voy a contarles toda la verdad!".
Xiao Yeci apretó los dientes: "¡Atrévete a ver si puedes, eh! Si te atreves a abrir la boca, pasaremos hambre juntas, dormiremos en la calle juntas y nos venderán juntas a un burdel, ¡a ver quién es la que llora entonces, eh!".
Lu Chunying frunció el entrecejo: "Si quieres hacerte pasar por mi madre, quítate esas coletillas de la boca y deja de soltar ese 'eh' a cada rato".
"¡¿Cuándo he usado yo coletillas, eh?! ¡Te tengo dicho que no hables por hablar, eh!".
Entre dimes y diretes, ambas salieron de la residencia y se adentraron en una arboleda.
Lu Chunying tiró con suavidad de la manga de Xiao Yeci y preguntó en un susurro: "Recuerdo que cuando vinimos esto era una aldea. ¿Cómo es que se ha convertido en un bosque?".
\*¡Ruuush... ruuush... huuu!\*
Ráfagas de viento lúgubre azotaron los árboles; las ramas y las hojas se mecían sin cesar, produciendo un continuo susurro inquietante.
Xiao Yeci también se tensó, estrechó a Lu Chunying entre sus brazos y advirtió: "¡Esto no pinta nada bien, eh! ¡Volvamos primero a la casa!".
En cuanto madre e hija se dieron la vuelta, la residencia que antes se alzaba allí había desaparecido por completo.
A su alrededor no había más que un bosque interminable.
"¿Dónde estamos?", Lu Chunying se aferró con fuerza al brazo de Xiao Yeci.
Xiao Yeci miró en derredor y, manteniendo un semblante sereno, aseguró: "Esto debe de ser obra del Espíritu del Hogar. Es muy probable que todavía estemos dentro de la propiedad y no podamos salir por ahora, eh".
"¿Y qué hacemos?", Lu Chunying se apretó aún más contra ella.
"No te preocupes. Primero hablaré con sensatez con él. Sin importar cuál sea su origen, mientras logre exponerle los principios con claridad, tendrá que dejarnos marchar, ¡eh!".
Xiao Yeci mostraba una determinación inquebrantable. Al resguardarse tras su espalda, el pavor en el pecho de Lu Chunying se disipó en buena parte.
Xiao Yeci empezó a razonar con el Espíritu del Hogar: "Estimado amigo, ignoro de dónde procede, pero la dueña de esta casa ya ha muerto, de modo que usted también debería meditar hacia dónde dirigir sus pasos.
Esa mujer cometió demasiadas atrocidades contrarias a las leyes del Cielo; usted fue su cómplice, y si los jueces del inframundo lo atrapan y lo envían a los Juzgados de las Sombras, ¡también recibirá su castigo, eh!
Lo he leído en los libros: he visto las sentencias del Tribunal del Castigo del Mal, he contemplado los diversos instrumentos de tortura del averno y he presenciado las penas atroces que padecen las ánimas en ese lugar.
En el pasado podría considerarse que actuaba bajo coacción, que todo lo hacía en contra de su voluntad; pero ahora que ella ha perecido, ¿con qué propósito continúa cometiendo semejantes felonías?
Amigo, déjenos marchar a las dos. Con ello no solo disipará una parte de sus faltas kármicas, sino que acumulará méritos virtuosos. ¿No le resulta acaso una ganancia redonda, eh?".
\*Fruuu...\*
El viento lúgubre comenzó a amainar poco a poco, y el follaje del bosque dejó de agitarse con furia.
Las palabras persuasivas de Xiao Yeci parecían haber surtido efecto.
A lo largo de los años habían llevado una existencia sumamente precaria. Entre aquella "madre" que no era su verdadera progenitora y Lu Chunying había habido quejas, rencillas y no pocos distanciamientos.
Sin embargo, cada vez que sobrevenía el peligro, Xiao Yeci se plantaba frente a ella sin la menor vacilación; por eso Lu Chunying estaba convencida de que era la persona más fiable de este mundo.
"¡Ven, sigue a mamá!", guiándose por su intuición, Xiao Yeci echó a andar en línea recta, y Lu Chunying la siguió pegada a su costado.
Apenas habían dado dos pasos cuando una vara de sauce, rápida como un relámpago, restalló en el aire con un sonoro \*¡chas!\* y azotó de lleno los rostros de ambas.
Xiao Yeci se cubrió la cara y apretó los dientes para no llorar.
Lu Chunying, siendo aún una muchacha tierna, no pudo contenerse y rompió en llanto.
Xiao Yeci sacó un pañuelo, limpió el reguero de sangre en la mejilla de la joven y la consoló con ternura: "No llores, pequeña, no llores... Me equivoqué de dirección; debimos haber ido hacia la izquierda. ¡Ven, no te apartes de mamá!".
Con una marca ensangrentada cruzándoles las mejillas, ambas enfilaron hacia la izquierda entre la arboleda, encarando la brisa nocturna.
Tras avanzar una decena de metros, la vara de sauce volvió a fustigar el aire y descargó un golpe idéntico sobre los rostros de las dos.
A Xiao Yeci se le escaparon las lágrimas; Lu Chunying sollozó abiertamente del dolor.
Ahora no tenían una sola marca de sangre en el rostro, sino dos.
Dos líneas sangrientas que se cruzaban formando una equis perfecta: una X.
"Mamá debió de equivocarse otra vez... Probemos hacia la derecha. ¡Ven, toma la mano de mamá!", Xiao Yeci agarró con firmeza la mano de Lu Chunying.
"Mamá, mejor camina tú primero; yo iré detrás", Lu Chunying le apartó la mano de un tirón.
Retiraba por completo lo que acababa de pensar.
Xiao Yeci no era de fiar en absoluto.
...
Li Banfeng entró en la habitación de la anciana e inspeccionó con detenimiento cada pieza del mobiliario.
Una cama, una mesa, dos sillas y un armario.
El ajuar era sumamente austero. Li Banfeng examinó los objetos uno tras otro, intentando dilucidar cuál de ellos albergaba al Espíritu del Hogar.
Sobre la mesa reposaba un viejo reloj de sobremesa; carecía por completo de presencia espiritual, a todas luces descartado.
Al lado del reloj había una tetera que parecía rebosar vitalidad espiritual. ¿Sería esa?
Junto a la tetera descansaba un costurero; los ovillos de hilo estaban ordenados con pulcritud, y las agujas clavadas en ellos guardaban una simetría impecable, lo que le confería un porte muy digno de un Espíritu del Hogar.
Al lado del costurero había un rodillo de amasar; la harina espolvoreada sobre su madera estaba distribuida de forma tan uniforme que ¡también dejaba entrever vestigios de espiritualidad!
¿Cuál de ellos era el auténtico Espíritu del Hogar?
Li Banfeng se debatía en un mar de dudas.
'Soy un Cultivador del Hogar; forzosamente debe existir una resonancia mutua entre el espíritu y yo'.
\*¡Dang!\*
El viejo reloj de sobremesa dio una campanada.
Li Banfeng consultó la esfera: eran las nueve y media.
Este tipo de relojes mecánicos tradicionales emitían un solo tañido a las medias horas, y al llegar a una hora en punto tocaban tantas veces como correspondía a la hora marcada.
Por ejemplo, a las nueve en punto daría nueve campanadas: ¡dang, dang, dang...!
A las nueve y media, en cambio, solo sonaba una vez: ¡dang!
Aquel repique solitario había interrumpido el hilo de pensamientos de Li Banfeng mientras buscaba al Espíritu del Hogar, lo cual le provocó un profundo fastidio.
Le lanzó una mirada de reproche al reloj y prosiguió examinando el resto de los enseres de la estancia.
Al final, su atención se detuvo en un plumero; tuvo la certeza de que aquel plumero era el objeto con mayor carga espiritual de todos.
Para empezar, sus colores eran bastante vivos; en segundo lugar, las plumas eran sumamente dóciles y suaves.
Li Banfeng tomó el plumero, disponiéndose a emplear sus facultades de Cultivador del Hogar para entablar una comunicación profunda con él, cuando de pronto el viejo reloj de sobremesa comenzó a tañer: ¡dang, dang, dang...! Repicó diez veces consecutivas con un estruendo ensordecedor, acaparando por completo su atención.
¿Diez campanadas?
Li Banfeng clavó los ojos en la esfera: la manecilla horaria y el minutero marcaban las diez en punto.
Hacía apenas un instante eran las nueve y media, ¿y en un abrir y cerrar de ojos ya eran las diez?
¿Podría ser...?
¿Estaba averiado este viejo reloj de sobremesa?
Hacía apenas un momento, Li Banfeng había estado pensando que a su Residencia Móvil le faltaba un instrumento para medir el tiempo y consideraba si valdría la pena trasladarlo allí.
A juzgar por las circunstancias, aquel reloj ya no servía.
Li Banfeng intentó comunicarse un rato con el plumero de plumas de pollo, pero descubrió que este no le ofrecía la menor respuesta.
Al lado del plumero descansaba una caja de hojalata para pasteles de luna. La pintura estaba muy descascarillada y saltaba a la vista que tenía bastantes años encima, pero no acumulaba ni una mota de polvo; se hallaba sumamente limpia.
Al Espíritu del Hogar le gustaba la pulcritud. ¿Acaso estaría dentro de esa caja?
Li Banfeng levantó la tapa con firmeza y descubrió que en su interior solo había una pila de periódicos viejos; pliegos tan amarillentos por el paso del tiempo que parecían a punto de deshacerse al menor roce.
'Es imposible que un Espíritu del Hogar more en unos periódicos, ¿verdad?'.
Li Banfeng tomó una hoja y, antes siquiera de desdoblarla, en esa ocasión experimentó una auténtica percepción espiritual.
Sintió que los caracteres impresos sobre el papel lo estaban tocando.
Aquel texto minúsculo, no mayor que cabezas de mosca, pareció transformarse en una miríada de gusanos que pugnaban por colarse a través de la yema de sus dedos.
'¿De verdad está en el periódico?'.
¡Clac, clac!
El sonido del péndulo se tornó cada vez más nítido, y cada chasquido golpeaba de lleno en las fibras de su corazón.
Li Banfeng dejó a un lado el periódico y contempló el péndulo dorado. Contrastado con la luz de la vela, el metal reflejaba ciertas siluetas.
Al principio las imágenes eran muy borrosas, pero transcurrido un instante fueron cobrando claridad poco a poco.
A Li Banfeng le dio la impresión de contemplar en el péndulo una vieja película envuelta en un trasfondo de tonos ocres y mortecinos.
Una mujer de porte distinguido y hermoso, ataviada con un qipao, se delineaba las cejas frente al espejo.
Un hombre apareció a sus espaldas, tomó el pincel de cejas de las manos de la dama y, con infinita ternura, fue perfilando trazo a trazo el arco de las cejas de aquella beldad.
Tras dibujar las cejas, le pintó los labios.
Tras pintarle los labios, mordisqueó sus labios.
Y tras mordisquear los labios, aún se podía morder algo más.
Ambos quedaron frente a frente, mordiéndose con fruición durante un largo rato, hasta que el hombre rodeó a la mujer y se colocó tras ella.
El vaivén del péndulo marcaba su compás, un clac, clac que se tornaba resonante y cristalino.
Al principio el hombre aferraba a la mujer por los hombros; en mitad de aquel vaivén de embates, su brazo izquierdo rodeó el cuello de ella y su mano derecha cerró el cerrojo sobre su propia muñeca izquierda.
Pegó el rostro a la mejilla de la mujer y presionó con el hombro izquierdo la nuca de ella, forzándole la cabeza hacia delante.
¡Un estrangulamiento mataleón!
Y no era ningún simulacro ni un juego fingido.
¡Era una estrangulación a matar!
Mientras Li Banfeng aún analizaba la dificultad técnica de la maniobra, la mujer de la imagen dejó de moverse.
Había sido estrangulada viva.
El hombre se desprendió de ella, se vistió y desapareció con presteza del encuadre.
El cadáver de la mujer permaneció en la habitación. La escena parecía estática, pero la luz y las sombras iban mutando.
Madrugadas y crepúsculos, la alternancia incesante del día y la noche; el cuerpo de la mujer se descompuso de manera paulatina, infestándose de gusanos.
Hasta que un día su cadáver fue descubierto y lo retiraron del centro del encuadre.
Iban y venían muchas personas; gentes de procedencia ignota que saquearon y vaciaron todo cuanto contenía la estancia reflejada, llevándose cuantiosas joyas y gruesos fajos de billetes.
Solo cuando el encuadre quedó completamente desierto pareció tocar a su fin aquel retazo de historia.
¿Pero qué pretendía explicar aquella historia?
¿Por qué aquel viejo reloj de sobremesa le mostraba semejante relato?
En mitad de sus cavilaciones, ¡Li Banfeng descubrió que la historia no había terminado!
En la habitación desolada y vacía apareció una mujer: la misma que había muerto antes.
La mujer se estaba acicalando, peinándose frente al tocador con una sonrisa en el rostro.
En la residencia, la dama que en su momento había sido estrangulada se manifestaba de nuevo.
Continuaba arreglándose el cabello.
En el cuarto ya no quedaba ningún espejo; ella se arreglaba de cara a Li Banfeng, y aquella sonrisa hechicera transmitió a Li Banfeng una extraña sensación de cercanía y calidez.
'Esta tiene que ser el Espíritu del Hogar, ¿no?'.
De pronto, la mujer se desvaneció.
Un hombre surgió en medio de la escena.
Aunque había cambiado de atuendo, Li Banfeng lo reconoció al instante: era el asesino que había liquidado a la mujer.
Daba la impresión de estar buscando algo; palpaba el entarimado del suelo con minuciosa atención hasta dar con un compartimento secreto, de cuyo interior extrajo una daga.
Li Banfeng conocía bien esa arma: era la hoja corta que la anciana valoraba como un tesoro, y que en ese preciso momento llevaba él prendida al cinto.
El hombre se mostraba pletórico de excitación; lo que había venido a buscar era precisamente esa daga.
Acarició suavemente el filo con la yema del dedo, sin imaginarse jamás que la empuñadura comenzaría a vibrar con violencia hasta zafarse de la palma de su mano.
La daga corta flotaba en el aire, suspendida justo delante del hombre.
El individuo, presa del espanto más absoluto, se apoyó sobre las manos y empezó a retroceder a rastras a toda prisa.
Pero gateaba con demasiada lentitud.
La daga se precipitó hacia el sujeto y le rebanó la garganta; la sangre brotó a borbotones.
El hombre se apretó el cuello, debatiéndose con todas sus fuerzas; su agonía era idéntica a la que había sufrido la mujer momentos antes de expirar.
La figura de la dama fue perfilándose poco a poco en la escena, prosiguiendo con su acicalamiento mientras lucía una sonrisa dulce y cautivadora.
No prestó la menor atención al hombre que agonizaba en el suelo; sus ojos permanecían clavados en Li Banfeng, albergando en la mirada una gélida frialdad teñida de cierta dulzura.
'Péinate si te tienes que peinar, ¿por qué no dejas de mirarme a mí?'.
'¡Toda injusticia tiene su culpable y toda deuda su cobrador; no fui yo quien te quitó la vida!'.
Li Banfeng pretendía apartar la vista cuando, de repente, vio que la mujer soltaba el peine, tomaba algo semejante a una llave y la extendía en dirección a él.
'¿Qué hace? ¿Va a pasar a la acción?'.
'Si esta mujer es el Espíritu del Hogar, ¿acaso tendré que derrotarla para poder someterla?'.
Li Banfeng se puso en máxima alerta, pero vio que la dama abría una puertecilla de cristal y luego introducía la llave haciéndola girar con lentitud.
Li Banfeng observó con detenimiento durante un largo instante y descubrió que aquello no era una llave en el sentido estricto de la palabra; era la manivela que se utilizaba para dar cuerda al viejo reloj de sobremesa.
La mujer no se estaba peinando de cara a Li Banfeng; se estaba peinando de cara al reloj.
La habitación de aquella fémina no había sido saqueada por completo; aún había quedado un objeto atrás, y era precisamente este viejo reloj.
Li Banfeng no había estado presenciando aquella película desde la perspectiva de un espectador ordinario; lo había estado viendo todo desde el punto de vista del reloj.
La dama, tras haberse perfilado las cejas y pintado los labios, alzó la cabeza, entreabrió sus labios bermejos y preguntó con voz suave y aterciopelada:
"¿Soy hermosa?".
Era la primera vez que Li Banfeng escuchaba la voz de la mujer.
'¿Le está preguntando al reloj o me lo pregunta a mí?'.
En los ojos de la dama se advertía una expectación cargada de ferviente anhelo.
Li Banfeng sopesó la situación un instante y respondió:
"Hermosa".
La mujer dibujó una sonrisa; la respuesta la había dejado muy satisfecha.
A continuación formuló otra pregunta:
"¿Sabes cómo me llamo?".
Li Banfeng reflexionó unos segundos y bajó la mirada hacia la caja de hojalata para pasteles de luna.
Extrajo un periódico viejo de la caja.
En la segunda página de aquel ejemplar figuraba una noticia, y cada uno de los caracteres impresos temblaba sin cesar.
El titular de la noticia rezaba: \*La célebre beldad Luo Yuni muere trágicamente en su residencia exterior\*.
La mujer volvió a preguntar:
"¿Sabes cómo me llamo?".
Li Banfeng asintió levemente:
"Creo que sí".
"Mírame, no me quites los ojos de encima, pronuncia mi nombre en voz alta, y a partir de este instante seré toda tuya".
La sonrisa de la mujer se volvió todavía más dulce y embriagadora.
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 49
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 48
Estás leyendo el capítulo 48 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.