Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 45 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La anciana ya entraba en años y no soportaba desvelarse, de modo que cabeceaba en su habitación.
\*Dang, dang, dang...\*
El viejo reloj de mesa dio nueve campanadas.
Una repentina punzada de opresión asaltó el pecho de la anciana, despertándola de golpe del letargo.
Apenas eran las nueve; aún faltaba mucho para la hora Zi, la medianoche.
Pero ¿a qué venía esa sensación tan insoportable y opresiva en el pecho?
\*¡Clic, clac! ¡Clic, clac! ¡Clic, clac!\*
El péndulo del viejo reloj iba y venía de un lado a otro.
Sobre la superficie bruñida del metal, poco a poco comenzaron a proyectarse unas sombras difusas.
¡El cobertizo de los rehenes!
¡Un cuchillo!
¡Sangre!
¡Había problemas en la casa!
La anciana bajó de la cama de un salto y echó a correr hacia el cobertizo de los rehenes.
Al entrar, vio a Xiao Yeci y a su hija Lu Chunying acurrucadas muy dóciles en el rincón, sin haberse movido ni un palmo de su sitio; sin embargo, Li Banfeng se había esfumado.
"¡Decai! ¡Demao! ¡Vengan aprisa, preséntense aquí ahora mismo!"
La anciana llamó a voces a sus dos hijos. Al cabo de unos instantes, apareció Decai, el primogénito.
"¿Y Demao?"
Decai se frotó los ojos y respondió: "Me parece que se fue al patio trasero a afilar el cuchillo. Ese cuchillo viejo de casa cuesta un disparate afilarlo, ni en una hora queda listo. Yo te dije de comprar uno nuevo, pero tú no quisiste..."
La anciana se volvió y le cruzó la cara de una bofetada: "¡A la mierda con el cuchillo! ¿Acaso estás ciego, carajo? ¡Se nos escapó uno y ni cuenta te diste!"
Decai se llevó la mano a la mejilla encendida y solo entonces cayó en la cuenta de que Li Banfeng ya no estaba.
Avanzó a zancadas, aferró a Xiao Yeci por los cabellos y le bramó con furia: "¿Adónde huyó ese infeliz? ¿Cuándo carajo se largó?"
Xiao Yeci chilló con voz desgarrada: "¡No lo sé, de verdad que no lo sé!"
Lu Chunying lloraba a gritos a su lado: "¡No le pegues a mi madre! ¡Nosotras no sabemos nada! Ese hombre llegó, pero jamás cruzamos una palabra con él; nosotras nos quedamos dormidas y él ya se había ido..."
Esa jovencita tenía más agallas que su madre y era capaz de explicar las cosas con claridad.
Pero ¿acaso servía de algo explicarlo con claridad?
No servía de nada; la niña aún no lo comprendía, pero Xiao Yeci lo tenía muy claro.
Esa familia entera estaba podrida de maldad, y frente a semejantes alimañas, las palabras no tenían ningún valor.
La anciana se dio media vuelta y le ordenó a su hijo mayor: "Ve a llamar a Demao. Degollaremos primero a este par de zorras. De todas formas, ese Cultivador del Viaje no podrá escapar de aquí".
Al oír esas palabras, la voz de Xiao Yeci se quebró por completo: "¡Hermana mayor, tenga piedad, por los cielos! ¡Haga conmigo lo que le plazca, pero perdónale la vida a mi hija! ¡Se lo suplico, se lo ruego con el alma!"
Xiao Yeci imploraba y suplicaba una y otra vez, pero la anciana ni siquiera se dignó a mirarla. En cambio, a Decai, el mayor, se le despertó la codicia: "Madre, ¿no íbamos a esperar hasta la hora Zi?"
La anciana rugió furiosa: "¡Se nos acaba de ir todo al carajo y tú todavía quieres esperar!"
"Madre, míralas, una mujer tan apetecible y una mocosa tan tierna... Si las vas a matar sin dejarnos a mi hermano y a mí probar el bocado..."
\*¡Plaf!\*
La anciana le cruzó la otra mejilla con una bofetada aún más seca: "¿Qué demonios te he enseñado siempre? ¿Un par de zalamerías baratas te bastan para olvidarte de las reglas? ¡Ve a llamar a tu hermano ahora mismo!"
Decai no se atrevió a replicar una sola palabra y salió a toda prisa del cobertizo.
Hacía ya un buen rato que codiciaba el cuerpo de esas dos mujeres, pero su madre jamás le permitía ponerles la mano encima.
Y no era solo esta vez; en el pasado, cada vez que secuestraban a rehenes mujeres, la vieja jamás los dejaba tocarlas.
En esa casa nunca dejaban cabos sueltos; fuesen hombres, mujeres, ancianos o niños, todo aquel que cruzaba ese umbral jamás salía con vida.
Aun así, a ninguna de las mujeres la habían podido gozar jamás; ni un toqueteo de más, ni siquiera cruzar dos palabras con ellas. La vieja siempre insistía en que mancillarlas de ese modo quebrantaba las reglas de la banda.
Pero a las mujeres de la propia banda, la anciana tampoco los dejaba acercárseles. Cada vez que alguna venía de visita, obligaba a los hermanos a retirarse y esconderse; bastaba con que cualquiera de los dos mencionara a una mujer para que la vieja les propinara una severa reprimenda.
Decai se palmeó la mejilla dolorida, sintiéndose desconcertado consigo mismo.
¿Qué demonios le pasaba hoy? En circunstancias normales, aunque se le antojara, jamás se habría atrevido a insinuárselo a la vieja, pero hoy se le había escapado de la boca con total descaro.
'¡Esa mujer no es trigo limpio!'
Decai lanzó una última mirada de reojo a Xiao Yeci y se marchó con el rabo entre las piernas, visiblemente frustrado.
Xiao Yeci se arrodilló y comenzó a golpearse la frente contra el suelo ante la anciana: "Anciana señora, respetada hermana mayor, ya le dimos todo el dinero que llevábamos encima. Acumule virtudes y méritos para su próxima vida, se lo ruego, ¡deje marchar a mi hija! Reténgame a mí; me quedaré como su sirvienta, seré su bestia de carga, ¡hasta puede picarme en pedazos para hacer relleno de carne si le place! ¡Se lo suplico, hermana mayor, se lo ruego, mi señora!"
Aquellas palabras resonaron sin cesar por el cobertizo de los rehenes, cobrando poco a poco un eco persistente.
Antes de que el eco se disipara, Xiao Yeci volvió a repetirlas; su voz viva y el eco se solaparon en una cadencia envolvente, y cada palabra, una tras otra, golpeó directo en el corazón.
La anciana estiró el brazo, aferró a Xiao Yeci por los cabellos y soltó una risa siniestra: "Ustedes dos, par de zorras descaradas... No les bastó con restregarle los encantos a mi hijo, ¿sino que ahora también se atreven a soltármelos a mí en la cara? ¿De verdad creen que no me doy cuenta de sus trucos rastreros? Eres una Cultivadora de la Lengua. Te basta con soltar un par de palabritas melosas frente a los hombres para arrancarles el alma del pecho. Pero frente a mí, ¡más te vale tragarte tus encantos venenosos si quieres una muerte rápida! De lo contrario, ¡les voy a arrancar esa piel barata a tiras, lonja por lonja, a ti y a tu cría!"
¿Cultivadora de la Lengua?
¿Acaso existía semejante senda en el Dao?
¿Y qué clase de habilidades dominaba?
Xiao Yeci prorrumpió en llanto: "Anciana señora, ¡jamás me atrevería a usar mi escaso cultivo contra usted! Todo lo que digo sale del fondo de mi corazón. ¡Córteme en mil pedazos si lo desea, hágamelo a mí, pero concédale una vía de escape a mi hija!"
La anciana soltó una carcajada cargada de desdén: "¡Solo por esa insolencia que acabas de soltar, voy a mandar primero a tu pequeña zorrita al otro mundo!"
En cuanto terminó de hablar, la anciana clavó sus garras en los cabellos de Lu Chunying.
Lu Chunying lloraba desconsolada, pero sus manos no se quedaron quietas: comenzó a arañar y a soltar golpes a ciegas contra la anciana.
Esa chiquilla de verdad tenía agallas.
Xiao Yeci continuaba arrastrándose y suplicando entre lágrimas: "¡Señora mía, le estoy diciendo la pura verdad! Se lo imploro con la vida, ¡perdone a mi hija!"
La anciana soltó una risa fría: "Si la madre va a morir, ¿para qué dejar viva a la criatura? Dejarla sola en este mundo no sería más que condenarla al sufrimiento; más vale que se marche contigo al otro mundo".
Tras decir esto, la anciana derribó a Xiao Yeci de una patada. Aumentó la fuerza en su mano, tirando con saña de los cabellos de Lu Chunying, y se giró para gritar: "¡Decai, trae el cuchillo!".
La pequeña chilló: "¡Mamá, sálvame!".
Xiao Yeci se abalanzó una vez más hacia la anciana, pero volvió a ser derribada de otra patada.
"¡Decai, ¿dónde está el cuchillo?!".
"¡Madre, sálvame...!".
¿Eh? ¿Quién hablaba?
La anciana se dio la vuelta para mirar. Su hijo Decai, bañado en lágrimas, estaba de pie junto al umbral de la puerta; de su pecho asomaba la punta de una hoja.
Li Banfeng se encontraba justo detrás de Decai, y dijo con una sonrisa apacible: "Anciana, aquí tiene el cuchillo. Ya se lo he traído".
Al ver la hoja clavada en el pecho de su hijo, los ojos de la anciana se inyectaron en sangre al instante.
Decai era un Cultivador del Veneno de primer nivel; su cultivo equivalía al de Li Banfeng. Sin embargo, Li Banfeng contaba con la velocidad de la Vía del Viaje y el atributo de pasar inadvertido propio de la Vía del Hogar. Decai había sido atacado por la espalda sin percatarse.
"¡Suelta a mi hijo!", rugió la anciana mientras sujetaba con violencia a Lu Chunying. "¡O la mato a ella ahora mismo!".
Li Banfeng no pareció comprender a qué venía tal amenaza: "Si quiere matarla, mátela y ya. No hace falta que me lo diga a mí; total, no es mi hija".
La anciana apretó los dientes con rabia: "¿Te crees que estoy bromeando?".
Li Banfeng se mostró aún más desconcertado: "¿Qué broma ha hecho? ¿Qué tiene de gracioso? ¿No iba usted a matar a alguien? Pues matemos juntos, que yo también me sumo a la fiesta".
Dicho esto, Li Banfeng aferró el cuchillo y lo hundió todavía más en la espalda de Decai; la punta que asomaba por el pecho del hombre se hizo cada vez más larga.
La anciana arrojó a un lado a Lu Chunying y se lanzó hacia delante para salvar a su hijo. Li Banfeng alzó una pierna y soltó una patada directa a la rótula de la vieja.
Era un golpe ruin y artero, sumamente eficaz contra un enemigo que cargaba de frente. Si acertaba de lleno, podía dejar lisiado al adversario al instante.
Pero Li Banfeng no acertó. La anciana esquivó el impacto y, levantando la mano, le asestó un puñetazo.
El golpe dio de lleno con una solidez tremenda. Li Banfeng se tambaleó hacia atrás, a punto de caer al suelo.
'Imposible... ¿Qué clase de cultivo tiene esta vieja?'.
'¿Su velocidad supera a la de un Cultivador del Viaje?'.
'¡Y además posee una fuerza aterradora!'.
Antes de que Li Banfeng pudiera reflexionar más, la anciana se arrancó el pasador del cabello y arremetió en una estocada directa a su entrecejo.
Li Banfeng se agachó y apenas logró esquivarlo.
La anciana se mofó para sus adentros: este sujeto no sabía nada de artes marciales.
De haber tenido nociones de combate, al ver la horquilla abalanzarse sobre él, se habría replegado, echado el rostro hacia atrás o parado el golpe con un arma.
Agacharse en cuclillas en el suelo... ¿no equivalía a quedarse esperando una paliza?
La anciana alzó el pasador de pelo y lo dirigió con saña hacia la coronilla de Li Banfeng.
Se equivocaba.
Li Banfeng jamás se quedaba esperando a que lo golpearan.
Desde pequeño, nunca le habían faltado las intimidaciones y abusos; a menudo la gente lo derribaba a golpes hasta dejarlo en cuclillas.
Sin embargo, estar agachado no significaba no poder devolver el golpe.
Desde el suelo, descargó un puñetazo directo al tobillo de la anciana.
Ese golpe guardaba destreza técnica; en condiciones normales, bastaba para dislocarle la articulación a cualquiera.
La anciana recibió el golpe de lleno, pero el hueso no se dislocó.
Tan solo dio un traspié, completamente ilesa.
Y fue gracias a ese traspié que la horquilla apuñaló el aire, sin llegar a tocar la cabeza de Li Banfeng.
'¿A qué senda pertenece en realidad esta vieja? Golpea rápido, ataca con saña y aguanta los impactos como una roca'.
'¿Acaso es una Cultivadora de la Comida?'.
'No lo parece... Por mucho que coma Qin el Gordo, jamás alcanzaría semejante velocidad'.
'Y no solo la velocidad; su fuerza bruta tampoco iguala a la de esta anciana'.
Y lo más letal de todo era que, cada vez que la anciana pasaba al ataque, Li Banfeng no percibía el menor indicio de peligro ni era capaz de anticipar sus movimientos.
Valerse únicamente de los puños y las piernas no iba a funcionar. Li Banfeng rodeó el cuerpo de Decai con la intención de extraer el cuchillo.
Con las habilidades físicas de esa anciana, no necesitaba ningún cuchillo para matar a esa madre e hija.
Que se hubiera empeñado en exigirle a Decai que lo trajera demostraba que esa hoja tenía que ser algo fuera de lo común.
Li Banfeng intentó tirar del arma, pero la anciana no le dio la menor oportunidad; levantó una pierna y le asestó una patada que lo expulsó fuera de la habitación.
Li Banfeng salió despedido varios metros. Antes de que pudiera incorporarse, la anciana apareció de pronto frente a sus narices.
'¿Teletransporte?'.
'¿De qué nivel de cultivo es semejante habilidad?'.
¡Pum!
La anciana le propinó otra patada. El impacto hizo que Li Banfeng diera una voltereta en el aire antes de estrellarse boca abajo contra el suelo.
Esta vez, Li Banfeng no se levantó.
Con una disparidad de velocidad tan brutal, ponerse de pie solo serviría para recibir más patadas.
Simplemente se impulsó a cuatro patas y comenzó a reptar frenéticamente hacia el muro. Esta vez no se contuvo en lo más mínimo; desató al límite su habilidad de engendrar viento en tierra llana. Al alcanzar la base del muro, sin detenerse un solo instante, trepó de inmediato hasta la parte superior.
Justo cuando Li Banfeng se disponía a saltar hacia el exterior, un gran sauce que crecía en el patio agitó sus ramas y, con un chasquido rotundo, lo azotó hacia atrás.
'¿Manipula ramas de sauce para golpear?'.
'¡Esta vieja también domina las artes mágicas!'.
'¿Qué senda es esta, por todos los demonios?'.
Li Banfeng cayó con estrépito sobre el suelo, con la consciencia nublándose poco a poco.
'Si esta vieja es tan fuerte, ¿por qué recurrió al veneno para derribarme en un principio? ¿No le habría bastado con liquidarme directamente?'.
La anciana se secó las gotas de sudor de la frente. Aquella breve refriega le había costado un desgaste considerable.
Ya no era joven; de haber contado con un método más seguro, jamás habría querido recurrir a la fuerza bruta contra Li Banfeng.
La anciana se agachó y alzó el pasador de pelo que sostenía en la mano, preparándose para darle el golpe de gracia.
Li Banfeng, cuya mirada parecía perdida y aturdida, alzó de pronto una pierna y descargó una patada directa al vientre de la anciana.
Si hubiera apuntado a la cabeza, el movimiento habría sido demasiado evidente y la mujer se habría percatado con facilidad.
Pero esa patada en el vientre fue un movimiento sumamente encubierto. La anciana no tenía guardia alguna; el impacto le provocó un violento espasmo y, por puro reflejo, abrió la boca para tomar aire.
Aprovechando ese instante en que abrió la boca, Li Banfeng sacó una píldora herrumbrosa y la disparó directo a la garganta de la vieja.
A menos de cinco metros.
Jamás fallaba un tiro.
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 46
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 45
Estás leyendo el capítulo 45 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.