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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 44 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Atado de pies y manos con pesadas cadenas de hierro, a Li Banfeng lo encerraron en el cobertizo de los rehenes. El llamado cobertizo de los rehenes no era más que una celda para cautivos; aquella madre y sus dos hijos se ganaban la vida precisamente administrando narcóticos y extorsionando a la gente. Ese mismo día, antes de que Li Banfeng cayera en la trampa, otra madre y su hija ya habían acabado en sus manos. De aquella pareja, la madre se llamaba Xiao Yeci. Tenía entre veintidós y veintitrés años y vestía una túnica de solapa cruzada; aunque su rostro estaba cubierto de fango y magulladuras, la suciedad no lograba opacar la delicada hermosura de sus facciones, y en particular, entre sus cejas se apreciaba una dignidad e intelecto propios de una persona letrada. Su hija se llamaba Lu Chunying; aparentaba unos doce o trece años y vestía de forma semejante a su madre, aunque carecía de aquel aire de letrada. Al ver que arrojaban a Li Banfeng al cobertizo, la niña sintió curiosidad y se acercó a tocarlo. Xiao Yeci tiró de inmediato de ella para apartarla y le susurró al oído con insistencia: "Nannan, no te muevas, ¿me oyes? Haz caso a mamá, ¡no toques absolutamente nada!". El cobertizo era pequeño, de apenas siete u ocho metros cuadrados, y en el centro se apilaba un montón de leña. A Li Banfeng lo habían tirado a la izquierda del montón, mientras que Xiao Yeci abrazaba a su hija acurrucada a la derecha, procurando mantener la mayor distancia posible con respecto a él. Pasó cerca de una hora y la noche se hizo cada vez más profunda. La niña se quedó dormida en brazos de Xiao Yeci, y a la madre también comenzaron a pesarle los párpados, dando cabezadas a intervalos. Li Banfeng, por su parte, logró acumular un poco de fuerzas. Aprovechando que ambas dormían, aprisionó la llave entre los dientes y comenzó a girarla con parsimonia. \*Clac, clac... clac, clac...\* Una sensación de resistencia y fricción se transmitió a través de la llave, señal de que ya había establecido resonancia con la Residencia Móvil. Sin embargo, el ángulo en el que Li Banfeng podía mover el cuello era muy limitado, por lo que completar las tres vueltas no resultaba nada fácil. Incapaz de mover los brazos porque las cadenas se los aprisionaban, no le quedaba más remedio que controlar la llave con los dientes y la lengua, haciéndola girar con lentitud. El roce de los dientes contra la empuñadura de la llave produjo un leve chasquido. La pequeña Lu Chunying abrió los ojos y miró a hurtadillas hacia Li Banfeng. Li Banfeng se tragó la llave de vuelta al interior de la boca y le clavó a Lu Chunying una mirada feroz. La niña dio un respingo por el susto y desvió la mirada de inmediato. '¡Maldita mocosa entrometida, ¿qué demonios miras?!' Con esa simple mirada indiscreta, todo el esfuerzo previo de Li Banfeng se había echado a perder. El veneno aún hacía estragos en su cuerpo y apenas le quedaban reservas de energía. Justo cuando se disponía a expulsar la llave otra vez, la niña volvió a girar la cabeza para espiarlo. '¡¿Todavía sigues mirando?!' La mirada de Li Banfeng se tornó todavía más siniestra, como si estuviera a punto de devorarla viva. Lu Chunying giró la cabeza a toda prisa; esperó unos instantes y, sin poder contenerse, echó otro vistazo. ¡Aquel hombre había desaparecido! Estaba allí mismo hacía un instante, ¿cómo se había esfumado de repente? "Mamá, ese hombre... él..." "No te muevas, ¿me oyes?... No digas nada...", murmuró Xiao Yeci sin llegar a despertarse, balbuceando entre sueños. "Nannan, haz caso a mamá... Seguro que no nos va a pasar nada..." Li Banfeng ya había regresado a la Residencia Móvil; justo antes de cruzar la puerta, escupió la llave entre la pila de leña. Tras yacer unos momentos dentro de la Residencia Móvil, Li Banfeng comenzó a vomitar a grandes bocanadas, expulsando la comida de la noche junto con una bilis amarga y amarillenta. Tras las arcadas, todo su cuerpo sufrió un espasmo y comenzó a supurar una copiosa cantidad de sudor. Aquel sudor desprendía un hedor acre y amargo; al percibir semejante peste, a Li Banfeng le volvieron las ganas de vomitar. Tanto el sudor como el vómito eran toxinas que su cuerpo estaba expulsando. Se estaba desintoxicando a toda prisa, una propiedad innata de los Cultivadores del Hogar; sin embargo, esta ocasión era distinta a cuando se intoxicó en la Montaña de la Niebla Amarga: no solo purgaba el veneno a través del vómito, sino también mediante el sudor. ¿Por qué era distinto el mecanismo de desintoxicación? ¿Acaso la toxicidad era de otra naturaleza, o se debía a que su capacidad de purga había mejorado? Li Banfeng quiso secarse el sudor del rostro, pero tenía manos y pies aprisionados por las cadenas y no lograba moverse. Unas gotas de sudor se le filtraban hacia los ojos, provocándole en los lagrimales un ardor punzante y feroz. 'No puedo seguir así. Tengo que romper las cadenas cuanto antes y limpiarme el sudor del cuerpo para evitar una nueva intoxicación.' Pero ¿cómo iba a romper el hierro? Aunque había recuperado parte de sus fuerzas, pretender quebrar por pura fuerza bruta unas cadenas más gruesas que sogas de cáñamo era una auténtica quimera. ¿Había herramientas en la Residencia Móvil? Sí las había: pinzas y una llave inglesa, las que empleaba para reparar el gramófono. Las herramientas se encontraban en el compartimento inferior del mueble del gramófono. Li Banfeng se arrastró hasta su lado; aunque brazos y muñecas estaban inmóviles, las palmas aún tenían margen de maniobra. Consiguió sacar la caja de herramientas a duras penas y forcejeó un buen rato intentando cortar los eslabones con las pinzas, pero la cadena no sufrió el menor daño. Las herramientas para reparar el gramófono eran demasiado finas y delicadas, inadecuadas para una labor tan tosca. El sudor manaba con más fuerza a cada instante; Li Banfeng ya no podía abrir los ojos y, en medio del quemazón, los párpados comenzaron a hinchársele. '¿Acaso voy a quedarme ciego?' Durante el refinamiento de la píldora, las ropas de Chu Yunlong habían quedado reducidas a jirones esparcidos por el suelo y Li Banfeng ni se había molestado en recogerlos. Ahora pretendía usar esos pedazos de tela para frotarse los ojos, pero tras tantear el suelo durante un largo rato, no encontró ni un solo retazo. Se arrastró hasta el borde de la cama y se restregó los ojos contra la sábana, pero no sirvió de nada; al contrario, parte del sudor acumulado terminó esparciéndose sobre sus párpados, avivando aún más el ardor. '¡Agua, tengo que encontrar agua! ¡Tengo que lavarme los ojos de inmediato!' Li Banfeng tenía un cubo que solía dejar junto al lecho. En cuanto se le presentaba la menor oportunidad, lo llenaba hasta el borde. El agua de aquel cubo era muy limpia; normalmente la utilizaba para beber y, si no la consumía en el día, la aprovechaba a la mañana siguiente para asearse. '¿Dónde está el cubo?' Li Banfeng tanteó junto a la cama hasta dar con él y metió la cabeza de golpe, pero su frente chocó contra el fondo de madera sin percibir la menor humedad. '¿El cubo está vacío? Imposible, ¡cuando me fui aún estaba lleno! ¿Se evaporó? ¡Cómo diablos iba a evaporarse tan rápido!' La angustia le carcomía las entrañas y, a mayor ansiedad, más copioso era el sudor. '¿Queda alguna salida? ¿Hay alguna otra alternativa?' '¡La hay! En cuanto me libre de las cadenas de hierro, habrá un modo.' A Li Banfeng se le vino un objeto a la mente. Aferrándose a sus recuerdos, se arrastró por el suelo como una lombriz, culebreando con lentitud hacia un rincón de la estancia. Giró el torso y sus dedos tropezaron con el estuche de gafas arrumbado en la esquina. Por fortuna, seguía allí. Con un esfuerzo titánico, Li Banfeng logró abrir el estuche y extrajo una píldora herrumbrosa. Punzadas de dolor le taladraron la palma de la mano, pero no tenía tiempo para reparar en ello; plantó la píldora directamente sobre los eslabones de hierro. La cadena comenzó a corroerse a una velocidad pasmosa. Tras aguardar una decena de segundos, Li Banfeng descargó un tirón furibundo y reventó los grilletes que le apresaban las manos. Empuñando la píldora herrumbrosa, la frotó de un lado a otro por el resto del metal. En poco tiempo, todas las cadenas que lo envolvían quedaron hechas pedazos por su propia fuerza. Liberado al fin de las ataduras, las palmas de sus manos se abrieron de inmediato en grietas purulentas de las que brotó sangre teñida de herrumbre: su cuerpo estaba expulsando las toxinas. Con los ojos ardiendo aún en una hoguera abrasadora, Li Banfeng guardó la píldora herrumbrosa y, sin concederle un solo instante a sus manos ensangrentadas, abandonó la Residencia Móvil a toda prisa. Apenas cruzó la puerta, el gramófono bufó con fuerza: ¡Chss! ¡Chss! ¡Chss! Una nube de vapor empezó a brotar de sus entrañas. El disco de vinilo se puso a girar y una tonada resonó en el aire. Entonaba la célebre melodía de \*La Cantante Errante\*, pero con la letra cambiada: "En el confín del mundooo, en el rincón del marrr, bañado en sudor, amor mío, no has de temblar; si entra en tus ojos, solo un poco dolerá, ¡ay, dueño mío, que ciego jamás te vas a quedaaar~!" Li Banfeng reapareció en el cobertizo de los rehenes. Pisando con cautela para no hacer el menor ruido y conteniendo el atroz suplicio, entreabrió los párpados y lo primero que hizo fue rescatar la llave de entre la pila de leña. Echó un vistazo a su alrededor y examinó la estructura del cobertizo. Había una puerta asegurada con cerrojo. Había también una ventana: muy pequeña, protegida con barrotes de hierro, que daba al patio trasero. Desde el exterior llegaba el chapoteo constante de agua. ¡Li Banfeng lo escuchó con total nitidez! '¡Hay agua!' Loco de alegría, abrió de nuevo la Residencia Móvil y, antes de entrar, arrojó la llave a través de los barrotes de la ventana. Cuando Li Banfeng volvió a salir de la Residencia Móvil, ya se encontraba en el patio trasero. Allí había un pozo. El segundo hijo de la anciana estaba junto al brocal, sacando agua y afilando un cuchillo. La hoja casi tenía el filo a punto; el segundo hijo pretendía sacar un cubo más para enjuagarla. Apenas acababa de izar el recipiente hasta el borde de piedra cuando Li Banfeng se lo arrebató de las manos. "Le tomo prestada el agua, muchas gracias", agradeció Li Banfeng con impecable cortesía, acompañando sus palabras con una reverencia, mientras con un movimiento fluido atrapaba las rodillas del segundo hijo y lo volteaba de cabeza al interior del pozo. Acto seguido, Li Banfeng zambulló el rostro en el cubo. El deleite de la fresca humedad mitigó al instante el agudo tormento de sus ojos. A decir verdad, Li Banfeng se había alarmado en exceso: el poder corrosivo de aquel sudor sobre la vista no era tan descomunal como había imaginado. Tras lavarse a conciencia, el dolor remitió en su mayor parte. Li Banfeng levantó el cubo y se vació el resto del agua encima, lavando por completo el sudor que le cubría el cuerpo. Justo mientras Li Banfeng se lavaba la cara, el segundo hijo trepó desde las profundidades del pozo. Aferrado con las manos al brocal, clavó los ojos en la espalda de Li Banfeng con absoluto sigilo. Aquel sujeto era un Cultivador Marcial, un individuo feroz y obstinado que llevaba más de una década haciendo negocios junto a su madre y su hermano mayor; jamás en su vida un rehén se había burlado de él de semejante manera. '¿Cómo pude estar tan desprevenido hace un instante? ¿Cómo es que ni siquiera escuché el menor ruido de pasos?' No tenía la menor intención de alertar a su madre ni de llamar a su hermano; aprovechando que Li Banfeng estaba con la guardia baja, planeaba liquidar a aquel rehén con sus propias manos. Li Banfeng soltó el cubo. El segundo hijo tensó los brazos, dispuesto a saltar de un brinco fuera del brocal. Fue entonces cuando Li Banfeng divisó el arma en el suelo: el cuchillo que el segundo hijo casi había terminado de afilar. Lo recogió de la piedra de afilar, se dio media vuelta hacia el hombre y le dijo: "El cuchillo también te lo pido prestado". Dicho esto, Li Banfeng le rebanó la garganta de un tajo y volvió a empujarlo hacia el fondo del pozo. Al caer al agua profunda, el segundo hijo alzó la mirada hacia el retazo de cielo que se recortaba en la boca del pozo, incapaz de comprender qué acababa de suceder. ¡Jamás imaginó que un Cultivador del Viaje pudiera atacar a una velocidad tan espeluznante! Jamás imaginó que el ataque de Li Banfeng careciera de la más mínima señal de advertencia. Jamás imaginó que, mientras fingía concentrarse en lavarse la cara, en realidad no le había quitado un ojo de encima al brocal del pozo. Quiso gritar llamando a su madre, quiso gritar llamando a su hermano. Pero con la boca atragantada de sangre y la nariz anegada de agua, no pudo emitir el menor sonido. \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 44

Estás leyendo el capítulo 44 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.