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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 43 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng llamó a la puerta. Quien acudió a abrir fue un hombre de unos treinta y cinco o treinta y seis años, de baja estatura pero bastante fornido; vestía un chaleco sin mangas y pantalones largos cubiertos de remiendos superpuestos de arriba abajo. De mejillas atezadas, cejas espesas y alargadas, y labios carnosos, todo su semblante destilaba sencillez y honradez. En una ocasión, Qin el Gordo le había comentado a Li Banfeng que, en el Barranco del Rey de la Medicina, nada más salir del Barranco Interior los restaurantes se volvían extremadamente escasos. Si a uno le rugían las tripas por el camino y deseaba buscar un sitio donde comer, bastaba con pedir un bocado en casa de cualquier desconocido; con dejar tres o cinco billetes para costear la comida era suficiente, pues por lo general nadie se negaba. Li Banfeng expuso el motivo de su visita y el hombre, con gran hospitalidad, lo invitó a pasar a su casa. El amo de la casa vestía con suma modestia, pero aquel patio no era nada pequeño; a juzgar por las dimensiones del patio delantero, tenía un tamaño similar al de una cancha de baloncesto. En el patio se alzaban tres habitaciones techadas de teja y un almacén; las construcciones acusaban cierta vejez, pero estaban dispuestas con impecable pulcritud. El motivo por el cual dedujo que se trataba del patio delantero residía en la disposición del muro exterior y la estructura arquitectónica, lo que hacía suponer la existencia de un patio trasero de considerables proporciones. En su calidad de Cultivador del Hogar, al contemplar una residencia tan espaciosa y ordenada, Li Banfeng sintió una pizca de genuina envidia. "En casa solo queda algo de arroz y casi no hay verduras, tendrás que conformarte con eso". El hombre encendió una lámpara de aceite en el patio, y al poco rato una mujer se acercó trayendo un cuenco de arroz y un platillo de pepinillos encurtidos. Aquella mujer vestía una chaquetilla de tela con botonadura cruzada, colmada también de remiendos. A juzgar por su edad, debía de ser la esposa del hombre; Li Banfeng no la miró con detenimiento, pues no era decoroso clavar los ojos en ella. Tras disponer el cuenco y los palillos, la mujer se retiró presurosa al interior de la casa. Li Banfeng sacó primero treinta billetes y se los metió en la mano al hombre, quien agitó las palmas una y otra vez: "No hace falta tanto". Li Banfeng hizo un ademán con la mano: "Acéptelo, por favor. Presentarme a molestar a estas horas ya me hace sentir bastante culpable". El arroz era muy basto y conservaba muchas cascarillas, pero a Li Banfeng no le importó en lo más mínimo; el hambre lo consumía de verdad, así que devoró el arroz a grandes bocados acompañado de los pepinillos encurtidos. Apretando los billetes en su puño, el hombre lucía una expresión cargada de culpa, como si le debiera algo a Li Banfeng. Entró en silencio a la casa y, al cabo de breves instantes, salió del interior una anciana de cabellos entrecanos. La anciana sostenía una jarra de licor entre los brazos. Caminó hasta plantarse ante Li Banfeng y le dijo sonriente: "Muchacho, prueba un poco de nuestro licor de sorgo casero". Li Banfeng sacudió la cabeza: "Señora mayor, no acostumbro beber". No lo decía por mera cortesía, sino porque en verdad Li Banfeng era incapaz de acostumbrarse al licor de este lugar. Para una familia tan humilde, una jarra de licor resultaba sumamente valiosa; habiendo molestado incluso a la anciana, y dado que a él no le gustaba, no debía desperdiciar las cosas buenas de aquella gente. Sin embargo, la anciana insistió en servirle un cuenco: "Muchacho, bébete un cuenco. No es un gran licor, así que no le hagas ascos; mi hijo ha aceptado tu dinero y siente un verdadero remordimiento en el corazón". Habiendo sido la propia anciana quien le servía en persona, Li Banfeng ya no halló forma de rechazarla; tomó el cuenco de licor y bebió un sorbo. Y a decir verdad, aquel licor era aromático y refinado, infinitamente mejor que el que servían en la tienda de bollos al vapor. El cuenco de arroz quedó limpio, los pepinillos encurtidos se terminaron hasta el último trozo y el fondo del cuenco de licor quedó a la vista; Li Banfeng soltó un sonoro eructo de satisfacción. La anciana sonrió: "Muchacho, ¿has encontrado posada para pasar la noche? Si no es así, quédate a dormir en mi casa". "Ya tengo posada, me marcho ahora mismo. Muchas gracias por su hospitalidad". Habiendo comido, debía largarse cuanto antes; Li Banfeng estaba siendo perseguido a muerte por la Banda Jiangxiang y no podía involucrar a esta honrada familia. Apenas se puso en pie, Li Banfeng sintió un repentino mareo y vértigo; las siluetas de la madre y el hijo comenzaron a flotar y balancearse ante sus ojos. '¿Será que bebí de más?' '¡No!' '¡Esto es veneno!' La anciana contemplaba a Li Banfeng con una sonrisa afable: "Muchacho, no andes corriendo de un lado a otro. Mejor quédate a pasar la noche, ¿no te parece?". '¿Qué demonios pasa?' Li Banfeng dio media vuelta para salir corriendo hacia la puerta exterior, cuando de pronto vio que la supuesta esposa del hombre le bloqueaba la salida. La mujer levantó la cabeza y le asestó un puñetazo directo en la mandíbula. Li Banfeng quiso esquivarlo, pero su cuerpo no le obedecía; incapaz de apartarse a tiempo, encajó el golpe de lleno y con total contundencia. '¡Qué fuerza tan tremenda tiene esta mujer!' Li Banfeng retrocedió dos pasos dando traspiés y cayó de espaldas al suelo. Fijó la vista para examinar con atención el rostro de aquella mujer. Bajo la luz de la lámpara, esta vez lo vio con absoluta claridad: alrededor de sus labios asomaba un cerco de barba incipiente y negruzca. ¡Era un hombre! ¡Era una posada de maleantes! 'Imposible, ¡hace un momento no percibí ningún peligro!' Li Banfeng se llevó una mano a la frente, se frotó los ojos y se limpió los restos de sangre de la boca y la nariz. Acto seguido, su cuerpo se desplomó como un trapo inerte contra el suelo y cerró los ojos con lentitud. Tenía los párpados cerrados, pero no había perdido el conocimiento; su mente permanecía lúcida y escuchaba con absoluta nitidez la conversación de quienes lo rodeaban. El hijo mayor, de semblante bonachón, miró a la anciana: "Madre, para encargarnos de un simple cordero blanco, ¿hacía falta desperdiciar una tinaja entera de mi buen licor? Con ese plato de pepinos encurtidos habría bastado". ¡Así que los pepinos encurtidos también estaban envenenados! La indignación ardió en el pecho de Li Banfeng. Había sobrevivido a los horrores de la mismísima Montaña de la Niebla Amarga, ¡y ahora venía a naufragar en esta mísera zanja! 'Qué extraño. Yo puedo percibir la malicia; en la estación pude sentir con total claridad la hostilidad de Chu Yunlong. ¿Por qué demonios mientras comía no percibí ni el más remoto indicio de maldad por parte de esta familia? ¿Acaso el nivel de cultivo de todos ellos es extraordinariamente alto? Y si poseen un cultivo tan elevado, ¿por qué recurrir a artimañas tan rastreras?' La anciana esbozó una sonrisa: "Muchacho tonto, fíjate bien. Esto no es ningún cordero blanco. Su forma de andar tenía algo inusual; es un Cultivador del Viaje, y además uno que ya subió de nivel". "¿Un Cultivador del Viaje?" El hijo mayor se rascó la cabeza. "A decir verdad, jamás había visto a uno". La anciana sentenció: "Si nunca has visto ninguno, aprovecha el día de hoy para abrir los ojos y aprender. Los Cultivadores del Viaje tienen pies veloces; este hombre posee la destreza de engendrar viento en tierra llana, lo que demuestra con creces que ya subió de nivel. Solo que no hace mucho que lo consiguió y todavía no ha aprendido a dominarlo a voluntad. Si no lo hubiéramos doblegado con el veneno del licor, en un abrir y cerrar de ojos se habría esfumado sin dejar rastro. Por si fuera poco, los Cultivadores del Viaje presienten las amenazas mortales. De no haber intervenido yo con antelación, se habría espabilado y olido la trampa en cuanto cruzó el umbral". Espabilar; término de la jerga criminal que aludía al momento en que la víctima descubría el engaño. 'Conque fue la vieja quien intervino de antemano para bloquear mi percepción de su hostilidad. ¿En qué nivel estará esta anciana? ¿Qué clase de habilidad habrá empleado?' Al escucharla, el hijo mayor no pudo ocultar cierta vanidad: "Madre, ¿a que cada vez destilo mejor el licor?". La anciana soltó un bufido despectivo: "El año antepasado ascendiste al Primer Nivel y ya ha pasado año y medio desde entonces. Si no fueras capaz de tumbar ni a alguien con tu mismo cultivo, ¿con qué cara seguirías ganándote el sustento en este oficio?". Por aquellas palabras, Li Banfeng dedujo que el sujeto era un Cultivador del Veneno y que su nivel era equivalente al suyo propio: ambos se encontraban en el Primer Nivel. Li Banfeng intentó abrir los párpados, pero le pesaban como losas de plomo; lo probó varias veces consecutivas sin éxito. El segundo hijo, aún ataviado de mujer, intervino con voz ronca: "Madre, ya que no es ningún cordero blanco, ¿por qué no aprovechamos que está tendido para rebanarle la calabaza de una vez?". El segundo hijo tampoco había visto jamás a un Cultivador del Viaje, pero juzgaba que tratándose de una presa con cultivo, lo más prudente era liquidarla sin demora. Al oír semejante propuesta, el corazón de Li Banfeng dio un vuelco. En su estado actual, los recursos con los que contaba para presentar resistencia eran mínimos. '¡Pero aunque sean escasos, tendré que jugármela! ¡No pienso quedarme aquí a esperar la muerte!' La anciana hurgó a Li Banfeng con la punta de su bastón. Al comprobar que no reaccionaba en absoluto, ordenó a sus dos hijos: "Despójenlo de todo cuanto lleve encima, encadénenle pies y manos y métanlo a la habitación de las presas. Esperaremos a la medianoche para despacharlo". El segundo hijo no lograba comprenderlo: "Madre, ¿por qué tenemos que esperar hasta la medianoche?". 'Sí, ¿por qué aguardar hasta la medianoche?', caviló Li Banfeng, quien tampoco lo entendía en lo más mínimo mientras se preparaba mentalmente para librar una batalla a vida o muerte. '¿Acaso pretenden esperar a que baje la guardia para dar el golpe de gracia? En eso se hace vanas ilusiones; jamás bajaré la guardia'. "¡Si les digo que esperen a la medianoche, se me quedan quietos y punto! ¡Primero déjenlo limpio!", recriminó la anciana con aspereza. Los dos vástagos se abalanzaron sobre Li Banfeng y lo registraron de pies a cabeza, arrebatándole la hoz, la pala y la cartera; confiscaron incluso las tiras picantes que guardaba ocultas en el forro interior de la ropa. Sin embargo, hubo un único objeto que no lograron descubrir. En el preciso instante en que Li Banfeng se limpiaba la boca y la nariz ensangrentadas, se había deslizado la llave dentro de la boca. Momentos antes había contemplado la posibilidad de abrir de inmediato la Residencia Móvil para huir, pero bajo la mirada vigilante de los tres, no tenía la certidumbre de poder ocultar la llave, y mucho menos de lograr hacerla girar en el aire sin que se lo impidieran. La anciana, por lo pronto, no albergaba intenciones de matarlo de inmediato. Pero aquello de postergarlo hasta la medianoche... ¿a qué obedecía en realidad? ¿Y por qué, incluso ahora, seguía siendo incapaz de percibir el más mínimo indicio de peligro en este sitio? \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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Estás leyendo el capítulo 43 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.