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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 42 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al contemplar a Chu Yunlong tendido en el suelo, Li Banfeng sintió una punzada de desazón en el pecho. 'Era un buen tipo... hasta había dicho que me compraría el billete de tren...'. Los alrededores eran sumamente desolados; no había certeza de que no merodearan fieras salvajes por allí. Li Banfeng no tuvo corazón para dejar el cadáver de Chu Yunlong expuesto a la intemperie en pleno descampado, así que decidió llevarlo al interior de la Residencia Móvil para refinarlo en píldoras con el loto de bronce. Una vez dentro de la Residencia Móvil, Li Banfeng encendió el candelero y depositó el cadáver de Chu Yunlong junto al loto de bronce. Sentía una profunda curiosidad: ¿qué clase de proceso convertía con exactitud un cadáver en una píldora medicinal? \*Sssss...\* El loto de bronce percibió la presencia de Chu Yunlong y sus pétalos, uno tras otro, comenzaron a desplegarse con lentitud. ¿Por qué era capaz de percibir a Chu Yunlong? ¿Acaso se debía a que Chu Yunlong poseía cultivo? 'Yo también tengo cultivo, ¿por qué el loto de bronce no me ha transformado a mí en una píldora?'. '¿Será porque me ha reconocido como su amo?'. '¿O será porque solo reconoce a los muertos y no a los vivos?'. \*¡Fsssh!\* ¿Qué había sido ese ruido? Li Banfeng volvió la cabeza hacia el gramófono; le pareció que el aparato acababa de expulsar una ligera bocanada de vapor. 'Pero si yo no he encendido ningún fuego...'. En medio de su desconcierto, la llama de la vela tembló con violencia y un torbellino se levantó dentro de la Residencia Móvil. El traje gris y la camisa blanca que vestía Chu Yunlong se hicieron pedazos en el acto; incluso la gorra plana sobre su cabeza quedó reducida a jirones. Aquel cadáver, desnudo por completo, comenzó a retorcerse y deformarse sin cesar, hasta convertirse al final en una masa viscosa semejante al engrudo que se introdujo en el receptáculo central del loto de bronce. Los pétalos del loto de bronce se cerraron de inmediato, envueltos en un halo de luz trémula; la refinación de la píldora estaba en marcha. El suelo quedó cubierto de retazos de tela destrozados. Entre los harapos, Li Banfeng descubrió una daga: un arma de manufactura sumamente exquisita, resguardada aún en su vaina. Desenvainó la daga. Un brillo gélido le golpeó la mirada, demostrando sin sombra de duda que se trataba de una pieza excepcional. '¡Menuda cosecha!'. Justo cuando Li Banfeng se disponía a examinar la daga con más detenimiento, otro torbellino volvió a desatarse de improviso dentro de la Residencia Móvil. El torbellino emanaba, una vez más, del receptáculo del loto; una fuerza arrolladora le arrebató la daga de las manos. Li Banfeng intentó recuperarla de un zarpazo, pero fue un instante demasiado lento. La daga se transformó en una pasta fluida y fue engullida por completo en el corazón del loto. '¿Así fue también como se tragó el abanico del tipo de las gafas de montura dorada?'. El abanico había sido refinado en una píldora herrumbrosa. ¿En qué acabaría convertida esta daga? De forma instintiva, Li Banfeng se aferró con fuerza a su hoz y a su pala; sin embargo, tras recapacitar un momento, aquellas dos herramientas habían estado muchas veces cerca del loto de bronce y este jamás pareció mostrar el menor interés por ellas. ¿Cuál era, a fin de cuentas, el criterio que empleaba el loto de bronce para escoger sus materiales? Dado que no había podido conservar la daga, Li Banfeng sintió un leve pesar, pero continuó revisando las pertenencias que Chu Yunlong había dejado atrás. Encontró la cartera de Chu Yunlong. La abrió con sumo cuidado, temeroso de que los billetes de su interior también fueran devorados por el loto de bronce. Casi lo olvidaba: el día anterior se había traído más de doscientos mil del Tendero Feng y el loto de bronce ni los había tocado. Era una flor de loto a la que no le importaba el dinero. En la cartera de Chu Yunlong había mil doscientos veintiséis yuanes, ocho jiao y dos fen en billetes, además de seis monedas de plata. Li Banfeng guardó los billetes y arrojó las monedas de plata despreocupadamente sobre la cama. Tomó una de las monedas de plata y la examinó con detenimiento durante unos instantes. En una de las caras de aquella divisa se leían los dos caracteres de "Puluo", mientras que en el reverso aparecía grabada una flor. ¿Qué clase de flor era? La forma de los pétalos resultaba un tanto peculiar. Li Banfeng la contempló durante un buen rato antes de percatarse de que, en realidad, se trataba de un copo de nieve. Aprovechando que el loto de bronce aún se hallaba en pleno proceso de refinación, Li Banfeng se puso a meditar sobre su situación actual y sus planes a futuro. El primer problema: ¿cómo regresar a Yuezhou? Li Banfeng no tenía la menor idea de qué era un salvoconducto; conseguir un billete de tren por los canales regulares presentaba una dificultad colosal. El segundo problema: una vez de vuelta en Yuezhou, ¿cómo lidiaría con el Buró Estrella Oscura? Incluso si encontraba un salvoconducto, compraba un billete y conseguía regresar a Yuezhou, ¿podría sacudirse de encima el acoso del Buró Estrella Oscura? Era evidente que no. Mientras el loto de bronce siguiera en manos de Li Banfeng, le resultaría imposible librarse de la cacería a muerte de Xiao Zhenggong. El tercer problema: ¿valía la pena entregar el loto de bronce a cambio de garantizar su propia seguridad? Li Banfeng descartó aquella idea casi al instante. Porque entregar el loto jamás le garantizaría la paz. Para empezar, ¿a quién se lo iba a dar? ¿A He Jiaqing? He Jiaqing seguía postrado en una cama de hospital, con ocho probabilidades sobre diez de no haber despertado todavía. E incluso si despertaba, ¿sería capaz de proteger este loto de bronce? ¿Dárselo a su tercer tío? ¿O entregárselo directamente a Xiao Zhenggong? Aquellos dos hombres sin duda codiciaban el loto de bronce, pero bajo ninguna circunstancia querrían que nadie supiera que la reliquia estaba en sus manos. Dicho de otro modo, en el preciso instante en que Li Banfeng les entregara el loto de bronce, lo asesinarían de inmediato para silenciarlo. Xiao Zhenggong ya había confirmado las sospechas de Li Banfeng mediante hechos consumados: la orden que le dio al sujeto de ojos saltones fue abatir a tiros a Li Banfeng; la orden que le dio a la Banda Jiangxiang fue matar a Li Banfeng y traer de vuelta el tesoro. De principio a fin, Xiao Zhenggong jamás tuvo la intención de dejarle un camino con vida a Li Banfeng. Bajo ningún concepto podía entregar el loto de bronce, pero a Yuezhou... a Yuezhou tenía que regresar por fuerza. En Yuezhou, Xiao Zhenggong ciertamente se andaba con ciertos miramientos, pero un paraje como el Barranco del Rey de la Medicina era a todas luces mucho más salvaje. Sin embargo, para regresar a Yuezhou era indispensable conseguir un salvoconducto. Pero un salvoconducto... ¿de dónde diablos iba a sacarlo? ¿Tendría contactos Qin el Gordo? ¿Habría alguna manera a través del Tendero Feng? Li Banfeng desprendió dos semillas de loto de color verde esmeralda. La primera no tardó en abrirse de golpe, revelando una perla de hierro de color rojo herrumbroso, exactamente idéntica a la píldora herrumbrosa que había visto con anterioridad. Al ver la píldora herrumbrosa, a Li Banfeng se le erizó el cuero cabelludo y la arrojó de inmediato al suelo. A pesar de su celeridad, sintió una punzada sorda en la palma; la toxicidad y el poder corrosivo de aquella sustancia eran desmesurados. Con todo, Li Banfeng aún conservaba el impulso latente de probar sus efectos en carne propia. La píldora herrumbrosa de antes había sido refinada a partir del abanico; esta de ahora debía provenir de la daga. Guardó la píldora herrumbrosa con sumo cuidado dentro de la funda de las gafas. Las dos píldoras reposaron en silencio dentro del estuche, sin que mediara la menor resonancia entre ambas. Al cabo de un momento, la segunda semilla de loto reventó. Tras abrirla y dejar que estallara, aparecieron dos píldoras de un rojo escarlata uniforme. ¿Dos? Aquella vez, al refinar al hombre de las gafas doradas y a Tigrillo, cada uno solo había producido una píldora. Esta vez, habiendo refinado únicamente a Chu Yunlong, ¿por qué salían dos? Gafas Doradas y Tigrillo pertenecían al grupo de cultivadores que apenas habían franqueado la puerta del Dao, pero carecían de nivel. Si Chu Yunlong había rendido más píldoras, ¿sería acaso porque su cultivo era superior al de ellos? Es decir, era muy probable que Chu Yunlong fuera un cultivador de Primer Nivel. '¡Pero el poder de este cultivador de Primer Nivel dejaba mucho que desear!' '¿Acaso fue porque no le di margen para lucirse?' "Hermano Yunlong, mis disculpas. La próxima vez... para la próxima juro que te dejaré desenvolverte a gusto". Li Banfeng barrió hacia una esquina del cuarto los jirones de tela esparcidos por el suelo y se tendió en la cama a seguir cavilando su plan. Puesto que no podría regresar a Yuezhou a corto plazo, tendría que encontrar el modo de sobrevivir durante un tiempo en el Barranco del Rey de la Medicina. Dinero no le faltaba; al menos la comida y la bebida estaban aseguradas. Había que mejorar las condiciones de vida en la medida de lo posible y conseguir algo más de mobiliario. Durante los próximos días lo mejor sería no asomar la cabeza; con Chu Yunlong muerto, la gente de la Banda Jiangxiang sin duda andaría buscándolo por doquier. Pero quedarse encerrado tampoco era viable. ¿Cómo iba a ocuparse de su cultivo? Recorrer cincuenta li al día era el requisito indispensable para el Primer Nivel de la Vía del Viaje. '¿Y si camino dentro de esta habitación?' Li Banfeng se incorporó y empezó a dar zancadas de un lado a otro del cuarto. Moverse en un espacio tan reducido resultaba una proeza complicadísima: bastaba con que descalibrara un ápice la fuerza para estamparse de lleno contra el muro a más de treinta kilómetros por hora. Según sus propios cálculos, anduvo yendo y viniendo por la Residencia Móvil durante al menos cinco horas, acabando con la cara magullada y amoratada de tantos golpes. Aunque ya lograba gobernar a grandes rasgos sus piernas, Li Banfeng percibió con claridad que su cultivo no había aumentado lo más mínimo. Deambular siempre dentro de un cuartucho minúsculo a todas luces no contaba con el reconocimiento de su propia senda; por más pasos que diera, aquello no computaba como la disciplina de un Cultivador del Viaje. ¡Pero en estos momentos salir era sumamente imprudente! '¡Qué dicha habría sido si al principio hubiera optado por ser un Cultivador del Hogar puro!' No había vuelta de hoja: este inmueble era incapaz de engendrar un Espíritu del Hogar, por lo que su cultivo como Cultivador del Hogar estaba irremediablemente condenado a no subir de nivel; de ahora en adelante, la Vía del Viaje tendría que llevar la voz cantante. Por descontado, Li Banfeng no olvidaba la encomienda del vendedor ambulante: la brecha entre la Vía del Hogar y la Vía del Viaje no podía superar los tres niveles. Tan pronto como volviera a Yuezhou, tendría que adquirir una casa sin demora; aunque fuera pequeña, debía gestar en ella un Espíritu del Hogar. Pero todo eso quedaba para después; ahora mismo debía cumplir como fuera con la disciplina básica de la Vía del Viaje. Li Banfeng salió de la Residencia Móvil y recuperó la llave de latón de entre los escombros de la granja abandonada. Ataviado con su traje beige y coronado con un sombrero de fieltro negro, se caló el ala hacia abajo y avanzó a paso raudo a través del yermo. La noche ya era cerrada y la aldea desierta se hallaba sumida en la más absoluta soledad. Al principio, Li Banfeng contuvo al máximo sus pasos, pero una vez que hubo dejado atrás las ruinas y alcanzó la inmensidad del campo abierto, se despojó de toda contención, soltó las piernas y se entregó a una carrera desbocada. Correr, para un Cultivador del Viaje, era un deleite inconmensurable. En mitad del páramo no existían caminos trazados, pero para Li Banfeng, cualquier rincón era un sendero. Aquella carrera frenética y sin ataduras le brindaba una plenitud y un desahogo que le brotaban desde las entrañas. Tras correr durante más de una hora y cruzar varias aldeas seguidas, su cultivo resonó en su fuero interno: la disciplina básica de la jornada estaba colmada. No detuvo la marcha; siguió galopando a toda prisa. No era por no haber saciado sus ganas de correr, sino porque el hambre apretaba y necesitaba encontrar sustento. Para él no suponía obstáculo alguno, pues retenía en la memoria cada vereda y cada paraje por el que había transitado. Al aproximarse a la entrada de una aldea, Li Banfeng contempló la estela de piedra erigida al borde del camino, en la que se leían tres caracteres: Aldea Changliu. En el caserío aún quedaba una vivienda con la luz encendida. Li Banfeng se dirigió hasta la entrada, dispuesto a pedirle un bocado al dueño. Para ser exactos, no se trataba de pedir, sino de comprar. Ese era el método que le había enseñado Qin el Gordo. Sosegando el ánimo, Li Banfeng sondeó con detenimiento su entorno y, al cerciorarse de que no acechaba peligro alguno, llamó a la puerta. \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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Estás leyendo el capítulo 42 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.